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19 septiembre 2019

SISICAYA Y ANTAPUCRO. ARTE RUPESTRE EN EL VALLE MEDIO DEL RÍO LURÍN, LIMA - JORGE CARLOS ALVINO LOLI



Sumario

En el presente artículo presentamos los resultados de las exploraciones en dos sitios con presencia de arte rupestre: Pampa Sisicaya y Antapucro, ambos ubicados en el valle medio del río Lurín, provincia de Huarochirí,  departamento de Lima. Consideramos que este espacio geográfico fue históricamente un lugar de articulación social entre la cuenca baja y alta, motivo por el cual para las sociedades andinas tenía una importancia estratégica tanto económica como religiosa, esto continuará incluso durante el Virreinato en donde fue escenario de reducciones indígenas y continuas extirpaciones, hechos que delatan la importancia ideológica del lugar. Es necesario indicar que en los últimos años los sitios han sufrido en gran destrucción debido al avance agrícola por lo que se encuentra en inminente peligro de destrucción total.

Palabras Claves: Petroglifos, ideología, doméstico, valle medio.

Introducción

Debido a su cercanía a la ciudad de Lima y a los principales centros de investigación histórica y arqueológica del Perú, la cuenca de Lurín ha sido objeto de exploraciones e investigaciones arqueológicas en muchos aspectos, sin embargo, el reconocimiento de las manifestaciones rupestres en la misma cuenca, fue durante mucho tiempo postergado. 

Algunas referencias aisladas han señalado principalmente las zonas bajas del valle en ecosistemas de lomas, pero en general no se asocia la gran cantidad de sitios arqueológicos a lo largo de toda la cuenca con evidencia rupestres, esto llama la atención. De acuerdo a las exploraciones realizadas se ha encontrado una constante presencia en distintos contextos culturales y en todos los pisos altitudinales. 

Hacia el año 2008 aún era posible acceder a diferentes sitios de la cuenca media de Lurín , entre los cuales se encontraban los sitios de Chamallanca, Tambo Antapucro, Pampa Sisicaya y Antapucro, estos dos últimos con importantes manifestaciones rupestres las cuales sin embargo en los últimos años han sido siendo afectadas en su conservación, consideramos por esto importante su urgente investigación y salvaguarda.

1. El valle medio de Lurín

1.1 Geografía y territorio

La zona geográfica en la que se emplazan los sitios que estudiamos se ha identificado como chaupiyunga (Pulgar Vidal 1969) y se caracteriza por la estrechez del valle y las quebradas adyacentes, pero principalmente por su clima cálido y benigno durante casi todo el año, además de una diversidad de especies naturales. Para nuestro interés es importante el reconocimiento de imágenes propias de la localidad, principalmente en lo concerniente a la flora, fauna y paisajes originales, los cuales por un lado, aún se mantienen, aunque con alteraciones. La diversidad faunística es grande, en especial son presentes siempre las aves como el chisco (Mimus longicaudatus), el halcón (Falco peregrinus anatum), el tórtola (Eupelia cruziana), vencejo (Apus andescolus parvulus), la cotorra (Psilopsiagon aurifrons), el cuculí (Zenaida asiática meloda), así como mamíferos como el zorro (Pseudalopex culpaeus), y entre los reptiles la especie más abundante es la lagartija tigre (Microlophus tigris). 

En cuanto a la flora local inmediatamente en relación con el sitio arqueológico destaca el molle (Schinus molle), la pitajaya (Cactus pitajaya), el pumapa-rurun (Melocactus), y el curi (Cereus macrostibas). La visibilidad de esta fauna y flora desde las evidencias rupestres es inmediata, es pues necesaria para su correcta e integral interpretación. Otro aspecto importante del contexto es la presencia constante del río, así como de las quebradas adyacentes. El paisaje de la chaupiyunga es distintivo e impone la interacción entre el ser humano y las especies animales alrededor del agua; incluso en la actualidad la importancia del agua, así como las vías de comunicación intervalles permiten la articulación de esta zona con otras de la costa central.

Desde el punto de vista político nuestra área de estudio se encuentra en la provincia de Huarochirí, en el distrito de Antioquía. Respecto a la toponimia podemos indicar que según el Diccionario Geográfico del Perú de Stiglich, uno de los poblados más antiguos era Sisicaya:

Pobl., Prov. De Huarochirí, Distrito de Chorrillos. Habs. 131. Dista 1 ¾ legs al NE de Chontai y 10 de Lurín. Está a la banda derecha del río Lurín y á 940 mts elev. Era una gran extensión y población, que incluía los terrenos de Chontai y Huancai hasta la toma de Cieneguilla. (Stiglich, 1922, p. 995)

1.2 La información etnohistórica

Según las informaciones de Cristóbal de Albornoz (1989 [1581-1584?]) se considera que la población que habitaba las cuencas bajas del Rímac y Lurín conformaban una entidad sociopolítica que a la llegada del Tawantinsuyu sería transformada en una provincia estructurada en cuatro grupos: Pachacamac, Manchay, Caringas y Quilcayuna (Espinoza 1964:134). Otras fuentes documentales recogidas por Rostworowski mencionan más específicamente que el área de la cuenca media de Lurín formaba parte de la llamada guaranga de Chaucarima, la cual tenía su asiento principal en el pueblo de San Juan de Laguaitambo:

“Sus ayllus eran: Pariapongo, Lambilla, Arirca, Lupe. En el pueblo de San Francisco de Sunicancha había un ayllu del mismo nombre, y la aldea del Espíritu Santo de Guamasinca es mencionada, aunque sin nombrar ayllu alguno. De igual manera la gente de Sisicaya y Chontay figuran como integrantes de esta guaranga.” (Rostworoski 1977: 113). 

Por otro lado los documentos también consideran las relaciones de esta población con los grupos sociales cercanos, principalmente con los Yauyos, con los que aparentemente desarrollaron una rivalidad incluso hasta la llegada del Tawantinsuyu; de esta manera, si pretendiéramos (dentro de una visualización espacial casi contemporánea) considerar que existió una frontera territorial entre ambos grupos esta pudo fluctuar entre Huaycán de Cieneguilla (en algún momento) y Sisicaya (en otro momento) desde el Horizonte Medio; esta influencia cultural es sin embargo en el campo político muy difícil de probar. Marcone propone que existen edificaciones “asociables a la serranía en Chontay, y no por debajo de Río Seco” (Marcone 2004), es decir que en lo arquitectónico parece haber influencias yauyos importantes en nuestra área de estudio. 

En la obra Dioses y Hombres de Huarochirí, de Francisco de Ávila (1966 [recogida hacia 1598]) se expone por ejemplo la antigua rivalidad entre Yauyos y Yungas, explicando a través de relatos una dinámica de relaciones entre el valle alto y bajo, siendo el valle medio escenario de los eventos principales. Un fragmento de estos relatos delimita espacial y simbólicamente la tensión existente entre ambas realidades: 

“Entonces ese huaytacuri, caminando de Uracocha hacia Sieneguilla, en el cerro por donde solemos bajar en esta ruta se quedo a dormir. Ese cerro se llamo latauzaco. Mientras ahí dormía vino un zorro de la parte alta y vino también otro zorro de la parte baja: ambos se encontraron. El que vino de abajo preguntó al otro Como están los de arriba?” (Arguedas, 1966:37). 

El cerro es sin duda una pauta espacial mientras que en otras partes del relato se mencionan el paisaje del valle con andenerías y la tugurización de los sitios costeños. Considerando estas menciones existiría un lugar de control entre la parte alta y baja (algunos identifican este sitio con Quebrada Tinajas), por otro lado la mención de asentamientos tugurizados se explicaría por la presencia de poblados densos y extensos basurales en los mismo. La poca valorización de la forma de vida al interior de los asentamientos del valle bajo resalta en la explicación:

“… Y estos pueblos, los pueblos de toda región, tenían muchos yuncas. Por eso aumentaron tanto al principio y, como se multiplicaron de ese modo, vivieron miserablemente, hasta en los precipicios y en las pequeñas explanadas de los precipicios hicieron chacras, escarbando y rompiendo el suelo. Ahora mismo aún se ven, en todas partes, las tierras que sembraron, ya pequeñas, ya grandes” (Arguedas, 1966).

1.3 Asentamientos arqueológicos tardíos

El término “sisicaya” según Max Espinoza, indica que se compone de dos palabras: “sissiy que significa bullir o cundir como hormigas; y cay que significa ser. Luego: Bullir como hormigas” (Espinoza, 1973, p. 352). Esta definición refiere a un territorio en el cual habitó una población considerable, ratificándose esto por la relativa cercanía de asentamientos arqueológicos con amplios sectores de evidentes funciones domésticas , además del interés del Tawantinsuyu para establecer uno de sus pocos asentamientos -de distinta tipología arquitectónica- impuestos en el valle: Nieve Nieve (Negro y Fuentes 1989). 

Se ha propuesto que existió una lógica en la cercanía entre los principales sitios arqueológicos tardíos de la chaupiyunga de Lurín (Sánchez, 2004), esta lógica considera también la importancia de la comunicación visual entre asentamientos cercanos (e incluso en márgenes opuestas del río) a pesar de la estrechez y sinuosidad en algunos puntos del valle. Principalmente los sitios más extensos ocupan la parte baja de las quebradas laterales y se adaptan a la topografía, aunque manteniendo los edificios formas de planta rectangular con breves giros en su orientación o adiciones formales; esta característica de asentarse se seguirá repitiendo hasta el valle bajo, y será asociado con la sociedad Ychsma y sus poblados; sin embargo; debemos considerar que no solamente fueron ocupadas las quebradas sino también algunos lugares en la cima de los cerros, y que las vías de comunicación no solo se trazaban por la parte inferior de las quebradas sino por caminos muy usados que unían las cúspides más altas.

Es indudable la gran importancia del centro ceremonial en la desembocadura del río Lurín, inicialmente con los Lima pero incrementada en la conformación de la sociedad Ychsma, y cuya influencia cultural, a la llegada del Tawantinsuyu se expandió extensamente por los Andes y sería conocido por los españoles como asiento de la gran waka Pachacamac. Consideramos que nuestra área de estudio en el Valle Medio, debe haber establecido sus fundamentos ideológicos con el aumento del prestigio de Ychsma, pero también debió haber sentido otras influencias principalmente debido a su realidad geopolítica regional. La precisión y los pormenores de la compleja historia de la gente que vivió en este territorio se ha intentado bosquejar a partir de los relatos mitológicos rescatados en los primeros momentos de la Colonia; estos sin duda enriquecen nuestro entendimiento cultural y humano de la región, pero es posible también que muchos aspectos sociales relevantes nunca fueron registrados, quizás por descuido o de manera consciente. Para nuestra investigación es indispensable preguntarse sobre la profundidad cultural de las manifestaciones rupestres en esta parte del valle, así como su uso social ¿Cuál es la trascendencia de lo que representan? ¿Acaso están relacionados con la notoria importancia que las wakas parecen ejercer en la región?

Chamallanca. Es un gran asentamiento emplazado en la desembocadura de la quebrada del mismo nombre en su confluencia con la margen derecha del río Lurín, inmediata al sitio de Pampa Sisicaya. Chamallanca presenta varios sectores en donde existen varios tipos de edificios principalmente de carácter doméstico y funerario (Fig. 4), a veces existen tumbas subterráneas al interior de los recintos los cuales mantienen cierto orden aunque aglutinados con ligeras variantes formales. Un edificio especial corresponde a lo que algunos consideran como kallanka, siendo un tipo característico de la arquitectura del Tawantinsuyu. Otros edificios funerarios muy similares a los llamados pucullos existen en la parte superior de los cerros.

Tambo Antapucro. Sobre esta región existe un documento publicado por Rostworowski en donde se menciona que: …sus habitantes eran originarios de la sierra y su población se dedicaba al “auto del Charqui” (fol 74v) y a asistir a los pasajeros que se hospedaban en el tambo del camino real… (Rostworowski, 1978, p. 114)

Aunque son datos escuetos coinciden con la evidencia arqueológica, como el emplazamiento de los sitios cercanos al ñan (camino) de penetración que, cortado sobre los afloramientos de los cerros de la margen derecha, a cierta altura del río, aún existen hasta Río Seco. La mención de un “tambo” también es importante pues indica un lugar de aprovisionamiento y descanso, el cual es necesario en las travesías de la costa a la sierra, o del valle de Lurín hacia el valle del Rímac o viceversa, principalmente en puntos estratégicos como las quebradas de Chamallanca y Chontay, precisamente muy próximo a Antapucro existe un pequeño asentamiento con algunas características arquitectónicas que nos permite considerarlo como un tambo. El emplazamiento de un tambo importante por ser lugar de interconexión entre distintas regiones y lugar de paso obligatorio en las rutas de penetración de la costa hacia la sierra y viceversa. Así lo especifica Rostworowski al analizar el área:

El Tambo de Sisicaya era muy importante por estar en la ruta entre Lima y Jauja. Según Vázquez de Espinoza (1948, párrafo 1309), las pascanas obligadas eran: Lima, Santa Inés, Sisicaya, San José de los Chorrillos, Huarochirí y Jauja. Había un camino que desde Cocachacra atravesaba los cerros áridos, entre los valles de Lima y Lurín, por la quebrada de Chaimayanca. (Rostworowski, 1978, p. 114).

Uno de los sitios más interesantes lo hemos propuesto como Tambo Antapucro y se encuentra en la margen izquierda del río Lurín, aproximadamente a 350 metros al oeste del actual poblado de Antapucro y en la parte baja de una profunda quebrada. Las edificaciones se agrupan alineando recintos rectangulares (Fig. 3) hasta formar un conjunto trapezoidal con áreas abiertas al centro. Los recintos en general son pequeños y destaca el alineamiento norte que agrupa dos grupos de cuatro recintos cada uno y deja en medio un paso a modo de ingreso hacia el interior del conjunto general. Al interior el espacio presenta una serie de terrazas bajas sobre las cuales existe una pequeña plataforma que pareciera ser un altar. 

“Todos han fenecido a causa de la ardencia del temperamento en el que se experimenta que ni las mujeres paren…” (Rostworowski, 1978, p. 114). El final despoblamiento de la zona, sin duda a causa de epidemias tempranas de la Colonia, terminó por dejar en abandono los poblados existentes. 






2. Pampa Sisicaya

Pampa de Sisicaya es el nombre del sitio arqueológico que se emplaza sobre un terreno formado por la constante evacuación de material aluviónico proveniente de la quebrada de Chamallanca en su desembocadura en la margen derecha del río Lurín y cuya altura alcanza hasta 20 metros sobre el lecho del mismo río. La composición del suelo es de arena y granito en descomposición y se distribuye de manera regular (salvo la sangría de la quebrada misma), conformando una pequeña explanada denominada pampa. Las rocas de tamaño regular se encuentran oxidadas y erosionadas por la intemperie. La ubicación de las rocas más grandes les permite vincularlas como punto de observación del cono de deyección de la quebrada así como de la propia visualización de la roca misma, al nivel del ojo humano, permitiendo su observación directa. De la totalidad de estas rocas se ha podido ubicar hasta cuatro agrupaciones, existiendo al menos una con representaciones rupestres. 

Aun cuando los primeros registros se efectuaron hace algunos años, el sitio ya había sido alterado (la autopista hacia Antioquía corta la pampa) y era difícil distinguir un orden de acceso o recorrido. Todas las rocas son de granito con inclusiones de otros minerales, siendo la capa exterior oxidada por intemperismo, de esta manera, aunque la roca posea naturalmente una valoración blanca la superficie de la misma es de tonalidades cálidas rojizas (las que perceptualmente aumentan su tonalidad con los rayos solares crepusculares). Esta característica fue utilizada para, mediante la percusión y retiro de la capa superficial, poder trazar diseños de gran visibilidad. Las rocas con representaciones rupestres evidentemente han sido escogidas por su tamaño y preeminencia visual sobre la pampa, son rocas que poseen en su volumetría al menos una faceta trabajada culturalmente.

Roca 1 (PS-R1). Gran roca de aproximadamente 2m x 1.8m x 1m, que pareciera haber pertenecido a una roca mayor. La faceta orientada hacia el suroeste se encuentra casi de forma vertical y es la única trabajada. El conjunto de formas es una composición compleja donde existen algunas superposiciones. La técnica es de percusión de poca profundidad, lo cual es suficiente debido a la gran oxidación de la superficie de la roca, que incluso ha perdido aproximadamente un 25% de la capa exterior de la faceta en la que había imágenes, esto implica una “laguna” considerable dentro de la composición total. Existen al menos una docena de figuras que se desarrollan cada una a partir de líneas gruesas casi del mismo espesor (un rasgos distinguible en el sitio) y a veces siguiendo trayectos serpentiformes. También hay puntos como centro, líneas como ejes o formando tramas. Se percibe al menos cuatro figuras geometrizadas con perfiles muy nítidos.

Roca 2 (PS-R2). Con dimensiones de 1.8m x 1.6m x 1m, presenta una serie de rocas menores, generando un círculo alrededor de la roca grabada. La única faceta trabajada presenta una interesante figura central que aparentemente representa la imagen de una cabeza con grandes ojos y tocado. Los trazos por percusión son más largos y se extienden a ambos lados delimitando áreas anguladas.

Roca 3 (PS-R3). Una roca de 1m de largo en su posición horizontal. Compuesta de granito, tiene una cantidad de inclusiones diversas, asimismo, presenta desprendimientos de su capa exterior. Una figura principal se resuelve por trazos continuos de percusión superficial y forman secuencias encadenadas de círculos sucesivos. La segunda figura es un círculo con ocho rayos con punto central, asociado a un círculo con punto central por medio de una línea serpentiforme . 

Roca 4 (PS-R4). Es una roca pequeña que posee concavidades comúnmente denominadas cúpulas. La única roca identificada es de pequeño tamaño y se encuentra alejada del conjunto restante, y más cercana a la quebrada y a las construcciones del asentamiento de Chamallanca.










3. Antapucro

El Asentamiento arqueológico de Antapucro  se encuentra en la margen izquierda del Valle Medio de Lurín, aproximadamente a 50 km del mar, entre las quebradas Buenos Aires al oeste y La Capilla al este; el área arqueológica cubre una extensión aproximada de 120,000 m2 distribuyéndose entre dos quebradas menores (aunque profundas) y las pendientes de los brazos de los cerros cercanos que la rodean abarcando alturas desde 1,088 msnm hasta 1,372 msnm en su parte alta. El referente principal de esta parte del valle es el cerro Chivilca, el cual llega a alcanzar los 3,229 msnm y cuenta con un sendero de acceso desde el mismo Antapucro. Hay evidencias de que en el pasado el área de Antapucro pudo ser mayor y su límite debió seguir el trazo curvo de la carretera que rodea los antiguos terrenos de deyección de las quebradas, las cuales en la actualidad han sido ganadas para la chacra. Para el presente trabajo solamente consideraremos los petroglifos encontrados en el sector denominado Antapucro Bajo; sin embargo podemos considerar que el sitio es más complejo y se puede dividir verticalmente en tres grandes zonas, cada una con sus propios sectores:

Antapucro Alto, en el cual consideramos senderos y un pueblo en la parte alta del cerro a más de 1,500 msnm. Es muy probable que este haya sido ocupado por grupos que caminaban entre los valles y utilizaban caminos en los cerros. La importancia de estos grupos ha sido soslayada dentro de la explicación arqueológica de la Costa Central.

Antapucro Medio, en el cual existen interesantes vestigios divididos en los dos brazos de cerro sobre el sector A y B, respectivamente. Sobre el sector A existe una extensa área de andenes, con plazoletas amuralladas, cercos y edificaciones en una pequeña cúspide. Sobre el sector B existe un pequeño asentamiento doméstico además de una muralla curva y un sector.

Antapucro Bajo, se expande sobre una extensión de rocas depositadas por aluviones provenientes de las dos quebradas inmediatas y que lo divide espacialmente en tres sectores, y que identificamos metodológicamente, de oeste a este como Sector A, Sector B y Sector C. El sector C corresponde a un área escarpada pasando la quebrada y aún no registrada, pero parece contener solo andenes y algunos recintos.








3.1 Antapucro Bajo.

Se trata de una extensión en la parte baja en donde el terreno es de granito en descomposición con algunas rocas de regular tamaño espaciadas entre sí. Esta extensión de relativa horizontalidad ha sido utilizada para construir edificaciones de planta rectangular agrupadas en conjuntos de cuatro o seis. En algunas ocasiones se agrupan en torno a alguna de las rocas con petroglifos. El sistema constructivo de unidades de roca cantada que incluye a veces rocas medianas de canto rodado unidas con argamasa. Es notable también el uso de rocas medianas usadas como tizón en las esquinas o en la primera hilada de unidades constructivas en los muros. La diversidad de tipos de rocas es diversa, desde granitos, hasta andesitas o metamórficas. 

El material alfarero es diverso, básicamente con formas domésticas, ollas, cántaros, platos, etc. En cuanto a la pasta esta tienen variaciones en granulometría (casi siempre media), de tonalidades diversas (rojizas, rosáceas, marrones oscuras y cremas); asimismo los temperantes son propios del valle medio entre los que prevalecen el cuarzo y la pirita; la cocción siempre es oxidante con enfriamiento rápido.

De manera general consideramos que Antapucro (en todos sus sectores) debió albergar al menos entre 40 y 50 rocas con petroglifos, esto debido a un anterior trabajo de Núñez (1987, T. 3: p 17-22) en el cual presenta siete petroglifos, 4 de los cuales no hemos podido identificar en nuestro registro y que sospechamos deben haberse perdido en los últimos años; además grandes extensiones de chacras, por lo menos ha reducido el área original del sitio que debió extenderse por lo menos hasta la carretera actual. De esta manera se ha perdido el 40% de extensión de Antapucro Bajo.

Sector A.

Hemos registrado al menos 20 rocas con manifestaciones rupestres  en el sector A de Antapucro, la mayoría presentan composiciones sobre una sola faceta y combinan figuras de manera compleja y probablemente se hallaban agrupadas de manera coherente antes que hubieran sido disturbadas y movidas por agentes contemporáneos. En este sentido destaca un agrupamiento al extremo sureste de este sector, inmediato al inicio de la quebrada y asociado a cercos que podemos considerarlas recintos o cercos sencillos. Llama la atención cuatro rocas con clara presencia de las llamadas cúpulas, que llamaremos en adelante concavidades . Existe además un agrupamiento especial emplazado sobre el inicio del cerro que asciende hacia el sur; este agrupamiento mantiene aún su diseño espacial en donde existen terrazas, mesas, etc., y las rocas con petroglifos se hallan en su ubicación original.

Roca 1 (Aa-R1). La roca forma parte de un cerco de planta circular; la misma roca parece haber sido una especie de mesa debido al proceso de alisamiento sobre su gran faceta horizontal; llama la atención una concavidad central mucho más grande que otras pocas que hay a su alrededor .

Roca 2 (Aa-R2). Es una roca alargada que se halla apoyada entre otras; en su faceta horizontal aparecen alineadas varias concavidades de poca profundidad, muy erosionadas por la intemperie. Es la que se halla más cerca de la quebrada.

Roca 3 (Aa-R3). Presenta cinco concavidades profundas, agrupadas simétricamente. 

Roca 4 (Aa-R4). Presenta gran cantidad de pequeñas unidades cóncavas formando hasta cuatro alineamientos inmediatos y paralelos. El desgaste hace difícil una contabilidad pero pasan de las 30 unidades.

Roca 5 (Aa-R5). Muy cercana a una acequia, presenta una pocas concavidades pequeñas.

Roca 6 (Aa-R6). Es pequeña y parece haber sido parte de una roca mayor, se halla asociada a un pequeño recinto semisubterráneo de planta rectangular. Nuestro análisis parece demostrar ciertas diferencias en la densidad de los trazos y diseños curvos continuos.

Roca 7 (Aa-R7). Se emplaza a nivel de superficie y a pesar de encontrarse muy deteriorada contiene imágenes interesantes. La primera es una representación humana masculina con una cabeza con punto central y extremidades dobladas; otras imágenes representan círculos concéntricos. La destrucción de una extensa superficie de la roca no permite visualizar la composición completa.

Roca 8 (Aa-R8). Roca adyacente a la quebrada que en su faceta orientada al oeste presenta una pequeña circunferencia con un punto central. Otros segmentos de líneas no son identificables.

Roca 9 (Aa-R9). Se mantiene in situ ocupando un lugar central y prominente desde el cual se domina visualmente el entorno. Es una roca de baja altura cuya única faceta trabajada se abre de manera inclinada y ligeramente cóncava, hacia el este. Destacan figuras geometrizadas que representan imágenes antropomorfas y que al parecer integran una sola composición. Una de las representaciones humanas posee la cabeza rectangular con ojos y boca logradas con puntos; el cuerpo es vertical y sus extremidades se presentan flexionadas; a su lado una forma cuadrangular se asemeja a la cabeza, y de su parte superior salen dos extensiones (podrían interpretarse como tocados, cabello o antenas).

Roca 10 (Aa-R10). Es una roca mediana aparentemente removida para ampliar una chacra de tunas. Sobre una sola faceta se ha elaborado una importante escena que asocia varias figuras entre las que destaca una figurativa que aparentemente porta un gran tocado; otras figuras (círculos con punto central) rodean la principal. Esta roca ya había sido registrada por Núñez Jiménez (1986, t.3: 21); actualmente ha perdido ciertos rasgos como una línea que integra todas las imágenes. 

Roca 11 (Aa-R11). Esta roca es pequeña y ha sido movida de su lugar original; presenta en una sola faceta círculos con punto central, además de ligeros trazos a modo de rayos alargados del mismo círculo.

Roca 12 (Aa-R12). Es una roca de mediano tamaño que ha sido movida para formar un tendal moderno. En una faceta se ha percutido un círculo con punto central y líneas cortas radiantes, asemejándose a una imagen solar. 

Roca 13 (Aa-R13). Esta roca es de las más grandes en Antapucro; actualmente ha resistido al aplanamiento del lugar con maquinaria pesada. Presenta trazos principalmente en una de sus facetas que se orienta al suroeste, pero también posee algunas en una esquina de la faceta contraria. La mayoría de las formas percutidas no son reconocibles y se tratan básicamente de trazos de igual espesor y que marcan líneas sinuosas y curvas cerradas. Una de las pocas figuras en la segunda faceta, orientada hacia el norte, muestra un círculo con punto central y largas líneas como rayos proyectados radialmente.

Roca 14 (Aa-R14). Roca que se encuentra totalmente desplazada de su lugar original y que muestra los daños producto de esta intervención. Tiene al menos dos facetas trabajadas; en una de ellas, la mayor, es una figura geométrica que incluye dos círculos concéntricos (el exterior con seis rayos radiales) con punto central. En la segunda faceta existen líneas que cierran una forma no identificada.

Roca 15 (Aa-R15). Pequeña roca que en cuya faceta orientada hacia el norte se encuentran trazadas dos figuras; la primera un óvalo con dividido en su eje más largo por un alineamiento de cuatro puntos y, un rectángulo alargado en la misma orientación cuyos lados son también representados por alineamientos de puntos, existiendo al menos veinte de ellos.

Roca 16 (Aa-R16). Roca cortada en dos partes. La primera con trazos continuos que sugieren áreas aglutinadas y puntos aislados; la segunda parte contiene en una faceta líneas continuas serpenteantes que se desarrollan en paralelo (similar en estilo a la roca 19).

Roca 17 (Rr-R17). Roca de mediano tamaño en cuya faceta lateral orientada hacia el oeste posee algunas figuras, principalmente líneas y un círculo concéntrico con punto central.

Roca 18 (Rr-R18). Es una roca de granito de gran tamaño que se encuentra rodeada de otras rocas de superficie rojiza. Esta roca aparentemente tuvo la función de una mesa en cuya faceta horizontal alisada se encuentran una serie de concavidades espaciadas entre sí además de una concavidad mucho mayor producto del aparente desgaste por fricción con otra roca aparentando ser un mortero.

Roca 19 (Rr-R19). Roca de mediano tamaño que al parecer estuvo hincada y que actualmente se encuentra al borde de una ladera inmediata a la anterior roca. La roca presenta una regularidad formal y una capa de oxidación oscura con algunas roturas pequeñas. La única faceta visible con trabajo rupestre expone una cobertura total de la superficie por medio de trazos lineales que siguen un patrón especial: en una mitad de la faceta es el desarrollo de una forma lineal que sigue orientaciones ortogonales con giros que van generando paralelas y grecas y, en la parte complementarias presentan imágenes reconocibles como un disco solar así como círculos.

Roca 20 (Rr-R20). Es una gran roca visible desde los sectores bajos de Antapucro debido a su tamaño y ubicación. Posee una forma irregular ligeramente alargada y redondeada siendo su orientación norte-sur. Verticalmente se puede distinguir tres importantes facetas con trabajos rupestres. Hacia el oeste existen imágenes figurativas, por ejemplo el esquema de un ser humano; también varías formas geométricas principalmente aspas de tres y dos líneas entrecruzadas, espirales, cuadros cuadripartitos así como el recurrente círculo con punto central. Esta faceta es la más oxidada y visible. Hacia el norte la faceta más pequeña presenta una serie de figuras geométricas entre ellas dos espirales, una de seis giros con círculo central y la otra de cuatro, así como también una serie de signos encerrados en un cuadro. La faceta orientada al este presenta las mismas espirales, círculos concéntricos y aspas, además de otras formas irreconocibles. Es de destacar que en la parte superior de la roca también existen algunos trazos percutidos muy deteriorados así como cinco concavidades. Esta última característica es importante pues involucra la asociación de concavidades y petroglifos lo cual solo lo hemos visto en el valle en el sitio de Chontay en una roca también de gran tamaño.

Sector B
En este sector destaca la presencia de un gran ruedo de 36 m de diámetro, construido para ganado vacuno, con sus respectivos corrales instalados; es posible que sea de la primera mitad del siglo XX, pues aparece en fotos aéreas antiguas. También es muy posible que su construcción haya destruido muchas edificaciones y petroglifos.

Roca 1 (Ab-R1). La primera roca con petroglifos se emplaza cercana a la quebrada este, y es de tonalidad marrón oscura destacando en su parte más alta la única faceta sobre la cual se han efectuado al menos veinte figuras geométricas. La roca debe pesar más de una tonelada y alrededor, y por debajo de ella, se construyó una serie de recintos semicirculares, de modo que la roca es el centro y eje del diseño de los mismos. La faceta trabajada se encuentra orientada hacia el oeste con ligera inclinación. La técnica utilizada es la de percusión poco profunda. Las figuras más recurrentes son geométricas y se distribuyen de manera aislada, principalmente son círculos, la mitad de las veces con un punto central; otra figura recurrente es una en forma de M, otras figuras que destacan son círculos, cruces y cuadros. En conjunto y asociándolas podemos notar que no son superpuestas y se encuentran distribuidas de manera uniforme y a veces alineadas entre sí.

Roca 2 (Ab-R2). Es una de las rocas más grandes con petroglifos. Se ubica a aproximadamente 20 metros al norte de la anterior. Es una roca de granodiorita con inclusiones de otros minerales. Los trazos percutidos se distribuyen por tres de sus facetas y han sufrido gran desgaste por lo cual los trazos son poco reconocibles; sin embargo podemos identificar figuras geométricas y algunas imágenes antropomorfas.
En la faceta vertical orientada hacia el Oeste, destaca la imagen de un rostro trazado geométricamente y que pudiera representar también una máscara con los ángulos superiores rectos y los inferiores curvos, unas líneas verticales cortas representan cabellos erizados, internamente dos puntos y una línea intentan sintetizar los ojos y boca; un cuerpo se asocia a esta cabeza con una línea; otra imagen parece representar un cuerpo humano muy esquematizado. Otras figuras, estas geométricas, representan espirales y círculos con puntos.

Roca 3 (Ab-R3). Es una roca que se emplaza en la parte central de este sector. Es una roca de 1 metro de diámetro cuya faceta horizontal se encuentra alisada y sobre la cual se han elaborado una concavidad central.



























4. Consideraciones arqueológicas

4.1 Sobre el emplazamiento 

Una de las características de los sitios arqueológicos con petroglifos en el valle medio es recurrente también en otros lugares de la costa y corresponde a lugares en donde el cauce del río cambia de orientación debido a la acumulación de antiguos aluviones de las quebradas laterales. Las mismas quebradas son puntos de referencia para su ubicación. Se conoce de la existencia de sitios con petroglifos en el valle en contextos geográficos diversos, desde lomas (Quebrada Verde, Guayabo y Quebrada Sol y Luna), asentamientos (Pampa de Flores, Huaycán) hasta laderas de cerros (Chontay). 

En el caso de los petroglifos de Pampa Sisicaya, se encuentran cercanos a vías de comunicación que los conectaban tanto transversal como longitudinalmente a las cadenas de cerros que encajonan el valle; también en Chamallanca existe este camino ascendiendo en zigzag para acceder al importante lugar de Mama, en la margen izquierda del vecino valle del Rímac. En el caso de los petroglifos de Antapucro estos se encuentran cercanos a vías de comunicación que los conectaban tanto transversal como longitudinalmente a las cadenas de cerros que encajonan el valle; de esta manera en Antapucro existen caminos que suben hasta las cumbres intervalles, entre ellas al cerro Chivilca. 

La concentración de varios petroglifos en sitios emplazados en la zona conocida como chaupiyunga de la Costa Central puede tener muchas implicancias; inicialmente podemos considerar que son lugares que concentran un interés ideológico que puede ser reflejado en la función de los mismos; aun así no estamos en condiciones de exponer una distribución cuantificada y jerarquizada de petroglifos en el valle, el proceso de su aparición, vigencia o desuso en el tiempo, ni mucho menos las causas sociales de las mismas. Debemos indicar que el Dr. Javier Pulgar Vidal consideró a sitios así como Centro de Quilcas  (Pulgar Vidal 1963). 

4.2 Sobre el contexto de las rocas
Para nosotros la lectura el paisaje circundante debe formar parte de una interpretación arqueológica de los sitios con petroglifos, por esto es importante recordar que el emplazamiento de casi todas las rocas con petroglifos las hemos hallado en el área de deyección de las quebradas laterales del río, en donde abundan todo tipo de rocas y el espacio horizontal se extiende invadiendo el área del valle. Las rocas utilizadas son parte del material de deyección de tiempos pasados y su distribución distanciada hace pensar que se respetó su posición original, adecuándose las posteriores edificaciones alrededor de la misma. De esta manera las rocas mayores fueron referentes dentro del sitio; la mayoría de edificaciones lo que hacen es respetar la altura de las mismas por lo que sus muros son bajos. Es importante recalcar que los petroglifos no son elementos aislados, sino al contrario, o forman parte de una edificación o son visibles desde un punto visual específico, muchas veces su faceta principal (la mayoría de las veces la única trabajada) se orienta hacia el Oeste, cuando su visibilidad es más notoria en horas de la tarde y alcanza tonalidades rojizas de acuerdo a la oxidación del soporte. Las actividades asociadas a los petroglifos pudieron utilizar estas características de su forma visual.

Las rocas con petroglifos en Pampa Sisicaya se encontraban inscritas dentro de un cerco que permite considerarlas como parte de un escenario cultural independiente y hasta cierto punto cerrado. En Antapucro existen edificaciones (cercos y desniveles asociados a las rocas), técnicas de trabajo de los petroglifos (percusión poco profunda) e incluso la elaboración alfarera (doméstica de cocción oxidante), que podemos considerar como parte del contexto inmediato de los petroglifos y que los vinculan a la misma sociedad, o al menos comparten los mismos rasgos culturales.

4.3 Materialidad y técnica

Todas las rocas son graníticas con pequeñas y diversas inclusiones, todas tienen gran desgaste, oxidación e incluso fracturas superficiales debido a la intemperie; sin embargo se debe señalar que en el caso de las rocas con concavidades estas parecen haber sido elegidas por su mayor dureza y densidad. Es necesario indicar que en las inmediaciones existe gran diversidad de tipos de rocas, desde las andesitas hasta las pizarrosas. 

Técnicamente, los petroglifos han sido trabajados por percusión superficial, casi de manera general. Muchas veces la escasa profundidad no ha permitido conservar claramente los trazos. Algunas de las rocas más grandes poseen superposición de figuras denotando una sucesión temporal y la reutilización del soporte. La realización de las concavidades más profundas parece haber necesitado el auxilio de cuarzos o arena así como agua para lograr el alisamiento característico.

4.4 Sobre las imágenes

Las formas son líneas o áreas que se trazan sobre una superficie y logran proyectar para nuestra percepción y entendimiento figuras; las figuras que registramos son figuras geométricas puras, principalmente círculos o cuadros, o figuras orgánicas libres como bandas serpentiformes, quebradas, espacios vacíos, etc. Muchas veces estas figuras se combinan intentando representar imágenes reconocibles, estas parecen ser casi siempre los principales dentro de la composición de una faceta.

Imágenes
Respecto a las figuras naturalistas que representan imágenes reconocibles estas deben estudiarse con los atributos que puedan vincularlos a la cosmovisión regional y local. Estudios sobre las características formales de los petroglifos intentan distinguir variaciones estilísticas a través del tiempo, nosotros hemos utilizado las que propuso Morales (1993: 139) como referencia para nombrar estas variaciones. Agrupando las figuras existentes en los petroglifos de Antapucro podemos notar algunas características:

a. Imágenes abstractas y geométricas

-Cruz o aspa. Formadas por el entrecruzamiento de dos líneas similares.
-Círculo. Principalmente conteniendo un punto central, es decir expresando la idea del centro.
-Espiral. Que desarrolla de tres a siete giros.
-Línea quebrada. Que se desarrolla sucesivamente formando grecas y cubriendo áreas.

b. Imágenes semi naturalistas geometrizadas
-Sol de ocho rayos. Es una figura representativa del mundo andino, casi un ícono; sin embargo en el registro arqueológico lo hemos encontrado de manera (no muy convincente) en Checta, San Diego en Carabayllo y Cerro Mulato.

c. Imágenes semi naturalista
-Hombre con cabeza circular y punto inscrito.
-Hombre con tocado.
-Ave. Existen pocas figuras reconocibles en flora y fauna, una de estas es un ave de patas largas. 
-Máscaras. Proponemos que son máscaras pues adquieren formas delimitantes distintas al círculo con el que representan la cabeza humana, antes bien son de forma rectangular o en “D”. También poseen trazados ojos, nariz, boca o cabellos de manera exagerada.

Composiciones
En el caso que representen una sola composición, lo que algunos llaman escena, en donde la contemporaneidad de los trazos y el diseño complementario sea evidente, existe una figura central y otras secundarias, manifestando un orden jerárquico que podría tener un significado narrativo. En las composiciones de figuras abstractas estas se manifiestan aisladas y relativamente separadas, sin que las figuras alcancen el perfil de la misma, utilizando solo como conectores líneas. Asimismo los espacios vacíos son distribuidos sobre la roca de manera equilibrada, de tal manera que no existen grandes espacios en blanco. Es casi general que todas las figuras posean cierta independencia, es decir fueron trazadas individualmente; hay ciertas rocas en donde incluso se presentan solas, o sin formar parte de un conjunto, sus rasgos son muy fuertes y muchas veces poseen una centralidad que las ubica en una categoría distinta al resto de las demás formas presentadas en la composición (por ejemplo círculos con punto central). 

-Rocas con concavidades (cúpulas) .
A nuestro entender es otra tipología del trabajo sobre rocas de las que en Pampa Sisicaya existía una roca y en Antapucro Bajo existen varias (al menos seis), igualmente muy cerca de una quebrada adyacente. Un tipo de concavidad destaca por su tamaño y ubicación en la faceta horizontal y alisada de una roca que parece una mesa, otra mesa posee además evidencia de desgaste por el uso de una mano de moler; otras rocas presentan unas pocas concavidades profundas y cercanas entre sí, finalmente otra poseen concavidades pequeñas, apenas perceptibles, formando alineamientos. La recurrencia, número, la forma misma y la técnica de elaboración de las concavidades podrían dar cierto acercamiento a su función, la propia ubicación de estas rocas dentro del contexto espacial este nos alcanza algunos indicadores de su funcionalidad; por un lado es indudable la necesidad de su cercanía a las visuales respecto a las quebradas que pudieran estar activas, esto podría implicar una relación entre las épocas de lluvias y aluviones, tan frecuentes en este sector del valle; cada concavidad podría ser una unidad (no necesariamente de tiempo) aun cuando existan algunas de mayor diámetro que otras, lo cual indica diferenciaciones; por otro lado las rocas con concavidades se encuentran a cierta distancia de las agrupaciones de petroglifos, lo cual podría considerarse como una sectorización y diferenciación en su función. Sólo existe una roca (R-20) que combina petroglifos con concavidades, lo cual es extraño aunque existen otros sitios en donde aparece este tipo de trabajo como en Chontay, algunos kilómetros valle abajo.

4.5. Sobre la función social de los petroglifos
Pampa Sisicaya y Antapucro son sitios que congregaban determinada cantidad de rocas en un espacio limitado y con particulares visuales de su entorno, podría entonces tener una función social directamente asociada con su medio circundante y visible, por ejemplo con el valle, el río, las cumbres de los cerros vecinos, e incluso la profundidad de las quebradas. Además su función tendría que estar relacionada con la particularidad de su materialidad y las posibilidades de las imágenes representadas en ella. De esta forma un petroglifo de acuerdo a su resistencia material ante el tiempo, posee la capacidad por ejemplo de ser un soporte idóneo para transmitir información durante mucho tiempo, y a distintas personas que acudan a su entorno espacial; esta información puede ser entendida por todos o quizás un pequeño grupo; sin embargo lo más probable es que se haya necesitado un correlato humano que complemente su mensaje, o que sustente en la tradición oral sus imágenes. 

El aprender en el contexto de estos espacios y utilizando como herramienta estos medios estables, garantizaría que el conocimiento se mantenga dentro de un estricto esquema a través del tiempo, de generaciones, esto puede implicar además que existan distintos periodos arqueológicos, hasta cierto punto identificable en los rasgos de las imágenes representadas. Transmitir conocimientos, ideas o explicaciones sobre el espacio-tiempo inmediato implica también plantearnos el idioma en el que se expresaba la gente local y aquellos que acudían a interactuar con los petroglifos; sabemos que la gente se comunicaba constantemente y que es inevitable considerar si los petroglifos formaban parte central o complementaria del discurso narrativo de mitologías regionales. Lugares como Pampa Sisicaya o Antapucro pudieron ser lugares de interacción entre gente que hablaba distintos idiomas (o variantes del mismo), es posible que las imágenes puedan sintetizar parte de estas o complementarlas para transmitir mensajes de profundidad social a pesar del transcurrir del tiempo.

4.6 Sobre la cronología y temporalidad 
De acuerdo a la cronología estilística relativa propuesta por Morales  (1993), las manifestaciones rupestres que registramos en Antapucro no podrían ser anteriores al Intermedio Temprano; además, al no existir documentación arqueológica de sitios cercanos, ni aún restos materiales en superficie correspondiente a alfarería reconocible de este periodo creemos que los petroglifos corresponden a periodos posteriores. El criterio de su emplazamiento, inmediato a las quebradas se repite en la mayoría de asentamientos ychsma del Valle Bajo, y aunque existan edificios o algunos rasgos culturales serranos, consideramos que la gente original de estos sitios eran yungas muy vinculados a los grupos poblacionales ychsma. 

Aun así, las referencias etnohistóricas (escritas en los momentos inmediatos a la conquista española) mencionan de manera general a los denominados Yauyos; sobre estos se ha explicado (siempre por la información etnohistórica), que eran varios grupos distribuidos en las cuencas altas de los ríos de la Costa Central durante los períodos tardíos; el grupo correspondiente al espacio en el que se insertan los asentamientos de nuestro estudio era al parecer, según esta información, el de los Chaucarima. Es posible que esta franja del valle haya despertado rivalidades por intereses económicos e ideológicos (al incluir wakas), de ser cierto esto explicaría en parte la necesidad del Tawantinsuyu de construir asentamientos (Nieve Nieve) y edificios (kallankas) netamente representativos del poder cusqueño en menos de 50 años.

Consideramos que durante todo este tiempo los petroglifos pudieron haberse renovado constantemente; existen algunas superposiciones de trazos distinguibles en la profundidad de los mismos y en el estado de su deterioro; los petroglifos de Antapucro se presentan en una considerable cantidad, distribución y variabilidad de formas; es muy posible que hayan tenido un largo proceso de vigencia social aunque con algunas imágenes representativas (el sol con cara, bandas, círculo con puntos, etc.) Por otro lado no hemos detectado imágenes asociadas al Tawantinsuyu, como podrían ser por ejemplo una silueta estilizada de llamas o los patrones geométricos plasmados en su cerámica; aunque aún es prematuro aseverar esto.

4.7 Sobre la conservación
Como indicamos, Pampa Sisicaya y Antapucro ya eran conocidos por las referencias de Núñez Jiménez (1986) sin embargo no existía en ningún caso un letrero del Ministerio de Cultura indicando su intangibilidad. Entre el 2010 y el 2018, al menos el 30% de la extensión del sector A de Antapucro Bajo fue destruida; de la misma manera a inicios del 2015 se efectuó el proceso de destrucción del área de petroglifos en Pampa Sisicaya, utilizando maquinaria pesada, logrando aplanar hasta tres niveles de terreno, desplazando los grupos de rocas hacia el extremo de la pampa con el río, conformando un gran muro de contención utilizando las rocas del lugar, de tal manera que las rocas con petroglifos se encuentran allí perdidas

No cabe duda que la protección sobre los sitios arqueológicos no ha sido efectiva, los mismos pobladores y agricultores dicen desconocer la importancia de estos sitios, pues nunca son visitados ni mencionados; por otro lado, amplias áreas en las quebradas, antes no ocupadas, han sido utilizadas por gente local para convertirlas en zonas cultivables de bajo regadío, por ejemplo, zonas de cultivo de tunas en la parte baja de la quebrada de Chamallanca, afectando varios sectores de la zona arqueológica del mismo nombre. En la última década un grave problema que antecede a la destrucción de los sitios ya no es el huaqueo artesanal, sino la privatización de las quebradas para la generación de granjas y su explotación como canteras de construcción. 

5. Conclusiones

El Valle Medio de Lurín fue escenario de procesos sociales durante los períodos arqueológicos del Intermedio Tardío y Horizonte Tardío, es decir entre los 900 d.C. hasta 1533 d.C. sin que exista aún fuerte evidencia de la presencia del Tawantinsuyu en el sitio directamente, más si en los asentamientos cercanos. Las evidencias parecen proponer indirectamente una identificación con los ychsma, pero permeable a influencias serranas o foráneas, y completamente arraigada con la realidad de la llamada chaupiyunga.

La existencia de sitios con presencia de representaciones rupestres en esta parte del valle, no implica que estos existan de manera aislada; las evidencias superficiales permiten incluso asociar áreas de vida doméstica permanente e incluso tumbas (con la presencia de pucullos) con los petroglifos.

Las imágenes que hemos podido identificar, aunque puedan pertenecer a periodos diferentes, mantienen en su formalidad una relación y continuidad, lo cual nos permite considerar que la gente de esta parte del valle sostuvo las prácticas sociales asociadas a los petroglifos durante mucho tiempo. 

La importancia de nuestra área de estudio en el pasado, ya sea económica, política o ideológica, motivó el interés de distintas sociedades para controlar este territorio, desde grupos Yauyos hasta el mismo Tawantinsuyu, sin olvidar la directa intervención colonial. La trascendencia de estos intereses le otorga su identidad local. Creemos de esta manera que la gente local fue la que controló directamente el sitio aun cuando tuvieron que ejercer ciertas estrategias defensivas o de resistencia cultural en algunos momentos.

6. Agradecimientos

Los trabajos de campo en Antapucro fueron realizados en distintos momentos con el apoyo desinteresado de algunas personas entre las cuales destacamos la participación de Christian Tamayo Robles, Sebastián Bernaola Flores, Gabriel Cóndor, Kleyson Lobato y Shym Sheyk Yánfer Alcca.

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(1) Graduado de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la URP, graduado de la Escuela Académico Profesional de Arqueología de la UNMSM; egresado de la Maestría de Arte Peruano y Latinoamericano de la UNMSM; Maestría en Conservación del Patrimonio Edificado de la UNI; actualmente pertenece a la Facultad de Educación de la UNMSM.

(2) En la actualidad muchos sitios se encuentran cercados físicamente y dentro de terrenos que indican que son de propiedad privada; la gran mayoría están afectados por la práctica de agricultura, de remoción y aplanamiento de tierras para lotización urbana, o simplemente por la construcción de edificios modernos.

(3) Además de Chamallanca y Antapucro, se puede señalar sitios de mayor extensión como Avillay, Chontay-Antivales, Río Seco, Huaycán de Cieneguilla, Tijerales, Molle, Panquilma, etc, en un tramo de menos de 20 km.
(4)El círculo de ocho rayos es una imagen frecuente en algunos lugares con petroglifos de la costa central, por ejemplo en San Diego, Cerro Mulato (cuando el círculo recibe el tratamiento de un rostro), así como también en Checta.

(5)  Según Germán Stiglish, Antapucro significaría “Hoyo de metal”. En sus inmediaciones existen “Chacs y lugares argentíferos” (Stiglich, 1922: 96), refiriéndose esta información probablemente a antiguas minas existentes en las cercanías.

(6) Para efecto del entendimiento general de las formas hemos procedido a asumir una descripción figurativa de los petroglifos, de tal manera que se pueda asociar a una imagen reconocible; sin embargo la precisa interpretación del significado de los mismos requieren un análisis más detallado y completo.

(7) Como definición una cúpula es una cobertura arquitectónica que principalmente despliega formas curvas que facilitan la distribución de cargas hacia el suelo. El espacio interior y sirve de delimitante superficial y superior de un recinto. Al no registrar aún la denominación original y exacta de este tipo de manifestación rupestre las llamamos según su aspecto cóncavo son respecto a la superficie en la cual fue generada.

(8) Esta característica la hemos identificado en otras rocas como en Chontay y Río Seco, dentro del mismo valle de Lurín, y en Lumbra (aunque en ese caso abundan las concavidades menores, quizás por un uso prolongado) y Quilca en la cuenca del Chancay.

(9) “Llamamos Centro de Quilcas a “…todo lugar en el cual exista una piedra aislada, grande o pequeña; un grupo de piedras, un roquedal, un acantilado, un desfiladero, una marmita eólica, una semicaverna, una caverna pequeña o una gran caverna, en cuyas superficies planas, cóncavas, convexas, se haya inscrito, por medio de pinturas o por incisión, una grafía cualquiera o un conjunto de ellas”. (Pulgar Vidal 1963)

(10) En alguna bibliografía arqueológica se menciona este término para denominar al trabajo efectuado sobre facetas de las rocas y cuya forma característica es esférica (o variantes de esta) en sustracción, generando concavidades de distinto tamaño. Consideramos que la palabra cúpula se refiere básicamente a una forma de cobertura arquitectónica y a una solución estructural distinta y ajena al tipo de manifestación cultural que estamos estudiando por lo cual solo utilizaremos el término concavidad. 

(11) Según Morales (1993), la tradición andina en arte rupestre posee cuatro estilos diferenciables: A. Estilo naturalista (el más antiguo que representa siluetas del animal). B. Estilo seminaturalista (siluetas desproporcionadas). C. Estilo antropomorfo (Seres humanos con atributos zoomorfos). D. Estilo geométrico estereotipado (de la costa peruana; son comunes seres humanos, animales, máscaras y figuras geométricas como puntos, rayas, etc. Desde el Intermedio Temprano).


















































































2. Pampa Sisicaya
Pampa de Sisicaya es el nombre del sitio arqueológico que se emplaza sobre un terreno formado por la constante evacuación de material aluviónico proveniente de la quebrada de Chamallanca en su desembocadura en la margen derecha del río Lurín y cuya altura alcanza hasta 20 metros sobre el lecho del mismo río. La composición del suelo es de arena y granito en descomposición y se distribuye de manera regular (salvo la sangría de la quebrada misma), conformando una pequeña explanada denominada pampa. Las rocas de tamaño regular se encuentran oxidadas y erosionadas por la intemperie. La ubicación de las rocas más grandes les permite vincularlas como punto de observación del cono de deyección de la quebrada así como de la propia visualización de la roca misma, al nivel del ojo humano, permitiendo su observación directa. De la totalidad de estas rocas se ha podido ubicar hasta cuatro agrupaciones, existiendo al menos una con representaciones rupestres. Aun cuando los primeros registros se efectuaron hace algunos años, el sitio ya había sido alterado (la autopista hacia Antioquía corta la pampa) y era difícil distinguir un orden de acceso o recorrido. Todas las rocas son de granito con inclusiones de otros minerales, siendo la capa exterior oxidada por intemperismo, de esta manera, aunque la roca posea naturalmente una valoración blanca la superficie de la misma es de tonalidades cálidas rojizas (las que perceptualmente aumentan su tonalidad con los rayos solares crepusculares). Esta característica fue utilizada para, mediante la percusión y retiro de la capa superficial, poder trazar diseños de gran visibilidad. Las rocas con representaciones rupestres evidentemente han sido escogidas por su tamaño y preeminencia visual sobre la pampa, son rocas que poseen en su volumetría al menos una faceta trabajada culturalmente.

Roca 1 (PS-R1). Gran roca de aproximadamente 2m x 1.8m x 1m, que pareciera haber pertenecido a una roca mayor. La faceta orientada hacia el suroeste se encuentra casi de forma vertical y es la única trabajada. El conjunto de formas es una composición compleja donde existen algunas superposiciones. La técnica es de percusión de poca profundidad, lo cual es suficiente debido a la gran oxidación de la superficie de la roca, que incluso ha perdido aproximadamente un 25% de la capa exterior de la faceta en la que había imágenes, esto implica una “laguna” considerable dentro de la composición total. Existen al menos una docena de figuras que se desarrollan cada una a partir de líneas gruesas casi del mismo espesor (un rasgos distinguible en el sitio) y a veces siguiendo trayectos serpentiformes. También hay puntos como centro, líneas como ejes o formando tramas. Se percibe al menos cuatro figuras geometrizadas con perfiles muy nítidos.

Roca 2 (PS-R2). Con dimensiones de 1.8m x 1.6m x 1m, presenta una serie de rocas menores, generando un círculo alrededor de la roca grabada. La única faceta trabajada presenta una interesante figura central que aparentemente representa la imagen de una cabeza con grandes ojos y tocado. Los trazos por percusión son más largos y se extienden a ambos lados delimitando áreas anguladas.

Roca 3 (PS-R3). Una roca de 1m de largo en su posición horizontal. Compuesta de granito, tiene una cantidad de inclusiones diversas, asimismo, presenta desprendimientos de su capa exterior. Una figura principal se resuelve por trazos continuos de percusión superficial y forman secuencias encadenadas de círculos sucesivos. La segunda figura es un círculo con ocho rayos con punto central, asociado a un círculo con punto central por medio de una línea serpentiforme . 

Roca 4 (PS-R4). Es una roca pequeña que posee concavidades comúnmente denominadas cúpulas. La única roca identificada es de pequeño tamaño y se encuentra alejada del conjunto restante, y más cercana a la quebrada y a las construcciones del asentamiento de Chamallanca.










































































































































































































































































3. Antapucro
El Asentamiento arqueológico de Antapucro  se encuentra en la margen izquierda del Valle Medio de Lurín, aproximadamente a 50 km del mar, entre las quebradas Buenos Aires al oeste y La Capilla al este; el área arqueológica cubre una extensión aproximada de 120,000 m2 distribuyéndose entre dos quebradas menores (aunque profundas) y las pendientes de los brazos de los cerros cercanos que la rodean abarcando alturas desde 1,088 msnm hasta 1,372 msnm en su parte alta. El referente principal de esta parte del valle es el cerro Chivilca, el cual llega a alcanzar los 3,229 msnm y cuenta con un sendero de acceso desde el mismo Antapucro. Hay evidencias de que en el pasado el área de Antapucro pudo ser mayor y su límite debió seguir el trazo curvo de la carretera que rodea los antiguos terrenos de deyección de las quebradas, las cuales en la actualidad han sido ganadas para la chacra. Para el presente trabajo solamente consideraremos los petroglifos encontrados en el sector denominado Antapucro Bajo; sin embargo podemos considerar que el sitio es más complejo y se puede dividir verticalmente en tres grandes zonas, cada una con sus propios sectores:

Antapucro Alto, en el cual consideramos senderos y un pueblo en la parte alta del cerro a más de 1,500 msnm. Es muy probable que este haya sido ocupado por grupos que caminaban entre los valles y utilizaban caminos en los cerros. La importancia de estos grupos ha sido soslayada dentro de la explicación arqueológica de la Costa Central.

Antapucro Medio, en el cual existen interesantes vestigios divididos en los dos brazos de cerro sobre el sector A y B, respectivamente. Sobre el sector A existe una extensa área de andenes, con plazoletas amuralladas, cercos y edificaciones en una pequeña cúspide. Sobre el sector B existe un pequeño asentamiento doméstico además de una muralla curva y un sector.

Antapucro Bajo, se expande sobre una extensión de rocas depositadas por aluviones provenientes de las dos quebradas inmediatas y que lo divide espacialmente en tres sectores, y que identificamos metodológicamente, de oeste a este como Sector A, Sector B y Sector C. El sector C corresponde a un área escarpada pasando la quebrada y aún no registrada, pero parece contener solo andenes y algunos recintos.
















































































































































































































3.1 Antapucro Bajo.
Se trata de una extensión en la parte baja en donde el terreno es de granito en descomposición con algunas rocas de regular tamaño espaciadas entre sí. Esta extensión de relativa horizontalidad ha sido utilizada para construir edificaciones de planta rectangular agrupadas en conjuntos de cuatro o seis. En algunas ocasiones se agrupan en torno a alguna de las rocas con petroglifos. El sistema constructivo de unidades de roca cantada que incluye a veces rocas medianas de canto rodado unidas con argamasa. Es notable también el uso de rocas medianas usadas como tizón en las esquinas o en la primera hilada de unidades constructivas en los muros. La diversidad de tipos de rocas es diversa, desde granitos, hasta andesitas o metamórficas. 

El material alfarero es diverso, básicamente con formas domésticas, ollas, cántaros, platos, etc. En cuanto a la pasta esta tienen variaciones en granulometría (casi siempre media), de tonalidades diversas (rojizas, rosáceas, marrones oscuras y cremas); asimismo los temperantes son propios del valle medio entre los que prevalecen el cuarzo y la pirita; la cocción siempre es oxidante con enfriamiento rápido.

De manera general consideramos que Antapucro (en todos sus sectores) debió albergar al menos entre 40 y 50 rocas con petroglifos, esto debido a un anterior trabajo de Núñez (1987, T. 3: p 17-22) en el cual presenta siete petroglifos, 4 de los cuales no hemos podido identificar en nuestro registro y que sospechamos deben haberse perdido en los últimos años; además grandes extensiones de chacras, por lo menos ha reducido el área original del sitio que debió extenderse por lo menos hasta la carretera actual. De esta manera se ha perdido el 40% de extensión de Antapucro Bajo.

Sector A.
Hemos registrado al menos 20 rocas con manifestaciones rupestres  en el sector A de Antapucro, la mayoría presentan composiciones sobre una sola faceta y combinan figuras de manera compleja y probablemente se hallaban agrupadas de manera coherente antes que hubieran sido disturbadas y movidas por agentes contemporáneos. En este sentido destaca un agrupamiento al extremo sureste de este sector, inmediato al inicio de la quebrada y asociado a cercos que podemos considerarlas recintos o cercos sencillos. Llama la atención cuatro rocas con clara presencia de las llamadas cúpulas, que llamaremos en adelante concavidades . Existe además un agrupamiento especial emplazado sobre el inicio del cerro que asciende hacia el sur; este agrupamiento mantiene aún su diseño espacial en donde existen terrazas, mesas, etc., y las rocas con petroglifos se hallan en su ubicación original.

Roca 1 (Aa-R1). La roca forma parte de un cerco de planta circular; la misma roca parece haber sido una especie de mesa debido al proceso de alisamiento sobre su gran faceta horizontal; llama la atención una concavidad central mucho más grande que otras pocas que hay a su alrededor .

Roca 2 (Aa-R2). Es una roca alargada que se halla apoyada entre otras; en su faceta horizontal aparecen alineadas varias concavidades de poca profundidad, muy erosionadas por la intemperie. Es la que se halla más cerca de la quebrada.

Roca 3 (Aa-R3). Presenta cinco concavidades profundas, agrupadas simétricamente. 

Roca 4 (Aa-R4). Presenta gran cantidad de pequeñas unidades cóncavas formando hasta cuatro alineamientos inmediatos y paralelos. El desgaste hace difícil una contabilidad pero pasan de las 30 unidades.

Roca 5 (Aa-R5). Muy cercana a una acequia, presenta una pocas concavidades pequeñas.

Roca 6 (Aa-R6). Es pequeña y parece haber sido parte de una roca mayor, se halla asociada a un pequeño recinto semisubterráneo de planta rectangular. Nuestro análisis parece demostrar ciertas diferencias en la densidad de los trazos y diseños curvos continuos.

Roca 7 (Aa-R7). Se emplaza a nivel de superficie y a pesar de encontrarse muy deteriorada contiene imágenes interesantes. La primera es una representación humana masculina con una cabeza con punto central y extremidades dobladas; otras imágenes representan círculos concéntricos. La destrucción de una extensa superficie de la roca no permite visualizar la composición completa.

Roca 8 (Aa-R8). Roca adyacente a la quebrada que en su faceta orientada al oeste presenta una pequeña circunferencia con un punto central. Otros segmentos de líneas no son identificables.

Roca 9 (Aa-R9). Se mantiene in situ ocupando un lugar central y prominente desde el cual se domina visualmente el entorno. Es una roca de baja altura cuya única faceta trabajada se abre de manera inclinada y ligeramente cóncava, hacia el este. Destacan figuras geometrizadas que representan imágenes antropomorfas y que al parecer integran una sola composición. Una de las representaciones humanas posee la cabeza rectangular con ojos y boca logradas con puntos; el cuerpo es vertical y sus extremidades se presentan flexionadas; a su lado una forma cuadrangular se asemeja a la cabeza, y de su parte superior salen dos extensiones (podrían interpretarse como tocados, cabello o antenas).

Roca 10 (Aa-R10). Es una roca mediana aparentemente removida para ampliar una chacra de tunas. Sobre una sola faceta se ha elaborado una importante escena que asocia varias figuras entre las que destaca una figurativa que aparentemente porta un gran tocado; otras figuras (círculos con punto central) rodean la principal. Esta roca ya había sido registrada por Núñez Jiménez (1986, t.3: 21); actualmente ha perdido ciertos rasgos como una línea que integra todas las imágenes. 

Roca 11 (Aa-R11). Esta roca es pequeña y ha sido movida de su lugar original; presenta en una sola faceta círculos con punto central, además de ligeros trazos a modo de rayos alargados del mismo círculo.

Roca 12 (Aa-R12). Es una roca de mediano tamaño que ha sido movida para formar un tendal moderno. En una faceta se ha percutido un círculo con punto central y líneas cortas radiantes, asemejándose a una imagen solar. 

Roca 13 (Aa-R13). Esta roca es de las más grandes en Antapucro; actualmente ha resistido al aplanamiento del lugar con maquinaria pesada. Presenta trazos principalmente en una de sus facetas que se orienta al suroeste, pero también posee algunas en una esquina de la faceta contraria. La mayoría de las formas percutidas no son reconocibles y se tratan básicamente de trazos de igual espesor y que marcan líneas sinuosas y curvas cerradas. Una de las pocas figuras en la segunda faceta, orientada hacia el norte, muestra un círculo con punto central y largas líneas como rayos proyectados radialmente.

Roca 14 (Aa-R14). Roca que se encuentra totalmente desplazada de su lugar original y que muestra los daños producto de esta intervención. Tiene al menos dos facetas trabajadas; en una de ellas, la mayor, es una figura geométrica que incluye dos círculos concéntricos (el exterior con seis rayos radiales) con punto central. En la segunda faceta existen líneas que cierran una forma no identificada.

Roca 15 (Aa-R15). Pequeña roca que en cuya faceta orientada hacia el norte se encuentran trazadas dos figuras; la primera un óvalo con dividido en su eje más largo por un alineamiento de cuatro puntos y, un rectángulo alargado en la misma orientación cuyos lados son también representados por alineamientos de puntos, existiendo al menos veinte de ellos.

Roca 16 (Aa-R16). Roca cortada en dos partes. La primera con trazos continuos que sugieren áreas aglutinadas y puntos aislados; la segunda parte contiene en una faceta líneas continuas serpenteantes que se desarrollan en paralelo (similar en estilo a la roca 19).

Roca 17 (Rr-R17). Roca de mediano tamaño en cuya faceta lateral orientada hacia el oeste posee algunas figuras, principalmente líneas y un círculo concéntrico con punto central.

Roca 18 (Rr-R18). Es una roca de granito de gran tamaño que se encuentra rodeada de otras rocas de superficie rojiza. Esta roca aparentemente tuvo la función de una mesa en cuya faceta horizontal alisada se encuentran una serie de concavidades espaciadas entre sí además de una concavidad mucho mayor producto del aparente desgaste por fricción con otra roca aparentando ser un mortero.

Roca 19 (Rr-R19). Roca de mediano tamaño que al parecer estuvo hincada y que actualmente se encuentra al borde de una ladera inmediata a la anterior roca. La roca presenta una regularidad formal y una capa de oxidación oscura con algunas roturas pequeñas. La única faceta visible con trabajo rupestre expone una cobertura total de la superficie por medio de trazos lineales que siguen un patrón especial: en una mitad de la faceta es el desarrollo de una forma lineal que sigue orientaciones ortogonales con giros que van generando paralelas y grecas y, en la parte complementarias presentan imágenes reconocibles como un disco solar así como círculos.

Roca 20 (Rr-R20). Es una gran roca visible desde los sectores bajos de Antapucro debido a su tamaño y ubicación. Posee una forma irregular ligeramente alargada y redondeada siendo su orientación norte-sur. Verticalmente se puede distinguir tres importantes facetas con trabajos rupestres. Hacia el oeste existen imágenes figurativas, por ejemplo el esquema de un ser humano; también varías formas geométricas principalmente aspas de tres y dos líneas entrecruzadas, espirales, cuadros cuadripartitos así como el recurrente círculo con punto central. Esta faceta es la más oxidada y visible. Hacia el norte la faceta más pequeña presenta una serie de figuras geométricas entre ellas dos espirales, una de seis giros con círculo central y la otra de cuatro, así como también una serie de signos encerrados en un cuadro. La faceta orientada al este presenta las mismas espirales, círculos concéntricos y aspas, además de otras formas irreconocibles. Es de destacar que en la parte superior de la roca también existen algunos trazos percutidos muy deteriorados así como cinco concavidades. Esta última característica es importante pues involucra la asociación de concavidades y petroglifos lo cual solo lo hemos visto en el valle en el sitio de Chontay en una roca también de gran tamaño.

Sector B
En este sector destaca la presencia de un gran ruedo de 36 m de diámetro, construido para ganado vacuno, con sus respectivos corrales instalados; es posible que sea de la primera mitad del siglo XX, pues aparece en fotos aéreas antiguas. También es muy posible que su construcción haya destruido muchas edificaciones y petroglifos.

Roca 1 (Ab-R1). La primera roca con petroglifos se emplaza cercana a la quebrada este, y es de tonalidad marrón oscura destacando en su parte más alta la única faceta sobre la cual se han efectuado al menos veinte figuras geométricas. La roca debe pesar más de una tonelada y alrededor, y por debajo de ella, se construyó una serie de recintos semicirculares, de modo que la roca es el centro y eje del diseño de los mismos. La faceta trabajada se encuentra orientada hacia el oeste con ligera inclinación. La técnica utilizada es la de percusión poco profunda. Las figuras más recurrentes son geométricas y se distribuyen de manera aislada, principalmente son círculos, la mitad de las veces con un punto central; otra figura recurrente es una en forma de M, otras figuras que destacan son círculos, cruces y cuadros. En conjunto y asociándolas podemos notar que no son superpuestas y se encuentran distribuidas de manera uniforme y a veces alineadas entre sí.

Roca 2 (Ab-R2). Es una de las rocas más grandes con petroglifos. Se ubica a aproximadamente 20 metros al norte de la anterior. Es una roca de granodiorita con inclusiones de otros minerales. Los trazos percutidos se distribuyen por tres de sus facetas y han sufrido gran desgaste por lo cual los trazos son poco reconocibles; sin embargo podemos identificar figuras geométricas y algunas imágenes antropomorfas.
En la faceta vertical orientada hacia el Oeste, destaca la imagen de un rostro trazado geométricamente y que pudiera representar también una máscara con los ángulos superiores rectos y los inferiores curvos, unas líneas verticales cortas representan cabellos erizados, internamente dos puntos y una línea intentan sintetizar los ojos y boca; un cuerpo se asocia a esta cabeza con una línea; otra imagen parece representar un cuerpo humano muy esquematizado. Otras figuras, estas geométricas, representan espirales y círculos con puntos.

Roca 3 (Ab-R3). Es una roca que se emplaza en la parte central de este sector. Es una roca de 1 metro de diámetro cuya faceta horizontal se encuentra alisada y sobre la cual se han elaborado una concavidad central.












































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































4. Consideraciones arqueológicas
4.1 Sobre el emplazamiento 
Una de las características de los sitios arqueológicos con petroglifos en el valle medio es recurrente también en otros lugares de la costa y corresponde a lugares en donde el cauce del río cambia de orientación debido a la acumulación de antiguos aluviones de las quebradas laterales. Las mismas quebradas son puntos de referencia para su ubicación. Se conoce de la existencia de sitios con petroglifos en el valle en contextos geográficos diversos, desde lomas (Quebrada Verde, Guayabo y Quebrada Sol y Luna), asentamientos (Pampa de Flores, Huaycán) hasta laderas de cerros (Chontay). 

En el caso de los petroglifos de Pampa Sisicaya, se encuentran cercanos a vías de comunicación que los conectaban tanto transversal como longitudinalmente a las cadenas de cerros que encajonan el valle; también en Chamallanca existe este camino ascendiendo en zigzag para acceder al importante lugar de Mama, en la margen izquierda del vecino valle del Rímac. En el caso de los petroglifos de Antapucro estos se encuentran cercanos a vías de comunicación que los conectaban tanto transversal como longitudinalmente a las cadenas de cerros que encajonan el valle; de esta manera en Antapucro existen caminos que suben hasta las cumbres intervalles, entre ellas al cerro Chivilca. 

La concentración de varios petroglifos en sitios emplazados en la zona conocida como chaupiyunga de la Costa Central puede tener muchas implicancias; inicialmente podemos considerar que son lugares que concentran un interés ideológico que puede ser reflejado en la función de los mismos; aun así no estamos en condiciones de exponer una distribución cuantificada y jerarquizada de petroglifos en el valle, el proceso de su aparición, vigencia o desuso en el tiempo, ni mucho menos las causas sociales de las mismas. Debemos indicar que el Dr. Javier Pulgar Vidal consideró a sitios así como Centro de Quilcas  (Pulgar Vidal 1963). 

4.2 Sobre el contexto de las rocas
Para nosotros la lectura el paisaje circundante debe formar parte de una interpretación arqueológica de los sitios con petroglifos, por esto es importante recordar que el emplazamiento de casi todas las rocas con petroglifos las hemos hallado en el área de deyección de las quebradas laterales del río, en donde abundan todo tipo de rocas y el espacio horizontal se extiende invadiendo el área del valle. Las rocas utilizadas son parte del material de deyección de tiempos pasados y su distribución distanciada hace pensar que se respetó su posición original, adecuándose las posteriores edificaciones alrededor de la misma. De esta manera las rocas mayores fueron referentes dentro del sitio; la mayoría de edificaciones lo que hacen es respetar la altura de las mismas por lo que sus muros son bajos. Es importante recalcar que los petroglifos no son elementos aislados, sino al contrario, o forman parte de una edificación o son visibles desde un punto visual específico, muchas veces su faceta principal (la mayoría de las veces la única trabajada) se orienta hacia el Oeste, cuando su visibilidad es más notoria en horas de la tarde y alcanza tonalidades rojizas de acuerdo a la oxidación del soporte. Las actividades asociadas a los petroglifos pudieron utilizar estas características de su forma visual.

Las rocas con petroglifos en Pampa Sisicaya se encontraban inscritas dentro de un cerco que permite considerarlas como parte de un escenario cultural independiente y hasta cierto punto cerrado. En Antapucro existen edificaciones (cercos y desniveles asociados a las rocas), técnicas de trabajo de los petroglifos (percusión poco profunda) e incluso la elaboración alfarera (doméstica de cocción oxidante), que podemos considerar como parte del contexto inmediato de los petroglifos y que los vinculan a la misma sociedad, o al menos comparten los mismos rasgos culturales.

4.3 Materialidad y técnica
Todas las rocas son graníticas con pequeñas y diversas inclusiones, todas tienen gran desgaste, oxidación e incluso fracturas superficiales debido a la intemperie; sin embargo se debe señalar que en el caso de las rocas con concavidades estas parecen haber sido elegidas por su mayor dureza y densidad. Es necesario indicar que en las inmediaciones existe gran diversidad de tipos de rocas, desde las andesitas hasta las pizarrosas. 

Técnicamente, los petroglifos han sido trabajados por percusión superficial, casi de manera general. Muchas veces la escasa profundidad no ha permitido conservar claramente los trazos. Algunas de las rocas más grandes poseen superposición de figuras denotando una sucesión temporal y la reutilización del soporte. La realización de las concavidades más profundas parece haber necesitado el auxilio de cuarzos o arena así como agua para lograr el alisamiento característico.

4.4 Sobre las imágenes
Las formas son líneas o áreas que se trazan sobre una superficie y logran proyectar para nuestra percepción y entendimiento figuras; las figuras que registramos son figuras geométricas puras, principalmente círculos o cuadros, o figuras orgánicas libres como bandas serpentiformes, quebradas, espacios vacíos, etc. Muchas veces estas figuras se combinan intentando representar imágenes reconocibles, estas parecen ser casi siempre los principales dentro de la composición de una faceta.

Imágenes
Respecto a las figuras naturalistas que representan imágenes reconocibles estas deben estudiarse con los atributos que puedan vincularlos a la cosmovisión regional y local. Estudios sobre las características formales de los petroglifos intentan distinguir variaciones estilísticas a través del tiempo, nosotros hemos utilizado las que propuso Morales (1993: 139) como referencia para nombrar estas variaciones. Agrupando las figuras existentes en los petroglifos de Antapucro podemos notar algunas características:

a. Imágenes abstractas y geométricas
-Cruz o aspa. Formadas por el entrecruzamiento de dos líneas similares.
-Círculo. Principalmente conteniendo un punto central, es decir expresando la idea del centro.
-Espiral. Que desarrolla de tres a siete giros.
-Línea quebrada. Que se desarrolla sucesivamente formando grecas y cubriendo áreas.
b. Imágenes semi naturalistas geometrizadas
-Sol de ocho rayos. Es una figura representativa del mundo andino, casi un ícono; sin embargo en el registro arqueológico lo hemos encontrado de manera (no muy convincente) en Checta, San Diego en Carabayllo y Cerro Mulato.
c. Imágenes semi naturalista
-Hombre con cabeza circular y punto inscrito.
-Hombre con tocado.
-Ave. Existen pocas figuras reconocibles en flora y fauna, una de estas es un ave de patas largas. 
-Máscaras. Proponemos que son máscaras pues adquieren formas delimitantes distintas al círculo con el que representan la cabeza humana, antes bien son de forma rectangular o en “D”. También poseen trazados ojos, nariz, boca o cabellos de manera exagerada.

Composiciones
En el caso que representen una sola composición, lo que algunos llaman escena, en donde la contemporaneidad de los trazos y el diseño complementario sea evidente, existe una figura central y otras secundarias, manifestando un orden jerárquico que podría tener un significado narrativo. En las composiciones de figuras abstractas estas se manifiestan aisladas y relativamente separadas, sin que las figuras alcancen el perfil de la misma, utilizando solo como conectores líneas. Asimismo los espacios vacíos son distribuidos sobre la roca de manera equilibrada, de tal manera que no existen grandes espacios en blanco. Es casi general que todas las figuras posean cierta independencia, es decir fueron trazadas individualmente; hay ciertas rocas en donde incluso se presentan solas, o sin formar parte de un conjunto, sus rasgos son muy fuertes y muchas veces poseen una centralidad que las ubica en una categoría distinta al resto de las demás formas presentadas en la composición (por ejemplo círculos con punto central). 

-Rocas con concavidades (cúpulas) .
A nuestro entender es otra tipología del trabajo sobre rocas de las que en Pampa Sisicaya existía una roca y en Antapucro Bajo existen varias (al menos seis), igualmente muy cerca de una quebrada adyacente. Un tipo de concavidad destaca por su tamaño y ubicación en la faceta horizontal y alisada de una roca que parece una mesa, otra mesa posee además evidencia de desgaste por el uso de una mano de moler; otras rocas presentan unas pocas concavidades profundas y cercanas entre sí, finalmente otra poseen concavidades pequeñas, apenas perceptibles, formando alineamientos. La recurrencia, número, la forma misma y la técnica de elaboración de las concavidades podrían dar cierto acercamiento a su función, la propia ubicación de estas rocas dentro del contexto espacial este nos alcanza algunos indicadores de su funcionalidad; por un lado es indudable la necesidad de su cercanía a las visuales respecto a las quebradas que pudieran estar activas, esto podría implicar una relación entre las épocas de lluvias y aluviones, tan frecuentes en este sector del valle; cada concavidad podría ser una unidad (no necesariamente de tiempo) aun cuando existan algunas de mayor diámetro que otras, lo cual indica diferenciaciones; por otro lado las rocas con concavidades se encuentran a cierta distancia de las agrupaciones de petroglifos, lo cual podría considerarse como una sectorización y diferenciación en su función. Sólo existe una roca (R-20) que combina petroglifos con concavidades, lo cual es extraño aunque existen otros sitios en donde aparece este tipo de trabajo como en Chontay, algunos kilómetros valle abajo.

4.5. Sobre la función social de los petroglifos
Pampa Sisicaya y Antapucro son sitios que congregaban determinada cantidad de rocas en un espacio limitado y con particulares visuales de su entorno, podría entonces tener una función social directamente asociada con su medio circundante y visible, por ejemplo con el valle, el río, las cumbres de los cerros vecinos, e incluso la profundidad de las quebradas. Además su función tendría que estar relacionada con la particularidad de su materialidad y las posibilidades de las imágenes representadas en ella. De esta forma un petroglifo de acuerdo a su resistencia material ante el tiempo, posee la capacidad por ejemplo de ser un soporte idóneo para transmitir información durante mucho tiempo, y a distintas personas que acudan a su entorno espacial; esta información puede ser entendida por todos o quizás un pequeño grupo; sin embargo lo más probable es que se haya necesitado un correlato humano que complemente su mensaje, o que sustente en la tradición oral sus imágenes. El aprender en el contexto de estos espacios y utilizando como herramienta estos medios estables, garantizaría que el conocimiento se mantenga dentro de un estricto esquema a través del tiempo, de generaciones, esto puede implicar además que existan distintos periodos arqueológicos, hasta cierto punto identificable en los rasgos de las imágenes representadas. Transmitir conocimientos, ideas o explicaciones sobre el espacio-tiempo inmediato implica también plantearnos el idioma en el que se expresaba la gente local y aquellos que acudían a interactuar con los petroglifos; sabemos que la gente se comunicaba constantemente y que es inevitable considerar si los petroglifos formaban parte central o complementaria del discurso narrativo de mitologías regionales. Lugares como Pampa Sisicaya o Antapucro pudieron ser lugares de interacción entre gente que hablaba distintos idiomas (o variantes del mismo), es posible que las imágenes puedan sintetizar parte de estas o complementarlas para transmitir mensajes de profundidad social a pesar del transcurrir del tiempo.

4.6 Sobre la cronología y temporalidad 
De acuerdo a la cronología estilística relativa propuesta por Morales  (1993), las manifestaciones rupestres que registramos en Antapucro no podrían ser anteriores al Intermedio Temprano; además, al no existir documentación arqueológica de sitios cercanos, ni aún restos materiales en superficie correspondiente a alfarería reconocible de este periodo creemos que los petroglifos corresponden a periodos posteriores. El criterio de su emplazamiento, inmediato a las quebradas se repite en la mayoría de asentamientos ychsma del Valle Bajo, y aunque existan edificios o algunos rasgos culturales serranos, consideramos que la gente original de estos sitios eran yungas muy vinculados a los grupos poblacionales ychsma. Aun así, las referencias etnohistóricas (escritas en los momentos inmediatos a la conquista española) mencionan de manera general a los denominados Yauyos; sobre estos se ha explicado (siempre por la información etnohistórica), que eran varios grupos distribuidos en las cuencas altas de los ríos de la Costa Central durante los períodos tardíos; el grupo correspondiente al espacio en el que se insertan los asentamientos de nuestro estudio era al parecer, según esta información, el de los Chaucarima. Es posible que esta franja del valle haya despertado rivalidades por intereses económicos e ideológicos (al incluir wakas), de ser cierto esto explicaría en parte la necesidad del Tawantinsuyu de construir asentamientos (Nieve Nieve) y edificios (kallankas) netamente representativos del poder cusqueño en menos de 50 años.

Consideramos que durante todo este tiempo los petroglifos pudieron haberse renovado constantemente; existen algunas superposiciones de trazos distinguibles en la profundidad de los mismos y en el estado de su deterioro; los petroglifos de Antapucro se presentan en una considerable cantidad, distribución y variabilidad de formas; es muy posible que hayan tenido un largo proceso de vigencia social aunque con algunas imágenes representativas (el sol con cara, bandas, círculo con puntos, etc.) Por otro lado no hemos detectado imágenes asociadas al Tawantinsuyu, como podrían ser por ejemplo una silueta estilizada de llamas o los patrones geométricos plasmados en su cerámica; aunque aún es prematuro aseverar esto.

4.7 Sobre la conservación
Como indicamos, Pampa Sisicaya y Antapucro ya eran conocidos por las referencias de Núñez Jiménez (1986) sin embargo no existía en ningún caso un letrero del Ministerio de Cultura indicando su intangibilidad. Entre el 2010 y el 2018, al menos el 30% de la extensión del sector A de Antapucro Bajo fue destruida; de la misma manera a inicios del 2015 se efectuó el proceso de destrucción del área de petroglifos en Pampa Sisicaya, utilizando maquinaria pesada, logrando aplanar hasta tres niveles de terreno, desplazando los grupos de rocas hacia el extremo de la pampa con el río, conformando un gran muro de contención utilizando las rocas del lugar, de tal manera que las rocas con petroglifos se encuentran allí perdidas

No cabe duda que la protección sobre los sitios arqueológicos no ha sido efectiva, los mismos pobladores y agricultores dicen desconocer la importancia de estos sitios, pues nunca son visitados ni mencionados; por otro lado, amplias áreas en las quebradas, antes no ocupadas, han sido utilizadas por gente local para convertirlas en zonas cultivables de bajo regadío, por ejemplo, zonas de cultivo de tunas en la parte baja de la quebrada de Chamallanca, afectando varios sectores de la zona arqueológica del mismo nombre. En la última década un grave problema que antecede a la destrucción de los sitios ya no es el huaqueo artesanal, sino la privatización de las quebradas para la generación de granjas y su explotación como canteras de construcción. 

5. Conclusiones
El Valle Medio de Lurín fue escenario de procesos sociales durante los períodos arqueológicos del Intermedio Tardío y Horizonte Tardío, es decir entre los 900 d.C. hasta 1533 d.C. sin que exista aún fuerte evidencia de la presencia del Tawantinsuyu en el sitio directamente, más si en los asentamientos cercanos. Las evidencias parecen proponer indirectamente una identificación con los ychsma, pero permeable a influencias serranas o foráneas, y completamente arraigada con la realidad de la llamada chaupiyunga.

La existencia de sitios con presencia de representaciones rupestres en esta parte del valle, no implica que estos existan de manera aislada; las evidencias superficiales permiten incluso asociar áreas de vida doméstica permanente e incluso tumbas (con la presencia de pucullos) con los petroglifos.

Las imágenes que hemos podido identificar, aunque puedan pertenecer a periodos diferentes, mantienen en su formalidad una relación y continuidad, lo cual nos permite considerar que la gente de esta parte del valle sostuvo las prácticas sociales asociadas a los petroglifos durante mucho tiempo. 

La importancia de nuestra área de estudio en el pasado, ya sea económica, política o ideológica, motivó el interés de distintas sociedades para controlar este territorio, desde grupos Yauyos hasta el mismo Tawantinsuyu, sin olvidar la directa intervención colonial. La trascendencia de estos intereses le otorga su identidad local. Creemos de esta manera que la gente local fue la que controló directamente el sitio aun cuando tuvieron que ejercer ciertas estrategias defensivas o de resistencia cultural en algunos momentos.

6. Agradecimientos
Los trabajos de campo en Antapucro fueron realizados en distintos momentos con el apoyo desinteresado de algunas personas entre las cuales destacamos la participación de Christian Tamayo Robles, Sebastián Bernaola Flores, Gabriel Cóndor, Kleyson Lobato y Shym Sheyk Yánfer Alcca.

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