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31 mayo 2016

RESUMEN CRÍTICO DEL LIBRO: “LO BELLO DEL ARTE” DE ALEJANDRO DEUSTUA - ARQ. CÉSAR A. ARECHAGA MENDIBURU



Cuando frente a nosotros se alza un objeto, inmediatamente somos sacudidos por un impacto que no produce gozo o repulsión, cuando de gozo se trata, diremos que el objeto es bello así como opuestamente diríamos que es feo aquel que nos causó repulsión.

   Entrando en los difíciles terrenos de lo bello distingamos ahora que dicho objeto, podría ser de origen natural o humano, tratándose de lo segundo dicho objeto pasa a ser separado de entre tantos para clasificarse como obra de arte. Y ¿Qué es el arte?, o ¿Qué es lo bello?, ¿Es bello el arte? Para esto existe la estética que es una rama de la filosofía y una disciplina de la sociología y aunque son grandes los avances que se han dado en su campo, parece que es igual el número de nuevas preguntas.

Para esto el filósofo peruano Alejandro Deústua se preocupó por que los avances filosóficos en materia de lo bello llegaran explicados al Perú, por lo que su libro “Lo Bello En El Arte” es una exposición de las teorías y corrientes filosóficas que hasta su tiempo mejor fundamentaban las cuestiones.  “Lo Bello En El Arte” muestra entonces, aunque de forma densa, como entender conceptos como del goce estético, la creación, la imitación. 


Desde el punto por el cual la estética es aquella impresión personal e intrasmisible que nos permite conocer lo bello y lo feo en un instante y refiriéndonos a partir de ahora más hacia lo primero (como corresponde al nombre del libro y al enfoque del autor), Deústua que nos dice el goce estético en realidad una experiencia interior profunda. Por medio de esta, la conciencia humana se enfrenta a valores superiores no conocidos que la hacen despertar hacia posibilidades nuevas. 

Un individuo, entonces, que lo más profundo de si, libre de toda carne, es conciencia, puede llegar a conocerse así mismo por medio de las experiencias de goce sentidas frente a objeto bello. De esto se desprenderán varias cosas que serían interesantes de analizar, pero que para la presente nos centraremos solo en tres de ellas. 

En primero lugar, dado que el goce estético desprendido de lo bello, lleva al hombre a nuevas fronteras de su conciencia, queda, por esto, plenamente justificado como elemento fundamental en toda sociedad como algo noble a lo cual aspirar no como mera opción sino como necesidad. Lo bello es tan importante entonces que de alguna manera se debe poder encarnarlo bajo leyes que lo dosifiquen, de tal manera que tengamos acceso a el cada vez que nos sea necesaria. 


Para Deústua esta manera por la cual podemos apoderarnos de lo bello es el arte, que vendría ser el conjunto de técnicas o procedimientos cuyo fin es conducirnos al goce estético. Siendo así el autor de “Lo Bello En El Arte” dice que la estética es la ciencia fundamental del arte así como el origen de su motivación. Siendo el arte usado de manera social debe estar supeditado a reglas que sino todos la, mayoría puedan entender, sujeta también a reflexiones profundas, en esto, es diferente a las obras creadas por la naturaleza que aunque se producen con voluntad, dice Riegl, no lo hacen con reflexión.

En segundo lugar, tenemos que el hombre que se enfrenta a una obra que le abre la conciencia de nuevas realidades le produce que le provoca representar, entonces, el goce estético también es causa de creación. Yendo aún más con este asunto Deústua  dice que el artista durante todo el proceso de creación de una obra nueva está sintiendo el impacto que su obra lograra, por esto vemos que el artista tiene domino sobre las leyes que conducen al goce estético, y que al mismo tiempo lo dominan. 

Su actividad es un constante ir y venir de sentir y representar lo sentido, así como, sentir permanentemente lo que su público sentirá. Para los que no están dedicados a la producción artística, pertenecen al mundo de los consumidores y dependen de las percepciones, experiencias y goce que el artista haya tenido y podido bien representar. Aunque Deústua no lo dice, esto nos haría suponer que  el arte que consumimos es en realidad una transmisión de lo experimentado por el artista. 



Aun así y aunque esto suene difícil de aceptar para los teóricos, es posible entender mejor el proceso creativo, mientras transcurre el mismo que desde las teorías que intentan explicarlo, dando origen al pensamiento metafísico que encuentra valores divinos en este proceso al no poder explicarlos del todo por no participar de la ejecución de dicha actividad. 

Ya en tercer lugar, veremos que la teoría de la que hablamos proviene de la separación de los hechos subjetivos y objeticos ya que el goce proviene de estos dos aspectos. Para entender esto diremos que lo subjetivo es lo creado desde el interior de artista, estas son las emociones, que nos medibles ni cuantificables, mientras que la objetivo es el producto tangible que lo que el autor denomina las creaciones exteriores decir la obra de arte que si puede ser clasificada, medida y sujeta al gusto y las leyes de los diferentes tiempos. 

Aunque la teoría hace granes esfuerzos para explicar el goce estético, hay factores que escapan de ella como por ejemplo el valor dela individualidad de los artistas que aunque se encuentren vivienda bajo influencias similares de época, cultura, técnica o sociedad o estilo domínate, termina siempre por introducir su originalidad en sus obras. Los positivistas como Taine no podían creer en esto últimos y sostenían que bajo las mismas circunstancias los artistas producirían de la misma manera, lo cual es una clara opinión de alguien que no se encuentra en la práctica artística. 


Suponer que esto es como decir que la creatividad ha terminado y  poner a todos los artistas en la tercera categoría que Reigl designara para los carentes de creatividad, pero a todas luces vemos que esto no es así. La estreches de las teorías positivistas fueron enfrentadas por la escuela de Viena quienes por intermedio de Wölfflin quien en abriría “Conceptos Fundamentales En La Historia Del Arte” contando como bajo las mismas condiciones tres amigos pintores producen cosas diferentes. 

La teoría dela personalidad humana dice que el hombre es por naturaleza creador, hecho que en la edad media fue negado en favor de pensar que solo dios crea y el hombre imita, pues según Deústua la imitación está subordinada a la creación. Extendiendo un poco más esto último diremos que  aunque el hombre, en su condición de artista, a lo largo de la historia haya usado modelos de referencia, lo cual sería imitación, siempre ha logrado impregnarle su carácter propio logrando como resultado algo nuevo. 


Con esto hace que los objetos ya conocidos adquieran vida de la manera que él la quiere dar para iniciar un camino propio lejos del modelo original, por ello sostenemos que la creación es un sumamente importante y que la imitación es solo el inicio de una idea.    

Con todo esto nos queda claro que las reflexiones de Alejandro Deústua, son sumamente profundas y que el dominio que logro sobre el tema de la belleza emanada desde el arte lo pone en la talla de los filósofos e historiadores de la escuela de Viena y de otros similares.  


RESEÑA EXPLICATIVA DEL LIBRO “LO BELLO EN EL ARTE” DE ALEJANDRO DEÚSTUA.
CÉSAR A. ARECHAGA MENDIBURU

TRABAJO REALIZADO EN LA MAESTRÍA EN CIENCIAS CON MENCIÓN EN HISTORIA TEORÍA Y CRÍTICA DE LA ARQUITECTURA. UNIVERSIDAD NACIONAL DE INGENIERÍA CURSO: TEORÍA DE LA ARQUITECTURA DOCENTE: DR. WILEY LUDEÑA URQUIZO


15 octubre 2010

HUANCAYO: ENTRE MULIZAS Y ARQUITECTURA - Dr. Wiley Ludeña Urquizo

Nota de los editores: Este artículo fue publicado en nuestra Revista APUNTES DE ARQUITECTURA (versión impresa 1983) Primer número que sacamos a difusión siendo  estudiantes de arquitectura. Nuestro profesor Wiley Ludeña, accedió muy cordialmente a colaborar con nuestra naciente revista. Dado el interés por el tema lo volvemos a publicar después de 27 años


Lo de “ciudad incontrastable” tiene, para Huancayo, el sentido paradojal de un signo que diferencia, opciones y sentimientos. Aquí se unen para explicitarse sin reservas la alegría y la tristeza, la explotación y la solidaridad popular ó el repliegue del campo y la arrogancia de la ciudad. 

En Huancayo se vive el sentido de inquietudes encontradas: Un espléndido y apacible valle recibe violentas injusticias y, frente a estas, se alzan no menos intensas actitudes de lucha; una ciudad que empieza a desajenarse, con violencia, por el vertiginoso ritmo de la “vida contemporánea”, se enfrenta a la ternura crítica de los poemas de un Matayoshi o las canciones de ese forastero incansable: “Picaflor de los Andes”.

Pero Huancayo, también es la ciudad de los recuerdos intensos, de los jóvenes que tienen la virtud de remontar la somnolencia impuesta. Es la ciudad que se remece ante una marcha universitaria, que se entusiasma o se compromete por cada evento cultural o científico que acoge. Es la ciudad, que a diferencia de las grandes urbes, no todo está lejos, física y existencialmente. 



Por estas y otras razones, para los arquitectos que intentamos remontar una sociedad injusta, Huancayo, guarda el interés especial de una ciudad dispuesta a llenar un gran tramo de nuestras vidas. 

Como es natural, siempre intentamos registrar el “lugar” donde nacen ó se consolidan nuestras ideas, donde se condenan los primeros esfuerzos vanguardistas. Siempre existe un “lugar”, donde se dan los primeros pasos, en el que se hacen los primeros amigos. Y, Huancayo, no solamente es “ese primer lugar”, que da origen a un movimiento inédito en el discurso arquitectónico peruano, sino que persiste en ser el lugar común para una serie de historias personales y, fundamentalmente, para la breve historia del movimiento progresista en la arquitectura del Perú. Aquí se siguen sucediendo las discusiones y las experiencias más inquietas de la joven generación de arquitectos peruanos, que han formado parte o son resultados de esa primera gran aventura: El I Congreso de Facultades de Arquitectura del Perú, cuya sede fue precisamente la ciudad de Huancayo. 



Ya han transcurrido más de 8 años de esa primera aventura, tal vez solo quedan documentos casi amarillentos y la inevitable nostalgia.
Fue en Octubre del 74, la fecha de realización de este I Congreso.

La historia es sencilla como el saludo a un amigo que estimamos. Profesores y estudiantes de las Facultades de Arquitectura de Huancayo, Arequipa, Lima y Cusco, se unieron para registrar experiencias pedagógicas, señalar posibles alternativas y cimentar una actitud de ruptura y renovación. 

Cálidas e intensas discusiones dieron lugar a las primeras contradicciones o coincidencias, entre todos aquellos que, desde hace algunos años atrás venían sosteniendo la necesidad de un cambio significativo en todas las manifestaciones de la arquitectura resuelta en el Perú.


De este evento surge un grupo de arquitectos, cuyas inquietudes similares nos conducen a afirmar que se trata de un movimiento más o menos coherente y qué, justifica, una denominación adecuada: El movimiento de la “Generación Huancayo”. Arquitectos, Freddy Ponce, Jorge Burga, Martha Llona, Eliseo Guzmán, Jorge Ruiz de Somocurcio, entre otros, participaron de un espíritu común: renovar el discurso arquitectónico en el Perú y, fundamentalmente, desterrar las viejas formas de enseñanza de la arquitectura y el ejercicio proyectual. 

Pese a que muchos miembros de esa “generación”; han seguido caminos diferentes, su presencia en el campo de la arquitectura y la enseñanza de ésta, en el Perú, ha tenido réditos significativos. Los planteamientos esbozados en el mencionado congreso y las alternativas puestas en práctica, modificaron sustancialmente la orientación de la formación universitaria en arquitectura, si no desaparecieron totalmente obsoletas formas de pensar y actuar, al menos quedó maltrecho el aparato en el cual se asienta todo el pensamiento arquitectónico burgués. La lucha ideológica en arquitectura, adoptó nuevos cauces, tanto en el terreno de la enseñanza como en la reflexión teórica, crítica e historiográfica.

Han pasado 8 años de este evento, y los saldos respectivos esperan la necesaria evaluación. Una serie, de interrogantes y preocupaciones sobre la suerte corrida en esta última década por el movimiento progresista en arquitectura, esperan, ser absueltas sistemáticamente. Los pasos que dejamos siempre tienen que ser reconocidos puestos constantemente en la mira de una reflexión sobre las cosas que hacemos y no tenemos intención de repetir. 


Y en este camino de intentar retomar esfuerzos, de plantear juicios preliminares y adelantar algunas ideas sobre el futuro, los estudiantes huancaínos asumen la ya proverbial condición de ser excelentes promotores y afectuosos anfitriones.
En condiciones casi siempre adversas, un grupo importante de estudiantes aglutinados en torno al Taller VI les dicen los del “sexto”, (y a mucha honra dicen ellos) de la Universidad Nacional del Centro, han venido organizando, en el transcurso de los cuatro últimos años, una serie de encuentros para discutir diversos sectores vinculados a la problemática arquitectural del Perú.

Como en febrero de 1981, noviembre del 82, acogió un ciclo de conferencias y masas redondas, cuyo tema estuvo referido principalmente a los aspectos metodológicos del diseño. De las discusiones planteadas, tanto en el primer y último encuentro que asistimos, se desprende la necesidad de ir profundizando la dirección y el sentido de los debates. Por que aquella generalidad típica a las discusiones anteriores ha dejado de ser productiva, en la medida que hoy se demanda un conocimiento más riguroso sobre aspectos concretos y particulares de la compleja problemática arquitectural. 

Al margen de haber renovado los contactos, ha sido una excelente oportunidad para compulsar desarrollo y carencias. Sentimos un ligero detenimiento en las profundidad de los planteamientos, como también, el deseo de remontar deficiencias y la desvinculación visible que los arquitectos tenemos a nivel nacional. 

De este último encuentro, surgió una iniciativa feliz; realizar el frustrado II Congreso de Facultades de Arquitectura del Perú. Y por justo reconocimiento al esfuerzo desplegado por los estudiantes huancaínos, convenimos como sede inicial la ciudad de Huancayo. La fecha de realización sería consultada a todos los que están nominalmente obligados a participar. 


Imagen del artículo original en Apuntes 1983

Por experiencia personal, y por la opinión de los arquitectos, Jorge Burga y Carlos Acevedo, presentes en el último ciclo de conferencias, queda confirmada la idea de Huancayo. Esta ciudad ocupa no solamente un lugar importante en la historia de la arquitectura peruana, sino que en ella siguen dándose las discusiones más importantes y las iniciativas más trascendentes para la suerte de aquello que amamos tanto: la Arquitectura.

No será un desafío que se alejen de las contingencias de este difícil tiempo. Pero estamos seguros que los amigos de Huancayo, como de los otros programas de arquitectura haremos lo imposible por llevar a cabo el segundo congreso y, sobre todo, prepararnos a la grata sorpresa de encontrar nuevos amigos y saber nuestras posiciones tienen el eco necesario, así como re-editar las intensas discusiones sobre el país y la arquitectura, tal vez entre mulizas y el olor a eucaliptus.

Reseña original (1982)
Wiley Ludeña Urquizo
Profesor del PAAU-UPRP
Crítico de arquitectura del diario el “Observador”
Fundador de la Revista “Tramma” y de la Revista “U-tópicos” dedicada a la realidad visual.




Reseña actual (2010)
Wiley Ludeña Urquizo
Arquitecto, Profesor universitario, doctor en urbanismo (Universidad Técnica de Hamburgo) Considerado por muchos como el investigador urbano más importante del Perú. Pionero en la construcción de una historia del paisajismo peruano, ha publicado 8 libros y más de 200 artículos sobre arquitectura, ciudad y paisajismo en publicaciones profesionales y científicas. Es profesor visitante en diversas universidades del Perú, América Latina y Europa.



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