Siguiendo con el tema de los Gliptodontes en esta edición trataremos de su origen y evolución que abarco millones de años hasta que desaparecieron aprox. 10,000 a.C a fines del Pleistoceno cuando aparecieron los primeros grupos humanos y el cambio de clima, cambio para el cual no estaba preparado el Gliptodonte.
El segundo reencuentro con los Gliptodontes
La segunda vez que descubrimos a los gliptodontes, luego de unos miles de años que nos olvidamos de su existencia, ocurrió al desenterrar sus esqueletos fósiles cuando ya llevaban extinguidos mucho tiempo. El estudio zoológico de los gliptodontes les compete a los paleontólogos y gracias a ellos los re¬descubrimos. Sin embargo, los primeros en tener contacto documentado con estos animales no fueron paleontólogos, sino viajeros, intelectuales y, finalmente, naturalistas, zoólogos y paleontólogos de los siglos XVIII y XIX.
La referencia escrita más antigua sobre los gliptodontes proviene de me¬diados del Siglo XVIII y pertenece a Thomas Falkner. Entre 1752 y 1756 este médico, sacerdote e informante británico encontró varios restos de mamíferos fósiles en el río Carcarañá, en la actual provincia de Santa Fe, Argentina (por entonces Virreinato del Perú). Entre ellos había huesos de lo que actualmente podemos considerar que se trataba de un gliptodonte:
Yo en persona descubrí la coraza de un animal que constaba de unos huesecillos hexagonales, cada uno de ellos del diámetro de una pulgada cuando menos; y la concha entera tenía más de tres yardas de una punta a la otra. En todo sentido, no siendo por su tamaño, parecía como si fuese la parte superior de la armadura de un armadillo; que en la actualidad no mide mucho más que un jeme de largo.
Falkner, 1774.
Es interesante que Falkner haya relacionado acertadamente a esa coraza con los armadillos, sobre todo porque oportunamente había confiado en un informe de Garcilaso de la Vega que consideraba a las osamentas fósiles de gran tamaño como si fueran de humanos gigantes…que fueron destruidos por Dios por el delito de sodomía.
A esta interpretación se la puede considerar como la hipótesis más antigua de la causa de la extinción de la megafauna de América del Sur… aunque nadie se animó a ponerla a prueba. Por este descubrimiento en el río Carcarañá, Falkner suele ser señalado como el primero en hallar a un gliptodonte, pero, como ya se expresó, se conocen sitios arqueológicos que demuestran que personas de las sociedades indígenas interactuaron con estos animales miles de años antes.
Algunas décadas después, en 1814, el polifacético uruguayo Dámaso Antonio Larrañaga encontró un fémur y parte del tubo caudal (la coraza de la cola) de un gliptodonte en el río del Sauce, Uruguay. Larrañaga in¬corporó estos restos en su obra “Diario de Historia Natural”, constituyendo la primera descripción científica de lo que años más tarde conoceríamos como gliptodontes, pero que nombra como “Dasypus (Megatherium)”.
No es claro porqué dio a entender que Dasypus, Megatherium y esos fósiles eran lo mismo. Posiblemente Larrañaga los haya relacionado con los armadillos (Dasypus) debido a la coraza y con los megaterios porque eran huesos de gran tamaño y de los pocos fósiles conocidos en esa época, sea como fuere, con esto comenzó una gran confusión que duró 24 años.
A pesar de ello, sus observaciones fueron muy acertadas para ese momento histórico, sobre todo considerando que no era un zoólogo especialista en fósiles y que no vinculó a esos huesos de gliptodonte con elefantes o sodomitas gigantes, de hecho, los relacionó en el grupo correcto: los xenarthros. Larrañaga, ade¬más, era un excelente dibujante que ilustró con mucho detalle a algunos de los fósiles que encontró.
Este material fósil fue enviado a Francia para que los examine el naturalista Auguste St. Hilaire junto con una carta donde expresaba que podrían tratarse de huesos de megaterio. Luego, el famoso paleontólogo francés Georges Cu¬vier, influenciado por las observaciones de Larrañaga y debido a que todavía no se conocían otros mega mamíferos fósiles en América del Sur, trató a esos restos como si fueran de megaterio en una obra de 1824.
A partir de estos y otros descubrimientos ocurridos a principios del Siglo XIX varios naturalistas europeos estudiaron huesos de estos animales, pero todavía no tenían en claro de que se trataban.
Durante el siglo XVIII y XIX los restos fósiles de Megaterios, Gliptodontes y otros animales de la Mega fauna eran estudiados por los científicos europeos, de hecho, muchos restos fósiles viajaron hacia Europa (España, Francia e Inglaterra).
Argentina tiene una larga tradición estudiando restos fósiles de Mega fauna y de dinosaurios, a diferencia de Perú sus estudios paleontológicos se remontan hasta fines de siglo XIX, en nuestro país la paleontología peruana recién se comenzó a desarrollarse recién a mediados del siglo XX, y el estudio de la Megafauna recién a fines del siglo XX.
Retomando la historia de los Gliptodontes podemos decir que al comienzo eran confundidos o relacionados con los Megaterios, cuando se hallaron los primeros esqueletos de Gliptodontes a mediados del siglo XIX.
El mayor investigador de la Megafauna sudamericana fue el argentino Florentino Ameghino, quien investigó a fines del siglo XIX y mediados del siglo XX.
Ameghino dedicó más de 30 años a la investigación paleontológica de la Megafauna la Patagonia argentina, él bautizó más de 50 especies de animales de la Megafauna y también estudio el Gliptodonte, sus trabajos fueron los primeros llevados a cabo en Sudamérica, después de Ameghino surgieron otros científicos y estudiosos, pero Ameghino fue el pionero en el campo de la paleontología y antropología.
Mientras en Europa se llenaban los museos con fósiles de Megaterios, Gliptodontes y otros seres de la Megafauna.
Florentino Ameghino describió esta situación a fines del Siglo XIX:
Woodbine Parish y Carlos Darwin enriquecían al mismo tiempo al Colegio de Cirujanos de Londres con numerosos restos de Me¬gatherium y de Gliptodontes; tan pronto como llegaron esos restos a Inglaterra, tanto para Clift como para Owen fué evidente que se habían confundido dos animales distintos y que los fragmentos de coraza atribuidos al Megatherium eran en realidad de un animal muy distinto; se moldearon algunos huesos y un fragmento de cora¬za que, enviados al Museo de París, fueron reconocidos por Lauri¬llard, Pentland y de Blainville como pertenecientes a un armadillo gigantesco. Ameghino, 1889.
Figura 1-2. Inicio del informe de la primera descripción completa de un gliptodonte con procedencia geológica y geográfica conocida con precisión. Publicada en el pe¬riódico uruguayo El Universal de Montevideo del 31 de marzo de 1838. El encabezado expresa: INFORME. Presentádo á la Comisión de Biblioteca y Museo por los miembros de ella, D. Bernardo Berro y D. Teodoro M. Vilardebó, sobre el reciente descubrimien¬to de un armadillo fósil en el Partido de la Piedra Sola Departamento del Canelon.
El año 1838 resultó esclarecedor para varios investigadores respecto de la naturaleza de los ejemplares fósiles que, ahora sabemos, pertenecían a glipto-dontes ya que confluyeron dos estudios donde los describen sin confundirlos con gigantes, con otros animales o con plantas.
Mientras en Europa estaban desentrañando la mezcla de esqueletos que tenían en las cajas que compraban en el río de la Plata, en Uruguay ya tenían una idea más clara. Durante 1837 Teodoro Vilardebó (amigo de Dámaso Larrañaga) y Bernardo Berro (que años más tarde fue presidente de Uruguay) fueron comisionados para realizar una expedición al arroyo del Pedernal donde, entre el 9 y el 14 de diciembre, recu¬peraron una coraza y numerosos huesos de un gliptodonte (recordemos que todavía no existía el concepto de gliptodonte ni la propia palabra).
Al año siguiente publicaron un informe en varias entregas, entre los días 31 de Marzo y el 5 de Abril, en el diario El Universal de Montevideo en el que describieron el esqueleto que desenterraron. En ese informe los naturalistas uruguayos hicieron una extensa descripción de la geología del lugar, de los huesos que hallaron, de la posición en que se disponían e incorporaron medidas de todas las piezas. También agregaron observaciones técnicas sobre el trabajo de campo. Así fue como comenzó el estudio científico del Gliptodonte en Sudamérica, primero por un periódico, después seguirían los informes científicos, los libros, etc., pero todo eso llegaría en un futuro lejano.
En el siguiente numero seguiremos revelando más misterios sobre los Gliptodontes de Sudamérica y las preguntas serán siendo respondidas poco a poco en las próximas ediciones.
Continuará …
Bibliografía
-Cuaderno de Investigaciones “La Megafauna del Pleistoceno” (2007) – José Vargas Carrión. (pags 24- 26).
-Historia Natural de los Gliptodontes (2026) – Carlos A. Quintana (pp.198- 203)
-Arqueología y Sociedad Tomo I (2014) – Tosso Richard “Fauna del Pleistoceno en Sudamérica” pp. 37 - 39.
-Periódico “La Primera” (2014) – “Perú hace 10, 000 años atrás pp. 14 - 15.
-Enciclopedia Virtual “Wikipedia- Los Gliptodontes” (2014) (pp.25-28).
Biografía del Autor
Jesús Ángel Béjar Apaza estudió arqueología en la UNMSM (2001- 2004), cursos de astronomía (SPACE) en la Facultad de Física (2002 -2006). Guía de Turismo en Cepea (2006-2009). Bachiller en educación (Pedagógico América). Ha participado como ponente en diferentes Simposios y Congresos tanto en temas de arqueología como paleontología. Escritor que ha participado en 3 revistas, dibujante y caricaturista y también difusor de temas arqueológicos y paleontológico a todo público en general.
