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16 agosto 2024

REVALORANDO EL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO E HISTÓRICO DEL CALLAO HUACA RESPIRO (PARTE VI) - POR MARILYN FANNY VALDEZ RÍOS

 

                                                 

Continuando con los sitios arqueológicos del Callao tocaremos el caso de otra huaca prehispánica denominada como Huaca Respiro ubicada en el distrito de Ventanilla. En el presente artículo tocaremos los cambios que tuvo que enfrentar la Huaca Respiro, a nivel arquitectónico y sociopolítico, esta huaca poco conocida y estudiada por la arqueología aún tiene mucho que revelarnos, un sitio residencial construida antes de la llegada de los incas y que experimentó una serie de cambios de todo tipo ante la conquista y dominación de los incas.

El sitio arqueológico conocido comúnmente como Huaca Respiro fue una construcción residencial de una élite local que habría desempeñado una valiosa función durante la conquista inca, aunque su origen y estilo arquitectónico corresponde a la cultura Colli, cultura que se asentó en el valle Chillón (Gil R. Ayala 2021).  

Vista aérea de Huaca Respiro (revista Yachay Llacta-2011)      Parte interna de Huaca Respiro (M.V- 2010).


Esta zona residencial se ubicó en un punto estratégico y estaba unida a una red de caminos que recorrió parte del valle Chillón, estos caminos estaban conformados por altos muros que medían entre 3 o 4 m y un grosor de 3 m. De estos muros aún quedan varios restos o evidencias que se han conservado hasta nuestro tiempo.  

Paredes internas Huaca Respiro y las Murallas de Oquendo eran altas y gruesas (Fotos M.F.V.R - 2024).


Antecedentes 

El Chillón tiene una configuración geográfica y ecológica muy compleja, debido a su topografía particular, que presenta 3 espacios ecológicos bien marcados: valle bajo, valle medio y valle alto. Nuestro interés está centrado en la cuenca baja, o valle bajo, lugar donde encontramos una ocupación humana desde el Intermedio temprano hasta el Horizonte Tardío, esto nos ha permitido conocer de manera particular el espacio social construido y transformado como consecuencia del impacto inca.  

  

La Huaca Respiro, Puruchuco y Palacio Oquendo tuvieron similitudes arquitectónicas (Fotos de M.F.V.R).


La dominación Inca

Aunque debemos recordar que los incas tenían la costumbre de conservar y reutilizar los templos, residencias o lugares sagrados en lugar de destruir o arrasar las construcciones locales, y esto también ocurría lo mismo con las zonas agrícolas, las cuales eran reordenadas y redistribuidas en: Tierras del Sol, Tierras del Inca y Tierras del Ayllu local.  

 


 

Huaca Respiro presenta muros y arquitectura similar con la Muralla 55 E en San Miguel (Fotos M.F.V.R).


Los datos etnohistóricos de Dillehay (1976), y Rostworowski (1982) señalan que la unión o integración del valle del Chillón al Tahuantinsuyo fue mediante la conquista, la guerra, guerra generada por el Inca Túpac Yupanqui, alrededor de la segunda mitad del siglo XIV. Se menciona que el Señorío Collique ofreció resistencia a las tropas del inca, estoy dio lugar a gran enfrentamiento en el cual muchos yungas perdieron la vida defendiendo sus territorios, donde el señor principal fue muerto en pleno combate y luego asumió como principal el curaca de Quivi (Rostworowski,1972, p.33). 

Los documentos etnohistóricos hacen referencia a un hecho importante en este proceso de conquista, la estrategia habría sido el exterminio de la población local orientado a lograr la consolidación y el control político por parte del Estado Inca en el valle Chillón, al respecto (Rostworowski, 1972, p. 34-45) relata: que el curaca de Quivi Chaume Caxa fue acusado de conspirar contra la salud del Inca Túpac Yupanqui, como resultado el curaca fue conducido preso al Cusco, donde fue ejecutado por traición  producto de este hecho la represión en Quivis fue sangrienta, todos los hombres adultos fueron muertos, sólo mujeres y niños quedaron vivos.

Si analizamos estos relatos veremos que la dominación Inca en el valle del Chillón alteró el antiguo orden social, político y territorial de las poblaciones locales que vivieron el período anterior, período donde abundaban las constantes rivalidades entre las poblaciones de la sierra y la costa para tener el control de los recursos del valle medio. Parte de este proceso de cambios se impuso un nuevo orden político y administrativo, se exterminó a la población local, y se repobló con nuevas poblaciones como los Cantas y Chacllas que fueron asentados en el valle medio y bajo, así también como la imposición de nuevas autoridades en el territorio conquistado por los incas. 

Rostworowski menciona que las tierras de los cocales de Quivis ubicadas en el valle medio del Chillón fueron entregadas después de la conquista inca al grupo de los Chacllas y Cantas, leales colaboradores de los incas y estos cumplieron trabajos de mitmaq en la producción de bienes de alto valor económico, tales como la coca, el algodón (que era muy abundante en el valle Chillón) y otros productos que eran útiles para el estado inca (nuevo dueño del valle Chillón). 

El proceso de dominación lo transformó todo, el territorio, la población y otros detalles más, a nivel constructivo también, se dieron cambios y se usaron las residencias locales en el caso de Cerro Respiro se cogieron los espacios internos de la zona residencial y se agregaron elementos incas, pero no fue el único lugar reutilizado, también el Palacio Oquendo y las Murallas de Oquendo sufrieron la misma alteración, estos elementos incas fueron: recintos con doble jamba (doble entrada interna), ventanas o nichos internos, etc. Estas huellas incas se han conservado durante más de cuatro siglos.   


Imagen recreada de Huaca Respiro era semejante a Puruchuco (Fotos de Marilyn F. Valdez Ríos – 2023).

Los gobernantes locales tuvieron que ceder la población, el poder y la residencia local que tenían ante los nuevos dueños, por estos y otros detalles podemos deducir que la conquista no fue un cambio simple y rápido, sino más bien un proceso largo y progresivo. Se afirma que tras la muerte del señor de Collique, ningún curaca local asumió el mando, sino el inca tuvo que colocar como señor a un yanacon yanayacu (criados perpertuos); esto alteró el antiguo orden y obligó a un cambio cultural y sociopolítico en el valle bajo del Chillón (Rostworowski, 1972, p. 34-35). 

Foto del muro 55 E Parque de las Leyendas, la autora del artículo, dibujo de Palacio Oquendo.

Existe muchos misterios que develar sobre Huaca Respiro, misterios que serán develados poco a poco sobre este edificio prehispánico del Perú Antiguo.                                                    En la próxima publicación se profundizara sobre “Huaca Respiro” y su semejanza arquitectónica con Puruchuco, muros de Oquendo y la Muralla 55 E 

                                                                                                     Continuara …


Bibliografía  

Revista Cultural Yachay Llacta  (2011) – pp. 15 - 18

Tosso Robert   Arqueología y Sociedad Tomo I (2006) – “Callao prehispánico” pp. 25-27. 

Huertas C. Juan Historia del Callao prehispánico (2004) – “El Callao milenario” pp. 28-32.


La Doctora Marilyn Fanny   Valdez Ríos abogada de profesión   con estudios concluidos en Post    – Grado en la UNSAAC. Maestría en Derecho Civil y Procesal y Doctorado en Derecho y Ciencias Políticas (2018). Talleres de Investigación Aplicada (2015) – Facultad de Ciencias Sociales UNMSM (2014). Taller de Quipus y Tocapus UNMSM (2015). Escritora de la Revista Rumbos (2020) y Chasquis (2020). 


15 junio 2024

REVALORANDO EL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO E HISTÓRICO DEL CALLAO (PARTE V) - ABG. MARILYN FANNY VALDÉZ RÍOS - V PARTE

 

        

Como se escribió anteriormente los Sectores de Vivienda Oeste y Sector Vivienda Este, posiblemente funcionaron como sitios donde los sacerdotes realizaron diversas actividades, y es necesario más excavaciones y estudios arqueológicos en ambos sectores para despejar las dudas existentes.  



Mapa de ubicación de Cerro Culebras y una parte de la pintura mural (Revista Sian Numero 05-pg 25, 27)

Los siguientes sectores son conocidos como la Quebrada IV y La Pampa de los Perros, ambos sectores no han sido estudiados al detalle por dos motivos principales: En primer lugar, la falta de inversión económica para realizar las excavaciones arqueológicas; en segundo lugar, la falta de arqueólogos locales o arqueólogos interesados ​​en esta fascinante huaca.


Foto de Patterson en Cerro Culebras (1950),  foto de mapa aéreo de Cerro Culebras (1945)

Quebrada IV  

En este subsector se ubica el montículo con planta en forma de “L”, conteniendo recintos en su interior de alrededor de un metro sobre el terreno, no se apreciaba el tipo de material constructivo. El lado oeste del montículo tiene la misma orientación que el muro de cerco trapezoidal de la estructura principal, lo cual puede dar indicio de que son contemporáneos al Sector de Vivienda Este, aunque faltan más evidencias concretas. 

En esta zona se observa una gran cantidad de moluscos y algunos fragmentos de cerámica. No debemos olvidar que Cerro Culebras se encuentra a 2 kilómetros del mar de Ventanilla, no se descarta que haya tenido almacenes para guardar el pescado seco y las ofrendas.


La Pampa de los Perros 

Este subsector presentaba una explicada que no había cambiado mucho a través de los siglos, el suelo de Pampa de los Perros aún tenía restos de una gran población que se asentó en el lugar.

El área norte se ubica en las cercanías de la Quebrada IV, está muy perturbada (alterada), ya que por ese lugar pasaba el antiguo camino carrozable que actualmente es la Av. Chillón, así como la ubicación de la Asociación de Vivienda. Al borde del río, en el noroeste, aproximadamente 100 m del “templo”, este sector estuvo rodeado de basura hace 20 años, pero en la actualidad está limpio, cercado y protegido por un cerco metálico de los investigadores. 

En la foto aérea de 1945, se observa en este subsector, que desde el templo principal de Cerro Culebras parten “muros” que recorren cerca de 300 m hacia el sureste, distanciados por un espacio plano de 150 m formando un espacio trapezoidal, que abarca casi todo el largo y ancho de la pampa. Cerca de su esquina se ubican dos recintos trapezoidales más pequeños, lamentablemente estas estructuras han desaparecido por culpa de los agentes meteorológicos y antrópicos (intervención humana). 

  


Mapa del complejo arqueológico y el mural de Cerro Culebras (revista Sian Numero 21 pp 34 y 38).

Los estudios previos en este subsector, nos indican que al interior del espacio trapezoidal mayor se ubican estructuras de cañas y montículos de baja elevación asociados a gran cantidad de moluscos y construidos con piedras canteadas y adobes. Patterson señala que excavó en esta área cerca de 2 m de profundidad y logró identificar hasta 5 fases de su secuencia estilística (Patterson 1966). 


Foto de la parte lateral y central de uno de los recintos excavados por Patterson (Sian N°22)

Actualmente el avance urbano y las continuas alteraciones de los terrenos cercanos a Cerro Culebras, han deteriorado los muros de cañas y montículos, y las grandes cantidades de moluscos que aún quedaban, así como terrazas de piedra sin cantear, casi han desaparecido, además de los asentamientos humanos y su circulación de personas han causado un daño grave en las antiguas estructuras. Urge rescatar, proteger y estudiar los restos de tiestos del estilo Playa Grande que aparecen cerca y dentro de los recintos mencionados líneas arriba.   

En la misma zona, por el borde del río y fuera del espacio trapezoidal, se pudo observar al menos hasta finas del siglo XX estructuras de cañas y de adobes, que forman terrazas construidas sobre un promontorio natural, y también una plataforma ubicada a 200 m. . . al sur-este del promontorio antes mencionado. Del mismo modo, al lado norte del espacio trapezoidal se ubica (aunque ahora esta casi desaparecido) un montículo formado por dos terrazas edificadas en tapia, al cual se agregaron una serie de recintos que se aprecian en la foto de 1945, y que hoy son inexistentes al menos superficialmente. Este montículo es de forma y orientación similar al existente en la Quebrada IV, que es de mayor volumen. 

Finalmente, al extremo este de la pampa, se localiza un área que al parecer fue un cementerio, que ha sido muy saqueado y destruido, el cual colinda con el cauce de un huayco, que al parecer fue el límite de la población de Cerro Culebras. . . , ya que pasando este huayco los materiales arqueológicos son escasos. 

En esta zona se encuentra un conjunto arquitectónico del período Arcaico vinculado cronológicamente a “El Paraíso”, el cual consta de dos montículos distanciados entre sí por unos 80 m, y un pozo circular hundido en medio de los dos, el cual ha sido construido aprovechando el cauce de los huaycos. En la foto aérea, al norte de estos montículos, se observa un muro que recorre una gran extensión, cercando la quebrada seca ubicada al norte del área, donde hoy se encuentra el Parque Porcino de Ventanilla. 

Este muro en su frente norte, está asociado a una zanja y su presencia se relaciona con los montículos arcaicos por su ubicación y el tipo de material constructivo empleado. En la actualidad el muro sólo se aprecia en la ladera del cerro por la que sube, el resto del muro se ha perdido por el avance urbano.   

   


                  Muro 55 E del Parque de las Leyendas y 
                               las Murallas de Oquendo 
                    (Arqueología del Perú 02 – p36, 39)


Materiales asociados 

Abundan restos culturales (vegetales, óseos, etc.), se encontraron el Cerro Culebras en especial en las zonas cercanas al Edificio Principal ya lo largo de la Avenida Chillón, también se han recuperado restos vegetales comestibles como el maíz (Zea mayz), maní (Arachis hipogaea), pacae (Inga fevilleui), calabaza, (Curcubita sp.), el frejol y frutos como la lúcuma (Lúcuma bífera), la guanábana y muchos tipos de moluscos, sobresaliendo la macha (Mesodesma donacium), el choro, era una rica y variada dieta con productos del mar y la tierra.

El material cerámico es de estilo “Playa Grande”, este estilo tiene decoración y diseño de cabezas estilizadas de peces o serpientes entrelazadas o diseños geométricos en franjas pegadas al borde o al cuerpo de la cerámica. La decoración presenta círculos con dos cocciones y decoraciones en negativo.   

 


Cerámica con estilo interlocking y dibujos de las serpientes de la cultura Lima (Revista Sian 26 – p36.38)


Conclusiones 

Por todo lo escrito o recopilado anteriormente, se puede concluir que Cerro Culebras presenta evidencias de una serie de estructuras construidas con diferentes tipos de materiales, donde el uso alternado de estos estaría respondiendo a diferencias de carácter funcional, sin dejar de mencionar que fue remodelado una y otra vez y con estilos arquitectónicos e iconográficos diferentes entre sí, puesto que cada estilo tiene sus propios elementos artísticos. 

La Estructura principal o “Templo” conforma el “núcleo” del asentamiento, a partir del cual se levantaron edificios secundarios o anexos en los sectores de viviendas. En la Quebrada I tenemos la evidencia de un sector de vivienda, de gran importancia debido a su ubicación, forma, tratamiento y materiales asociados. Correspondería a estructuras de carácter diferenciado, posiblemente a una zona administrativa vinculada a depósitos, cementerios y áreas con ocupación doméstica.  

La existencia de áreas cercadas en la Pampa de los Perros, con estructura de quincha y montículos pequeños al interior, evidencia que fue una zona restringida dentro del sitio. En cambio, las estructuras ubicadas en las Quebradas II, III y IV, son complejos diferenciados entre sí, y cada uno cumple una función diferente, que por las evidencias halladas no serán usadas para el uso doméstico.  

Las viviendas encontradas en las diferentes excavaciones revelan que fueron usadas con diversos finos y se ubican generalmente cerca de los recintos de gran tamaño y fueron construidas con quincha, adobe y caña que crecía en abundancia cerca del río Chillón. 

Un asentamiento constituye la expresión física de una sociedad y muestra o deja rastros de las costumbres, creencias, diversos objetos de una cultura única en este caso de la cultura Lima, es necesario más estudios e investigaciones en Cerro Culebras.

Cerro Culebras es muy importante y representa uno de los primeros ejemplos de un “centro urbano” orientado por las características de sus estructuras.

Finalmente instamos a que la pintura mural de Cerro Culebras sea protegida, preservada y estudiada para que sea exhibida y enriquezca no solo a los arqueólogos y estudiosos, sino también a la población local que tiene derecho a preservar su patrimonio de sus ancestros y pasarlo a las próximas. generaciones. 

En la siguiente publicación o artículo, se tocará el tema de las “Murallas de Oquendo”, y todos sus misterios que irá desarrollándose poco a poco de forma. 

  

Bibliografía  

Ministerio de Cultura - Huaca Culebras Una propuesta de Política Cultural para el Desarrollo (2017) – pp. 35 - 36

Tosso Robert Arqueología y Sociedad Tomo I (2006) – “Callao prehispánico” págs. 25-27. 

Huertas C. Juan Historia del Callao prehispánico (2004) – “El Callao milenario” págs. 28-32.

Revista Sian (2002, 2004, 2005) “La arquitectura de Cerro Culebras” pp.25-32. 

Revista Sian (2007, 2009) “Cerro Culebras y su iconografía” págs. 25-31.

  

La Doctora Marilyn Fanny Valdéz Ríos , abogada de profesión con estudios concluidos en Post – Grado en la UNSAAC. Maestría en Derecho Civil y Procesal y Doctorado en Derecho y Ciencias Políticas (2018). Talleres de Investigación Aplicada (2015) – Facultad de Ciencias Sociales UNMSM (2014). Taller de Quipus y Tocapus UNMSM (2015). Escritora de la Revista Rumbos (2020) y Chasquis (2020). 



12 marzo 2022

EL BALNEARIO DE CERRO AZUL - HISTORIA Y PRESENTE EN IMAGENES - TEXTOS DE MIJAIL SANTOS MARTELL

 


El kilómetro 132 de la panamericana sur es el hito que marca la ubicación de Cerro Azul, uno de los distritos y balnearios de la provincia de Cañete, donde la belleza de los atardeceres nos recuerda historias legendarias de batallas y hombres milenarios.

     La ruta es dócil cuando sentimos en la piel el aroma del mar. Cerro Azul pueblo, Cerro Azul playa. Mientras nos empolvamos los pies por sus angostas callejuelas de aliento rural y atmósfera sencilla, tenemos la sensación de encontrarnos en una época detenida, barnizada por el ligero y casi corporal viento marino. Dos ancianos  gesticulan, sentados en el pórtico de una casa de un solo piso. Nos ven y sonríen, como dándonos la bienvenida. 

     La pequeña plaza de Cerro Azul exhibe una particular glorieta de madera, coronada por una pequeña torre con reloj, sobre una pérgola novecentista. Alrededor del perímetro se levantan diversos negocios: farmacias, licorerías, bodegas, fondas, restaurantes. Vemos también algunos ranchos de inicios del siglo XX, casonas de techos altos y solares que hoy se han convertido en lugares para encontrar una buena comida o en hospedajes para todo bolsillo. 

     En el muelle el oleaje nos refresca con tan solo oírlo bramar. En medio de este oasis pueblerino, irrumpe de pronto en la memoria aquel hit de 1962, “Surfin’ Safari” de los Beach Boys, que inmortalizara y pusiera a Cerro Azul en los oídos del mundo. La letra rinde homenaje a las olas de este balneario: They’re anglin’ in Laguna and in Cerro Azul/ They’re kicking out in Doheny too/ I tell you surfing’s mighty wild/ It’s getting bigger every day/ From Hawaii to the shores of Peru. 

Cerro Azul arqueológico

Pocos visitantes tienen idea del significado de Cerro Azul para la historia del Perú. En tiempos prehispánicos estas tierras fueron pobladas por los huarco, un señorío que ocupó la parte baja del valle hace aproximadamente 800 años, y cuyo jefe máximo era el curaca Chuquimanco. 

Así lo aseguran los especialistas del programa de investigación el Huarco-Cerro Azul, del Proyecto Qhapaq Ñan del Ministerio de Cultura. Luego, entre los siglos XII hasta el XVI, este espacio fue ocupado por diversos asentamientos de pescadores y  agricultores que se dedicaron a trabajar las fructíferas tierras del valle. En el 2014 se hallaron antiguos restos de cultivos de hoja de coca, algodón, frijoles, ajíes, maníes y pallares.

     Las edificaciones de orden sagrado que encontramos en el cerro El Fraile indican también una ocupación inca. Se cree que este espacio estaba ligado al culto marino y su acceso estaba restringido solo a un grupo selecto de personas. Según los arqueólogos que estudian esta zona, los huarco opusieron gran resistencia a los hombres encabezados por Túpac Yupanqui. Hubo, por así decirlo, una convivencia hostil entre los huarco y los pobladores incas que llegaron de distintas partes del imperio. 

     Por los hallazgos en el sitio arqueológico Cerro Azul, se deduce también que hubo un intercambio sostenido de productos costeños y andinos. Se han encontrado espacios reservados al secado del pescado y canchones que alguna vez albergaron auquénidos traídos de las partes más altas de los Andes. 

Lo más extraño, sin embargo, es que hasta el momento no se han recuperado restos de embarcaciones, por lo que se cree que la pesca se realizó en las orillas, y quizá por inmersión, para obtener mariscos y otros productos del mar. Otra de las actividades reportadas por el material arqueológico es la textilería. Tres mujeres con ajuar de textileras fueron descubiertas por la arqueóloga norteamericana Joyce Marcus, además de instrumentos para la elaboración de telas, como piruros y husos. 

Una fortaleza en el mar

Frente al mar de Cañete, mientras decenas de bañistas remojan sus penas, se pueden observar unos imponentes tapiales superpuestos, que se erigen alrededor de una antigua plaza, donde —se cree— una élite administró los recursos provenientes de la pesca. En la periferia se pueden ver edificaciones más pequeñas orientadas hacia el mar. El complejo tenía también una serie de terrazas en las que se acumulaba la basura y donde, en algún momento, se realizaron entierros fúnebres. 

     Así relata Pedro Cieza de León la presencia inca en los cerros El Fraile y Centinela, en 1553: “Construida sobre una alta montaña del valle más bello, es la ciudadela más ornamentada que se encuentra en todo el reino del Perú, colocada sobre grandes bloques de piedra cuadrada, y con portales y entradas muy finas, y grandes patios. Desde lo alto de su edificio real, desciende una escalera de piedra al mar. Las olas golpean contra la estructura con tal fuerza y furia que uno se pregunta cómo pudo ser construida tan fuerte y hermosa… 

En toda esta poderosa construcción, que es tan grande como he mencionado, con piedras de gran tamaño, no hay morteros ni ninguna señal de cómo fueron colocadas las piedras ahí, y están tan juntas que es difícil ver la juntura”. 
     Durante el gobierno del virrey Toledo este sitio fue seriamente dañado. Las piedras fueron retiradas poco a poco para ser usadas en construcciones de tipo diverso. El esplendor inca y los remanentes huarco habían sido vulnerados. 

Playa histórica

De acuerdo con el historiador Juan Luis Orrego, existen dos posibles orígenes para el nombre de Cerro Azul. Por un lado, cita al cronista Cieza de León, quien aseguraba que existía una fortaleza pintada de verde, que vista desde el océano tomaba un matiz azulino. Pero también, según Orrego, el antropólogo norteamericano Alfred L. Kroeber y el médico viajero alemán Middendorf consideraban que a distancia los cerros frente al mar se aprecian azulados debido a las tillandsias (o plantas del aire), que crecían en estos relieves.

     Durante los años 1600, las costas de Cerro Azul también fueron testigos de combates navales encarnizados, fechorías de piratas y terroríficos corsarios, como el mítico holandés Joris van Spilbergen. Este, enviado por su país, tenía la misión de encontrar una ruta hacia el Asia. En 1615 avanzó hasta el Callao y causó zozobra en Lima. 

De este momento estelar del terror capitalino proviene la escena en la que santa Rosa de Lima se despojó de sus vestiduras e interpuso su cuerpo para proteger al Cristo en el Sagrario de Nuestra Señora del Rosario. Según el historiador y marino Jorge Ortiz Sotelo, como consecuencia de esas luchas, quedaron sumergidas en el mar de Cerro Azul “dos naves de la Armada del Sur, el galeón Santa Ana o Visitación y un patache”. 

     En 1830 se expidió un decreto —cuenta Orrego— que habilitó el puerto para llevar desde ahí los productos del valle de Cañete y el guano de las islas aledañas. Los dueños de las haciendas próximas construyeron entonces hermosos inmuebles que sirvieron de alojamiento temporal para quienes realizaban las labores de embarque. Estas casonas, de patios y jardines interiores, le dieron a Cerro Azul una atmósfera republicana. En palabras del escritor y periodista Mirko Lauer, bullía en Cerro Azul “una pobreza amable, bucólica y tradicional”. 

     En 1881 el puerto también padeció la ocupación chilena. Sus muros de defensa fueron demolidos. En 1903 desembarcaron en el lugar inmigrantes japoneses —son conocidas las familias Maeda, Watanabe, Hirakawa, Takase, que pusieron negocios en el balneario—. En 1920 se masificó la producción de caña de azúcar y en 1925 se construyó el actual y emblemático muelle de concreto, y surgieron las empresas de aduanas. Mucho después, en 1972, durante el gobierno del general Juan Velasco, se declaró Cerro Azul como puerto menor. Entonces decayó su movimiento comercial y marcó el fin de una época dorada. 

El mar nos regala un atardecer meditativo, a pesar de la multitud que colma las arenas húmedas bajo la espuma. Desde el muelle observamos, como jueces candorosos, el deslizamiento de surfistas avezados ante la escultura orgánica de la ola cañetana. Atrás nos vigilan una feria de artesanía bulliciosa, los últimos devaneos de la pesca, la risa y la embriaguez de los nobles hombres de mar que destejen sus redes imbricadas. El naranja y el fucsia del cielo opacan el azul. Es hora de irse con un poema bajo el brazo. Un respiro inmortal después de tanta vida. 


Planos del Balneario








Fotos de Huarco - Patrimonio Arqueológico 









Fotos antiguas de Cerro Azul







Paisaje y naturaleza










 
Fotos de la Playa
















Fotos Urbanas de cerro Azul




















Fuente de información textual

Mijail Santos Martell




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