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25 abril 2013

La Plaza central urbana - Arquitecto Jorge Bichara Bitar Ramirez (Colombia)



La plaza es la primera semilla, el germen primigenio del crecimiento de la ciudad.Es la plaza el reflejo de la sociedad que la habita, es la expresión de su existencia, es la materialización de los significados de la comunidad, en los espacios de la plaza se encuentra escrita la historia de la ciudad, como un palimpsesto en ladrillo y piedra que cuenta cada momento de la vida de todos y cada uno de los eventos y acontecimientos que producen la identidad y el imaginario de los habitantes, adheridos como una al ambiente, al aire, a lo intangible que solo puede verse con los ojos de los que saben ver.



Plaza mayor de Lima

La plaza, espacio de la centralidad, nacida del ágora, a cuyo alrededor se ordenaba por leyes de indias, la construcción de los edificios del poder, está grabada en nuestra memoria histórica como símbolo de la fundación  de las ciudades y cuya actividad multifuncional se tornaba en el eje de la vida ciudadana.

La plaza refleja en su marco, el pensamiento de la ciudad, su historia, sus trasformaciones, su morfología, sus ambiciones y su identidad. Cada plaza a pesar del carácter homogéneo que imprime su tipología fundacional, está llena de particularidades impregnadas por la suma de cotidianidades, que cambian el significado, por un nuevo significante marcado por la imagen de la ciudad que se desea. 

La plaza se identifica con el centro de la ciudad, es el ónfalo, el lugar donde las águilas de Zeus juntaron sus garras y danzaron en círculo, el santuario panhelénico al que acudían gentes, ciudades y Estados de todo el mundo, la sede sagrada del oráculo, a pesar que por su dinámica, la ciudad creó nuevas centralidades, nuevas plazas, nuevos parques, sus habitantes nunca aceptaron estos espacios como centros de ciudad.  La referencia siempre es la plaza central como el espacio de la identidad, o en palabras del arquitecto Juan Carlos Pérgolis, “puede decirse que no se conoce una ciudad latinoamericana si no se conoce su plaza, o no se ha estado realmente en la ciudad si no se ha estado en su plaza, en el “parque principal” 



Plaza de la Independencia de Quito


La construcción de lo público nace en la plaza, de la estética ecléctica del ciudadano de a pie, de la construcción vernácula de los usos, anticipados a las formas, que provoca las transformaciones morfológicas, resultados de las necesidades de que encuentran su expresión en los cambios que impone la dinámica socio-económica, superando en tiempo y lugar las decisiones de la planificación urbana y de las políticas de estado. 
   
Por eso, la plaza no es el resultado de las decisiones de gobiernos, ni de ideologías políticas, y menos aún de pensamientos doctrinales impuestos por el poder estatal o religioso. 

La plaza es fruto del pensamiento del hombre latinoamericano, construido durante 500 años de imaginarios y significados acumulados, así como es el cúmulo expresiones urbanas que retroalimentan la identidad cultural, en un proceso comunitario e inconsciente, citando nuevamente a Pérgolis (2006),  “No existe plaza sin la sociedad que se exprese en ella y, al mismo tiempo sienta que ella es su expresión.” 



Plaza de Bolívar Bogotá


Encontramos coherencia en el pensamiento de Rangel (2002) al definir la plaza como “Testimonio de la historia e hito fundamental del urbanismo en la ciudad de América Latina”, tipificando las plazas en centrales, como producto del desarrollo histórico o, simbólica-cívica, como conmemorativa de eventos y/o personas de importante representatividad, ambas clases, centros de actividades y manifestaciones que son capaces de relatar la historia de la ciudad, citando a Borja y muxi (2003), “El pulso de un pueblo se mide por lo que acontece en sus plazas.


JORGE BICHARA BITAR RAMÍREZ
Arquitecto de la Universidad Santo Tomas, Bucaramanga Colombia, docente del programa de Arquitectura de la Universidad de Pamplona, Campus Villa del Rosario, Área Metropolitana de Cúcuta, Colombia,  Candidato a Magister en Arquitectura, Ciudad e Identidad de la Universidad Nacional Experimental del Táchira, San Cristóbal Venezuela, Candidato a Magister en Gestión Urbana de la Universidad Piloto de Colombia, en Bogotá, Colombia, Miembro de la Asociación Colombiana de Investigadores Urbano Regionales, ACIUR, Miembro del  Grupo Metropolitano Binacional GMB, liderado por el Instituto de altos estudios PARA América Latina, liderado por la Universidad Simón Bolívar en Caracas Venezuela, Miembro del Grupo de Investigación Ciudad y Territorio de la Universidad de Pamplona.

Mi actual formación académica y profesional se orienta en el área del Urbanismo, el ordenamiento urbano-regional, utilizando las herramientas de gestión urbana contenidas en la Ley 388/97, la aplicación del derecho a la ciudad como un derecho inalienable de todos los ciudadanos, la Función social ecológica de la propiedad, la prevalencia del interés general sobre el particular, la distribución equitativa de las cargas y beneficios derivados del desarrollo urbano, que permiten el desarrollo de proyectos territoriales a nivel regional, metropolitano, municipal y binacional.

17 julio 2011

CINCO IDEAS PARA EL CENTRO HISTORICO DE LIMA


Presentamos a continuación los proyectos ganadores en este concurso que tenia por finalidad  proponer nuevas ideas para la mejor conservacion del patrimonio edificado de 5 inmuebles notables:

  • La Casa Buque de Barrios Altos
  • La Casa Buque de Moserrate
  • Casa Nº 1029 del Jr. Junin 1029
  • Antiguo Cuartel de Santa Catalina.
  • Casa del Jr. Huanuco 419


Aqui los trabajos: Si desea verlos de mayor tamaño, solo haga click sobre  el gráfico.








15 febrero 2010

La Barriada en Lima, los de arriba y los de abajo Lorena Castañeda


El término barriada no surge a la par con las invasiones que se tomaron en Lima a inicios de los treinta, siendo la invasión un hecho relativamente nuevo, se remitió su definición a viejos conceptos como los de “urbanización o barrio clandestino”. A fines de la década de los cincuenta, el término “barrio marginal” ya era parte del hablar limeño, es así como surge “barriada”, derivación despectiva directa del término barrio, con el que, desde la perspectiva de la élite limeña, se pensaba que era lo afín a la “delincuencia, promiscuidad e inmundicia social” y gracias a nuestra prensa conservadora de entonces, este calificativo fue aun más generalizado.

“Para ningún peruano ajeno al ámbito elitista criollo, con apellidos de ascendencia europea, es un secreto que el Perú es un país discriminatorio. Sin embargo el hecho de reconocer el racismo como parte de una problemática social pasa por darnos cuenta que nuestros derechos están siendo vulnerados (…)”*


Marginal: es aquello de importancia secundaria o escasa, y las personas o grupos que viven y actúan fuera de las normas sociales y comúnmente admitidas.**

Es muy importante entender el término de barriada no solamente dentro de un marco urbanístico, si no también como el impacto social que tuvo en aquellos años, la indicación de marginal como fue calificada, demuestra el concepto de invasión, de irrupción causada por terceros. Estas invasiones eran, para la élite limeña, el foco de “delitos, degeneración e incultura”, para Pablo Berckholtz Salinas, la barriada es una “aberración social, (...) vivienda maldita, carente de luz, de sol, de aire, de limpieza, donde el hombre no encuentra su ración de oxigeno para compartirlo con su familia y cooperar indirectamente con el adelanto racial.”***

En 1957, al crearse la Oficina Nacional de Barriadas, nace la Ley Nª13517 conocida como la Ley Orgánica de Barrios Marginales que la reconoce oficialmente, y que, sin embargo, aún no despoja el término de la connotación peyorativa que atrae. No obstante, dicha ley no repara en el perfil insalubre del barrio, más solo el ‘acceso al suelo’.
Con el tiempo, el término barriada adquiere especificidad y notación, puesto que según reglamento (Ley Nº 13517 de 1961) la unidad de barrio podrá constituirse sobre la base de varias de las mismas, formando así distintas unidades que se agruparán entorno a un posible conjunto urbano que les brinde el equipamiento necesario como para consolidarse como unidad, delimitando su realización como implantación urbanística, definiéndose como Urbanización Popular de interés Social. Por consiguiente y acoplándose a la norma, todas las barriadas obtenían reconocimiento legal, convirtiéndose en urbanización.

Posteriormente, durante el golpe de estado de Velasco, se canceló el término de barriada, para lograr una ‘legitimidad social y política” muy aspirada por el cabecilla de turno, llamándole “pueblo joven”; término que nuevamente cambió durante el segundo gobierno de Belaunde, pasando a ser “asentamiento humano”; cuya vigencia se halla hasta nuestros días. Sin embargo este nuevo término consolida una calificación político-jurídica más que al hecho urbanístico mismo, por lo que el autor considera recomendable el emplear el término barriada ya que explica mejor dicho fenómeno, tanto como connotación histórica y como urbanística.

Conjunto habitacional, ¿a la vuelta de la esquina?

Su definición se remite a la vivienda social realizada por el Estado, un claro ejemplo es Mi Vivienda, que prolifera en cantidad y a la vez criticado por diversos sectores; sin embargo esta caracterización “social-estatal” es discutida pues actualmente proliferan en Lima conjuntos habitacionales desarrolladas por el sector privado, considerando como estos a los tantos edificios por departamentos que invaden a Lima cada día más.

Las tradiciones y urbanismo en Lima

Las diferencias entre urbanización, conjunto habitacional y barriada se aprecian en el carácter de los procesos de producción, intercambio y consumo al que son dirigidos; su diseño y posterior construcción.

Mientras que la urbanización estatal destaca su desarrollo y construcción por el estado peruano, además de no ser sujeta a las prescripciones reglamentarias, llega al usuario a través de diversos procedimientos (sorteos y precalificaciones según el grado de necesidad); las urbanizaciones privadas operan de distinta manera: esta es maniobrada por una empresa privada y profesionales independientes, que se acatan a la reglamentación actual. La primera mantiene el objetivo de solucionar las necesidades de habitabilidad de un sector de peruanos, no muchas veces lo realiza con la imaginación necesaria, me refiero a que no solo las construcciones “bonitas” deben ser creativas; la segunda muchas veces solo piensa en lograr una alta rentabilidad construyendo bloques y bloques de edificios muy parecidos que cada vez densifican más la ciudad, bloques de edificios lo hace cualquiera, lo que se requiere es un nuevo planteamiento de la vivienda.

En el caso de la barriada, es su propia gente la que lo gesta, la que la piensa. El procedimiento es el siguiente: ocupación colectiva o invasión del terreno, su “lotización/ocupación” y su construcción gradual (muchas veces interminable dada la situación de pobreza referida a la(s) familia(s) que la habitan); finalmente muy pocas barriadas se lotizan de manera esquemática y varían de tipo urbanístico a lo largo de la historia.

Las diferencias y puntos de concordancia entre las tres principales tradiciones del urbanismo limeño: la tradición del urbanismo estatal, la tradición del urbanismo privado y la tradición del urbanismo barrial; se generan en sus condición social, material, político, económico, cultural o ambiental.

El transcurso de la historia de nuestra ciudad nos muestra una característica muy ‘peruana’ es el que en ningún otro país de similar desarrollo al nuestro, el barrio puede nacer aún sin tener una vivienda como tal construida o normativas propias que la respalden, menos aún contar con los servicios básicos o cumplimientos de sanidad mínimos requeridos para el desarrollo óptimo de una sociedad, de la persona humana; en otras palabras: lote no definido + grupo de gente = barriada. Muy por el contrario, las urbanizaciones privadas y estatales, presentan una situación y contexto diferentes, además de compartir una postura urbanística, es decir son urbanísticamente concientes de si mismas.




Sin embargo, el Perú ya no puede darse el lujo de continuar viviendo y fomentando esta realidad de barriada o asentamiento humano desprotegido y fuera de la ciudad, esto no solo afecta a la gente de bajos recursos viviendo en barriadas si no también a la sociedad que por permitirles este desarrollo dificultoso y marginal, crea una capa de distanciamiento irracional, ilógico e inhumano fomentando el pensamiento de que sociedad y urbanismo en desarrollo no somos todos, si no solamente de los que pueden.

Urge y es necesario políticas de estado y nuevos planteamientos de vivienda, que fomenten la participación del pueblo y grupos de expertos peruanos que realmente conozcan y estén al tanto de la problemática urbana, peruanos universitarios y profesionales que busquen soluciones a nuestros problemas urbanísticos, problemas de vivienda, y generen soluciones óptimas y creativas para los de menores recursos, dentro de un marco de desarrollo sostenible y realicen trabajos de hormiga que recopilen nuestra historia urbanística y logren finalmente enderezar el árbol urbanístico torcido de nuestra ciudad.


*CHOLO SI, INDIO NO. Vanessa Verástegui Ollé, Estudiante de Posgrado de Antropología en la Pontificia Universidad Católica del Perú. GIM PERU- Grupo Impulsor Contra el Racismo y de la Mesa contra el Racismo de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos.

** Urbanismo marginal para marginados. José María Molina Terrén, España.

*** Berckholtzs Salinas, Pablo. “Barrios marginales-Aberración social.” Pág. 18. Lima.

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