TRADUCE APUNTES A CUALQUIER IDIOMA

23 septiembre 2019

APUNTES 123 - REVISTA DIGITAL DE ARQUITECTURA - SEPTIEMBRE DEL 2019



ESTIMADOS AMIGOS BIENVENIDOS A  NUESTRA REVISTA DIGITAL DE ARQUITECTURA - APUNTES 123:

Les damos una cordial bienvenida y les presentamos  esta nueva edición de APUNTES correspondiente al mes de Septiembre del 2019. Queremos agradecer vuestro  constante apoyo con la lectura de nuestros artículos y siguiendo nuestra página en el Facebook, donde diariamente les ofrecemos uno de nuestros artículos.

En este número les ofrecemos  como artículo inicial, sobre la casa Imalla, construida en Colombia utilizando materiales limpios, se pueden observar fotos de los planos originales, del proceso construido y de la obra terminada todo un reto de  construcción en tierra. Gracias a la gentileza de los ARQUITECTOS PROYECTISTAS: ÁNGEL, GARZON Y SALAMANCA, CONSTRUCTOR Y RESIDENTE: LUCIA ESPERANZA GARZON.

También expresamos nuestro agradecimiento especial a nuestro  colaborador Arquitecto JOSE CARLOS ALVINO LOLI , con dos interesantes trabajos, uno sobre los dibujos del  Arquitecto Emilio Hart-Terré y el otro sobre el Arte Rupestre en el Valle Medio del Río Lurin en Lima.

Y de manera muy cordial, recibimos el Artículo de nuestra colaboradora  la Licenciada DUNIA SANCHEZ MARMANILLO sobre Chumpis de Chinchero, en el Cusco, quien comparte con nosotros este valioso trabajo de su experiencia profesional con el objetivo de revalorar y redescubrir la antigua cultura andina y sus alcances, mediante el estudio de los tejidos actuales, para atender la realidad social de sus productores, para poder  entender nuestra cultura.

Los invitamos a leer los siguientes 19 artículos  clasificados en  las acostumbradas 7  secciones:

_______________________________

INDICE APUNTES  123


A   ARQUITECTURA Y ARQUITECTOS


http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/casa-imalla-villa-de-leyva-boyaca.html


http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/lima-en-los-dibujos-del-joven-emilio.html


P   PATRIMONIO E IDENTIDAD


http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/sisicaya-y-antapucro-arte-rupestre-en.html


http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/los-acueductos-de-cantayo-en-nasca.html


http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/los-chumpis-de-chinchero-lic-dunia.html


U   URBANISMO Y TERRITORIO


http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/plazas-y-parques-para-la-ciudad-actual.html


http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/intervenciones-urbanas-recuperando-el.html



http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/concurso-centro-de-interpretacion-en-la.html


 N   NORMAS Y NOVEDADES



http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/diseno-de-banos-experiencias-para-el.html


http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/norma-tecnica-e100-bambu-ministerio-de.html



T   TECNOLOGÍA AMBIENTAL Y NATURALEZA


http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/disenando-y-construyendo-con.html


http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/vivienda-temporal-prefabricada-en.html


http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/las-torres-del-viento-en-iran.html


ENSEÑANZA Y ACTIVIDAD ACADÉMICA



http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/trabajo-academico-arquitectura-en.html


http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/trabajo-academico-estudio-del-clima-y.html


http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/trabajo-academico-modulo-de-preparacion.html


S   SISTEMAS CONSTRUCTIVOS Y ESTRUCTURALES



http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/construyendo-con-techos-inclinados.html


http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/manual-de-construccion-con-adobe.html


http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2019/09/proceso-de-diseno-de-sistemas.html



Hasta el próximo número

Los Directores

_____________________________






22 septiembre 2019

CASA “IMALLA” - VILLA DE LEYVA / BOYACA /COLOMBIA ARQUITECTOS PROYECTISTAS: ANGEL, GARZON Y SALAMANCA, CONSTRUCTOR Y RESIDENTE: LUCIA ESPERANZA GARZON


Villa de Leyva es un municipio localizado en la zona andina, 165 km al norte de la capital colombiana, con un microclima semi-desértico y temperatura media de 20 grados centígrados con 60% de humedad. 

El proyecto inició en el año 1990 y está ubicado en la zona suburbana en la vereda Centro de Villa de Leyva Boyacá, altitud 2.200 m.s.n.m.  

La vivienda se proyecto a partir de la filosofía de aprovechar lo que ofrecía el terreno, incluida una topografía inclinada como con 10 % de pendiente, rocas de considerable tamaño que estaban esparcidas y algunas plantas, así como una escorrentía muy pequeña de agua, que atravesaba el predio. 

Todos estos elementos fueron las determinantes ambientales que se incluyeron desde el diseño, así mismo se tenía como material: la “tierra”, que fue un requerimiento del cliente, quien solicito realizar esta obra con este recurso por razones de salud.  

El diseño inicial comenzó como una segunda casa para una pareja y al avanzar la construcción, se decidió ampliar el tamaño y hacer  de esta obra la  casa principal de su familia con 200 m2 de superficie en un piso.

Se eligió  como técnica usar los BTC - Bloques de Tierra Comprimida, que son ladrillos secados y sin cocinar, estabilizados con cal, siendo el insumo prioritario, todos fueron producidos in situ aplicando la técnica para la mampostería con muros de carga y cubiertas, también elementos constructivos  hechos con tierra y diseño de bóvedas con formaleta y cúpulas de tipo “Nubiano” sin cimbra, solo con la ayuda de un compas o guía.

La distribución espacial fue sugerida por tres piedras o rocas en su lugar, todas con un tamaño de más de un metro de diámetro, una de estas haría parte del hall de acceso, otra se usaría como base para la isla de la cocina y la otra como mesa de centro en la sala. 









                       
La  morfología surge de  la geometría con polígonos rectangulares y octogonales, parten de un centro ortogonal del que se desprenden dos “alas”, que van jugando con ángulos, aprovechando la pendiente que va  descendiendo del occidente al oriente y por ello el ingreso de la vivienda se definió en la parte más alta articulada al acceso vehicular junto a  la vía. Así mismo un “hilo de agua” o escorrentía que pasaba por el terreno se integro dentro de la vivienda, dejando varias caídas de agua que armonizan auditivamente el ambiente social, pasan por el comedor, la sala y sale al jardín y termina aportando al riego del jardín.

Como lo sugería la topografía  la casa tiene 16 niveles diferentes y va por terrazas,  El hall  esta con dos niveles y es el centro con un área al norte para el área social , donde está  la cocina, la sala y el comedor, todo en un piso con niveles, se desciende por escalones hasta llegar al acceso más bajo que es la sala, un espacio amplio con volumen creado por el efecto abovedado de estos dos espacios, esta área común está conectada a una terraza que esta abrigada en la fachada occidental, al  subir dos escalones se integra con el comedor y a través de umbrales con arcos se asciende a la cocina. 

Al lado sur de la vivienda está el baño social, el corredor de  las tres habitaciones, que están en diferentes niveles cada una, y al final el baño principal con el vestidor que se integra a un patio interior que ilumina corredores así como el uso de la luz cenital generada por marquesinas. De cada habitación se conecta una terraza en piedra que recibe el atardecer y es el mejor remate visual.

La vivienda  construida  ha pasado por tres propietarios y ha resistido varios sismos, las fotos que se comparten fueron de este año y solo ha tenido nuevas pinturas  de mantenimiento, por ello hoy es un laboratorio para observar el comportamiento de la mampostería y las cubiertas orgánicas  con tierra. El proyecto responde a factores bioclimáticos y hoy más conocidos como “ecológicos”, que en su momento, no era un concepto conocido. Con esta técnica  la envoltura regula la temperatura, humedad y brinda confort térmico.  

Con la filosofía de intervenir en lo menos posible el terreno original, al hacer la lecto-naturaleza e incluir los que estaba en el lugar, se fue conformando geométricamente el proyecto, las rocas guiaron el diseño, el agua arrullo la estadía, el aire que se respira es limpio y da la sensación de amplitud y al integrar aspectos técnicos y artísticos en la arquitectura, se dio un eslabón que como profesionales nos permitió hasta hoy tomar conciencia sobre  los potenciales de la arquitectura y construcción con tierra, así como nos estimulo para desarrollar proyectos no convencionales frente a un mercado industrializado y de alto  consumo energético  en los procesos, cada día mas validado ante las problemáticas energéticas mundiales.

Los arcos, las bóvedas y las cúpulas son elementos arquitectónicos milenarios que ofrecen economía y funcionalidad a la arquitectura, en  casas de adobe o BTC, con paredes de 30 cm. que funcionan como muros de carga, las proporciones en el tamaño de vanos y llenos de la obra son los que le han brindado  la estabilidad, disminuyendo el uso de materiales industrializados, solo se uso hormigón armado en la cimentación, vigas de amarre inferior y superior, así como en la impermeabilización de las cubiertas. Los acabados son sencillos, los pisos  aun son los  originales de cerámica nacional con algunos espacios con madera y revestimientos de cal y arena, permitiendo que los espacios respiren! Y Casa IMALLA es un ejemplo de la arquitectura viva!...

El proyecto se realizo a través de una sociedad  profesional que promovió la Arq. Clara Ángel  quien venía de realizar un curso en Craterre, en conjunto con el Arq. Julio Salamanca quien aporto la experiencia en temas financieros y la Arq. Lucia E. Garzón quien inicio su experiencia de construcción y asumió la  residencia en esta obra. 

CASA IMALLA,  se convirtió  en un laboratorio que con 28 años de construido, hoy es un proyecto demostrativo en excelente estado de conservación y evidencia como un objeto  arquitectónico  innovador tecnológicamente puede tener una vejez digna y ofrecer calidad ambiental y energética para  la nueva Arquitectura  eco-sostenible.








LIMA EN LOS DIBUJOS DEL JOVEN EMILIO HART-TERRÉ- ARQ. JORGE CARLOS ALVINO LOLI





1. Introducción

Emilio Hart-terré es reconocido como un gran arquitecto diseñador e investigador de la historia peruana pero pocas veces se le reconoce su valor como artista gráfico o dibujante. En esta ocasión intentamos rescatar este aspecto tan inherente al espíritu del arquitecto y más aún, pretendemos aproximarnos a la persona que va estudiando y admirando su ciudad (nuestra ciudad), Lima, y que encuentra en sus edificios más notables la excusa para practicar el arte y además consolidar su compromiso personal con su propia identidad. 

Hemos delimitado el tiempo que abarca nuestro estudio sobre los dibujos de Emilio Hart-terré en dos momentos importantes que sin duda fueron también trascendentes en la inquietud del joven arquitecto: el Centenario de la Independencia del Perú (1921) y el Cuarto Centenario de la Fundación de Lima (1935); también hemos utilizado fuentes documentales vigentes en ese contexto: la revista Mundial, la revista Variedades y un folleto sobre la Inauguración del Palacio Municipal de Lima; sin embargo hay que considerar que existen otros documentos que contienen dibujos de Hart-terré: artículos, proyectos, etc., y que serían importantes en cualquier estudio sobre su labor artística de manera integral.

La brevísima muestra que exponemos se circunscribe a tres exponentes gráficos de un mismo tópico artístico: el apunte urbano o el dibujo a pluma de paisajes urbano-arquitectónicos, es decir dibujos hechos en áreas públicas desde un aspecto estilístico libre y hasta podría decirse evocador. No son dibujos técnicos (que muy bien sabía hacerlos nuestro primer diplomado en arquitectura del Perú), tampoco son dibujos arquitectónicos de edificios por construirse o planos detallados en dos dimensiones. Nos interesa en este caso el apunte arquitectónico como forma de expresión contextualizada inherente al oficio de arquitecto, pero también como la captación de una imagen de parte de un ciudadano limeño observador y sensible. 

2. El joven Hart-terré y la ciudad de Lima

El arquitecto Juan Nicolás Emilio Hart-terré, nació en Lima el 28 de marzo de 1899, hizo sus primeros estudios en el colegio de los Padres Jesuitas de esta ciudad, terminando su instrucción media en el Liceo Chaptal de París. Se casó el 28 de diciembre de 1924 con Sofia Elsa Schofield Budge (1898 - 1986), con quien tuvo dos hijas: Jacqueline (1925 - 2014) y Lorraine Joan (1927). En la sección biográfica de la Monografía del departamento de Lima (1935), se considera que Hart-terré ingresa en 1915 a la Escuela de Ingenieros  (1) y se diploma de Ingeniero Civil en 1922, continuando hasta 1925 los estudios de arquitecto, “siendo el primer arquitecto titulado en la Escuela de Lima y por lo tanto el decano de los mismos” (Mariátegui, J. y de la Fuente, G. 1935, s.n.).

En tiempos de los estudios de Hart-terré era director de la Escuela de Ingenieros el Ingeniero de Minas Michel Fort, un distinguido profesional, otros profesores que entonces enseñaban eran el ingeniero y arquitecto Enrique Bianchi, profesor de los cursos de Arquitectura general y Perspectiva y, Ricardo de Jaxa Malachowski, arquitecto polaco que enseñaba Historia del arte, estética, y teoría de la arquitectura, además de Metrado y presupuestos; finalmente el profesor de Dibujo y croquis fue Enrique Góngora.

Es importante considerar epistemológicamente este momento en la disciplina arquitectónica pues dentro de la escuela se consideraba que la Ingeniería Civil “…estaba orientado a la construcción de las vías de comunicación mientras el trabajo de los arquitectos estaba orientado a las construcciones urbanas” (López 2003: 52); de esta manera los arquitectos  eran “… los que se distinguían del resto, aunque incluso ellos recibían una sólida formación en ingeniería (López 2003: 52).

Hart-terré es aún estudiante cuando publica un artículo titulado Collcapampa (1921) (2) , al que seguirá otro titulado La fortaleza de Chuquimancu (1923); en ambos se descubre al arquitecto investigador: preciso en las observaciones de lo general a lo específico, en los detalles estructurales y en las interpretaciones simbólicas, en la dialéctica que intenta colegir los pocos datos históricos con las formas arquitectónicas, pero sin duda también se nos presenta como el talento que puede observar y leer las formas ruinosas para que posteriormente y con virtuosa precisión manual reconstruir o proponer una propuesta arquitectónica(3) . De este temprano acercamiento al registro de arquitectura arqueológica deja excelentes planos que son una muestra de diligencia y eficacia en el uso de técnicas de graficación.

Apenas graduado prestó servicios como arquitecto de ornato público en la Municipalidad de Lima (1922-1923), y también fue ingeniero del Concejo distrital de La Victoria (1928-1930), posteriormente será asesor técnico de Urbanismo en el I Congreso Nacional de Alcaldes para el IV Centenario de la Fundación de Lima. Durante este tiempo también ganó algunos concursos de diseño como el de 400 casas para empleados en San Miguel (que presentó junto a Enrique Rivero), en donde firma con el seudónimo de Argus (Mundial Nº 76. 28 de octubre de 1921). También existe información que indica que Hart-terré conocía a finales de la década de los veinte sitios arqueológicos en las cercanías de la ciudad de Lima, como por ejemplo en Maranga (Ramón 2013); esto es comprensible pues su interés histórico por la información empírica de campo, esto se ratifica por su participación en las excursiones a valles de Lima que realizó con la Sociedad Geográfica de Lima cuyos miembros presentaron informes en donde se insertan varios dibujos y planos de levantamiento por Hart-terré de sitios como por ejemplo Cerro La Horca y Paramonga en el valle de Fortaleza  o de Tambo Colorado en el valle de Pisco.

Pero Hart-terré asiste a los tiempos de una sociedad cambiante y que repercute en la ciudad misma, son tiempos de la Reforma Universitaria, la dictadura de Leguía, la aparición del Indigenismo, etc. La ciudad de Lima entonces mantenía en gran medida la configuración de los anteriores siglos, es decir el trazado de damero y la escala arquitectónica expresada en el ancho de sus calles y la altura vertical de sus edificios; sin embargo décadas antes ya se habían iniciado ciertos cambios que serían decisivos para su reconfiguración, por ejemplo ya se habían demolido casi la totalidad de las murallas y se había dado paso al trazo de amplias avenidas, por ejemplo las actuales Alfonso Ugarte, Paseo Colón y Grau, todas estas periféricas al centro de la ciudad de entonces; también se trazaron otras avenidas en función a su futura articulación urbana con los actuales distritos del Callao, Chorrillos y Barranco, en este caso por medio de las avenidas hoy llamadas Arequipa, Venezuela y Argentina. 

Desde una perspectiva formal los edificios también habían iniciado un proceso de cambio al dejar de construirse los antiguos balcones de cajón y al abordar nuevos tipos arquitectónicos en función a nuevas funciones sociales, por ejemplo el Hospital 2 de Mayo, La Penitenciaría, El Hospicio Manrique, y algo posteriormente, la estación de Desamparados, la Casa de Correos y Telégrafos, etc., esto además de incluir nuevas tecnologías constructivas. Lima estaba cambiando.

3. Hart-terré dibujante

Sin duda una de las actividades más deslumbrantes del joven Hart-terré es el dibujo artístico. En este pequeño ensayo hemos escogido tres edificios que fueron dibujados a pluma en dos momentos distintos. El primero momento es cuando tenía veintidós años de edad(4)  y con motivo de una publicación especial de la Revista Variedades de Julio de 1921 y, el segundo momento, cuando tenía 36 años, probablemente con motivo del Cuarto Centenario de la Fundación de Lima(5)  y que posteriormente serán publicadas en un catálogo sobre el Palacio Municipal de Lima en 1944. Son catorce años que separan las obras hechas por un mismo artista sobre un mismo tema, esto nos permite aproximarnos a cierta interpretación gráfica que mantenía Hart-terré sobre los edificios antiguos, así como consolidar algunas hipótesis sobre su desarrollo artístico. 






-Iglesia de San Francisco

Un atardecer de verano, aparentemente por la trayectoria y contraste de las sombras, Hart-terré registró a pluma la Iglesia de San Francisco. La perspectiva es muy conocida, de hecho la ubicación esquinera de la plazuela presta vocación pública a la misma; la iglesia terminada en el último tercio del siglo XVII por Francisco de Escobar (San Cristóbal 1995: 57) representa el inicio del barroco limeño y la adaptación a nuestro contexto geográfico y telúrico.   

El dibujo de 1921 fue realizado a nivel de vista de peatón de tal manera que da una imagen realista reforzada por la presencia de dos personajes anónimos pasivos que le dan una escala algo irreal a la verdadera magnificencia de los sólidos cuerpos de las torres muy marcados por el denso almohadillado; esta versión delata además el agregado de los zócalos actuales. La oscuridad de la portada señala otro material así como la profundidad del barroco limeño, esto no aparece en el dibujo de 1935 en donde además parecieran haber desaparecido algunas gradas del atrio de ingreso.

En la versión de 1921 el reloj pareciera marcar las 11:40 am., por lo cual las sombras caen casi perpendicularmente, al contrario del de 1935 en donde la línea prevalece sobre las sombras, tanto en la portada como en el almohadillado mismo. En ambos dibujos existen los referentes de la naturaleza, un exuberante árbol (el cual estuvo presente hasta la década de 1960) y las nubes cúmulos del cielo son resueltas de forma diferente, estas últimas se presentan con más decisión y fuerza en el dibujo de 1935 que además prescinde de las formas humanas y el mobiliario urbano.






-Iglesia de Santo Domingo

Dibujo que presenta la vista hacia el sur de la calle Pescante cuyo perfil este se encuentra fugada hacia la izquierda y remata en la Plazuela de Santo Domingo; la composición es dinámica por el cambio de perspectiva de la calle y ligera por la asimilación en la composición de la torre la que a su vez remata en la pequeña escultura de un ángel. La sensación de lejanía y profundidad, así como la ausencia de escala humana y la distribución de diversos elementos arquitectónicos distribuidos en las superficies arquitectónicas, hacen de esta escena una de las más equilibradas como composición arquitectónica.

La torre original, ubicada en la esquina del conjunto, fue un diseño del alarife Fray Diego Maroto, de claro estilo barroco y cuyo concierto notarial es de 1659. Su diseño es único y “…podemos denominar los dos cuerpos superiores de la torre de Maroto como torre-retablo, porque en ellos aparece dispuesta la ornamentación característica de las entrecalles de los retablos de mediados del siglo XVII”. (San Cristóbal 1996: 85). Sin embargo debido a los terremotos sufrió reconstrucciones aunque manteniendo su escala y singularidad, a inicios del siglo XX era aún uno de los referentes arquitectónicos más altos de Lima.

En ambos dibujos aparece también un adelantado pórtico neoclásico, provisto un gran óculo, pináculo y frontón, que hoy ya no existe más; el edificio de dos pisos que aparece en el primer plano a la derecha se encuentra sin embargo casi inalterado.

Al igual que en los otros dibujos de 1921 los elementos lejanos se presentan con mayor detalle pero oscuros, así también el suelo del primer plano, aunque poco atrayente, se representa incluyendo las sombras arrojadas sobre él. En síntesis, en la versión de 1921 la torre posee cierta estilización y ligereza y el suelo posee mayor relevancia por lo que se deduce el espacio estrecho de la calle; en la versión de 1935 las líneas y sombras son más valoradas y marcadas geométricamente




-La casa de Oquendo

Sin duda una de las mansiones más ricas de las postrimerías del Virreinato y, sin duda, de imponente volumetría en la calle de Veracruz (hoy Conde de Superunda) de la ciudad de Lima de 1921 y que entonces pertenecía a la familia Oquendo; este edificio es significativo pues representa el cambio de ideas estéticas representativas del absolutismo hacia un pensamiento reformista sin que por esto pierda la gracia y una refinada expresión arquitectónica. 

En el segundo dibujo se presenta como Casa Colonial, y es que lo es, pues aunque construida durante el declive del Virreinato es un edificio que mantuvo su prestigio vigente durante el siglo XIX, de hecho es uno de los dibujos que el viajero francés Leonce Angrand (1808-1886) publica en su obra Imagen del Perú en el siglo XIX (1972), por lo tanto su atractivo estético fue permanente.

Concluida en aparentemente en 1808, el edificio posee una combinación especial de tendencias estilísticas de calidad, como las “…huellas rococós en los graciosos balcones de cajón, de más pequeñas dimensiones que los limeños de tiempos anteriores, y sobre todo los posteriores republicanos, pues semejan vitrinas con ondulados bastidores de cristal y ornamentaciones de fines guirnaldas” (Pacheco 1985: 200). 

Considerando ambos dibujos podemos decir que el edificio mantenía aún sus vanos como portones de tiendas (aunque en el dibujo de 1921 presentan un dintel con arco rebajado que ya no aparece en el de 1935) y su mirador encaja en el remate norte de la calle llamada entonces Afligidos, este es mucho más ligero y grácil en el dibujo de 1921. 

La tridimensionalidad es más lograda también en el dibujo de 1921 debido a que detrás del oscurecido zaguán se adivina el patio interior. Nuevamente Pacheco es quien describe mejor la portada: “La airosa portada se eleva por las tres plantas y tiene sobre el gran portalón un gracioso balcón de antepecho con los hermosos maceteros que se levantan sobre un apilastrado jónico que enmarca el portalón en arco rebajado del primer piso, y otro balcón similar la, menos adornado, la tercera planta…” (Pacheco 1985: 201).

Una tarde de verano impone el uso de toldos y proyecta una diversidad de sombras más disímiles incluso que en otros dibujos. El cielo es resuelto en el dibujo de 1935 de la misma manera: nubes cúmulo se elevan del centro y hacia la izquierda trazadas con líneas francas y continuas. 




4. Algunas observaciones

Aunque Hart-terré coincidió con las fases finales de un sistema educativo en donde el positivismo y el espíritu del progreso científico (con gran repercusión en el ámbito de la ingeniería) eran de gran influencia no es menos cierto que en los dibujos que presentamos se evidencia no sólo la técnica eficaz sino también un espíritu evocativo propio de un romanticismo tardío, muy acorde en la Lima del Centenario; este espíritu lo podemos identificar en la literatura; ya en 1919 había fallecido el gran Ricardo Palma (1919) dejando un legado escrito evocativo de la ciudad de Lima y era el momento en el que José Gálvez Barrenechea publicaba las crónicas evocativas en Una Lima que se va (1921)

En la arquitectura misma ya habían aparecido nuevos tipos extranjeros dentro del academicismo e incluso nuevos sistemas constructivos, sin embargo es relevante la aparición del Neocolonial el cual descubre una fuerte resistencia social al aparente progreso. Hart-terré mismo eventualmente experimentará diseñar con estos lineamientos.

¿Qué sucede con el dibujo? El dominio del dibujo a mano para los arquitectos era a principios del siglo XX fundamental, se enseñaba como un curso independiente y las representaciones gráficas de los proyectos en los concursos de arquitectura requerían una destreza inmanente a la praxis misma del oficio arquitectónico, ejemplos de esto podemos apreciarlo en los arquitectos formados en la Beaux Arts, es decir a la forma francesa (Ricardo de Jaxa Malachowski, Claude Sahut, etc.). Hart-terré es testigo y partícipe de estos momentos, pero también podemos aventurarnos a incluir otras posibles influencias en sus dibujos.

 Algunos antecedentes en los dibujos urbanos podemos identificarlos durante el siglo XIX cuando Lima fue registrada mediante dibujos y pinturas de artistas, principalmente viajeros que venían inspirados por un espíritu romántico de captar costumbres y lugares singulares del antiguo centro virreinal. Leonce Angrand y Maurice Rugendas, además del diplomático George Squier, son personajes que trazan perspectivas urbanas interesantes, en cada caso con un particular estilo y enfoque. 

Otro referente más cercano aún es la serie de dibujos a pluma que realizó de Lima el pintor Francisco González Gamarra (1890-1972); el  conocido acuarelista y caricaturista cuzqueño había realizado una serie de diez dibujos de las calles de Lima titulado “Dibujos de pluma” (1910-1915). Al revisar sus obras se aprecia una notable convergencia con los dibujos del arquitecto, principalmente al captar el escenario urbano y su dominio religioso expresado en sus altas torres sobre la ciudad.  

Sintetizando algunas características en la obra gráfica del arquitecto Hart-terré en esta limitada cantidad de dibujos urbanos que comprenden, llamémosle, una primera etapa de su vida que será acompañada significativamente también con el surgimiento del estilo llamado neocolonial.

El uso de la perspectiva de espacios urbanos como escena significativa, es decir el intercambio entre la calle o la plaza con el edificio, principalmente público, lo cual hace que esta perspectiva urbana sea fácilmente reconocible por cualquier limeño. La antigüedad de los edificios que grafica se encuentra registrada en la memoria colectiva y de esta manera el espectador se identifica inmediatamente con la imagen, a esto lo denominamos significativa. El gráfico posee un contenido familiar.

La individualización del edificio es importante, pues a pesar de existir otros elementos en cada dibujo, es obvia y natural la definición de un edificio que sería el componente individual que posee carácter y es registrado marcadamente, si bien no siempre en su totalidad, sí lo suficiente para completar su identidad en la escena urbana, en este caso por ejemplo basta con exponer el perfil de la torre y fachada o exponer la portada principal. El edificio es individualizado.

El manejo de la escala es trascendente pues Hart-terré dibuja lo que en su contexto eran los edificios más altos que existían en Lima, incluso el Palacio de Oquendo es una de las casas civiles mayores existentes; son pues hitos urbanos. Los pequeños perfiles humanos que pocas veces se dejan aparecer solo sirven para sostener más esta cualidad monumental y desaparecen incluso en los dibujos de 1935.

Se puede contrastar algunos cambios en la búsqueda de la atmósfera urbana, más real en su primera etapa y más gráfica o lineal en la segunda; algunos cambios en la fuerza del trazo, más modulada inicialmente y con mayor valoración después; en todo caso el tema se mantiene presente con mayor seguridad y limpieza arquitectónica.

5. Epílogo

¿Cuál es la reflexión que despiertan las obras gráficas, específicamente las imágenes arquitectónicas? ¿Por qué este tipo de expresión nos debe de hacer reflexionar casi cien años después?

Los edificios son obras que desafían a veces el tiempo, muchas veces extienden su período de vigencia más allá de una vida humana, son testigos de la historia y representan (en discordancia o no) la forma de pensar de las personas de un tiempo. ¿Qué sucede en el nuestro? Pues nos encontramos con una herencia que constantemente nos recuerda el pasado, sin embargo muchos ciudadanos desprecian este tipo de referentes en virtud a problemas actuales y por tener la libertad de opinar o actuar. 

En nuestro tiempo en el que aparecen discursos que incentivan el distanciamiento y la fragmentación social, en donde se intentan destruir las identidades nacionales para someterse a otros proyectos y se impulsan los conflictos sin mayor trascendencia para enfrentar a los grupos de ciudadanos la destrucción de los monumentos se hace común; destruir los referentes que quedan en pie, como los edificios que en un tiempo simbolizaron las creencias sociales, es también destruir aquello que simbolizaron alguna vez, por ejemplo las iglesias y también lo que significaron, pero también otras instituciones de la ciudad.

Las obras del arquitecto Emilio Hart-terré, aunque juveniles, poseen una característica que es parte importante en las ideas dentro de un contexto singular, este momento es el Centenario de la Independencia del Perú, y aunque cien años es finalmente un tiempo arbitrario posee también un significado simbólico, es un tiempo durante el cual la gente ha tenido la oportunidad de entenderse o entendernos, de madurar, es un recordatorio de que el tiempo pasa y somos parte de la historia misma. 

Todo eso se sintetiza en una palabra que quizás es muy corta para representar racionalmente todas las complejidades que encierra, y es la palabra Perú. De esta manera quisiéramos terminar citando al redactor que en 1921 escribía sobre estos dibujos y sobre Hart-terré: “… gusta de poner en todas sus obras el sello de un arte absolutamente peruanista… Los dibujos de Hart Terré que ofrecemos con estas líneas expresan  mejor que cualquier comentario las excelentes aptitudes del artista” (Variedades. Número complemento de la edición Centenario. Julio 1921).


6. Referencias bibliográficas 

Barriga, M. y Barbosa, E. (recops.) (1982). Emilio Hart-terré. Catálogo bio-blibliográfico. Universidad de Lima. 183 p. Lima.

Concejo Provincial de Lima (1944). Inauguración del Palacio Municipal Lima. Talleres Gráficos Casa Sanmartí y Cia.

Mariátegui, J. y de la Fuente, G. (1935). Lima en el IV Centenario de su Fundación. s/n. Editorial Minerva. Lima.

Martín-Pastor. E. (1938) De la vieja Casa de Pizarro al Nuevo Palacio de Gobierno. Publicación hecha por el Ministerio de Fomento y Obras Públicas del Perú. Lima. 314 p. Talleres Gráficos “Torres Aguirre”.

Milla Batres, C. (edit.). (1972). Leonce Angrend. Imagen del Perú en el siglo XIX. 285 p. Lima.

Mundial. Revista Semanal Ilustrada. Nº 53. 29 de abril de 1921. Lima.

Mundial. Revista Semanal Ilustrada. Nº 76. 28 de octubre de 1921. Lima.

Mundial. Revista Semanal Ilustrada. Nº 191. 11 de enero de 1924. Lima.

Pacheco, C. (1985). Memoria y utopía de la Vieja Lima. Ediciones de la avispa blanca. Universidad del Pacífico. 309 p. Lima.

Ramón, G. (2013) El inca indica Huatica. Simbología precolonial e intervención urbana en Lima, 1920-1940. En Aguirre, C. y Panfichi, A. (Edits.), Lima, Siglo XX. Cultura, socialización y cambio, pp. 21-46.  Lima: PUCP.

San Cristóbal. A. (1995). Manuel de Escobar. Editorial Brasa S.A. 123 p. Lima.   


(1996). Fray Diego Maroto alarife de Lima. 1617-1696. Epígrafe S.A. editores. 230 p. Lima.   
Variedades. Revista Ilustrada. Número Complemento de la edición Centenario. Julio de 1921. Lima.

Notas:

 (1)La Escuela de Ingenieros fue fundada el 18 de marzo de 1876 y algunas de sus reformas más importantes se dieron entre 1909 a 1911 con el objetivo de cubrir las necesidades nacionales de entonces, entre estas necesidades se encontraban las de contar con especialistas en arquitectura; de esta manera los arquitectos tenían que seguir, aparte de cursos generales con las otras ingenierías, cursos específicos como construcción industrial, máquinas eléctricas, hidráulica urbana, construcción, etc.

 (2)Durante su juventud llegará a publicar algunos libros como Estética urbana. Notas sobre su necesaria aplicación en Lima (1926). Librería Francesa Científica y Casa Editorial E. Rosay, Lima. El escudo de armas de la Ciudad de los Reyes (1928) y, Orientaciones urbanas (1931). También son conocidos varios artículos: “Colcahuasi” 1921. Memorias de la sociedad de ingenieros, “El futuro urbano de la ciudad de Lima” (1927), “La ciudad filantrópica” (1930), “Orientaciones urbanas” (1931).
“Conceptos del urbanismo modernos” (1931), “El problema del desarrollo de las ciudades” (1932), “Lima y su Plan Regulador” (1932), “Organización y evolución de la ciudad moderna” (1933), “Informe sobre el Plano Regulador de la ciudad del Cuzco” (1934), “Decálogo urbano” (1935).

 (3)La labor de Hart-terré en el campo arqueológico es un tema complejo y que requiere su estudio pues forma parte de la historiografía de los grandes investigadores nacionales del pasado. Creemos que es uno de los peruanos que consideró el Perú como una totalidad a partir de sus investigaciones. Consideramos que parte de esta característica personal se debe a su interés multidisciplinario y al contexto histórico social que le tocó vivir la parte inicial de su carrera.  

 (4)No son los primeros dibujos publicados por Hart-terré, al menos hemos registrado un dibujo sobre la Estación del tren en Chosica fechado el ocho de mayo de 1920 y otro de la Plazuela de Santo Domingo fechado el dieciséis del mismo mes y año, es decir cuando tenía veintiún años. Ambos se publicaron en la Revista Mundial nº 53 del 29 de abril de 1921.

 (5)Esta información la deducimos por el fechado que va adjunto a la firma Hart-terré y que indica solo el año: 35.


19 septiembre 2019

SISICAYA Y ANTAPUCRO. ARTE RUPESTRE EN EL VALLE MEDIO DEL RÍO LURÍN, LIMA - JORGE CARLOS ALVINO LOLI



Sumario

En el presente artículo presentamos los resultados de las exploraciones en dos sitios con presencia de arte rupestre: Pampa Sisicaya y Antapucro, ambos ubicados en el valle medio del río Lurín, provincia de Huarochirí,  departamento de Lima. Consideramos que este espacio geográfico fue históricamente un lugar de articulación social entre la cuenca baja y alta, motivo por el cual para las sociedades andinas tenía una importancia estratégica tanto económica como religiosa, esto continuará incluso durante el Virreinato en donde fue escenario de reducciones indígenas y continuas extirpaciones, hechos que delatan la importancia ideológica del lugar. Es necesario indicar que en los últimos años los sitios han sufrido en gran destrucción debido al avance agrícola por lo que se encuentra en inminente peligro de destrucción total.

Palabras Claves: Petroglifos, ideología, doméstico, valle medio.

Introducción

Debido a su cercanía a la ciudad de Lima y a los principales centros de investigación histórica y arqueológica del Perú, la cuenca de Lurín ha sido objeto de exploraciones e investigaciones arqueológicas en muchos aspectos, sin embargo, el reconocimiento de las manifestaciones rupestres en la misma cuenca, fue durante mucho tiempo postergado. 

Algunas referencias aisladas han señalado principalmente las zonas bajas del valle en ecosistemas de lomas, pero en general no se asocia la gran cantidad de sitios arqueológicos a lo largo de toda la cuenca con evidencia rupestres, esto llama la atención. De acuerdo a las exploraciones realizadas se ha encontrado una constante presencia en distintos contextos culturales y en todos los pisos altitudinales. 

Hacia el año 2008 aún era posible acceder a diferentes sitios de la cuenca media de Lurín , entre los cuales se encontraban los sitios de Chamallanca, Tambo Antapucro, Pampa Sisicaya y Antapucro, estos dos últimos con importantes manifestaciones rupestres las cuales sin embargo en los últimos años han sido siendo afectadas en su conservación, consideramos por esto importante su urgente investigación y salvaguarda.

1. El valle medio de Lurín

1.1 Geografía y territorio

La zona geográfica en la que se emplazan los sitios que estudiamos se ha identificado como chaupiyunga (Pulgar Vidal 1969) y se caracteriza por la estrechez del valle y las quebradas adyacentes, pero principalmente por su clima cálido y benigno durante casi todo el año, además de una diversidad de especies naturales. Para nuestro interés es importante el reconocimiento de imágenes propias de la localidad, principalmente en lo concerniente a la flora, fauna y paisajes originales, los cuales por un lado, aún se mantienen, aunque con alteraciones. La diversidad faunística es grande, en especial son presentes siempre las aves como el chisco (Mimus longicaudatus), el halcón (Falco peregrinus anatum), el tórtola (Eupelia cruziana), vencejo (Apus andescolus parvulus), la cotorra (Psilopsiagon aurifrons), el cuculí (Zenaida asiática meloda), así como mamíferos como el zorro (Pseudalopex culpaeus), y entre los reptiles la especie más abundante es la lagartija tigre (Microlophus tigris). 

En cuanto a la flora local inmediatamente en relación con el sitio arqueológico destaca el molle (Schinus molle), la pitajaya (Cactus pitajaya), el pumapa-rurun (Melocactus), y el curi (Cereus macrostibas). La visibilidad de esta fauna y flora desde las evidencias rupestres es inmediata, es pues necesaria para su correcta e integral interpretación. Otro aspecto importante del contexto es la presencia constante del río, así como de las quebradas adyacentes. El paisaje de la chaupiyunga es distintivo e impone la interacción entre el ser humano y las especies animales alrededor del agua; incluso en la actualidad la importancia del agua, así como las vías de comunicación intervalles permiten la articulación de esta zona con otras de la costa central.

Desde el punto de vista político nuestra área de estudio se encuentra en la provincia de Huarochirí, en el distrito de Antioquía. Respecto a la toponimia podemos indicar que según el Diccionario Geográfico del Perú de Stiglich, uno de los poblados más antiguos era Sisicaya:

Pobl., Prov. De Huarochirí, Distrito de Chorrillos. Habs. 131. Dista 1 ¾ legs al NE de Chontai y 10 de Lurín. Está a la banda derecha del río Lurín y á 940 mts elev. Era una gran extensión y población, que incluía los terrenos de Chontai y Huancai hasta la toma de Cieneguilla. (Stiglich, 1922, p. 995)

1.2 La información etnohistórica

Según las informaciones de Cristóbal de Albornoz (1989 [1581-1584?]) se considera que la población que habitaba las cuencas bajas del Rímac y Lurín conformaban una entidad sociopolítica que a la llegada del Tawantinsuyu sería transformada en una provincia estructurada en cuatro grupos: Pachacamac, Manchay, Caringas y Quilcayuna (Espinoza 1964:134). Otras fuentes documentales recogidas por Rostworowski mencionan más específicamente que el área de la cuenca media de Lurín formaba parte de la llamada guaranga de Chaucarima, la cual tenía su asiento principal en el pueblo de San Juan de Laguaitambo:

“Sus ayllus eran: Pariapongo, Lambilla, Arirca, Lupe. En el pueblo de San Francisco de Sunicancha había un ayllu del mismo nombre, y la aldea del Espíritu Santo de Guamasinca es mencionada, aunque sin nombrar ayllu alguno. De igual manera la gente de Sisicaya y Chontay figuran como integrantes de esta guaranga.” (Rostworoski 1977: 113). 

Por otro lado los documentos también consideran las relaciones de esta población con los grupos sociales cercanos, principalmente con los Yauyos, con los que aparentemente desarrollaron una rivalidad incluso hasta la llegada del Tawantinsuyu; de esta manera, si pretendiéramos (dentro de una visualización espacial casi contemporánea) considerar que existió una frontera territorial entre ambos grupos esta pudo fluctuar entre Huaycán de Cieneguilla (en algún momento) y Sisicaya (en otro momento) desde el Horizonte Medio; esta influencia cultural es sin embargo en el campo político muy difícil de probar. Marcone propone que existen edificaciones “asociables a la serranía en Chontay, y no por debajo de Río Seco” (Marcone 2004), es decir que en lo arquitectónico parece haber influencias yauyos importantes en nuestra área de estudio. 

En la obra Dioses y Hombres de Huarochirí, de Francisco de Ávila (1966 [recogida hacia 1598]) se expone por ejemplo la antigua rivalidad entre Yauyos y Yungas, explicando a través de relatos una dinámica de relaciones entre el valle alto y bajo, siendo el valle medio escenario de los eventos principales. Un fragmento de estos relatos delimita espacial y simbólicamente la tensión existente entre ambas realidades: 

“Entonces ese huaytacuri, caminando de Uracocha hacia Sieneguilla, en el cerro por donde solemos bajar en esta ruta se quedo a dormir. Ese cerro se llamo latauzaco. Mientras ahí dormía vino un zorro de la parte alta y vino también otro zorro de la parte baja: ambos se encontraron. El que vino de abajo preguntó al otro Como están los de arriba?” (Arguedas, 1966:37). 

El cerro es sin duda una pauta espacial mientras que en otras partes del relato se mencionan el paisaje del valle con andenerías y la tugurización de los sitios costeños. Considerando estas menciones existiría un lugar de control entre la parte alta y baja (algunos identifican este sitio con Quebrada Tinajas), por otro lado la mención de asentamientos tugurizados se explicaría por la presencia de poblados densos y extensos basurales en los mismo. La poca valorización de la forma de vida al interior de los asentamientos del valle bajo resalta en la explicación:

“… Y estos pueblos, los pueblos de toda región, tenían muchos yuncas. Por eso aumentaron tanto al principio y, como se multiplicaron de ese modo, vivieron miserablemente, hasta en los precipicios y en las pequeñas explanadas de los precipicios hicieron chacras, escarbando y rompiendo el suelo. Ahora mismo aún se ven, en todas partes, las tierras que sembraron, ya pequeñas, ya grandes” (Arguedas, 1966).

1.3 Asentamientos arqueológicos tardíos

El término “sisicaya” según Max Espinoza, indica que se compone de dos palabras: “sissiy que significa bullir o cundir como hormigas; y cay que significa ser. Luego: Bullir como hormigas” (Espinoza, 1973, p. 352). Esta definición refiere a un territorio en el cual habitó una población considerable, ratificándose esto por la relativa cercanía de asentamientos arqueológicos con amplios sectores de evidentes funciones domésticas , además del interés del Tawantinsuyu para establecer uno de sus pocos asentamientos -de distinta tipología arquitectónica- impuestos en el valle: Nieve Nieve (Negro y Fuentes 1989). 

Se ha propuesto que existió una lógica en la cercanía entre los principales sitios arqueológicos tardíos de la chaupiyunga de Lurín (Sánchez, 2004), esta lógica considera también la importancia de la comunicación visual entre asentamientos cercanos (e incluso en márgenes opuestas del río) a pesar de la estrechez y sinuosidad en algunos puntos del valle. Principalmente los sitios más extensos ocupan la parte baja de las quebradas laterales y se adaptan a la topografía, aunque manteniendo los edificios formas de planta rectangular con breves giros en su orientación o adiciones formales; esta característica de asentarse se seguirá repitiendo hasta el valle bajo, y será asociado con la sociedad Ychsma y sus poblados; sin embargo; debemos considerar que no solamente fueron ocupadas las quebradas sino también algunos lugares en la cima de los cerros, y que las vías de comunicación no solo se trazaban por la parte inferior de las quebradas sino por caminos muy usados que unían las cúspides más altas.

Es indudable la gran importancia del centro ceremonial en la desembocadura del río Lurín, inicialmente con los Lima pero incrementada en la conformación de la sociedad Ychsma, y cuya influencia cultural, a la llegada del Tawantinsuyu se expandió extensamente por los Andes y sería conocido por los españoles como asiento de la gran waka Pachacamac. Consideramos que nuestra área de estudio en el Valle Medio, debe haber establecido sus fundamentos ideológicos con el aumento del prestigio de Ychsma, pero también debió haber sentido otras influencias principalmente debido a su realidad geopolítica regional. La precisión y los pormenores de la compleja historia de la gente que vivió en este territorio se ha intentado bosquejar a partir de los relatos mitológicos rescatados en los primeros momentos de la Colonia; estos sin duda enriquecen nuestro entendimiento cultural y humano de la región, pero es posible también que muchos aspectos sociales relevantes nunca fueron registrados, quizás por descuido o de manera consciente. Para nuestra investigación es indispensable preguntarse sobre la profundidad cultural de las manifestaciones rupestres en esta parte del valle, así como su uso social ¿Cuál es la trascendencia de lo que representan? ¿Acaso están relacionados con la notoria importancia que las wakas parecen ejercer en la región?

Chamallanca. Es un gran asentamiento emplazado en la desembocadura de la quebrada del mismo nombre en su confluencia con la margen derecha del río Lurín, inmediata al sitio de Pampa Sisicaya. Chamallanca presenta varios sectores en donde existen varios tipos de edificios principalmente de carácter doméstico y funerario (Fig. 4), a veces existen tumbas subterráneas al interior de los recintos los cuales mantienen cierto orden aunque aglutinados con ligeras variantes formales. Un edificio especial corresponde a lo que algunos consideran como kallanka, siendo un tipo característico de la arquitectura del Tawantinsuyu. Otros edificios funerarios muy similares a los llamados pucullos existen en la parte superior de los cerros.

Tambo Antapucro. Sobre esta región existe un documento publicado por Rostworowski en donde se menciona que: …sus habitantes eran originarios de la sierra y su población se dedicaba al “auto del Charqui” (fol 74v) y a asistir a los pasajeros que se hospedaban en el tambo del camino real… (Rostworowski, 1978, p. 114)

Aunque son datos escuetos coinciden con la evidencia arqueológica, como el emplazamiento de los sitios cercanos al ñan (camino) de penetración que, cortado sobre los afloramientos de los cerros de la margen derecha, a cierta altura del río, aún existen hasta Río Seco. La mención de un “tambo” también es importante pues indica un lugar de aprovisionamiento y descanso, el cual es necesario en las travesías de la costa a la sierra, o del valle de Lurín hacia el valle del Rímac o viceversa, principalmente en puntos estratégicos como las quebradas de Chamallanca y Chontay, precisamente muy próximo a Antapucro existe un pequeño asentamiento con algunas características arquitectónicas que nos permite considerarlo como un tambo. El emplazamiento de un tambo importante por ser lugar de interconexión entre distintas regiones y lugar de paso obligatorio en las rutas de penetración de la costa hacia la sierra y viceversa. Así lo especifica Rostworowski al analizar el área:

El Tambo de Sisicaya era muy importante por estar en la ruta entre Lima y Jauja. Según Vázquez de Espinoza (1948, párrafo 1309), las pascanas obligadas eran: Lima, Santa Inés, Sisicaya, San José de los Chorrillos, Huarochirí y Jauja. Había un camino que desde Cocachacra atravesaba los cerros áridos, entre los valles de Lima y Lurín, por la quebrada de Chaimayanca. (Rostworowski, 1978, p. 114).

Uno de los sitios más interesantes lo hemos propuesto como Tambo Antapucro y se encuentra en la margen izquierda del río Lurín, aproximadamente a 350 metros al oeste del actual poblado de Antapucro y en la parte baja de una profunda quebrada. Las edificaciones se agrupan alineando recintos rectangulares (Fig. 3) hasta formar un conjunto trapezoidal con áreas abiertas al centro. Los recintos en general son pequeños y destaca el alineamiento norte que agrupa dos grupos de cuatro recintos cada uno y deja en medio un paso a modo de ingreso hacia el interior del conjunto general. Al interior el espacio presenta una serie de terrazas bajas sobre las cuales existe una pequeña plataforma que pareciera ser un altar. 

“Todos han fenecido a causa de la ardencia del temperamento en el que se experimenta que ni las mujeres paren…” (Rostworowski, 1978, p. 114). El final despoblamiento de la zona, sin duda a causa de epidemias tempranas de la Colonia, terminó por dejar en abandono los poblados existentes. 






2. Pampa Sisicaya

Pampa de Sisicaya es el nombre del sitio arqueológico que se emplaza sobre un terreno formado por la constante evacuación de material aluviónico proveniente de la quebrada de Chamallanca en su desembocadura en la margen derecha del río Lurín y cuya altura alcanza hasta 20 metros sobre el lecho del mismo río. La composición del suelo es de arena y granito en descomposición y se distribuye de manera regular (salvo la sangría de la quebrada misma), conformando una pequeña explanada denominada pampa. Las rocas de tamaño regular se encuentran oxidadas y erosionadas por la intemperie. La ubicación de las rocas más grandes les permite vincularlas como punto de observación del cono de deyección de la quebrada así como de la propia visualización de la roca misma, al nivel del ojo humano, permitiendo su observación directa. De la totalidad de estas rocas se ha podido ubicar hasta cuatro agrupaciones, existiendo al menos una con representaciones rupestres. 

Aun cuando los primeros registros se efectuaron hace algunos años, el sitio ya había sido alterado (la autopista hacia Antioquía corta la pampa) y era difícil distinguir un orden de acceso o recorrido. Todas las rocas son de granito con inclusiones de otros minerales, siendo la capa exterior oxidada por intemperismo, de esta manera, aunque la roca posea naturalmente una valoración blanca la superficie de la misma es de tonalidades cálidas rojizas (las que perceptualmente aumentan su tonalidad con los rayos solares crepusculares). Esta característica fue utilizada para, mediante la percusión y retiro de la capa superficial, poder trazar diseños de gran visibilidad. Las rocas con representaciones rupestres evidentemente han sido escogidas por su tamaño y preeminencia visual sobre la pampa, son rocas que poseen en su volumetría al menos una faceta trabajada culturalmente.

Roca 1 (PS-R1). Gran roca de aproximadamente 2m x 1.8m x 1m, que pareciera haber pertenecido a una roca mayor. La faceta orientada hacia el suroeste se encuentra casi de forma vertical y es la única trabajada. El conjunto de formas es una composición compleja donde existen algunas superposiciones. La técnica es de percusión de poca profundidad, lo cual es suficiente debido a la gran oxidación de la superficie de la roca, que incluso ha perdido aproximadamente un 25% de la capa exterior de la faceta en la que había imágenes, esto implica una “laguna” considerable dentro de la composición total. Existen al menos una docena de figuras que se desarrollan cada una a partir de líneas gruesas casi del mismo espesor (un rasgos distinguible en el sitio) y a veces siguiendo trayectos serpentiformes. También hay puntos como centro, líneas como ejes o formando tramas. Se percibe al menos cuatro figuras geometrizadas con perfiles muy nítidos.

Roca 2 (PS-R2). Con dimensiones de 1.8m x 1.6m x 1m, presenta una serie de rocas menores, generando un círculo alrededor de la roca grabada. La única faceta trabajada presenta una interesante figura central que aparentemente representa la imagen de una cabeza con grandes ojos y tocado. Los trazos por percusión son más largos y se extienden a ambos lados delimitando áreas anguladas.

Roca 3 (PS-R3). Una roca de 1m de largo en su posición horizontal. Compuesta de granito, tiene una cantidad de inclusiones diversas, asimismo, presenta desprendimientos de su capa exterior. Una figura principal se resuelve por trazos continuos de percusión superficial y forman secuencias encadenadas de círculos sucesivos. La segunda figura es un círculo con ocho rayos con punto central, asociado a un círculo con punto central por medio de una línea serpentiforme . 

Roca 4 (PS-R4). Es una roca pequeña que posee concavidades comúnmente denominadas cúpulas. La única roca identificada es de pequeño tamaño y se encuentra alejada del conjunto restante, y más cercana a la quebrada y a las construcciones del asentamiento de Chamallanca.










3. Antapucro

El Asentamiento arqueológico de Antapucro  se encuentra en la margen izquierda del Valle Medio de Lurín, aproximadamente a 50 km del mar, entre las quebradas Buenos Aires al oeste y La Capilla al este; el área arqueológica cubre una extensión aproximada de 120,000 m2 distribuyéndose entre dos quebradas menores (aunque profundas) y las pendientes de los brazos de los cerros cercanos que la rodean abarcando alturas desde 1,088 msnm hasta 1,372 msnm en su parte alta. El referente principal de esta parte del valle es el cerro Chivilca, el cual llega a alcanzar los 3,229 msnm y cuenta con un sendero de acceso desde el mismo Antapucro. Hay evidencias de que en el pasado el área de Antapucro pudo ser mayor y su límite debió seguir el trazo curvo de la carretera que rodea los antiguos terrenos de deyección de las quebradas, las cuales en la actualidad han sido ganadas para la chacra. Para el presente trabajo solamente consideraremos los petroglifos encontrados en el sector denominado Antapucro Bajo; sin embargo podemos considerar que el sitio es más complejo y se puede dividir verticalmente en tres grandes zonas, cada una con sus propios sectores:

Antapucro Alto, en el cual consideramos senderos y un pueblo en la parte alta del cerro a más de 1,500 msnm. Es muy probable que este haya sido ocupado por grupos que caminaban entre los valles y utilizaban caminos en los cerros. La importancia de estos grupos ha sido soslayada dentro de la explicación arqueológica de la Costa Central.

Antapucro Medio, en el cual existen interesantes vestigios divididos en los dos brazos de cerro sobre el sector A y B, respectivamente. Sobre el sector A existe una extensa área de andenes, con plazoletas amuralladas, cercos y edificaciones en una pequeña cúspide. Sobre el sector B existe un pequeño asentamiento doméstico además de una muralla curva y un sector.

Antapucro Bajo, se expande sobre una extensión de rocas depositadas por aluviones provenientes de las dos quebradas inmediatas y que lo divide espacialmente en tres sectores, y que identificamos metodológicamente, de oeste a este como Sector A, Sector B y Sector C. El sector C corresponde a un área escarpada pasando la quebrada y aún no registrada, pero parece contener solo andenes y algunos recintos.








3.1 Antapucro Bajo.

Se trata de una extensión en la parte baja en donde el terreno es de granito en descomposición con algunas rocas de regular tamaño espaciadas entre sí. Esta extensión de relativa horizontalidad ha sido utilizada para construir edificaciones de planta rectangular agrupadas en conjuntos de cuatro o seis. En algunas ocasiones se agrupan en torno a alguna de las rocas con petroglifos. El sistema constructivo de unidades de roca cantada que incluye a veces rocas medianas de canto rodado unidas con argamasa. Es notable también el uso de rocas medianas usadas como tizón en las esquinas o en la primera hilada de unidades constructivas en los muros. La diversidad de tipos de rocas es diversa, desde granitos, hasta andesitas o metamórficas. 

El material alfarero es diverso, básicamente con formas domésticas, ollas, cántaros, platos, etc. En cuanto a la pasta esta tienen variaciones en granulometría (casi siempre media), de tonalidades diversas (rojizas, rosáceas, marrones oscuras y cremas); asimismo los temperantes son propios del valle medio entre los que prevalecen el cuarzo y la pirita; la cocción siempre es oxidante con enfriamiento rápido.

De manera general consideramos que Antapucro (en todos sus sectores) debió albergar al menos entre 40 y 50 rocas con petroglifos, esto debido a un anterior trabajo de Núñez (1987, T. 3: p 17-22) en el cual presenta siete petroglifos, 4 de los cuales no hemos podido identificar en nuestro registro y que sospechamos deben haberse perdido en los últimos años; además grandes extensiones de chacras, por lo menos ha reducido el área original del sitio que debió extenderse por lo menos hasta la carretera actual. De esta manera se ha perdido el 40% de extensión de Antapucro Bajo.

Sector A.

Hemos registrado al menos 20 rocas con manifestaciones rupestres  en el sector A de Antapucro, la mayoría presentan composiciones sobre una sola faceta y combinan figuras de manera compleja y probablemente se hallaban agrupadas de manera coherente antes que hubieran sido disturbadas y movidas por agentes contemporáneos. En este sentido destaca un agrupamiento al extremo sureste de este sector, inmediato al inicio de la quebrada y asociado a cercos que podemos considerarlas recintos o cercos sencillos. Llama la atención cuatro rocas con clara presencia de las llamadas cúpulas, que llamaremos en adelante concavidades . Existe además un agrupamiento especial emplazado sobre el inicio del cerro que asciende hacia el sur; este agrupamiento mantiene aún su diseño espacial en donde existen terrazas, mesas, etc., y las rocas con petroglifos se hallan en su ubicación original.

Roca 1 (Aa-R1). La roca forma parte de un cerco de planta circular; la misma roca parece haber sido una especie de mesa debido al proceso de alisamiento sobre su gran faceta horizontal; llama la atención una concavidad central mucho más grande que otras pocas que hay a su alrededor .

Roca 2 (Aa-R2). Es una roca alargada que se halla apoyada entre otras; en su faceta horizontal aparecen alineadas varias concavidades de poca profundidad, muy erosionadas por la intemperie. Es la que se halla más cerca de la quebrada.

Roca 3 (Aa-R3). Presenta cinco concavidades profundas, agrupadas simétricamente. 

Roca 4 (Aa-R4). Presenta gran cantidad de pequeñas unidades cóncavas formando hasta cuatro alineamientos inmediatos y paralelos. El desgaste hace difícil una contabilidad pero pasan de las 30 unidades.

Roca 5 (Aa-R5). Muy cercana a una acequia, presenta una pocas concavidades pequeñas.

Roca 6 (Aa-R6). Es pequeña y parece haber sido parte de una roca mayor, se halla asociada a un pequeño recinto semisubterráneo de planta rectangular. Nuestro análisis parece demostrar ciertas diferencias en la densidad de los trazos y diseños curvos continuos.

Roca 7 (Aa-R7). Se emplaza a nivel de superficie y a pesar de encontrarse muy deteriorada contiene imágenes interesantes. La primera es una representación humana masculina con una cabeza con punto central y extremidades dobladas; otras imágenes representan círculos concéntricos. La destrucción de una extensa superficie de la roca no permite visualizar la composición completa.

Roca 8 (Aa-R8). Roca adyacente a la quebrada que en su faceta orientada al oeste presenta una pequeña circunferencia con un punto central. Otros segmentos de líneas no son identificables.

Roca 9 (Aa-R9). Se mantiene in situ ocupando un lugar central y prominente desde el cual se domina visualmente el entorno. Es una roca de baja altura cuya única faceta trabajada se abre de manera inclinada y ligeramente cóncava, hacia el este. Destacan figuras geometrizadas que representan imágenes antropomorfas y que al parecer integran una sola composición. Una de las representaciones humanas posee la cabeza rectangular con ojos y boca logradas con puntos; el cuerpo es vertical y sus extremidades se presentan flexionadas; a su lado una forma cuadrangular se asemeja a la cabeza, y de su parte superior salen dos extensiones (podrían interpretarse como tocados, cabello o antenas).

Roca 10 (Aa-R10). Es una roca mediana aparentemente removida para ampliar una chacra de tunas. Sobre una sola faceta se ha elaborado una importante escena que asocia varias figuras entre las que destaca una figurativa que aparentemente porta un gran tocado; otras figuras (círculos con punto central) rodean la principal. Esta roca ya había sido registrada por Núñez Jiménez (1986, t.3: 21); actualmente ha perdido ciertos rasgos como una línea que integra todas las imágenes. 

Roca 11 (Aa-R11). Esta roca es pequeña y ha sido movida de su lugar original; presenta en una sola faceta círculos con punto central, además de ligeros trazos a modo de rayos alargados del mismo círculo.

Roca 12 (Aa-R12). Es una roca de mediano tamaño que ha sido movida para formar un tendal moderno. En una faceta se ha percutido un círculo con punto central y líneas cortas radiantes, asemejándose a una imagen solar. 

Roca 13 (Aa-R13). Esta roca es de las más grandes en Antapucro; actualmente ha resistido al aplanamiento del lugar con maquinaria pesada. Presenta trazos principalmente en una de sus facetas que se orienta al suroeste, pero también posee algunas en una esquina de la faceta contraria. La mayoría de las formas percutidas no son reconocibles y se tratan básicamente de trazos de igual espesor y que marcan líneas sinuosas y curvas cerradas. Una de las pocas figuras en la segunda faceta, orientada hacia el norte, muestra un círculo con punto central y largas líneas como rayos proyectados radialmente.

Roca 14 (Aa-R14). Roca que se encuentra totalmente desplazada de su lugar original y que muestra los daños producto de esta intervención. Tiene al menos dos facetas trabajadas; en una de ellas, la mayor, es una figura geométrica que incluye dos círculos concéntricos (el exterior con seis rayos radiales) con punto central. En la segunda faceta existen líneas que cierran una forma no identificada.

Roca 15 (Aa-R15). Pequeña roca que en cuya faceta orientada hacia el norte se encuentran trazadas dos figuras; la primera un óvalo con dividido en su eje más largo por un alineamiento de cuatro puntos y, un rectángulo alargado en la misma orientación cuyos lados son también representados por alineamientos de puntos, existiendo al menos veinte de ellos.

Roca 16 (Aa-R16). Roca cortada en dos partes. La primera con trazos continuos que sugieren áreas aglutinadas y puntos aislados; la segunda parte contiene en una faceta líneas continuas serpenteantes que se desarrollan en paralelo (similar en estilo a la roca 19).

Roca 17 (Rr-R17). Roca de mediano tamaño en cuya faceta lateral orientada hacia el oeste posee algunas figuras, principalmente líneas y un círculo concéntrico con punto central.

Roca 18 (Rr-R18). Es una roca de granito de gran tamaño que se encuentra rodeada de otras rocas de superficie rojiza. Esta roca aparentemente tuvo la función de una mesa en cuya faceta horizontal alisada se encuentran una serie de concavidades espaciadas entre sí además de una concavidad mucho mayor producto del aparente desgaste por fricción con otra roca aparentando ser un mortero.

Roca 19 (Rr-R19). Roca de mediano tamaño que al parecer estuvo hincada y que actualmente se encuentra al borde de una ladera inmediata a la anterior roca. La roca presenta una regularidad formal y una capa de oxidación oscura con algunas roturas pequeñas. La única faceta visible con trabajo rupestre expone una cobertura total de la superficie por medio de trazos lineales que siguen un patrón especial: en una mitad de la faceta es el desarrollo de una forma lineal que sigue orientaciones ortogonales con giros que van generando paralelas y grecas y, en la parte complementarias presentan imágenes reconocibles como un disco solar así como círculos.

Roca 20 (Rr-R20). Es una gran roca visible desde los sectores bajos de Antapucro debido a su tamaño y ubicación. Posee una forma irregular ligeramente alargada y redondeada siendo su orientación norte-sur. Verticalmente se puede distinguir tres importantes facetas con trabajos rupestres. Hacia el oeste existen imágenes figurativas, por ejemplo el esquema de un ser humano; también varías formas geométricas principalmente aspas de tres y dos líneas entrecruzadas, espirales, cuadros cuadripartitos así como el recurrente círculo con punto central. Esta faceta es la más oxidada y visible. Hacia el norte la faceta más pequeña presenta una serie de figuras geométricas entre ellas dos espirales, una de seis giros con círculo central y la otra de cuatro, así como también una serie de signos encerrados en un cuadro. La faceta orientada al este presenta las mismas espirales, círculos concéntricos y aspas, además de otras formas irreconocibles. Es de destacar que en la parte superior de la roca también existen algunos trazos percutidos muy deteriorados así como cinco concavidades. Esta última característica es importante pues involucra la asociación de concavidades y petroglifos lo cual solo lo hemos visto en el valle en el sitio de Chontay en una roca también de gran tamaño.

Sector B
En este sector destaca la presencia de un gran ruedo de 36 m de diámetro, construido para ganado vacuno, con sus respectivos corrales instalados; es posible que sea de la primera mitad del siglo XX, pues aparece en fotos aéreas antiguas. También es muy posible que su construcción haya destruido muchas edificaciones y petroglifos.

Roca 1 (Ab-R1). La primera roca con petroglifos se emplaza cercana a la quebrada este, y es de tonalidad marrón oscura destacando en su parte más alta la única faceta sobre la cual se han efectuado al menos veinte figuras geométricas. La roca debe pesar más de una tonelada y alrededor, y por debajo de ella, se construyó una serie de recintos semicirculares, de modo que la roca es el centro y eje del diseño de los mismos. La faceta trabajada se encuentra orientada hacia el oeste con ligera inclinación. La técnica utilizada es la de percusión poco profunda. Las figuras más recurrentes son geométricas y se distribuyen de manera aislada, principalmente son círculos, la mitad de las veces con un punto central; otra figura recurrente es una en forma de M, otras figuras que destacan son círculos, cruces y cuadros. En conjunto y asociándolas podemos notar que no son superpuestas y se encuentran distribuidas de manera uniforme y a veces alineadas entre sí.

Roca 2 (Ab-R2). Es una de las rocas más grandes con petroglifos. Se ubica a aproximadamente 20 metros al norte de la anterior. Es una roca de granodiorita con inclusiones de otros minerales. Los trazos percutidos se distribuyen por tres de sus facetas y han sufrido gran desgaste por lo cual los trazos son poco reconocibles; sin embargo podemos identificar figuras geométricas y algunas imágenes antropomorfas.
En la faceta vertical orientada hacia el Oeste, destaca la imagen de un rostro trazado geométricamente y que pudiera representar también una máscara con los ángulos superiores rectos y los inferiores curvos, unas líneas verticales cortas representan cabellos erizados, internamente dos puntos y una línea intentan sintetizar los ojos y boca; un cuerpo se asocia a esta cabeza con una línea; otra imagen parece representar un cuerpo humano muy esquematizado. Otras figuras, estas geométricas, representan espirales y círculos con puntos.

Roca 3 (Ab-R3). Es una roca que se emplaza en la parte central de este sector. Es una roca de 1 metro de diámetro cuya faceta horizontal se encuentra alisada y sobre la cual se han elaborado una concavidad central.



























4. Consideraciones arqueológicas

4.1 Sobre el emplazamiento 

Una de las características de los sitios arqueológicos con petroglifos en el valle medio es recurrente también en otros lugares de la costa y corresponde a lugares en donde el cauce del río cambia de orientación debido a la acumulación de antiguos aluviones de las quebradas laterales. Las mismas quebradas son puntos de referencia para su ubicación. Se conoce de la existencia de sitios con petroglifos en el valle en contextos geográficos diversos, desde lomas (Quebrada Verde, Guayabo y Quebrada Sol y Luna), asentamientos (Pampa de Flores, Huaycán) hasta laderas de cerros (Chontay). 

En el caso de los petroglifos de Pampa Sisicaya, se encuentran cercanos a vías de comunicación que los conectaban tanto transversal como longitudinalmente a las cadenas de cerros que encajonan el valle; también en Chamallanca existe este camino ascendiendo en zigzag para acceder al importante lugar de Mama, en la margen izquierda del vecino valle del Rímac. En el caso de los petroglifos de Antapucro estos se encuentran cercanos a vías de comunicación que los conectaban tanto transversal como longitudinalmente a las cadenas de cerros que encajonan el valle; de esta manera en Antapucro existen caminos que suben hasta las cumbres intervalles, entre ellas al cerro Chivilca. 

La concentración de varios petroglifos en sitios emplazados en la zona conocida como chaupiyunga de la Costa Central puede tener muchas implicancias; inicialmente podemos considerar que son lugares que concentran un interés ideológico que puede ser reflejado en la función de los mismos; aun así no estamos en condiciones de exponer una distribución cuantificada y jerarquizada de petroglifos en el valle, el proceso de su aparición, vigencia o desuso en el tiempo, ni mucho menos las causas sociales de las mismas. Debemos indicar que el Dr. Javier Pulgar Vidal consideró a sitios así como Centro de Quilcas  (Pulgar Vidal 1963). 

4.2 Sobre el contexto de las rocas
Para nosotros la lectura el paisaje circundante debe formar parte de una interpretación arqueológica de los sitios con petroglifos, por esto es importante recordar que el emplazamiento de casi todas las rocas con petroglifos las hemos hallado en el área de deyección de las quebradas laterales del río, en donde abundan todo tipo de rocas y el espacio horizontal se extiende invadiendo el área del valle. Las rocas utilizadas son parte del material de deyección de tiempos pasados y su distribución distanciada hace pensar que se respetó su posición original, adecuándose las posteriores edificaciones alrededor de la misma. De esta manera las rocas mayores fueron referentes dentro del sitio; la mayoría de edificaciones lo que hacen es respetar la altura de las mismas por lo que sus muros son bajos. Es importante recalcar que los petroglifos no son elementos aislados, sino al contrario, o forman parte de una edificación o son visibles desde un punto visual específico, muchas veces su faceta principal (la mayoría de las veces la única trabajada) se orienta hacia el Oeste, cuando su visibilidad es más notoria en horas de la tarde y alcanza tonalidades rojizas de acuerdo a la oxidación del soporte. Las actividades asociadas a los petroglifos pudieron utilizar estas características de su forma visual.

Las rocas con petroglifos en Pampa Sisicaya se encontraban inscritas dentro de un cerco que permite considerarlas como parte de un escenario cultural independiente y hasta cierto punto cerrado. En Antapucro existen edificaciones (cercos y desniveles asociados a las rocas), técnicas de trabajo de los petroglifos (percusión poco profunda) e incluso la elaboración alfarera (doméstica de cocción oxidante), que podemos considerar como parte del contexto inmediato de los petroglifos y que los vinculan a la misma sociedad, o al menos comparten los mismos rasgos culturales.

4.3 Materialidad y técnica

Todas las rocas son graníticas con pequeñas y diversas inclusiones, todas tienen gran desgaste, oxidación e incluso fracturas superficiales debido a la intemperie; sin embargo se debe señalar que en el caso de las rocas con concavidades estas parecen haber sido elegidas por su mayor dureza y densidad. Es necesario indicar que en las inmediaciones existe gran diversidad de tipos de rocas, desde las andesitas hasta las pizarrosas. 

Técnicamente, los petroglifos han sido trabajados por percusión superficial, casi de manera general. Muchas veces la escasa profundidad no ha permitido conservar claramente los trazos. Algunas de las rocas más grandes poseen superposición de figuras denotando una sucesión temporal y la reutilización del soporte. La realización de las concavidades más profundas parece haber necesitado el auxilio de cuarzos o arena así como agua para lograr el alisamiento característico.

4.4 Sobre las imágenes

Las formas son líneas o áreas que se trazan sobre una superficie y logran proyectar para nuestra percepción y entendimiento figuras; las figuras que registramos son figuras geométricas puras, principalmente círculos o cuadros, o figuras orgánicas libres como bandas serpentiformes, quebradas, espacios vacíos, etc. Muchas veces estas figuras se combinan intentando representar imágenes reconocibles, estas parecen ser casi siempre los principales dentro de la composición de una faceta.

Imágenes
Respecto a las figuras naturalistas que representan imágenes reconocibles estas deben estudiarse con los atributos que puedan vincularlos a la cosmovisión regional y local. Estudios sobre las características formales de los petroglifos intentan distinguir variaciones estilísticas a través del tiempo, nosotros hemos utilizado las que propuso Morales (1993: 139) como referencia para nombrar estas variaciones. Agrupando las figuras existentes en los petroglifos de Antapucro podemos notar algunas características:

a. Imágenes abstractas y geométricas

-Cruz o aspa. Formadas por el entrecruzamiento de dos líneas similares.
-Círculo. Principalmente conteniendo un punto central, es decir expresando la idea del centro.
-Espiral. Que desarrolla de tres a siete giros.
-Línea quebrada. Que se desarrolla sucesivamente formando grecas y cubriendo áreas.

b. Imágenes semi naturalistas geometrizadas
-Sol de ocho rayos. Es una figura representativa del mundo andino, casi un ícono; sin embargo en el registro arqueológico lo hemos encontrado de manera (no muy convincente) en Checta, San Diego en Carabayllo y Cerro Mulato.

c. Imágenes semi naturalista
-Hombre con cabeza circular y punto inscrito.
-Hombre con tocado.
-Ave. Existen pocas figuras reconocibles en flora y fauna, una de estas es un ave de patas largas. 
-Máscaras. Proponemos que son máscaras pues adquieren formas delimitantes distintas al círculo con el que representan la cabeza humana, antes bien son de forma rectangular o en “D”. También poseen trazados ojos, nariz, boca o cabellos de manera exagerada.

Composiciones
En el caso que representen una sola composición, lo que algunos llaman escena, en donde la contemporaneidad de los trazos y el diseño complementario sea evidente, existe una figura central y otras secundarias, manifestando un orden jerárquico que podría tener un significado narrativo. En las composiciones de figuras abstractas estas se manifiestan aisladas y relativamente separadas, sin que las figuras alcancen el perfil de la misma, utilizando solo como conectores líneas. Asimismo los espacios vacíos son distribuidos sobre la roca de manera equilibrada, de tal manera que no existen grandes espacios en blanco. Es casi general que todas las figuras posean cierta independencia, es decir fueron trazadas individualmente; hay ciertas rocas en donde incluso se presentan solas, o sin formar parte de un conjunto, sus rasgos son muy fuertes y muchas veces poseen una centralidad que las ubica en una categoría distinta al resto de las demás formas presentadas en la composición (por ejemplo círculos con punto central). 

-Rocas con concavidades (cúpulas) .
A nuestro entender es otra tipología del trabajo sobre rocas de las que en Pampa Sisicaya existía una roca y en Antapucro Bajo existen varias (al menos seis), igualmente muy cerca de una quebrada adyacente. Un tipo de concavidad destaca por su tamaño y ubicación en la faceta horizontal y alisada de una roca que parece una mesa, otra mesa posee además evidencia de desgaste por el uso de una mano de moler; otras rocas presentan unas pocas concavidades profundas y cercanas entre sí, finalmente otra poseen concavidades pequeñas, apenas perceptibles, formando alineamientos. La recurrencia, número, la forma misma y la técnica de elaboración de las concavidades podrían dar cierto acercamiento a su función, la propia ubicación de estas rocas dentro del contexto espacial este nos alcanza algunos indicadores de su funcionalidad; por un lado es indudable la necesidad de su cercanía a las visuales respecto a las quebradas que pudieran estar activas, esto podría implicar una relación entre las épocas de lluvias y aluviones, tan frecuentes en este sector del valle; cada concavidad podría ser una unidad (no necesariamente de tiempo) aun cuando existan algunas de mayor diámetro que otras, lo cual indica diferenciaciones; por otro lado las rocas con concavidades se encuentran a cierta distancia de las agrupaciones de petroglifos, lo cual podría considerarse como una sectorización y diferenciación en su función. Sólo existe una roca (R-20) que combina petroglifos con concavidades, lo cual es extraño aunque existen otros sitios en donde aparece este tipo de trabajo como en Chontay, algunos kilómetros valle abajo.

4.5. Sobre la función social de los petroglifos
Pampa Sisicaya y Antapucro son sitios que congregaban determinada cantidad de rocas en un espacio limitado y con particulares visuales de su entorno, podría entonces tener una función social directamente asociada con su medio circundante y visible, por ejemplo con el valle, el río, las cumbres de los cerros vecinos, e incluso la profundidad de las quebradas. Además su función tendría que estar relacionada con la particularidad de su materialidad y las posibilidades de las imágenes representadas en ella. De esta forma un petroglifo de acuerdo a su resistencia material ante el tiempo, posee la capacidad por ejemplo de ser un soporte idóneo para transmitir información durante mucho tiempo, y a distintas personas que acudan a su entorno espacial; esta información puede ser entendida por todos o quizás un pequeño grupo; sin embargo lo más probable es que se haya necesitado un correlato humano que complemente su mensaje, o que sustente en la tradición oral sus imágenes. 

El aprender en el contexto de estos espacios y utilizando como herramienta estos medios estables, garantizaría que el conocimiento se mantenga dentro de un estricto esquema a través del tiempo, de generaciones, esto puede implicar además que existan distintos periodos arqueológicos, hasta cierto punto identificable en los rasgos de las imágenes representadas. Transmitir conocimientos, ideas o explicaciones sobre el espacio-tiempo inmediato implica también plantearnos el idioma en el que se expresaba la gente local y aquellos que acudían a interactuar con los petroglifos; sabemos que la gente se comunicaba constantemente y que es inevitable considerar si los petroglifos formaban parte central o complementaria del discurso narrativo de mitologías regionales. Lugares como Pampa Sisicaya o Antapucro pudieron ser lugares de interacción entre gente que hablaba distintos idiomas (o variantes del mismo), es posible que las imágenes puedan sintetizar parte de estas o complementarlas para transmitir mensajes de profundidad social a pesar del transcurrir del tiempo.

4.6 Sobre la cronología y temporalidad 
De acuerdo a la cronología estilística relativa propuesta por Morales  (1993), las manifestaciones rupestres que registramos en Antapucro no podrían ser anteriores al Intermedio Temprano; además, al no existir documentación arqueológica de sitios cercanos, ni aún restos materiales en superficie correspondiente a alfarería reconocible de este periodo creemos que los petroglifos corresponden a periodos posteriores. El criterio de su emplazamiento, inmediato a las quebradas se repite en la mayoría de asentamientos ychsma del Valle Bajo, y aunque existan edificios o algunos rasgos culturales serranos, consideramos que la gente original de estos sitios eran yungas muy vinculados a los grupos poblacionales ychsma. 

Aun así, las referencias etnohistóricas (escritas en los momentos inmediatos a la conquista española) mencionan de manera general a los denominados Yauyos; sobre estos se ha explicado (siempre por la información etnohistórica), que eran varios grupos distribuidos en las cuencas altas de los ríos de la Costa Central durante los períodos tardíos; el grupo correspondiente al espacio en el que se insertan los asentamientos de nuestro estudio era al parecer, según esta información, el de los Chaucarima. Es posible que esta franja del valle haya despertado rivalidades por intereses económicos e ideológicos (al incluir wakas), de ser cierto esto explicaría en parte la necesidad del Tawantinsuyu de construir asentamientos (Nieve Nieve) y edificios (kallankas) netamente representativos del poder cusqueño en menos de 50 años.

Consideramos que durante todo este tiempo los petroglifos pudieron haberse renovado constantemente; existen algunas superposiciones de trazos distinguibles en la profundidad de los mismos y en el estado de su deterioro; los petroglifos de Antapucro se presentan en una considerable cantidad, distribución y variabilidad de formas; es muy posible que hayan tenido un largo proceso de vigencia social aunque con algunas imágenes representativas (el sol con cara, bandas, círculo con puntos, etc.) Por otro lado no hemos detectado imágenes asociadas al Tawantinsuyu, como podrían ser por ejemplo una silueta estilizada de llamas o los patrones geométricos plasmados en su cerámica; aunque aún es prematuro aseverar esto.

4.7 Sobre la conservación
Como indicamos, Pampa Sisicaya y Antapucro ya eran conocidos por las referencias de Núñez Jiménez (1986) sin embargo no existía en ningún caso un letrero del Ministerio de Cultura indicando su intangibilidad. Entre el 2010 y el 2018, al menos el 30% de la extensión del sector A de Antapucro Bajo fue destruida; de la misma manera a inicios del 2015 se efectuó el proceso de destrucción del área de petroglifos en Pampa Sisicaya, utilizando maquinaria pesada, logrando aplanar hasta tres niveles de terreno, desplazando los grupos de rocas hacia el extremo de la pampa con el río, conformando un gran muro de contención utilizando las rocas del lugar, de tal manera que las rocas con petroglifos se encuentran allí perdidas

No cabe duda que la protección sobre los sitios arqueológicos no ha sido efectiva, los mismos pobladores y agricultores dicen desconocer la importancia de estos sitios, pues nunca son visitados ni mencionados; por otro lado, amplias áreas en las quebradas, antes no ocupadas, han sido utilizadas por gente local para convertirlas en zonas cultivables de bajo regadío, por ejemplo, zonas de cultivo de tunas en la parte baja de la quebrada de Chamallanca, afectando varios sectores de la zona arqueológica del mismo nombre. En la última década un grave problema que antecede a la destrucción de los sitios ya no es el huaqueo artesanal, sino la privatización de las quebradas para la generación de granjas y su explotación como canteras de construcción. 

5. Conclusiones

El Valle Medio de Lurín fue escenario de procesos sociales durante los períodos arqueológicos del Intermedio Tardío y Horizonte Tardío, es decir entre los 900 d.C. hasta 1533 d.C. sin que exista aún fuerte evidencia de la presencia del Tawantinsuyu en el sitio directamente, más si en los asentamientos cercanos. Las evidencias parecen proponer indirectamente una identificación con los ychsma, pero permeable a influencias serranas o foráneas, y completamente arraigada con la realidad de la llamada chaupiyunga.

La existencia de sitios con presencia de representaciones rupestres en esta parte del valle, no implica que estos existan de manera aislada; las evidencias superficiales permiten incluso asociar áreas de vida doméstica permanente e incluso tumbas (con la presencia de pucullos) con los petroglifos.

Las imágenes que hemos podido identificar, aunque puedan pertenecer a periodos diferentes, mantienen en su formalidad una relación y continuidad, lo cual nos permite considerar que la gente de esta parte del valle sostuvo las prácticas sociales asociadas a los petroglifos durante mucho tiempo. 

La importancia de nuestra área de estudio en el pasado, ya sea económica, política o ideológica, motivó el interés de distintas sociedades para controlar este territorio, desde grupos Yauyos hasta el mismo Tawantinsuyu, sin olvidar la directa intervención colonial. La trascendencia de estos intereses le otorga su identidad local. Creemos de esta manera que la gente local fue la que controló directamente el sitio aun cuando tuvieron que ejercer ciertas estrategias defensivas o de resistencia cultural en algunos momentos.

6. Agradecimientos

Los trabajos de campo en Antapucro fueron realizados en distintos momentos con el apoyo desinteresado de algunas personas entre las cuales destacamos la participación de Christian Tamayo Robles, Sebastián Bernaola Flores, Gabriel Cóndor, Kleyson Lobato y Shym Sheyk Yánfer Alcca.

7. Bibliografía

Albornoz, C. (1989 [1581-1584?]). “Instrucción para descubrir todas las Guacas del Perú y sus Camayos y Haciendas” en Fábulas y Mitos de los Incas, edit. Por H. Urbano y P. Duviols, Madrid, 192 p y ss. 
Alvino, J. (2016). “Arte rupestre en Antapucro. Valle medio del río Lurín, Lima”. Boletín de Lima (186). Pp. 112-126. Lima.
Alvino, J. y Guzmán, M. (2018). “Breves notas sobre la destrucción del patrimonio arqueológico en los valles de la costa central durante el siglo XXI”. Devenir. Revista de estudios sobre patrimonio edificado (9). Pp. 99-116. Universidad Nacional de Ingeniería. Lima.
Alvino, J. y Yánfer, Sh. (2019). Arte rupestre y la muerte en Antapucro. VI Congreso Nacional de Arqueología. 13-16 agosto del 2019. Lima.
Arguedas, J. (1966). Dioses y Hombres de Huarochirí. Narración quechua recogida por Francisco de Ávila (¿1598?), Lima, Museo Nacional de Historia – IFEA.
Ching, F. (2010). Arquitectura. Forma, espacio y orden. Editorial Gustavo Gili. Barcelona.
Espinoza, M. (1973). Topónimos quechuas del Perú, Lima, COSESA.
Guffroy; J. (1999). El Arte Rupestre del Antiguo Perú, Lima, IFEA.
Hesselgreen, S. (1964). Los medios de expresión de la arquitectura. Buenos Aires: Editorial Universitaria. 
Hostnig, R. (2003). Arte Rupestre del Perú. Inventario Nacional, Concytec.
INC (1986), Arte rupestre del Perú. Inventario General (primera aproximación), compilado por Rogger Ravines. Lima. Dirección de Investigación del Museo Nacional.
Koepcke, M. (1964). Las Aves del Departamento de Lima, Lima, Gráfica Morsom S.A.
Marcone, G. (2004). “Cieneguilla a la llegada de los Incas. Aproximaciones desde la historia ecológica y la arqueología”, en: Arqueología de los periodos tardíos en la costa central. Boletín del IFEA. T. 33/3, pp: 735-782, Lima, IFEA.
Morales, D. (1993). Historia arqueológica del Perú, en: Compendio Histórico del Perú. Tomo I. Editorial Milla Batres. 670 p.
Negro, S. y M. Fuentes (1989). “Nieve Nieve. Arquitectura y urbanismo en la Costa Central del Perú”. Boletín de Lima (62).
Núñez, A. (1986). Petroglifos del Perú, Panorama mundial del arte rupestre, La Habana, PNUD / UNESCO.
Pulgar Vidal, J. (1968). Geografía del Perú. Las ocho regiones naturales del Perú, Lima, Editorial Ausonia. 
Rostworowski, M. (1978). Señoríos de Lima y Canta, IFEA. Historia Andina Nº 7. Industrias Gráficas S.A. 281 p. Lima.
(2004). Costa peruana prehispánica. Obras completas de María Rostworowski. Nº 3, IFEA. 376 p. Lima.
Sánchez, Á. (2000). Relaciones sociales serrano costeñas durante el Intermedio tardío en el valle medio del río Lurín, en: Arqueológicas, Nº 24, Pp. 129-147, Lima.
Santo Tomás, D. de (2013 [1560]). Lexicón o Vocabulario de la Lengua General del Perú. Lima: Universidad San Martín de Porres.
Stiglish, G. (1922). Diccionario Geográfico del Perú, Lima. Imprenta Torres Aguirre.

_____________________________________________________________


(1) Graduado de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la URP, graduado de la Escuela Académico Profesional de Arqueología de la UNMSM; egresado de la Maestría de Arte Peruano y Latinoamericano de la UNMSM; Maestría en Conservación del Patrimonio Edificado de la UNI; actualmente pertenece a la Facultad de Educación de la UNMSM.

(2) En la actualidad muchos sitios se encuentran cercados físicamente y dentro de terrenos que indican que son de propiedad privada; la gran mayoría están afectados por la práctica de agricultura, de remoción y aplanamiento de tierras para lotización urbana, o simplemente por la construcción de edificios modernos.

(3) Además de Chamallanca y Antapucro, se puede señalar sitios de mayor extensión como Avillay, Chontay-Antivales, Río Seco, Huaycán de Cieneguilla, Tijerales, Molle, Panquilma, etc, en un tramo de menos de 20 km.
(4)El círculo de ocho rayos es una imagen frecuente en algunos lugares con petroglifos de la costa central, por ejemplo en San Diego, Cerro Mulato (cuando el círculo recibe el tratamiento de un rostro), así como también en Checta.

(5)  Según Germán Stiglish, Antapucro significaría “Hoyo de metal”. En sus inmediaciones existen “Chacs y lugares argentíferos” (Stiglich, 1922: 96), refiriéndose esta información probablemente a antiguas minas existentes en las cercanías.

(6) Para efecto del entendimiento general de las formas hemos procedido a asumir una descripción figurativa de los petroglifos, de tal manera que se pueda asociar a una imagen reconocible; sin embargo la precisa interpretación del significado de los mismos requieren un análisis más detallado y completo.

(7) Como definición una cúpula es una cobertura arquitectónica que principalmente despliega formas curvas que facilitan la distribución de cargas hacia el suelo. El espacio interior y sirve de delimitante superficial y superior de un recinto. Al no registrar aún la denominación original y exacta de este tipo de manifestación rupestre las llamamos según su aspecto cóncavo son respecto a la superficie en la cual fue generada.

(8) Esta característica la hemos identificado en otras rocas como en Chontay y Río Seco, dentro del mismo valle de Lurín, y en Lumbra (aunque en ese caso abundan las concavidades menores, quizás por un uso prolongado) y Quilca en la cuenca del Chancay.

(9) “Llamamos Centro de Quilcas a “…todo lugar en el cual exista una piedra aislada, grande o pequeña; un grupo de piedras, un roquedal, un acantilado, un desfiladero, una marmita eólica, una semicaverna, una caverna pequeña o una gran caverna, en cuyas superficies planas, cóncavas, convexas, se haya inscrito, por medio de pinturas o por incisión, una grafía cualquiera o un conjunto de ellas”. (Pulgar Vidal 1963)

(10) En alguna bibliografía arqueológica se menciona este término para denominar al trabajo efectuado sobre facetas de las rocas y cuya forma característica es esférica (o variantes de esta) en sustracción, generando concavidades de distinto tamaño. Consideramos que la palabra cúpula se refiere básicamente a una forma de cobertura arquitectónica y a una solución estructural distinta y ajena al tipo de manifestación cultural que estamos estudiando por lo cual solo utilizaremos el término concavidad. 

(11) Según Morales (1993), la tradición andina en arte rupestre posee cuatro estilos diferenciables: A. Estilo naturalista (el más antiguo que representa siluetas del animal). B. Estilo seminaturalista (siluetas desproporcionadas). C. Estilo antropomorfo (Seres humanos con atributos zoomorfos). D. Estilo geométrico estereotipado (de la costa peruana; son comunes seres humanos, animales, máscaras y figuras geométricas como puntos, rayas, etc. Desde el Intermedio Temprano).


















































































2. Pampa Sisicaya
Pampa de Sisicaya es el nombre del sitio arqueológico que se emplaza sobre un terreno formado por la constante evacuación de material aluviónico proveniente de la quebrada de Chamallanca en su desembocadura en la margen derecha del río Lurín y cuya altura alcanza hasta 20 metros sobre el lecho del mismo río. La composición del suelo es de arena y granito en descomposición y se distribuye de manera regular (salvo la sangría de la quebrada misma), conformando una pequeña explanada denominada pampa. Las rocas de tamaño regular se encuentran oxidadas y erosionadas por la intemperie. La ubicación de las rocas más grandes les permite vincularlas como punto de observación del cono de deyección de la quebrada así como de la propia visualización de la roca misma, al nivel del ojo humano, permitiendo su observación directa. De la totalidad de estas rocas se ha podido ubicar hasta cuatro agrupaciones, existiendo al menos una con representaciones rupestres. Aun cuando los primeros registros se efectuaron hace algunos años, el sitio ya había sido alterado (la autopista hacia Antioquía corta la pampa) y era difícil distinguir un orden de acceso o recorrido. Todas las rocas son de granito con inclusiones de otros minerales, siendo la capa exterior oxidada por intemperismo, de esta manera, aunque la roca posea naturalmente una valoración blanca la superficie de la misma es de tonalidades cálidas rojizas (las que perceptualmente aumentan su tonalidad con los rayos solares crepusculares). Esta característica fue utilizada para, mediante la percusión y retiro de la capa superficial, poder trazar diseños de gran visibilidad. Las rocas con representaciones rupestres evidentemente han sido escogidas por su tamaño y preeminencia visual sobre la pampa, son rocas que poseen en su volumetría al menos una faceta trabajada culturalmente.

Roca 1 (PS-R1). Gran roca de aproximadamente 2m x 1.8m x 1m, que pareciera haber pertenecido a una roca mayor. La faceta orientada hacia el suroeste se encuentra casi de forma vertical y es la única trabajada. El conjunto de formas es una composición compleja donde existen algunas superposiciones. La técnica es de percusión de poca profundidad, lo cual es suficiente debido a la gran oxidación de la superficie de la roca, que incluso ha perdido aproximadamente un 25% de la capa exterior de la faceta en la que había imágenes, esto implica una “laguna” considerable dentro de la composición total. Existen al menos una docena de figuras que se desarrollan cada una a partir de líneas gruesas casi del mismo espesor (un rasgos distinguible en el sitio) y a veces siguiendo trayectos serpentiformes. También hay puntos como centro, líneas como ejes o formando tramas. Se percibe al menos cuatro figuras geometrizadas con perfiles muy nítidos.

Roca 2 (PS-R2). Con dimensiones de 1.8m x 1.6m x 1m, presenta una serie de rocas menores, generando un círculo alrededor de la roca grabada. La única faceta trabajada presenta una interesante figura central que aparentemente representa la imagen de una cabeza con grandes ojos y tocado. Los trazos por percusión son más largos y se extienden a ambos lados delimitando áreas anguladas.

Roca 3 (PS-R3). Una roca de 1m de largo en su posición horizontal. Compuesta de granito, tiene una cantidad de inclusiones diversas, asimismo, presenta desprendimientos de su capa exterior. Una figura principal se resuelve por trazos continuos de percusión superficial y forman secuencias encadenadas de círculos sucesivos. La segunda figura es un círculo con ocho rayos con punto central, asociado a un círculo con punto central por medio de una línea serpentiforme . 

Roca 4 (PS-R4). Es una roca pequeña que posee concavidades comúnmente denominadas cúpulas. La única roca identificada es de pequeño tamaño y se encuentra alejada del conjunto restante, y más cercana a la quebrada y a las construcciones del asentamiento de Chamallanca.










































































































































































































































































3. Antapucro
El Asentamiento arqueológico de Antapucro  se encuentra en la margen izquierda del Valle Medio de Lurín, aproximadamente a 50 km del mar, entre las quebradas Buenos Aires al oeste y La Capilla al este; el área arqueológica cubre una extensión aproximada de 120,000 m2 distribuyéndose entre dos quebradas menores (aunque profundas) y las pendientes de los brazos de los cerros cercanos que la rodean abarcando alturas desde 1,088 msnm hasta 1,372 msnm en su parte alta. El referente principal de esta parte del valle es el cerro Chivilca, el cual llega a alcanzar los 3,229 msnm y cuenta con un sendero de acceso desde el mismo Antapucro. Hay evidencias de que en el pasado el área de Antapucro pudo ser mayor y su límite debió seguir el trazo curvo de la carretera que rodea los antiguos terrenos de deyección de las quebradas, las cuales en la actualidad han sido ganadas para la chacra. Para el presente trabajo solamente consideraremos los petroglifos encontrados en el sector denominado Antapucro Bajo; sin embargo podemos considerar que el sitio es más complejo y se puede dividir verticalmente en tres grandes zonas, cada una con sus propios sectores:

Antapucro Alto, en el cual consideramos senderos y un pueblo en la parte alta del cerro a más de 1,500 msnm. Es muy probable que este haya sido ocupado por grupos que caminaban entre los valles y utilizaban caminos en los cerros. La importancia de estos grupos ha sido soslayada dentro de la explicación arqueológica de la Costa Central.

Antapucro Medio, en el cual existen interesantes vestigios divididos en los dos brazos de cerro sobre el sector A y B, respectivamente. Sobre el sector A existe una extensa área de andenes, con plazoletas amuralladas, cercos y edificaciones en una pequeña cúspide. Sobre el sector B existe un pequeño asentamiento doméstico además de una muralla curva y un sector.

Antapucro Bajo, se expande sobre una extensión de rocas depositadas por aluviones provenientes de las dos quebradas inmediatas y que lo divide espacialmente en tres sectores, y que identificamos metodológicamente, de oeste a este como Sector A, Sector B y Sector C. El sector C corresponde a un área escarpada pasando la quebrada y aún no registrada, pero parece contener solo andenes y algunos recintos.
















































































































































































































3.1 Antapucro Bajo.
Se trata de una extensión en la parte baja en donde el terreno es de granito en descomposición con algunas rocas de regular tamaño espaciadas entre sí. Esta extensión de relativa horizontalidad ha sido utilizada para construir edificaciones de planta rectangular agrupadas en conjuntos de cuatro o seis. En algunas ocasiones se agrupan en torno a alguna de las rocas con petroglifos. El sistema constructivo de unidades de roca cantada que incluye a veces rocas medianas de canto rodado unidas con argamasa. Es notable también el uso de rocas medianas usadas como tizón en las esquinas o en la primera hilada de unidades constructivas en los muros. La diversidad de tipos de rocas es diversa, desde granitos, hasta andesitas o metamórficas. 

El material alfarero es diverso, básicamente con formas domésticas, ollas, cántaros, platos, etc. En cuanto a la pasta esta tienen variaciones en granulometría (casi siempre media), de tonalidades diversas (rojizas, rosáceas, marrones oscuras y cremas); asimismo los temperantes son propios del valle medio entre los que prevalecen el cuarzo y la pirita; la cocción siempre es oxidante con enfriamiento rápido.

De manera general consideramos que Antapucro (en todos sus sectores) debió albergar al menos entre 40 y 50 rocas con petroglifos, esto debido a un anterior trabajo de Núñez (1987, T. 3: p 17-22) en el cual presenta siete petroglifos, 4 de los cuales no hemos podido identificar en nuestro registro y que sospechamos deben haberse perdido en los últimos años; además grandes extensiones de chacras, por lo menos ha reducido el área original del sitio que debió extenderse por lo menos hasta la carretera actual. De esta manera se ha perdido el 40% de extensión de Antapucro Bajo.

Sector A.
Hemos registrado al menos 20 rocas con manifestaciones rupestres  en el sector A de Antapucro, la mayoría presentan composiciones sobre una sola faceta y combinan figuras de manera compleja y probablemente se hallaban agrupadas de manera coherente antes que hubieran sido disturbadas y movidas por agentes contemporáneos. En este sentido destaca un agrupamiento al extremo sureste de este sector, inmediato al inicio de la quebrada y asociado a cercos que podemos considerarlas recintos o cercos sencillos. Llama la atención cuatro rocas con clara presencia de las llamadas cúpulas, que llamaremos en adelante concavidades . Existe además un agrupamiento especial emplazado sobre el inicio del cerro que asciende hacia el sur; este agrupamiento mantiene aún su diseño espacial en donde existen terrazas, mesas, etc., y las rocas con petroglifos se hallan en su ubicación original.

Roca 1 (Aa-R1). La roca forma parte de un cerco de planta circular; la misma roca parece haber sido una especie de mesa debido al proceso de alisamiento sobre su gran faceta horizontal; llama la atención una concavidad central mucho más grande que otras pocas que hay a su alrededor .

Roca 2 (Aa-R2). Es una roca alargada que se halla apoyada entre otras; en su faceta horizontal aparecen alineadas varias concavidades de poca profundidad, muy erosionadas por la intemperie. Es la que se halla más cerca de la quebrada.

Roca 3 (Aa-R3). Presenta cinco concavidades profundas, agrupadas simétricamente. 

Roca 4 (Aa-R4). Presenta gran cantidad de pequeñas unidades cóncavas formando hasta cuatro alineamientos inmediatos y paralelos. El desgaste hace difícil una contabilidad pero pasan de las 30 unidades.

Roca 5 (Aa-R5). Muy cercana a una acequia, presenta una pocas concavidades pequeñas.

Roca 6 (Aa-R6). Es pequeña y parece haber sido parte de una roca mayor, se halla asociada a un pequeño recinto semisubterráneo de planta rectangular. Nuestro análisis parece demostrar ciertas diferencias en la densidad de los trazos y diseños curvos continuos.

Roca 7 (Aa-R7). Se emplaza a nivel de superficie y a pesar de encontrarse muy deteriorada contiene imágenes interesantes. La primera es una representación humana masculina con una cabeza con punto central y extremidades dobladas; otras imágenes representan círculos concéntricos. La destrucción de una extensa superficie de la roca no permite visualizar la composición completa.

Roca 8 (Aa-R8). Roca adyacente a la quebrada que en su faceta orientada al oeste presenta una pequeña circunferencia con un punto central. Otros segmentos de líneas no son identificables.

Roca 9 (Aa-R9). Se mantiene in situ ocupando un lugar central y prominente desde el cual se domina visualmente el entorno. Es una roca de baja altura cuya única faceta trabajada se abre de manera inclinada y ligeramente cóncava, hacia el este. Destacan figuras geometrizadas que representan imágenes antropomorfas y que al parecer integran una sola composición. Una de las representaciones humanas posee la cabeza rectangular con ojos y boca logradas con puntos; el cuerpo es vertical y sus extremidades se presentan flexionadas; a su lado una forma cuadrangular se asemeja a la cabeza, y de su parte superior salen dos extensiones (podrían interpretarse como tocados, cabello o antenas).

Roca 10 (Aa-R10). Es una roca mediana aparentemente removida para ampliar una chacra de tunas. Sobre una sola faceta se ha elaborado una importante escena que asocia varias figuras entre las que destaca una figurativa que aparentemente porta un gran tocado; otras figuras (círculos con punto central) rodean la principal. Esta roca ya había sido registrada por Núñez Jiménez (1986, t.3: 21); actualmente ha perdido ciertos rasgos como una línea que integra todas las imágenes. 

Roca 11 (Aa-R11). Esta roca es pequeña y ha sido movida de su lugar original; presenta en una sola faceta círculos con punto central, además de ligeros trazos a modo de rayos alargados del mismo círculo.

Roca 12 (Aa-R12). Es una roca de mediano tamaño que ha sido movida para formar un tendal moderno. En una faceta se ha percutido un círculo con punto central y líneas cortas radiantes, asemejándose a una imagen solar. 

Roca 13 (Aa-R13). Esta roca es de las más grandes en Antapucro; actualmente ha resistido al aplanamiento del lugar con maquinaria pesada. Presenta trazos principalmente en una de sus facetas que se orienta al suroeste, pero también posee algunas en una esquina de la faceta contraria. La mayoría de las formas percutidas no son reconocibles y se tratan básicamente de trazos de igual espesor y que marcan líneas sinuosas y curvas cerradas. Una de las pocas figuras en la segunda faceta, orientada hacia el norte, muestra un círculo con punto central y largas líneas como rayos proyectados radialmente.

Roca 14 (Aa-R14). Roca que se encuentra totalmente desplazada de su lugar original y que muestra los daños producto de esta intervención. Tiene al menos dos facetas trabajadas; en una de ellas, la mayor, es una figura geométrica que incluye dos círculos concéntricos (el exterior con seis rayos radiales) con punto central. En la segunda faceta existen líneas que cierran una forma no identificada.

Roca 15 (Aa-R15). Pequeña roca que en cuya faceta orientada hacia el norte se encuentran trazadas dos figuras; la primera un óvalo con dividido en su eje más largo por un alineamiento de cuatro puntos y, un rectángulo alargado en la misma orientación cuyos lados son también representados por alineamientos de puntos, existiendo al menos veinte de ellos.

Roca 16 (Aa-R16). Roca cortada en dos partes. La primera con trazos continuos que sugieren áreas aglutinadas y puntos aislados; la segunda parte contiene en una faceta líneas continuas serpenteantes que se desarrollan en paralelo (similar en estilo a la roca 19).

Roca 17 (Rr-R17). Roca de mediano tamaño en cuya faceta lateral orientada hacia el oeste posee algunas figuras, principalmente líneas y un círculo concéntrico con punto central.

Roca 18 (Rr-R18). Es una roca de granito de gran tamaño que se encuentra rodeada de otras rocas de superficie rojiza. Esta roca aparentemente tuvo la función de una mesa en cuya faceta horizontal alisada se encuentran una serie de concavidades espaciadas entre sí además de una concavidad mucho mayor producto del aparente desgaste por fricción con otra roca aparentando ser un mortero.

Roca 19 (Rr-R19). Roca de mediano tamaño que al parecer estuvo hincada y que actualmente se encuentra al borde de una ladera inmediata a la anterior roca. La roca presenta una regularidad formal y una capa de oxidación oscura con algunas roturas pequeñas. La única faceta visible con trabajo rupestre expone una cobertura total de la superficie por medio de trazos lineales que siguen un patrón especial: en una mitad de la faceta es el desarrollo de una forma lineal que sigue orientaciones ortogonales con giros que van generando paralelas y grecas y, en la parte complementarias presentan imágenes reconocibles como un disco solar así como círculos.

Roca 20 (Rr-R20). Es una gran roca visible desde los sectores bajos de Antapucro debido a su tamaño y ubicación. Posee una forma irregular ligeramente alargada y redondeada siendo su orientación norte-sur. Verticalmente se puede distinguir tres importantes facetas con trabajos rupestres. Hacia el oeste existen imágenes figurativas, por ejemplo el esquema de un ser humano; también varías formas geométricas principalmente aspas de tres y dos líneas entrecruzadas, espirales, cuadros cuadripartitos así como el recurrente círculo con punto central. Esta faceta es la más oxidada y visible. Hacia el norte la faceta más pequeña presenta una serie de figuras geométricas entre ellas dos espirales, una de seis giros con círculo central y la otra de cuatro, así como también una serie de signos encerrados en un cuadro. La faceta orientada al este presenta las mismas espirales, círculos concéntricos y aspas, además de otras formas irreconocibles. Es de destacar que en la parte superior de la roca también existen algunos trazos percutidos muy deteriorados así como cinco concavidades. Esta última característica es importante pues involucra la asociación de concavidades y petroglifos lo cual solo lo hemos visto en el valle en el sitio de Chontay en una roca también de gran tamaño.

Sector B
En este sector destaca la presencia de un gran ruedo de 36 m de diámetro, construido para ganado vacuno, con sus respectivos corrales instalados; es posible que sea de la primera mitad del siglo XX, pues aparece en fotos aéreas antiguas. También es muy posible que su construcción haya destruido muchas edificaciones y petroglifos.

Roca 1 (Ab-R1). La primera roca con petroglifos se emplaza cercana a la quebrada este, y es de tonalidad marrón oscura destacando en su parte más alta la única faceta sobre la cual se han efectuado al menos veinte figuras geométricas. La roca debe pesar más de una tonelada y alrededor, y por debajo de ella, se construyó una serie de recintos semicirculares, de modo que la roca es el centro y eje del diseño de los mismos. La faceta trabajada se encuentra orientada hacia el oeste con ligera inclinación. La técnica utilizada es la de percusión poco profunda. Las figuras más recurrentes son geométricas y se distribuyen de manera aislada, principalmente son círculos, la mitad de las veces con un punto central; otra figura recurrente es una en forma de M, otras figuras que destacan son círculos, cruces y cuadros. En conjunto y asociándolas podemos notar que no son superpuestas y se encuentran distribuidas de manera uniforme y a veces alineadas entre sí.

Roca 2 (Ab-R2). Es una de las rocas más grandes con petroglifos. Se ubica a aproximadamente 20 metros al norte de la anterior. Es una roca de granodiorita con inclusiones de otros minerales. Los trazos percutidos se distribuyen por tres de sus facetas y han sufrido gran desgaste por lo cual los trazos son poco reconocibles; sin embargo podemos identificar figuras geométricas y algunas imágenes antropomorfas.
En la faceta vertical orientada hacia el Oeste, destaca la imagen de un rostro trazado geométricamente y que pudiera representar también una máscara con los ángulos superiores rectos y los inferiores curvos, unas líneas verticales cortas representan cabellos erizados, internamente dos puntos y una línea intentan sintetizar los ojos y boca; un cuerpo se asocia a esta cabeza con una línea; otra imagen parece representar un cuerpo humano muy esquematizado. Otras figuras, estas geométricas, representan espirales y círculos con puntos.

Roca 3 (Ab-R3). Es una roca que se emplaza en la parte central de este sector. Es una roca de 1 metro de diámetro cuya faceta horizontal se encuentra alisada y sobre la cual se han elaborado una concavidad central.












































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































4. Consideraciones arqueológicas
4.1 Sobre el emplazamiento 
Una de las características de los sitios arqueológicos con petroglifos en el valle medio es recurrente también en otros lugares de la costa y corresponde a lugares en donde el cauce del río cambia de orientación debido a la acumulación de antiguos aluviones de las quebradas laterales. Las mismas quebradas son puntos de referencia para su ubicación. Se conoce de la existencia de sitios con petroglifos en el valle en contextos geográficos diversos, desde lomas (Quebrada Verde, Guayabo y Quebrada Sol y Luna), asentamientos (Pampa de Flores, Huaycán) hasta laderas de cerros (Chontay). 

En el caso de los petroglifos de Pampa Sisicaya, se encuentran cercanos a vías de comunicación que los conectaban tanto transversal como longitudinalmente a las cadenas de cerros que encajonan el valle; también en Chamallanca existe este camino ascendiendo en zigzag para acceder al importante lugar de Mama, en la margen izquierda del vecino valle del Rímac. En el caso de los petroglifos de Antapucro estos se encuentran cercanos a vías de comunicación que los conectaban tanto transversal como longitudinalmente a las cadenas de cerros que encajonan el valle; de esta manera en Antapucro existen caminos que suben hasta las cumbres intervalles, entre ellas al cerro Chivilca. 

La concentración de varios petroglifos en sitios emplazados en la zona conocida como chaupiyunga de la Costa Central puede tener muchas implicancias; inicialmente podemos considerar que son lugares que concentran un interés ideológico que puede ser reflejado en la función de los mismos; aun así no estamos en condiciones de exponer una distribución cuantificada y jerarquizada de petroglifos en el valle, el proceso de su aparición, vigencia o desuso en el tiempo, ni mucho menos las causas sociales de las mismas. Debemos indicar que el Dr. Javier Pulgar Vidal consideró a sitios así como Centro de Quilcas  (Pulgar Vidal 1963). 

4.2 Sobre el contexto de las rocas
Para nosotros la lectura el paisaje circundante debe formar parte de una interpretación arqueológica de los sitios con petroglifos, por esto es importante recordar que el emplazamiento de casi todas las rocas con petroglifos las hemos hallado en el área de deyección de las quebradas laterales del río, en donde abundan todo tipo de rocas y el espacio horizontal se extiende invadiendo el área del valle. Las rocas utilizadas son parte del material de deyección de tiempos pasados y su distribución distanciada hace pensar que se respetó su posición original, adecuándose las posteriores edificaciones alrededor de la misma. De esta manera las rocas mayores fueron referentes dentro del sitio; la mayoría de edificaciones lo que hacen es respetar la altura de las mismas por lo que sus muros son bajos. Es importante recalcar que los petroglifos no son elementos aislados, sino al contrario, o forman parte de una edificación o son visibles desde un punto visual específico, muchas veces su faceta principal (la mayoría de las veces la única trabajada) se orienta hacia el Oeste, cuando su visibilidad es más notoria en horas de la tarde y alcanza tonalidades rojizas de acuerdo a la oxidación del soporte. Las actividades asociadas a los petroglifos pudieron utilizar estas características de su forma visual.

Las rocas con petroglifos en Pampa Sisicaya se encontraban inscritas dentro de un cerco que permite considerarlas como parte de un escenario cultural independiente y hasta cierto punto cerrado. En Antapucro existen edificaciones (cercos y desniveles asociados a las rocas), técnicas de trabajo de los petroglifos (percusión poco profunda) e incluso la elaboración alfarera (doméstica de cocción oxidante), que podemos considerar como parte del contexto inmediato de los petroglifos y que los vinculan a la misma sociedad, o al menos comparten los mismos rasgos culturales.

4.3 Materialidad y técnica
Todas las rocas son graníticas con pequeñas y diversas inclusiones, todas tienen gran desgaste, oxidación e incluso fracturas superficiales debido a la intemperie; sin embargo se debe señalar que en el caso de las rocas con concavidades estas parecen haber sido elegidas por su mayor dureza y densidad. Es necesario indicar que en las inmediaciones existe gran diversidad de tipos de rocas, desde las andesitas hasta las pizarrosas. 

Técnicamente, los petroglifos han sido trabajados por percusión superficial, casi de manera general. Muchas veces la escasa profundidad no ha permitido conservar claramente los trazos. Algunas de las rocas más grandes poseen superposición de figuras denotando una sucesión temporal y la reutilización del soporte. La realización de las concavidades más profundas parece haber necesitado el auxilio de cuarzos o arena así como agua para lograr el alisamiento característico.

4.4 Sobre las imágenes
Las formas son líneas o áreas que se trazan sobre una superficie y logran proyectar para nuestra percepción y entendimiento figuras; las figuras que registramos son figuras geométricas puras, principalmente círculos o cuadros, o figuras orgánicas libres como bandas serpentiformes, quebradas, espacios vacíos, etc. Muchas veces estas figuras se combinan intentando representar imágenes reconocibles, estas parecen ser casi siempre los principales dentro de la composición de una faceta.

Imágenes
Respecto a las figuras naturalistas que representan imágenes reconocibles estas deben estudiarse con los atributos que puedan vincularlos a la cosmovisión regional y local. Estudios sobre las características formales de los petroglifos intentan distinguir variaciones estilísticas a través del tiempo, nosotros hemos utilizado las que propuso Morales (1993: 139) como referencia para nombrar estas variaciones. Agrupando las figuras existentes en los petroglifos de Antapucro podemos notar algunas características:

a. Imágenes abstractas y geométricas
-Cruz o aspa. Formadas por el entrecruzamiento de dos líneas similares.
-Círculo. Principalmente conteniendo un punto central, es decir expresando la idea del centro.
-Espiral. Que desarrolla de tres a siete giros.
-Línea quebrada. Que se desarrolla sucesivamente formando grecas y cubriendo áreas.
b. Imágenes semi naturalistas geometrizadas
-Sol de ocho rayos. Es una figura representativa del mundo andino, casi un ícono; sin embargo en el registro arqueológico lo hemos encontrado de manera (no muy convincente) en Checta, San Diego en Carabayllo y Cerro Mulato.
c. Imágenes semi naturalista
-Hombre con cabeza circular y punto inscrito.
-Hombre con tocado.
-Ave. Existen pocas figuras reconocibles en flora y fauna, una de estas es un ave de patas largas. 
-Máscaras. Proponemos que son máscaras pues adquieren formas delimitantes distintas al círculo con el que representan la cabeza humana, antes bien son de forma rectangular o en “D”. También poseen trazados ojos, nariz, boca o cabellos de manera exagerada.

Composiciones
En el caso que representen una sola composición, lo que algunos llaman escena, en donde la contemporaneidad de los trazos y el diseño complementario sea evidente, existe una figura central y otras secundarias, manifestando un orden jerárquico que podría tener un significado narrativo. En las composiciones de figuras abstractas estas se manifiestan aisladas y relativamente separadas, sin que las figuras alcancen el perfil de la misma, utilizando solo como conectores líneas. Asimismo los espacios vacíos son distribuidos sobre la roca de manera equilibrada, de tal manera que no existen grandes espacios en blanco. Es casi general que todas las figuras posean cierta independencia, es decir fueron trazadas individualmente; hay ciertas rocas en donde incluso se presentan solas, o sin formar parte de un conjunto, sus rasgos son muy fuertes y muchas veces poseen una centralidad que las ubica en una categoría distinta al resto de las demás formas presentadas en la composición (por ejemplo círculos con punto central). 

-Rocas con concavidades (cúpulas) .
A nuestro entender es otra tipología del trabajo sobre rocas de las que en Pampa Sisicaya existía una roca y en Antapucro Bajo existen varias (al menos seis), igualmente muy cerca de una quebrada adyacente. Un tipo de concavidad destaca por su tamaño y ubicación en la faceta horizontal y alisada de una roca que parece una mesa, otra mesa posee además evidencia de desgaste por el uso de una mano de moler; otras rocas presentan unas pocas concavidades profundas y cercanas entre sí, finalmente otra poseen concavidades pequeñas, apenas perceptibles, formando alineamientos. La recurrencia, número, la forma misma y la técnica de elaboración de las concavidades podrían dar cierto acercamiento a su función, la propia ubicación de estas rocas dentro del contexto espacial este nos alcanza algunos indicadores de su funcionalidad; por un lado es indudable la necesidad de su cercanía a las visuales respecto a las quebradas que pudieran estar activas, esto podría implicar una relación entre las épocas de lluvias y aluviones, tan frecuentes en este sector del valle; cada concavidad podría ser una unidad (no necesariamente de tiempo) aun cuando existan algunas de mayor diámetro que otras, lo cual indica diferenciaciones; por otro lado las rocas con concavidades se encuentran a cierta distancia de las agrupaciones de petroglifos, lo cual podría considerarse como una sectorización y diferenciación en su función. Sólo existe una roca (R-20) que combina petroglifos con concavidades, lo cual es extraño aunque existen otros sitios en donde aparece este tipo de trabajo como en Chontay, algunos kilómetros valle abajo.

4.5. Sobre la función social de los petroglifos
Pampa Sisicaya y Antapucro son sitios que congregaban determinada cantidad de rocas en un espacio limitado y con particulares visuales de su entorno, podría entonces tener una función social directamente asociada con su medio circundante y visible, por ejemplo con el valle, el río, las cumbres de los cerros vecinos, e incluso la profundidad de las quebradas. Además su función tendría que estar relacionada con la particularidad de su materialidad y las posibilidades de las imágenes representadas en ella. De esta forma un petroglifo de acuerdo a su resistencia material ante el tiempo, posee la capacidad por ejemplo de ser un soporte idóneo para transmitir información durante mucho tiempo, y a distintas personas que acudan a su entorno espacial; esta información puede ser entendida por todos o quizás un pequeño grupo; sin embargo lo más probable es que se haya necesitado un correlato humano que complemente su mensaje, o que sustente en la tradición oral sus imágenes. El aprender en el contexto de estos espacios y utilizando como herramienta estos medios estables, garantizaría que el conocimiento se mantenga dentro de un estricto esquema a través del tiempo, de generaciones, esto puede implicar además que existan distintos periodos arqueológicos, hasta cierto punto identificable en los rasgos de las imágenes representadas. Transmitir conocimientos, ideas o explicaciones sobre el espacio-tiempo inmediato implica también plantearnos el idioma en el que se expresaba la gente local y aquellos que acudían a interactuar con los petroglifos; sabemos que la gente se comunicaba constantemente y que es inevitable considerar si los petroglifos formaban parte central o complementaria del discurso narrativo de mitologías regionales. Lugares como Pampa Sisicaya o Antapucro pudieron ser lugares de interacción entre gente que hablaba distintos idiomas (o variantes del mismo), es posible que las imágenes puedan sintetizar parte de estas o complementarlas para transmitir mensajes de profundidad social a pesar del transcurrir del tiempo.

4.6 Sobre la cronología y temporalidad 
De acuerdo a la cronología estilística relativa propuesta por Morales  (1993), las manifestaciones rupestres que registramos en Antapucro no podrían ser anteriores al Intermedio Temprano; además, al no existir documentación arqueológica de sitios cercanos, ni aún restos materiales en superficie correspondiente a alfarería reconocible de este periodo creemos que los petroglifos corresponden a periodos posteriores. El criterio de su emplazamiento, inmediato a las quebradas se repite en la mayoría de asentamientos ychsma del Valle Bajo, y aunque existan edificios o algunos rasgos culturales serranos, consideramos que la gente original de estos sitios eran yungas muy vinculados a los grupos poblacionales ychsma. Aun así, las referencias etnohistóricas (escritas en los momentos inmediatos a la conquista española) mencionan de manera general a los denominados Yauyos; sobre estos se ha explicado (siempre por la información etnohistórica), que eran varios grupos distribuidos en las cuencas altas de los ríos de la Costa Central durante los períodos tardíos; el grupo correspondiente al espacio en el que se insertan los asentamientos de nuestro estudio era al parecer, según esta información, el de los Chaucarima. Es posible que esta franja del valle haya despertado rivalidades por intereses económicos e ideológicos (al incluir wakas), de ser cierto esto explicaría en parte la necesidad del Tawantinsuyu de construir asentamientos (Nieve Nieve) y edificios (kallankas) netamente representativos del poder cusqueño en menos de 50 años.

Consideramos que durante todo este tiempo los petroglifos pudieron haberse renovado constantemente; existen algunas superposiciones de trazos distinguibles en la profundidad de los mismos y en el estado de su deterioro; los petroglifos de Antapucro se presentan en una considerable cantidad, distribución y variabilidad de formas; es muy posible que hayan tenido un largo proceso de vigencia social aunque con algunas imágenes representativas (el sol con cara, bandas, círculo con puntos, etc.) Por otro lado no hemos detectado imágenes asociadas al Tawantinsuyu, como podrían ser por ejemplo una silueta estilizada de llamas o los patrones geométricos plasmados en su cerámica; aunque aún es prematuro aseverar esto.

4.7 Sobre la conservación
Como indicamos, Pampa Sisicaya y Antapucro ya eran conocidos por las referencias de Núñez Jiménez (1986) sin embargo no existía en ningún caso un letrero del Ministerio de Cultura indicando su intangibilidad. Entre el 2010 y el 2018, al menos el 30% de la extensión del sector A de Antapucro Bajo fue destruida; de la misma manera a inicios del 2015 se efectuó el proceso de destrucción del área de petroglifos en Pampa Sisicaya, utilizando maquinaria pesada, logrando aplanar hasta tres niveles de terreno, desplazando los grupos de rocas hacia el extremo de la pampa con el río, conformando un gran muro de contención utilizando las rocas del lugar, de tal manera que las rocas con petroglifos se encuentran allí perdidas

No cabe duda que la protección sobre los sitios arqueológicos no ha sido efectiva, los mismos pobladores y agricultores dicen desconocer la importancia de estos sitios, pues nunca son visitados ni mencionados; por otro lado, amplias áreas en las quebradas, antes no ocupadas, han sido utilizadas por gente local para convertirlas en zonas cultivables de bajo regadío, por ejemplo, zonas de cultivo de tunas en la parte baja de la quebrada de Chamallanca, afectando varios sectores de la zona arqueológica del mismo nombre. En la última década un grave problema que antecede a la destrucción de los sitios ya no es el huaqueo artesanal, sino la privatización de las quebradas para la generación de granjas y su explotación como canteras de construcción. 

5. Conclusiones
El Valle Medio de Lurín fue escenario de procesos sociales durante los períodos arqueológicos del Intermedio Tardío y Horizonte Tardío, es decir entre los 900 d.C. hasta 1533 d.C. sin que exista aún fuerte evidencia de la presencia del Tawantinsuyu en el sitio directamente, más si en los asentamientos cercanos. Las evidencias parecen proponer indirectamente una identificación con los ychsma, pero permeable a influencias serranas o foráneas, y completamente arraigada con la realidad de la llamada chaupiyunga.

La existencia de sitios con presencia de representaciones rupestres en esta parte del valle, no implica que estos existan de manera aislada; las evidencias superficiales permiten incluso asociar áreas de vida doméstica permanente e incluso tumbas (con la presencia de pucullos) con los petroglifos.

Las imágenes que hemos podido identificar, aunque puedan pertenecer a periodos diferentes, mantienen en su formalidad una relación y continuidad, lo cual nos permite considerar que la gente de esta parte del valle sostuvo las prácticas sociales asociadas a los petroglifos durante mucho tiempo. 

La importancia de nuestra área de estudio en el pasado, ya sea económica, política o ideológica, motivó el interés de distintas sociedades para controlar este territorio, desde grupos Yauyos hasta el mismo Tawantinsuyu, sin olvidar la directa intervención colonial. La trascendencia de estos intereses le otorga su identidad local. Creemos de esta manera que la gente local fue la que controló directamente el sitio aun cuando tuvieron que ejercer ciertas estrategias defensivas o de resistencia cultural en algunos momentos.

6. Agradecimientos
Los trabajos de campo en Antapucro fueron realizados en distintos momentos con el apoyo desinteresado de algunas personas entre las cuales destacamos la participación de Christian Tamayo Robles, Sebastián Bernaola Flores, Gabriel Cóndor, Kleyson Lobato y Shym Sheyk Yánfer Alcca.

7. Bibliografía
Albornoz, C. (1989 [1581-1584?]). “Instrucción para descubrir todas las Guacas del Perú y sus Camayos y Haciendas” en Fábulas y Mitos de los Incas, edit. Por H. Urbano y P. Duviols, Madrid, 192 p y ss. 
Alvino, J. (2016). “Arte rupestre en Antapucro. Valle medio del río Lurín, Lima”. Boletín de Lima (186). Pp. 112-126. Lima.
Alvino, J. y Guzmán, M. (2018). “Breves notas sobre la destrucción del patrimonio arqueológico en los valles de la costa central durante el siglo XXI”. Devenir. Revista de estudios sobre patrimonio edificado (9). Pp. 99-116. Universidad Nacional de Ingeniería. Lima.
Alvino, J. y Yánfer, Sh. (2019). Arte rupestre y la muerte en Antapucro. VI Congreso Nacional de Arqueología. 13-16 agosto del 2019. Lima.
Arguedas, J. (1966). Dioses y Hombres de Huarochirí. Narración quechua recogida por Francisco de Ávila (¿1598?), Lima, Museo Nacional de Historia – IFEA.
Ching, F. (2010). Arquitectura. Forma, espacio y orden. Editorial Gustavo Gili. Barcelona.
Espinoza, M. (1973). Topónimos quechuas del Perú, Lima, COSESA.
Guffroy; J. (1999). El Arte Rupestre del Antiguo Perú, Lima, IFEA.
Hesselgreen, S. (1964). Los medios de expresión de la arquitectura. Buenos Aires: Editorial Universitaria. 
Hostnig, R. (2003). Arte Rupestre del Perú. Inventario Nacional, Concytec.
INC (1986), Arte rupestre del Perú. Inventario General (primera aproximación), compilado por Rogger Ravines. Lima. Dirección de Investigación del Museo Nacional.
Koepcke, M. (1964). Las Aves del Departamento de Lima, Lima, Gráfica Morsom S.A.
Marcone, G. (2004). “Cieneguilla a la llegada de los Incas. Aproximaciones desde la historia ecológica y la arqueología”, en: Arqueología de los periodos tardíos en la costa central. Boletín del IFEA. T. 33/3, pp: 735-782, Lima, IFEA.
Morales, D. (1993). Historia arqueológica del Perú, en: Compendio Histórico del Perú. Tomo I. Editorial Milla Batres. 670 p.
Negro, S. y M. Fuentes (1989). “Nieve Nieve. Arquitectura y urbanismo en la Costa Central del Perú”. Boletín de Lima (62).
Núñez, A. (1986). Petroglifos del Perú, Panorama mundial del arte rupestre, La Habana, PNUD / UNESCO.
Pulgar Vidal, J. (1968). Geografía del Perú. Las ocho regiones naturales del Perú, Lima, Editorial Ausonia. 
Rostworowski, M. (1978). Señoríos de Lima y Canta, IFEA. Historia Andina Nº 7. Industrias Gráficas S.A. 281 p. Lima.
(2004). Costa peruana prehispánica. Obras completas de María Rostworowski. Nº 3, IFEA. 376 p. Lima.
Sánchez, Á. (2000). Relaciones sociales serrano costeñas durante el Intermedio tardío en el valle medio del río Lurín, en: Arqueológicas, Nº 24, Pp. 129-147, Lima.
Santo Tomás, D. de (2013 [1560]). Lexicón o Vocabulario de la Lengua General del Perú. Lima: Universidad San Martín de Porres.
Stiglish, G. (1922). Diccionario Geográfico del Perú, Lima. Imprenta Torres Aguirre.


















BUSCA TUS TEMAS FAVORITOS

TE INVITARNOS A SEGUIRNOS