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10 julio 2026

LA MEMORIA DE LA PIEDRA EN LA ERA DEL BIT: FOTOGRAMETRÍA, INMERSIÓN VIRTUAL Y EL PORVENIR DE LOS GEMELOS DIGITALES - MGT. ARQ. SEBASTIÁN GODOY

 


Se camina por el Cusco con la sospecha de que la historia no es un asunto del pasado, sino una materia densa, persistente, que nos interroga desde la severidad de sus muros. En el Qorikancha, ese recinto donde los incas encandilaron el oro para adorar al Sol y donde los dominicos levantaron sobre sus cenizas el templo de Santo Domingo, el tiempo ha urdido una trama de superposiciones que fatiga la imaginación. 

Durante décadas, los intentos por devolverle al complejo su fisonomía prehispánica han naufragado en el océano de las reconstrucciones hipotéticas: maquetas bienintencionadas pero estáticas, y renders tridimensionales de una pulcritud sospechosa que, al pretender dibujarlo todo, terminan por borrar la elocuencia de lo que realmente queda. 

Frente a esa propensión por la conjetura idílica, este proyecto nace de una tozudez metodológica: registrar el presente absoluto, la verdad física y dramática de los recintos que hoy desafían la gravedad en el centro ceremonial. No se trataba de inventar el pasado, sino de capturar la fijeza de la piedra con una fidelidad que lindara con la obsesión. 

Cada sillar, cada esquina donde el ángulo inca desafía los siglos, cada variación cromática dictada por el liquen o el hollín, y cada sutil textura grabada en el basalto y la andesita han sido trasladados al entorno digital con una precisión que no admite la mentira.

Este retorno a la literalidad pétrea encuentra su justificación más profunda cuando se confronta el testimonio de los primeros ojos europeos que contemplaron el recinto en su esplendor. Pedro Cieza de León, ese cronista de andar infatigable y prosa asombrada, anotaba en su Crónica del Perú que en este templo “había la mayor veneración y acatamiento de todo el reino” (Cieza de León, 2005, p. 112), describiendo con minuciosidad un jardín donde las plantas y los animales eran de oro macizo. 

Sin embargo, más allá de la opulencia metálica que desvelaba a los conquistadores, el cronista ponía el acento en la perfección casi milagrosa de su arquitectura, manifestando que “las piedras estaban tan bien asentadas y puestas que parecía toda una sola pieza” (Cieza de León, 2005, p. 113). 

Es justamente esa sutilísima juntura isódoma donde la hoja de un cuchillo es incapaz de violar el espacio entre dos bloques lo que las reconstrucciones virtuales convencionales suelen uniformizar y, por ende, falsear. 

Al tomar como referencia tanto las fuentes primigenias como la célebre maqueta física custodiada en el propio recinto (Patronato de Cultura del Cusco, 2018), esta reconstrucción fotogramétrica prescinde del ensueño romántico para concentrarse en la geografía exacta del monumento actual. 

El resultado no es la ilustración de una teoría arqueológica; es el traslado del testimonio físico de una civilización a una dimensión imperecedera donde la materia, finalmente, se libera del desgaste del tiempo.


Llevar a cabo el levantamiento digital de un espacio de tal densidad sagrada e histórica implica sumergirse en una batalla silenciosa contra las contingencias cotidianas. El primer y más severo de los obstáculos no provino de las limitaciones del código binario, sino de la naturaleza viva del propio lugar: el Qorikancha es un organismo sometido al tránsito incesante de la marea turística, un ir y venir de cuerpos y voces que fragmentan el espacio e imposibilitan la quietud necesaria para la captura fotográfica. 

A este flujo humano se sumó una alarmante orfandad institucional; el proyecto debió abrirse paso sin el respaldo oficial del centro arqueológico, convirtiendo la empresa en un acto de resistencia técnica e intelectual. 

Durante extenuantes jornadas divididas en múltiples sesiones y distribuidas a lo largo de varios días, fue necesario aguardar el instante preciso, el repliegue momentáneo de las delegaciones de visitantes, para disparar el obturador. La luz cusqueña, cambiante y caprichosa, obligó a un esfuerzo de calibración constante para evitar que las sombras proyectadas falsearan la lectura de las texturas.



Sin embargo, el rasgo más desafiante y acaso más democratizador de este proceso radica en el instrumental empleado. En lugar de recurrir a escáneres láser de coste prohibitivo o cámaras métricas accesibles únicamente para presupuestos corporativos, la captura de la información visual se realizó empleando herramientas cotidianas, dispositivos móviles y cámaras de consumo masivo que cualquier ciudadano lleva hoy en el bolsillo. 

Esta decisión, si bien introdujo un volumen considerable de ruido y aberraciones cromáticas en las primeras fases del procesamiento de datos en los softwares especializados, transformó la posterior labor de gabinete en una auténtica artesanía digital. 


La limpieza de las mallas poligonales, la corrección de los errores de paralaje provocados por la distorsión geométrica de las lentes no profesionales y la optimización de las texturas duplicadas exigieron una rigurosa labor de pulido topográfico.

Hubo que purgar el modelo de los fantasmas de los turistas rezagados y subsanar las oclusiones donde la luz común no alcanzaba a registrar el relieve, asegurando que la densidad de millones de polígonos originales se condensara en una estructura limpia, estructuralmente lógica y perfectamente adaptada a las pretensiones científicas del proyecto.



Una vez domada la geometría del templo, el proyecto se enfrentó a un dilema crucial de la arquitectura digital contemporánea: cómo conciliar la inmensa cantidad de datos de un gemelo tridimensional de alta fidelidad con el imperativo ético de la accesibilidad universal. 

La respuesta fue una arquitectura de doble vía. Por un lado, se diseñó un entorno virtual optimizado para su visualización a través de navegadores web convencionales. Para lograr que cualquier persona, desde la pantalla de una laptop modesta o un ordenador escolar sin tarjeta gráfica dedicada, pudiera transitar en primera persona por los recintos sagrados, se llevó a cabo una drástica reducción del peso poligonal de la escena. 

Este proceso de optimización retiene la esencia geométrica y la continuidad del espacio, permitiendo una experiencia inmersiva y educativa que evoca la sensación de aquellos elegidos que, hace siglos, caminaban por el corazón del imperio. 

Es una democratización del patrimonio: el Qorikancha se vuelve libre, transitable y gratuito para el estudiante en Lima, el investigador en París o el ciudadano en Cusco, sin más frontera que un enlace a internet.


Sin embargo, para aquellos campos del saber donde la aproximación somera no es suficiente, el proyecto despliega su dimensión más ambiciosa a través de las tecnologías de Realidad Virtual (VR) y Realidad Aumentada (AR). Aquí no hay concesiones a la resolución; los modelos se presentan en una escala rigurosa de 1:1, preservando la densidad tectónica original del monumento. 

Mediante el uso de cascos autónomos como los Oculus, el usuario se desliga de su entorno físico para habitar el interior de los recintos con un realismo sobrecogedor. El proyecto ha alcanzado su punto más alto en la digitalización del mito o nicho central ubicado en el recinto principal. 

Frente a esta estructura, el observador virtual no solo percibe la escala monumental del espacio, sino que puede aproximarse milimétricamente al aparejo de las rocas para estudiar el sutil almohadillado y las técnicas de pulido que emplearon los maestros constructores incas.




 Asimismo, la Realidad Aumentada convierte las pantallas de los teléfonos móviles en ventanas de inspección arqueológica ex situ. 

Un arqueólogo o un arquitecto, a miles de kilómetros de distancia del Cusco, puede proyectar el gemelo digital sobre su mesa de trabajo, girarlo, seccionarlo y analizar sus juntas desde ángulos imposibles de alcanzar en el sitio real debido a las justas restricciones de conservación. La tecnología deja de ser un mero espectáculo visual para convertirse en una herramienta de análisis científico avanzado.




Limitar el alcance de esta metodología a las fronteras del revoco virreinal o a la geografía sagrada del sur andino sería un acto de timidez intelectual. El verdadero valor de la experiencia desarrollada en el Qorikancha radica en su carácter de arquetipo, un manifiesto técnico y conceptual plenamente transferible a la inmensa, compleja y muchas veces desatendida geografía arqueológica de toda Latinoamérica. 

Desde las urbes de adobe que se deshacen bajo el sol de la costa peruana, como Chan Chan, hasta las monumentales ciudades mayas devoradas por la selva mesoamericana o los complejos precolombinos que jalonan la cordillera de los Andes, el patrimonio de nuestro continente padece una triple amenaza: la erosión climática, la presión del turismo de masas no regulado y la escasez crónica de presupuestos estatales para su mantenimiento. Ante este panorama, los gemelos digitales de bajo costo surgen no como un lujo de la vanguardia tecnológica, sino como una necesidad urgente de soberanía cultural.




 Este proyecto demuestra que la conservación del futuro no dependerá exclusivamente de las resinas químicas o de los cercos de alambre, sino de la capacidad de transformar los monumentos en datos indestructibles. 

Al estructurar una red latinoamericana de gemelos digitales, los centros arqueológicos del continente no solo obtendrían un registro milimétrico utilizable como línea base ante cualquier catástrofe natural, sino que transformarían radicalmente su relación con las comunidades locales y el turismo internacional. 

La navegación gratuita en la web aviva la curiosidad y educa al ciudadano común, mientras que los productos premium en VR y AR cuya implementación de alta fidelidad abre una vía de sostenibilidad económica gestionada por profesionales especializados permiten financiar la investigación in situ.

Hacemos, por lo tanto, un llamado vehemente a la cooperación interdisciplinaria. Es indispensable que arquitectos, ingenieros de software, arqueólogos, historiadores y conservadores de toda la región unan esfuerzos para derribar las parcelas del conocimiento tradicional. 

Solo mediante un tejido profesional integrado y el uso audaz de tecnologías democratizadoras podremos rescatar la memoria de nuestras piedras del olvido, asegurando que el pasado de Latinoamérica no sea solo un montón de ruinas mudas, sino una presencia viva, vibrante y perdurable en la arquitectura del porvenir.




 Bibliografía:

-Cieza de León, P. (2005). Crónica del Perú: El señorío de los Incas (F. Pease, Ed.). Biblioteca Ayacucho. (Obra original publicada en 1553).

-Patronato de Cultura del Cusco. (2018). Guía museográfica y catálogo de la maqueta oficial del Templo del Qorikancha. Ministerio de Cultura del Perú; Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco.

-Apollonio, F. I., Fantini, F., Garagnani, S., & Gaiani, M. (2021). A photogrammetry-based workflow for the accurate 3D construction and visualization of museums assets. Remote Sensing, 13(3), 

Artículo 486. https://doi.org/10.3390/rs13030486

-Mikhail, E. M., Bethel, J. S., & McGlone, J. C. (2001). Introduction to modern photogrammetry. John Wiley & Sons.

-Juckette, C., Richards-Rissetto, H., Guerra Aldana, H. E., & Martinez, N. (2018). Using virtual reality and photogrammetry to enrich 3D object identity. En 2018 3rd Digital Heritage International Congress (DigitalHERITAGE) held jointly with 2018 24th International Conference on Virtual Systems & Multimedia(VSMM2018)(pp.1-5).IEEE. https://doi.org/10.1109/digitalheritage.2018.8810092


MGT. ARQ. SEBASTIÁN GODOY

parejaseb19@gmail.com


16 mayo 2026

EL EXTENSO COMPLEJO ARQUEOLÓGICO DE T'AQRACHULLO EN LA PROVINCIA DE ESPINAR EN CUSCO - INFOBAE - TREXPERIENCE PERU

 


Excavaciones realizadas entre 2019 y 2024 revelaron estructuras monumentales, objetos ceremoniales y miles de piezas metálicas que reforzaron la importancia histórica de T’aqrachullo dentro del Imperio Inca

Durante décadas, T’aqrachullo permaneció como un conjunto de ruinas poco exploradas en los Andes del sur del Perú. El sitio, ubicado en Cusco sobre una meseta cercana al río Apurímac, apenas despertaba interés fuera del ámbito académico. Agricultores de la zona utilizaban parte del terreno para el pastoreo y el cultivo, mientras los arqueólogos registraban fragmentos de cerámica y estructuras dispersas sin una interpretación definitiva sobre su verdadera importancia.

Esa percepción comenzó a cambiar a partir de una serie de excavaciones impulsadas por el Ministerio de Cultura entre 2019 y 2024. Los trabajos permitieron descubrir objetos ceremoniales, estructuras monumentales y evidencias de ocupación de distintas culturas andinas. El conjunto de hallazgos abrió una nueva discusión entre especialistas sobre la posibilidad de que T’aqrachullo corresponda a Ancocagua, una ciudadela mencionada en crónicas coloniales y considerada uno de los templos más importantes del Imperio Inca.

La investigación alcanzó repercusión internacional tras una publicación de la revista National Geographic, que expuso la magnitud del sitio arqueológico. Según el reporte, las ruinas se extienden por 17 hectáreas, una dimensión que supera ampliamente el tamaño de Machu Picchu. El complejo incluye viviendas, tumbas, santuarios y espacios ceremoniales asociados con distintas etapas históricas de los Andes peruanos.

El momento decisivo para las excavaciones ocurrió en septiembre de 2022. El arqueólogo Dante Huallpayunca participaba en trabajos dentro de un recinto de piedra cuando uno de los integrantes del equipo detectó restos metálicos enterrados bajo el suelo de ocupación inca.









El hallazgo permitió recuperar casi 3 mil lentejuelas elaboradas en oro, plata y cobre. Los objetos permanecían envueltos en una bolsa de cuero de camélido y cubiertos con restos de pelo animal. Estudios posteriores determinaron que las piezas pertenecían al siglo XVI y formaban parte de adornos utilizados por integrantes de la élite inca en ceremonias religiosas.

“Muchos arqueólogos jamás encuentran algo así en toda su carrera”, declaró Huallpayunca a National Geographic. El descubrimiento modificó el enfoque de la investigación y llevó a los especialistas a reconsiderar la importancia histórica del sitio.

Las excavaciones posteriores revelaron además collares, pulseras, anillos, herramientas de piedra y restos de cerámica. Parte de los materiales apareció dentro de sectores ceremoniales vinculados con rituales relacionados al agua, el sol y otras expresiones religiosas andinas.

El principal debate entre los investigadores gira alrededor de la identificación de T’aqrachullo con la legendaria Ancocagua. Las referencias sobre ese lugar aparecen en textos coloniales escritos por cronistas españoles como Pedro Cieza de León y Juan de Betanzos.

De acuerdo con esas descripciones, Ancocagua figuraba entre los templos más relevantes del Imperio Inca junto con espacios ceremoniales como Qorikancha y Pachacámac. Las crónicas también señalaban que el lugar fue escenario de enfrentamientos entre los incas rebeldes y las tropas españolas durante los años posteriores a la conquista.












El arqueólogo estadounidense Johan Reinhard sostuvo desde finales de la década de 1990 que T’aqrachullo coincidía con las características geográficas descritas en esos documentos históricos. Sin embargo, durante años la teoría permaneció sin respaldo concluyente.

Las investigaciones recientes fortalecieron esa hipótesis. El descubrimiento de un gran templo ceremonial, junto con restos de antiguas ocupaciones Wari y Qolla, reforzó la idea de que el lugar mantuvo relevancia religiosa durante siglos.

Huallpayunca indicó que los investigadores llegaron a la conclusión de que “este templo sí era muy importante, tanto para la época inca, pero también incluso para otras épocas”.

Uno de los aspectos que más llamó la atención de los arqueólogos fue la extensión urbana del complejo. Según los estudios realizados por el equipo del Ministerio de Cultura, el sitio contiene más de 300 recintos de piedra utilizados como viviendas.

Las estructuras fueron construidas con bloques trabajados manualmente y unidos mediante mortero elaborado con tierra y arcilla. Los especialistas también encontraron herramientas líticas utilizadas en la construcción de los recintos.













Huallpayunca explicó que la magnitud de la ciudadela permitió estimar la existencia de una población considerable. Además de viviendas, el sitio presenta tumbas, áreas rituales y sectores dedicados a ceremonias religiosas.

La revista National Geographic informó que las excavaciones identificaron cerca de 600 estructuras entre viviendas, santuarios y espacios funerarios. Los investigadores también encontraron restos de fuentes ceremoniales y depósitos con objetos metálicos incrustados en piedra.

El arqueólogo Emerson Pereyra, quien participó en las excavaciones, afirmó que nunca observó descubrimientos similares durante su experiencia en Machu Picchu. “Nunca vi nada en Machu Picchu comparable a lo que hemos encontrado en T’aqrachullo”, señaló.

Las investigaciones también detectaron señales de conflictos armados dentro del complejo arqueológico. Entre los materiales encontrados aparecieron proyectiles de piedra, puntas de lanza de obsidiana y esqueletos con rastros de heridas violentas.

Los arqueólogos sostienen que esos elementos podrían relacionarse con enfrentamientos ocurridos durante los últimos años del Imperio Inca, etapa marcada por rebeliones posteriores a la invasión española encabezada por Francisco Pizarro.













Otro aspecto relevante corresponde a la presencia de restos vinculados con la cultura Wari. La arqueóloga Alicia Quirita identificó fragmentos de cerámica asociados con esa civilización durante exploraciones realizadas en la década de 1990.

Los descubrimientos recientes confirmaron que el lugar mantuvo ocupación mucho antes del periodo incaico. Parte de las estructuras ceremoniales tendría una antigüedad cercana a los 2 mil años, según los estudios citados.

Un sitio que busca convertirse en destino turístico

Tras las excavaciones, el Ministerio de Cultura ejecutó trabajos de restauración y conservación en distintos sectores de T’aqrachullo. En 2024 también se habilitó un salón de interpretación destinado a los visitantes.

Según Huallpayunca, el sitio ya recibe turistas locales, principalmente procedentes de Cusco. El arqueólogo indicó que todavía falta desarrollar una ruta turística que integre otros complejos arqueológicos cercanos ubicados en la provincia de Espinar.

El especialista señaló que existen sectores reservados para futuras excavaciones y que nuevas investigaciones dependerán de recursos y gestión estatal. “La arqueología ahorita en el Cusco recién está creciendo y tiene para muchos más años”, declaró durante la entrevista.














Fuentes de Información:

https://www.infobae.com/peru/2026/05/14/hallazgo-milenario-en-cusco-investigadores-afirman-haber-descubierto-una-ciudadela-inca-mas-grande-que-machu-picchu-y-ligada-a-ancocagua/

https://andina.pe/agencia/noticia-descubren-cusco-otra-ciudadela-perdida-inca-cuatro-veces-mas-grande-machu-picchu-1075264.aspx

https://arqueologiadelperu.com/ciudadela-mas-grande-que-machu-picchu/

https://gestion.pe/peru/cusco-descubren-otra-ciudadela-perdida-inca-cuatro-veces-mas-grande-que-machu-picchu-noticia/

https://trexperienceperu.com/es/ultimas-noticias/taqrachullo-nat-geo-nueva-ciudad-inca-cusco

https://larepublica.pe/ciencia/2026/05/15/arqueologos-descubren-en-peru-ciudadela-inca-4-veces-mas-grande-que-machu-picchu-con-casi-3000-lentejuelas-de-oro-plata-y-cobre-604350





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