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16 abril 2026

RESEÑA - CHAN CHAN Y LA CULTURA CHIMÚ - MARCO GENERAL DE LAS INVESTIGACIONES DEL PECACH - NADIA GAMARRA Y CARLOS RENGIFO - MINISTERIO DE CULTURA

 



Hacia el año 850 d. C., las comunidades de la costa norte del Perú experimentaban una serie de transformaciones culturales que alteraron significativamente el devenir de su historia. Las expresiones asociadas con la cultura Mochica comenzaban su inexorable extinción. Era una época de cambios, muchos de ellos radicales, sobre todo en lo ideológico y lo político.

De hecho, a lo largo de su dilatada historia, ningún otro sistema de organización político-estatal —con notables tintes religiosos, valga anotar— ha perdurado durante tanto tiempo en la región; esto es, ocho siglos aproximadamente. Visto desde la perspectiva de una historia a largo plazo, investigar las formas en que se reformularon los principios políticos, ideológicos, y hasta la práctica social, de las poblaciones que habitaron este desértico territorio, resulta un desafío y una obligación.

La arqueología ayuda a identificar, y caracterizar, las manifestaciones de estos cambios. Los especialistas infieren que en cuestión de tres o cuatro generaciones, la vida, o la forma de vivir, en la costa norte peruana, giró hacia una dirección de la cual ya no hubo retorno. 

Así pues, muchas cosas, o casi todas, cambiaron. Ciertamente no podemos observar, o ser específicos, sobre cómo se modificaron los comportamientos o las ideas de estas poblaciones, pero sí que podemos examinar las consecuencias materiales de dichas transformaciones. Por mencionar uno de los rasgos más notables, se dejó de usar la bicromía en la producción de cerámica suntuaria, como también se dejaron de decorar las vasijas y arquitectura con personajes sobrenaturales, guerreros u otros motivos que durante ocho siglos habían caracterizado la iconografía mochica.

















La emergencia de Chan Chan puede ser vista de esa perspectiva. Es decir, Chan Chan fue el resultado de la necesidad de consolidar los principios emergentes durante una época de transformaciones fundamentales en la vida de estas comunidades. Tales cambios resultarían en una nueva manifestación cultural, que hoy llamamos Chimú. 

De hecho, la relación Chan Chan-Chimú es tal que no se entiende el uno sin el otro, cosa que sí puede darse en otras relaciones del tipo cultura-monumento – por ejemplo, durante mucho tiempo se escribió sobre el Imperio inca sin conocimiento de la existencia de Machu Picchu, su monumento icónico; y algo similar podría decirse sobre la cultura Mochica y la Huaca de la Luna, sitio que no fue investigado sistemáticamente sino hasta comienzos de la década de 1990.

Entonces, investigar el origen y desarrollo de Chan Chan resulta clave para entender varios aspectos del pasado de la región —cuestión fundamental si queremos sostener eficientemente nuestro presente y prosperar en el futuro. 

Como toda ciudad capital, Chan Chan albergaba las estructuras gubernamentales y administrativas que organizaban el extenso territorio del reino del Chimor, y muy probablemente haya sido el centro de desarrollo económico y cultural de toda la costa norte. El sitio contiene evidencia de las tendencias tecnológicas y artísticas de la época. 















Estudiar la arquitectura del sitio, tanto la visible como aquella aún enterrada bajo sedimentos arqueológicos, es una forma de aproximarnos a los saberes constructivos de las comunidades chimúes —esto es, conocer sus principios aplicados en la edificación de un palacio versus, por ejemplo, las decisiones tomadas para la construcción de un barrio residencial, así como su lógica en la selección de materiales y ubicación de los edificios, lo que a su vez permite inferir la durabilidad y el resultado visual deseado para cada tipo de construcción. Lo mismo sucede con el estudio de los artefactos, que los hay visibles en superficie como enterrados bajo capas de sedimentos. 

El análisis de esta evidencia permite conocer los tipos de objetos que circularon por Chan Chan, las tecnologías empleadas en la fabricación de cerámica, metales, textiles, objetos de madera, entre otros. Tanto la arquitectura como los artefactos presentan rasgos iconográficos que, si bien pueden corresponder con tendencias artísticas de la época, analizados desde una perspectiva más profunda veremos que se trata de expresiones visuales de ideas, formas de pensar, y modos de concebir una o varias realidades, las cuales pueden ser examinadas sistemáticamente en términos de su desarrollo a lo largo del tiempo, y difusión en el espacio físico y social.

Investigar sitios como Chan Chan, y por ende el estudio de la cultura Chimú, es interesante porque puede revelar aspectos de nuestra propia realidad. 

Como especialistas del pasado, examinamos la cultura material de poblaciones completamente desconectadas de nuestro tiempo y de nuestro mundo occidental, y sin embargo identificamos que varios aspectos de su desarrollo fueron muy similares al de otras sociedades en diferentes partes del planeta con las que estamos mucho más relacionados. 






















Es así que el presente volumen es el estudio de comunidades que, de manera independiente, innovaron características que podemos reconocer en nuestro propio entorno, como las manifestaciones de liderazgo, por ejemplo, la diferenciación social, la religión, o la monumentalidad. 

Lo que el lector encontrará a lo largo de este libro son datos empíricos e interpretaciones sobre la base de recientes investigaciones en distintos sectores y/o componentes de Chan Chan. Estos trabajos contribuyen a conocer cómo fue la vida en esta ciudad y cómo las actividades identificadas en el registro arqueológico articularon con el desarrollo de la cultura Chimú. 

En otras palabras, el presente volumen es una respuesta a la pregunta ¿qué sabemos hoy sobre Chan Chan que no sabíamos antes de iniciar estos estudios? Las siguientes secciones de esta introducción presentan el marco general sobre el que se desarrollan las investigaciones del PECACH investigaciones en el sitio. 

Con esto apuntamos a situar al lector en el contexto de la construcción del conocimiento sobre esta ciudad, a partir de una síntesis de las contribuciones hechas por exploradores, viajeros, científicos, así como por proyectos de investigación y conservación a través del tiempo





Fuentes de información:

https://ddclalibertad.gob.pe/transparencia/pdf/LibroChanChanEsplendorlegado.pdf

https://chanchan.gob.pe/ministerio-de-cultura-pone-a-disposicion-libro-sobre-ultimos-hallazgos-en-chan-chan/

https://es.scribd.com/document/60725356/Museo-de-Sitio-de-Chan-Chan

https://transparencia.cultura.gob.pe/sites/default/files/transparencia/2023/07/resoluciones-ministeriales/anexorm264-2023-mc.pdf

https://patrimoniomundial.cultura.pe/sitiosdelpatrimoniomundial/zona-arqueol%C3%B3gica-chan-chan






16 enero 2022

EL CULTO LUNAR EN LAS CULTURAS PRE – INCAICAS - MARILYN FANNY VALDEZ RÍOS



Introducción 

La Luna era considerada como una diosa o deidad importante en las culturas de la costa norte durante el Horizonte Tardío. El culto lunar fue conocido por las culturas Mochica, Chimú, Wari y Chancay. El culto lunar fue practicado y continuado durante muchos siglos, de forma continua, el culto lunar que se dio en la cultura Inca fue el fin de un proceso cultural y religioso. La Luna era tomada como una deidad que cuidaba las zonas agrícolas y las corrientes marinas. La Luna era la deidad más valorada en las zonas costeras del Perú.  

La Luna fue registrada y considerada al mismo nivel de las deidades de las culturas costeras. Los moches levantaron un templo dedicado a la Luna. Los restos de la huaca del Sol y huaca de La Luna. La Luna era vista como una controladora de las corrientes marinas que afecta a las áreas de pesca y los vientos. Es posible que la cultura Moche y Chimú tuvieran un calendario solar y otro lunar, sin embargo, no se han hallado muchas evidencias materiales sobre estos calendarios. También La Luna guarda relación con las actividades agrícolas.

La llegada de la cultura Wari que floreció hacia el año 500 d.C fortaleció el culto a la Luna, era considerada como una diosa que controlaba las actividades agrícolas. Lamentablemente no se han conservado crónicas escritas, sobre los ritos y actividades religiosos que se dieron en homenaje a la Luna. Sin embargo, se han encontrado algunas imágenes y símbolos y un tazón ceremonial donde aparece la imagen del dios Wiracocha y en sus ojos aparece la imagen de la Luna menguante. Estas imágenes demuestran que la Luna jugo un papel muy importante en la cultura Wari, cultura que después se convertiría en un imperio de gran extensión.

Muchos siglos después de la caída del imperio Wari surgió la cultura Chancay, cultura poco conocida y estudiada por la arqueología peruana. La cultura Chancay consideraba a la Luna como una deidad muy importante y la principal benefactora de las actividades agrícolas y pesqueras. Los hombres de la cultura Chancay consideraban que la Luna guarda relación con la mujer, por eso es que muchos recipientes representaban a la mujer con símbolos que guardan relación con la Luna. La Luna llena era vista como de buena fortuna para los sembríos y la llegada de un clima benigno. La llegada de los incas le dio un mayor realce y fortalecimiento al culto lunar.


Antecedentes  

El registro más antiguo del culto a la Luna en las culturas norteñas del Perú se encuentra en la cultura Moche. Los hombres de la cultura Moche relacionaban a la Luna con las cosechas agrícolas y las corrientes marinas, muy útiles para la pesca. Es posible que los hombres de esta cultura hayan elaborado un calendario agrícola solar y lunar, así como una escritura simbólica que se podía leer en los pallares de manchas oscuras. Lamentablemente toda esta valiosa información no ha logrado sobrevivir, las evidencias directas han desaparecido, pero han sobrevivido las evidencias indirectas. Estas piezas o fragmentos que se han conservado nos brindan algunas pistas del estudio que hacían los sacerdotes del Sol, La Luna y las constelaciones estelares. Una de las pocas huacas o templos sagrados levantada por los moches es la Huaca de la Luna. 


La Huaca de la Luna 

Fue un centro de culto, ceremonial y religioso. En un altar ceremonial del último templo construido, fueron descubiertos los restos de 40 guerreros sacrificados. En la fachada se puede observar una serie de personajes como la “deidad de las montañas” con cinturones que terminan en cabeza de cóndor, zorros con cabezas trofeos, pescadores, una serpiente, grandes cangrejos con cuchillos ceremoniales, personajes tomados de las manos o los sacerdotes de los rituales. Cada figura que se presenta en los muros guardan relación con el culto al agua, a la fertilidad agrícola y a los sacrificios realizados en este templo.

Entre la Huaca del Sol y la Huaca de la Luna se pueden observar otras antiguas viviendas, estos espacios posiblemente fueron usadas para la preparación de alimentos, y también una plataforma que mira hacia un posible altar. El patio mide aprox. 1 Ha, desde donde la población de la zona urbana cercana podía ver la preparación para el sacrificio de los guerreros, sin embargo, el sacrificio propiamente dicho sólo podía ser observado por las altas autoridades. El área intangible está rodeada por la carretera, el valle y casas de pobladores actuales.

La Huaca de la Luna está conformada por tres plataformas (Plataformas I, II y III) y tres plazas (Plazas 1, 2, 3A, 3B, 3C), delimitadas por grandes muros de adobe, que sirven de áreas de interconexión. La Huaca de la Luna presenta base cuadrada de 87 m de lado y 21 metros de altura. 

Los componentes más destacados son los relieves en sus pinturas murales de cinco colores que representan, entre otras figuras, las características y atributos de la divinidad moche llamado “Ai apaec” o “El dios Degollador”. 

 

El interior de la Huaca el espacio está conformado por patios, plazas y recintos que permitían la comunicación entre diferentes ambientes. Puede ser que sean espacios con galerías techadas o no y tenían diseños iconográficos en relieve o pinturas murales. La configuración del edificio ayuda a comprender mejor la estructura de la sociedad moche, con espacios que están íntimamente relacionados.–

Para comprender mejor la estructura de la sociedad moche, es necesario conocer los edificios que levantaron los hombres de la cultura Moche. 


Dioses de la cultura Mochica 

Los mochicas llamaban “Ai apaec a la divinidad principal de su panteón y Alaec pong a la piedra o figura que la representaba.

Otras divinidades eran “Si” llamada “Luna”, “Ni” llamado “Mar”, “Fur” llamado “dios de la muerte”. Los que vivían en el valle de Chicama le rendían culto a su dios “Chicamac”.

A pesar de que Ai apaec era la deidad principal, el culto a Si o la “Luna” era el más extendido debido a la relación que se da entre el mar y la Luna (mareas), esta relación fue muy importante porque los hombres mochicas eran pescadores y navegantes. Los mochicas consideraban más poderosa a la Luna que al Sol. 



Los “eclipses lunares” eran representados en la cerámica como si la Luna fuera atacada y los pobladores elevaban grandes llantos, pero cuando pasaba el eclipse los pobladores lo celebraban con fiestas por el triunfo de la diosa Luna. Para ello se ofrecían muchos sacrificios a la Luna hasta sacrificios humanos. 

Los habitantes de la zona de Pacasmayo (Pacatnamun) rendían especial culto al mar y a esta deidad le ofrecían maíz y almagre.   

El chamanismo estaba muy difundido, lo cual demuestra que la clase sacerdotal no podía controlar toda la ciencia médica tradicional, representada por personas especiales (chamán) que tienen un profundo conocimiento de los efectos de las plantas y minerales locales, los chamanes también estudiaban las posiciones de las estrellas, el Sol y las fases de la Luna.


La cultura Wari y el culto lunar

La llegada de la cultura Wari fortaleció el culto lunar que era muy común en las culturas costeñas. En muchos pueblos que pertenecían la cultura Moche o que guardan relación con ellos fueron conquistados por los Wari. Los Wari posiblemente tenían a la Luna como la “diosa” que brinda su energía y ayuda con el crecimiento y maduración de las plantas. De esta fase del dominio no quedado evidencias directas. Solo se ha podido encontrar una vasija de gran tamaño donde se puede apreciar una imagen del dios Wiracocha, el cual curiosamente presenta los ojos que recuerdan a la Luna en su fase cuarto menguante. Muchos arqueólogos mencionan que las figuras y símbolos eran una especie de lenguaje que lastimosamente se encuentra perdido.  

Según Alberdi Vallejo (2011) La Luna “tiene mucha importancia en el control temporal andino por estar relacionada con la agricultura, tiene íntima influencia en las lluvias mensuales durante los novilunios y plenilunios; se le atribuye relación con las mareas, los vientos, la fecundidad femenina, los nacimientos y el crecimiento biotípico andino” (p. 77). 

Esto significa que las culturas que se desarrollaron en las zonas altas del Perú tenían muy presente a la Luna en sus actividades agrícolas y no sólo el Sol era visto como un ser sagrado “dador de vida”, sino también la Luna. Esta creencia se repite de la misma manera en la cultura Wari y los ojos en forma de Luna nueva del dios Wiracocha es una prueba favorable de este culto lunar.  




La cultura Chancay y el culto lunar

La cultura Chancay – Ancón que floreció entre el 800 y el 1400 d.C. Eran una cultura netamente marina que también sembraba la tierra y tenía zonas agrícolas. Hace muchos siglos los valles de la costa central y norte eran muy fértiles y producían buenas cosechas, hoy en día dicha abundancia ha disminuido grandemente.

Los hombres de las culturas Chancay – Ancón posiblemente adoraban a la Luna como la diosa del mar y la fertilidad. Este culto era tan marcado que los hombres vendaban la cabeza de sus hijos de forma semejante a los Paracas para darle forma de “corazón “o “bilobulada” como es llamada por los investigadores. Esta forma tan peculiar guarda relación con la forma de la Luna.

Los hombres se tatuaban sus cuerpos, brazos y piernas con símbolos sagrados relacionados con el mar, La Luna y la Tierra, así como diferentes tipos de animales tanto marinos como terrestres.

Para algunos estudiosos estos símbolos representaban “figuras ideográficas”, de un lenguaje desconocido que se ha perdido hace siglos y del cual sólo nos ha llegado fragmentos dispersos que no podemos comprender bien porque están separados, pedazos de un “cuadro incompleto” que representan un misterio para los estudiosos de siglo XX y XXI. 

Los Chancay – Ancón representaban a la Luna en forma en forma de mujer con los brazos abiertas y un turbante. Esta cerámica antropomorfa se asemeja un poco a los Cuchimilcos, eran semejantes más no iguales y cumplían funciones diferentes, aunque ambas cerámicas eran depositadas en los fardos funerarios de dichas culturas de la costa central y norte chico. Los Chancay fueron conquistados por el imperio Chimú, imperio que fue contemporáneo de la cultura Inca y con quien se enfrentaría por el dominio de gran parte de la costa peruana. 

 


 

Cultura Chimú y su culto lunar

Los hombres de la cultura Chimú también veían a la Luna como la diosa del mar y la fertilidad. Al igual que los Chancay también poseían símbolos lunares e incluso represento a la Luna en diversos edificios, en la ciudadela de Chan Chan la Luna y el mar aparecen claramente representados y es posible que hayan estado pintado con vivos colores, dichas pinturas se han perdido.

La mitología chimú 

En la mitología chimú el dios Kon fue el creador de esa primera generación de hombres que poblaron la tierra, pero un día fue vencido por el dios Pachacamac quien los convirtió en monos, zorros, lagartos para luego crear una nueva generación de seres humanos. Este mito lleva muchos siglos de sobrevivencia.

La diosa Luna fue llamada Quillapa Huillac, esta diosa era considerada más poderosa que el Sol, ya que podía reinar en la noche y en el día, y era capaz de cubrir al Sol y hacerlo desaparecer del cielo en los eclipses.

Los acompañantes de los dioses principales fueron el relámpago y el trueno, la estrella de la mañana (Achachi Ururi) y la estrella de la tarde (Apadri Ururi), el demonio que vive en la estrella central de la constelación de Orión, esta estrella marca el cinturón del cazador, y que está acompañada por otras dos estrellas (Patas), que son las enviadas por la diosa Luna para vigilarlo de cerca en su desierto y evitar, con su perpetuo presidio celestial, que siga haciendo el mal.

Existen mucha más información, pero se ha perdido con el paso de los siglos y sólo futuras excavaciones y estudios nos ayudarán a develar las respuestas a los misterios de culturas de la costa norte del Perú, como reza un adagio oriental “el desierto solo revela sus secretos a quienes son pacientes y perseverantes”. 


    


Conclusiones 

Se puede concluir que el Sol cumplió varias funciones dentro de las
culturas de la costa sur, central y costa norte del Perú prehispánico.

1.) Se ha demostrado que la Luna era una deidad sagrada que era considerada la diosa del mar y la fertilidad. 

2.) La Luna al igual que el Sol fue venerada desde el Periodo Lítico, Caral, Chavín hasta la cultura Wari y las culturas del norte del Perú  

3.) Se confirma que la Luna estaba considerada dentro de la cosmología andina y costeña y fue representado en los templos, cerámicas y otros materiales más. 

4.) La importancia de la Luna radica en que es un cuerpo celeste que puede verse tanto en el día como de noche y fue considerado más fuerte que el Sol porque podía cubrirlo durante varios minutos.


Bibliografía  

Ramírez Fidel y Deza Jaime – Tercera Edición ((2000) “Cuando los desiertos eran bosques”  

Del Busto José Antonio – Tomo I (1994) “Perú Pre - incaico” –pp 67-69.  

El Comercio – Tomo I “Gran Historia del Perú “ (1999) – pp 46-48. 

Revista de arqueología Sipán “Mitología mochica” Nro. 15 - (2004) pp152-158.

National Geographic “Los templos y murales de Chan Chan” (1997) pp 58 – 65.

Bauer Brian S “Astronomía e Imperio en los Andes” (1998) “Observación la Luna y las estrellas” pp 127-144. 

Asociación Peruana de Astronomía (2002) “Historia de la Astronomía” pp 12- 15. 

Atlas Ilustrado del Cielo “Un viaje entre estrellas y planetas para conocer el Universo”- Susaeta Mario (2002) “América pre - colombina” pp15-18.  

Uhle Max “Los Mochicas” (2000) Tomo II – pp 45- 48. 



La Doctora Marilyn Fanny Valdez Ríos estudiado Derecho en la UNSAAC. Obtuvo en Grado de Magister en Derecho Civil y Procesal y el Doctorado en Derecho y Ciencias Políticas – UNSAAC (2018). Ha llevado talleres de Investigación Aplicada (2015) – Facultad de Ciencias Sociales UNSAAC (2014).  Taller de Quipus y Tocapus UNMSM (2015). Escritora de la Revista Rumbos (2020).

                                  

                                 

                                     

                           

                                  

                            

                                      

              

                                      

                                    

 

                                      


 




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