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15 noviembre 2010

IDENTIDAD E INTEGRACIÓN DE LA ARQUITECTURA CON EL PAISAJE Y EL ENTORNO URBANO



Hay profesionales que piensan que la Sustentabilidad es una moda que pasará pronto sin penas ni gloria.  Huelga decir que esta es una opinión que no compartimos porque en la esencia del concepto de la Sustentabilidad está la idea de herencia, de continuidad, de permanencia. Por lo tanto todo lo efímero (como la moda) es intrínsicamente no-sustentable y un edificio se acercará mas a estos conceptos en la medida que perdure, tanto materialmente como en la consideración y valoración positiva de las personas.





Quienes así piensan, apoyan esta presunción en la suposición que la Sustentabilidad solo consiste en la aplicación de ciertas recetas constructivas para  disminuir  consumos de energía, ahorrar agua o reciclar residuos y que la Arquitectura en su complejidad y posibilidad expresiva es mucho mas que esto. Este último concepto si lo compartimos.


Quizás esta idea errada de lo que significa la sustentabilidad es consecuencia del enfoque que aplican los métodos de certificación, que reducen a la arquitectura al cumplimiento de una serie de parámetros o indicadores (muchas veces arbitrarios) resultado de los cuales la Arquitectura es Sustentable si suma los suficientes puntos en este particular ranking.






Tampoco compartimos este enfoque.


Una particularidad que consideramos esencial para esta búsqueda conceptual, es obtener de un edificio Sustentabilidad Cultural. A nuestro criterio, esto se consigue cuando el edificio se integra y forma parte de un paisaje, de un espacio urbano diferenciado y muestra una clara identificación expresiva con el sitio y su gente.



Sería muy largo de analizar el hecho de que en el siglo XXI, los edificios no deben de ser concebidos para gratificación de un monarca, ni de un mecenas, ni de un magnate o corporación, ni de un político egocéntrico y, en lo posible tampoco para alabar el ego de sus proyectistas, sino (fundamentalmente los edificios públicos) para servir y gratificar y elevar la dignidad de las personas. En este cambio de destinatarios está  el meollo de la cuestión.

Mas información en
http://www.arqsustentable.net/actualidad.htm


15 julio 2010

VIVIENDA URBANA Y POPULAR EN CUSCO - Libro del Arq. Wilfredo Carazas Aedo



El adobe, o bloque de tierra sin cocer moldeada en forma de ladrillo y secada al sol, es un material de construcción muy presente en la historia de las civilizaciones peruanas. Fue ampliamente utilizado para la realización de conjuntos urbanos que pusieron de manifiesto sus cualidades. Esas construcciones de adobe atravesaron los siglos, resistieron la época moderna y el impacto devastador de la industria de la construcción que generalizó el empleo del hormigón. También resistieron a los organismos gubernamentales que se niegan a reconocer las cualidades de este material milenario y quisieran darle un carácter ilegal.

Perú ha sido arrasado por sismos, en particular en las regiones andinas en que un porcentaje considerable de viviendas están construidas con tierra, adobe o tapial o quincha. El catastrófico seísmo de 1950  destruyó considerablemente la ciudad del Cusco, causando directa o indirectamente el derrumbe del patrimonio de antiguas casas coloniales. Éste, en su mayoría, se encontraba en mal  estado de conservación. Fue la oportunidad que aprovecharon algunos para desvalorizar el adobe.

Se habló entonces de modernizar la ciudad. Había que imponer normas que limitaran la utilización de la tierra y otros materiales tradicionales, a fin de legitimar mejor el empleo del hormigón, que aparecía entonces como un material más resistente frente a los problemas geotectónicos.

En comparación con otros materiales la tierra es un material que permite construir casas a bajo costo al tiempo que posee excelentes cualidades. Es más, la tierra permite realizar una arquitectura que responde a las necesidades actuales. Muchos profesionales pueden haberlo olvidado, tal vez por falta de conocimientos, o por deficiencia o deformación de la capacitación adquirida en las universidades y escuelas de formación técnica. Todo ello concurre a una reflexión discriminatoria que no toma en cuenta las necesidades y las posibilidades de la población. Ésta, por su parte, reflexiona con criterios falsos que deforman la realidad. Cualesquiera sean sus sueños y aspiraciones, deberá no obstante resolver su necesidad de vivienda aplicando su conocimiento de las técnicas de construcción. La mayoría de las veces, empero, olvida que la forma simple puede brindar posibilidades creativas en materia de concepción arquitectónica.

Cuando se estudian los problemas relacionados con una casa construida con tierra se tiende a aislar el material del contexto físico y a designarlo de modo simplista como material no adaptado a la construcción. Se olvida que en la construcción intervienen otros factores. En efecto, hay que tener en cuenta la calidad de los materiales y las técnicas de construcción, las modalidades de ejecución, las condiciones topográficas y climáticas y la economía de los habitantes. De hecho, cuando se plantea un problema, es necesario explicarlo determinando su origen.

Es evidente que no se puede comparar la tierra con el hormigón, así como sería una pérdida de tiempo buscar soluciones “mágicas”. En efecto, el adobe posee limitaciones estructurales pese a que su calidad para la construcción sea más bien satisfactoria.

La búsqueda de soluciones coherentes y racionales, sobre la base de las tradiciones de construcción locales, permitirá superar los desencuentros que puedan surgir entre los profesionales de la arquitectura y los habitantes. Sucede que cuando un profesional propone a los habitantes un nuevo material o una nueva técnica de construcción que les son ajenos, tropieza a menudo con su incomprensión.
Los rasgos característicos de la cultura andina, las formas de vida y de trabajo comunitario, siempre muy presentes en el proceso de urbanización de los sectores populares, merecen ser tomados en consideración en la planificación urbana y en los criterios de administración del Estado.
La capacidad creativa del trabajo comunitario y su organización difieren de las disposiciones jurídicas.
Pero, ¿por qué no podría esta forma de organización generar más interacciones entre la población y el Estado, con miras a propiciar un desarrollo urbano más coherente?


Wilfredo Carazas Aedo es un arquitecto nacido en el Cusco (Perú) y diplomado por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Antonio Abad (UNSAAC) del Cusco. En la actualidad es investigador asociado en CRATerre (Centre International de la Construction en Terre) y participa en actividades de formación, investigación y Asesoramiento internacional en numerosos países.
Antes había ejecutado en el Cusco proyectos de casas individuales, en los que valorizaba el material tierra y había rehabilitado algunos barrios populares. En 1991 colaboró en el proyecto de conservación del centro histórico del Cusco y efectuó una evaluación del estado técnico y los bienes inmuebles del centro, por encargo del Ayuntamiento. Dentro del marco de desarrollo del “proyecto Terra”, que asocia el CRATerre al ICCROM (Centro Internacional de Estudios de Conservación y Restauración de los Bienes Culturales, Italia) y el GCI (Getty  Conservation Institute,  Estados Unidos), formó parte (1996 y 1999) del equipo de instructores de los cursos panamericanos sobre conservación y gestión del patrimonio arquitectónico de tierra que se celebraron en Chan Chan (Trujillo), en Perú.


AQUI EL TEXTO COMPLETO DEL LIBRO: ( Puede bajar una copia para Usted)



15 marzo 2010

Caracas, un desafío urbano - Ing. Alejandro Salimbeni



 Sin lugar a duda Caracas es todo un desafío para los urbanistas, situada en el valle del río Guaire, separada por el Parque Nacional El Ávila del Mar Caribe y a una altitud promedio de 900 metros sobre el nivel del mar conjuga en un solo núcleo urbano factores socioculturales, ambientales y económicos diversos.


Vista de la Ciudad de Caracas desde el Parque Nacional El Ávila.

La flora y fauna prolifera favorecida por un entorno tropical con abundancia de precipitaciones durante gran parte del año. Dado al relieve, la vegetación adquiere un desarrollo vertical que va desde las sabanas a nivel del mar, bosque, selva nublada con helechos, orquídeas, bromelias y paramos superando ya los 2200 metros de altitud.

Una ciudad que crece sobre un valle, barriadas que amenaza con la devastación de habitad naturales que albergan a miles de especies entre aves, reptiles, mamíferos e insectos; una vialidad de calles serpenteantes entre cerros y quebradas. No resulta extraño hoy aunque ya muy poco probable cruzarse en medio de una vía con una “perezosa”



Querrequerre (Cyanocorax yncas) ave típica de bosques y selvas húmedas.

Dos únicas autopistas recorren de este a oeste la gran ciudad, la Avenida Boyacá  que delimita al norte con el Parque Nacional El Ávila y la autopista Francisco Fajardo sobre el centro del valle paralela al río Guaire.

Caracas nos sorprende por la riqueza en su arquitectura, su casco histórico, edificios monumentales de la magnificencia petrolera de las década del 70,  barriadas extensas como Petare, de viviendas humildes, pueblos turísticos como El Hatillo que conservan sus rasgos coloniales y  centros comerciales, lugar hoy de  preferencia para el esparcimiento de los caraqueños.



http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com/2010/03/caracas-un-desafio-urbano-ing-alejandro.html

Por la inseguridad la ciudad de Caracas se recluye en si mismo, alambradas eléctricas, rejas y murallas encierran edificios y urbanizaciones. Pequeños pulmones verdes salpican la ciudad, muy pocos superan los centenares de metros, el Parque Los Caobos junto al Jardín Botánico al Oeste de la ciudad y El Parque del Este hacia el oriente. Las quebradas y riachuelos naturales han quedado sepultados en su mayor parte o de espalda a la ciudad, ocultos entre las edificaciones, pocos se conservan y tienen acceso al público como el Parque Los Chorros al pié del Ávila.

Santiago de León de Caracas, tiene todo esto, conserva el encanto de una metrópolis  enclavada en un lugar paradisíaco, favorecida por clima benévolo y de abundancia natural, con una amplia biodiversidad de especies. Todo un complejo ecosistema urbano, un reto que tenemos por delante.

(Continuará)



Ing. Alejandro Christian Salimbeni
UBA, argentino, actualmente en Venezuela
Director ejecutivo de Ecofashion Design
www.ecofashiondesign.com
acsalimbeni@ecofashiondesign.com
Cel: 58 414 900 0236






15 enero 2010

LOS BARRIOS DE LA CIUDAD Lorena Castañeda




“Los pueblos que no analizan su historia están condenados a cometer los mismos errores del pasado...”



¿Es posible aún que una sociedad como la nuestra, tan mestiza de historia, de rica cultura y tradiciones no demuestre orgullo de sí misma al no contar con una memoria escrita de las intervenciones urbanísticas en el desarrollo de la ciudad? O lo que es peor aún, demostrar argumentos y definiciones pobres, que reflejen lo poco y erróneo que se sabe del tema, consecuencia clara de que no existe una fuente que lo respalde y acredite.

Contrario a lo que muchos han de pensar, las mas interesantes recopilaciones, única base de datos actual para la investigación de Lima, proceden de diferentes ramas disciplinarias, distintas a la de urbanismo. Y no es que en todo este tiempo no hayan existido peruanos que se hayan desarrollado en este campo de forma plausible con teorías al respecto; el problema está en el desorden, diversa localización, desbarajuste y desorganización de estos expedientes, desunificado en su totalidad.

Es inevitable, para el desarrollo de toda ciudad, el contar con una memoria urbanística, es decir “un registro sistemático, completo y detallado de las intervenciones urbanísticas realizadas sobre su suelo por agentes como el gobierno, el sector privado o la iniciativa de los propios pobladores”, sin embargo Lima, no contaba con este archivo.

La información hasta la fecha no está completa, no es sistemática, es por ello que el autor de “Lima Historia y urbanismo en cifras 1821-1970”, el arquitecto Wiley Ludeña, ha realizado la maratónica acción de recopilar toda información de la obra urbanística construida en Lima, desde el período de formación de la República hasta la actualidad, una base de datos que no siga la llamada “moda estadística”, el autor, al realizar esta búsqueda, ha interpretado la realidad, y al archivarla, ha partido de la premisa de la existencia de una sola matriz productiva, organizando la información en función a tres principales tradiciones del urbanismo limeño: la tradición del urbanismo estatal, la tradición del urbanismo privado y la tradición del urbanismo barrial, definiendo así, 55 variables de estudio.

En el transcurso, el autor se dio con la sorpresa de contar con hallazgos de carácter documental, por ejemplo el ‘primer’ empresario urbanizado “La Chacrita” (1859), las condiciones de la vivienda obrera, entre otras.

Un hecho importante a resaltar en las conclusiones del autor, es la comparación de los 3 modelos urbanísticos, el promovido por el estado es el que mayor porcentaje de área libre presenta en comparación al porcentaje de área libre de la privada y la barriada. Ejemplo de ello son las grandes unidades vecinales –Unidad Vecinal Mirones, Residencial San Felipe, etc.- promovidas por los diferentes gobiernos de Prado, Leguía y Belaunde.

Las ciudades son un producto histórico, se van modificando y tienen vida propia, constituido por espacios de distinto formato y características, es a la vez un conjunto social integrado por una comunidad de individuos. Su realidad es dinámica y heterogénea. Sus unidades básicas son el individuo y la vivienda, siendo el barrio su unidad básica de estructuración. Su significado y formato, y la conformación de la misma, se generan en base al barrio de uso residencial, siendo importante a nivel social y vital para la existencia de una ciudad.

Barrio en la ciudad

“Un barrio es en el fondo una metáfora de ciudad que integra a ciudad en su seno, pero a la vez se integra a ella de modo orgánico” (Lima: Historia y Urbanismo, Wiley Ludeña)

La tipología edilicia y morfología urbana alcanza el máximo grado de interacción en el barrio, una de las condiciones para su existencia es la integración de viviendas y equipamiento, este equipamiento es lo que le da unidad y características al mismo, llegando así a consolidarse como hitos urbanos y parte de la memoria colectiva de la sociedad.

El barrio es resultado de las múltiples relaciones con una integridad urbana mayor: la ciudad. La extensión del término barrio ha generado que durante los últimos 50 años exista una variedad de términos para nombrar esta realidad genérica.

Pero entonces, ¿qué es el barrio peruano? En cuanto al caso de Lima y la denominación de barrio, no ha existido un acuerdo explicito para la utilización de este término ni para su conceptualización, muy a diferencia del contexto europeo. Es por consiguiente que para estudiar el concepto de urbanización y barrio, el autor remite a revisión todos los reglamentos públicos de construcciones, desde el siglo XVIII; siendo así como encuentra la primera definición de urbanización, (Reglamento de Urbanizaciones aprobado el 22 de agosto de 1924), encontrando luego la división de la ciudad en zonas de acuerdo a su función económica-social (1933): zona residencial, comercial e industrial.

Sin embargo en la década del 50, el término de urbanización, adquiere una connotación mas elitista, orientándose a lo ‘moderno’, lo prestigioso y de mayor connotación social; bifurcando desde ya el imaginario colectivo. En cambio con el término barrio, sucede lo opuesto, connota lo popular, siendo el nacimiento de las ‘unidades vecinales’ que en términos normativos constituyen “unidades de barrio”.
Estos términos de urbanización y barrio se validan implícitamente en los reglamentos que fueron emitidos en esos años, estos conceptos cambiantes ahora son literalmente validados y oficializados para el uso lexicológico de nuestra sociedad.

Después de casi 100 años del uso del término de ‘urbanización’, el gobierno de Juan Velasco Alvarado, con el Reglamento de Habilitación y Subdivisión de tierras, lo obvia en los documentos oficiales, utilizando la descripción genérica de ‘habilitación urbana’ para vivienda, introduciendo también el término “pueblo joven”.
Sin embargo el término ‘urbanización’ seguiría usándose en el concepto de áreas urbanas con todos los servicios, puesto que desde antes ya formaba parte del intrínseco social.

No obstante, a pesar de haber sufrido una serie de cambios en su significado, existe un consenso implícito en el contexto peruano; el término urbanización alude a un término de “vivienda de preferencia unifamiliares, levantados sobre un terreno levantado en manzanas y lotes individuales, sin que necesariamente exista un equipamiento colectivo de por medio.” , pero que denote una entidad de interés privado respaldándola.

La permanente transformación de Lima, ha generado la reconversión de las barriadas en brillantes ‘urbanizaciones’, dicha transformación no ocurrió de la noche a la mañana sin un motivo de carácter económico-social que amerite este hecho, el responsable de este fenómeno es la lógica del asenso social, el acortar cada vez más este “bridge-intercultural” del rico-pobre que nos aparta y nos acerca, y cómo?, pues comprando lo que no tengo: el consumismo de imitación.

El barrio peruano tiene dos extremos: la casa-quinta y la ciudad satélite. La primera es una forma colectiva de vivienda, bajo un “solo techo”, que se identifica en su totalidad puesto que la relación se expresa ciudad-vivienda y no ciudad-conjunto de viviendas. Por el contrario, existen barrios tan grandes que en sí podrían llegar a ser una ciudad: la ciudad satélite que se desarrolla como barrio en base al grado de autonomía que tenga sobre la ciudad principal. Si la ciudad satélite se independiza funcional y espacialmente, dejará de ser una barrio como tal. Por otra parte, se considera como unidad menor de un barrio a la manzana-barrio, una manzana es la unidad fundamental de la estructuración urbana, casas en conjunto donde las viviendas de la manzana piensan y se resuelven como una unidad.

En sentido urbanístico, el barrio es “un espacio pensado, y planificado previamente como construcción de ciudad, incluso cuando se trata de barrios constituidos por acción espontánea de sus habitantes”, y tiene tres límites urbanísticos: el definido por el tamaño final del barrio registrado de manera formal, el barrio formado por diversas etapas o sectores durante un transcurso de tiempo, y el barrio que junto a otros con igual carácter y fisonomía, forman un barrio-distrito.

Finalmente, existen múltiples y variadas definiciones de barrio, entre las mas influyentes están la de notación antropológica y cultural, el barrio es gente y espacio con vida; el barrio como unidad social y especialización económica; el barrio como unidad básica de poder; el barrio unido al concepto de dimensión morfológica y rasgos físicos. Sin embargo, el barrio no nace por algún concepto que lo determine, limite o amplíe; el barrio nace en el momento en que el hecho físico es usado como un barrio y sus integrantes interactúen concientes de ser partícipes sociales como tal.

15 noviembre 2009

Regulación del Mercado del Suelo a través de la Fiscalidad sobre la Recuperación de Plusvalías Urbanas - Arq. Jose Antonio Neira R.



Como se afirma, el mercado del suelo tiene una complejidad mayor que cualquier otro mercado, debido principalmente a su particular característica de irreproductibilidad; en mayor medida por la dificultad de repetir su ubicación[1], originando así, que la oferta sobre el suelo sea bastante escasa o inelástica.

Adicionalmente a ello, se encuentran las características especiales de los agentes que intervienen en este mercado, específicamente sobre la variable de la oferta del suelo, donde se ubica a los propietarios del suelo como un grupo heterogéneo sobre sus características y objetivos en relación al mismo: usuarios, inversionistas y patrimonialistas; siendo estos últimos los de mayor incidencia en Latinoamérica, donde además la concepción de la propiedad sobre la tierra presenta características especiales.


Asimismo, es posible afirmar que la dinámica del mercado del suelo se corresponde con las reglas consolidadas por las leyes de cada país; y en ese sentido, en Latinoamérica encontramos las siguientes características típicas[2], tales como (i) la convivencia de mercados formales e informales, (iii) desigualdades espaciales, exclusión, segregación, (iv) grandes áreas sin servicios, (v) ausencia y/o desactualización de informaciones, registros, catastros u otros, (vi) altos costos de transacción, (vii) burocracia, corrupción, improvisación, (viii) concentración de la propiedad y manipulación, (ix) beneficios injustificados o desmerecidos de la propiedad de la tierra.


Entre estos fenómenos comunes, cobra mayor peso el de la informalidad del mercado del suelo, ya sea por una parte debido a la regulación rígida y desmesurada que no es capaz de incorporar la totalidad del mercado dentro de la formalidad, permitiendo que un importante sector del mismo genere forados a los sistemas formales; o por otra parte debido a una débil o ausente autoridad, incapaz de entender y cumplir con su rol regulador a través de las políticas de suelo, la planificación y la gestión urbanística.


Así, de la mano de la explosión demográfica, tenemos en Latinoamérica un mercado del suelo carente de regulación, lo que se manifiesta como principal síntoma en la fuertemente marcada segregación socio espacial de sus ciudades, con un alto precio de los suelos servidos, que a su vez evidencia la incapacidad de la esfera pública de proveer suficiente oferta de suelo servido a precios accesibles.


No obstante existen diversos instrumentos de intervención sobre el mercado del suelo, son los directamente relacionados a la redistribución de la renta urbana[3] los de mayor impacto, tales como (I) las leyes y disposiciones locales, (II) el planeamiento urbanístico, (iii) la fiscalidad general y urbana local, (iv) los instrumentos de tipo económico, (v) de gestión urbana, (vi) de urbanización y patrimonio de tierras; (vii) los instrumentos de democratización y participación social, y (viii) los de Hábitat y regularización de tierras y revalorización del área.


Específicamente en el caso de los instrumentos relacionados a la fiscalidad, encontramos diversas cargas fiscales bajo formas de impuestos ocasionales tales como los que gravan las ganancias de vendedores o arrendadores o también los que se aplica sobre los comparadores (en el caso peruano el impuesto de alcabala) o arrendatarios; o bajo formas de impuestos recurrentes como el impuesto predial cuya aplicación de mayor efecto sobre el mercado suelo se da cuando este sólo grava el valor del terreno y no el valor de las mejoras efectuadas sobre él, pues de esa manera se aplica una carga que castiga la retención del suelo[4].


Asimismo, como otras formas más modernas de cargas fiscales, se encuentran las contribuciones por mejora o por valorización, también denominadas contribuciones especiales que, como forma de recuperación de plusvalías urbanas,[5] consisten en los pagos exigidos sobre los propietarios de un grupo específico de inmuebles beneficiados por la ejecución de una mejora pública, en infraestructura y servicios públicos principalmente, con la finalidad de financiar tales inversiones o sencillamente de recuperarlas y redistribuirlas de manera más justa sobre el territorio.


Debe resaltarse que en las últimas décadas en América Latina el énfasis en la intervención del mercado del suelo se ha puesto sobre los instrumentos relacionados con la inversión de obras públicas, a manera de contribuciones de valorización, y de manera correspondiente a ello se encuentra que el marco normativo de muchos países, cuentan con diferentes mecanismos o figuras legales que permiten a los gobiernos locales ejecutar estas intervenciones para recuperar el incremento de valor correspondiente a las inversiones públicas; aunque paradójicamente el número de casos de recuperación efectiva de plusvalías aún es reducido.


En nuestro país, adicionalmente a ello, en los últimos años se ha mantenido y proyectado el más alto índice de crecimiento de toda la región, con protagonismo del sector construcción; todo esto enmarcado dentro de una política nacional de franco impulso sobre la construcción como agente dinamizador de la economía, pero con una marcada vocación populista de efectos peores aún sobre el ya complicado mercado del suelo nacional. De esa manera, en el caso de Lima se han ejecutado numerosas obras públicas de infraestructura, tanto a nivel distrital como a nivel metropolitano, afectando de manera significativa el valor de las propiedades sobre sus áreas de influencia, y convulsionando la mayoría de las veces el ya complicado mercado del suelo en la ciudad.


Paradójicamente, en la actualidad, la normativa sobre fiscalidad vigente en el país, contempla un solo mecanismo de recuperación de la inversión pública, como es la Contribución de Mejoras a la Inversión Pública[6], y este no se encuentra regulado, por tanto prácticamente no es aplicado; y, adicionalmente, el resto de tributos relacionados con el valor del suelo y la propiedad -a saber el Impuesto Predial y el Impuesto de Alcabala- tampoco están diseñados para captar efectivamente las plusvalías generadas por la actividad urbanística de la ciudad.


En resumen, partiendo de la premisa de que el mercado del suelo se desenvuelve principalmente como una renta especulativa producto del esfuerzo colectivo de la ciudad, debe anotarse que es a partir de los procesos de transformación de la misma, desde la planificación hasta la edificación, que se generan las rentas o plusvalías urbanas. Así pues, a efectos de contribuir con el bienestar general de los ciudadanos y el orden y sostenibilidad de la ciudad; dentro de las actividades del urbanismo se hace necesaria la intervención pública sobre el mercado del suelo que permita una distribución equitativa de las cargas y beneficios de la ciudad, evitando la generación de indeseables fenómenos sociales y económicos por la distorsión del mismo.

Imágenes: Pág.Web Municipalidad Metropolitana de Lima

Autor: José Antonio Neira Reymer


JOSE ANTONIO NEIRA REYMER

Arquitecto, Universidad Ricardo Palma; especialización en Ordenamiento Territorial y Urbanismo y especialización en Gestión Pública por la Escuela Superior de Gobiernos Locales de la Unión Iberoamericana de Municipalistas UIM. Impuestos a la Propiedad Inmobiliaria y Valuación de Inmuebles, Lincoln Institute of Land & Policy. VIII y XI Seminarios de Catastro Inmobiliario, Instituto de Estudios Fiscales de España y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Jefe de División de Inspecciones de la Gerencia de Fiscalización del Servicio de Administración Tributaria de Lima. Docente de Escuela SAT sobre impuesto predial y catastro urbano municipal. Voluntariado en organización internacional de servicio social como coordinador del Programa de Jóvenes para Perú, Ecuador y Colombia para la difusión de programas de educación y liderazgo en Valores Humanos.


[1] MORALES SCHECHINGER. 2008. “Algunas peculiaridades del mercado del suelo urbano”.

[2] SMOLKA. 2004. “El funcionamiento de los mercados del suelo en América Latina”.

[3] URB - AL. 2008. “Instrumentos de redistribución de la renta urbana”

[4] Esto se incrementa cuando incluye modalidades acumulativas sobre la retención del suelo obligando a la utilización efectiva del suelo y reduciendo aún más las posibilidades de especulación sobre potenciales usos futuros.

[5] “… Se entiende por recuperación de plusvalías el proceso mediante el cual el total o una parte del aumento en el valor de la tierra, atribuible al “esfuerzo comunitario”, es recuperado por el sector público ya sea a través de su conversión en ingreso fiscal mediante impuestos, contribuciones, exacciones u otros mecanismos fiscales, o más directamente a través de mejoras locales para el beneficio de la comunidad…”. SMOLKA - AMBORSKI. 2003. “Recuperación de plusvalías para el desarrollo urbano: una comparación interamericana”.

[6] Texto único Ordenado del Código Tributario. Ley Nº 776 - Ley de Tributación Municipal.

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