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12 octubre 2026

CONCURSO INTERNACIONAL DE IDEAS URBANAS PARA LA CONFLUENCIA DE DOS RIOS EN SILICON VALLEY (EEUU) - PHARES INGENIERIA DE AREAS VERDES

 



Concurso internacional de Ideas 

Urban Confluence Silicon Valley


DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO:

La confluencia de los ríos Guadalupe y Los Gatos es uno de los lugares más simbólicos de San José. El concurso Urban Confluence buscaba un icono capaz de representar el espíritu innovador de Silicon Valley sin romper el equilibrio del paisaje fluvial.

PHARES participó con una visión que entiende el futuro como un organismo vivo: tecnología, naturaleza y cultura funcionando como un solo sistema.

En el centro del proyecto se eleva la Green‑Light Tower, una estructura autosuficiente que produce energía mediante paneles solares integrados y microeólica biomimética, y que depura agua gris a través de un jardín vertical.

Su esfera superior actúa como mirador y espacio cultural, mientras que el museo tecnológico subterráneo completa un conjunto que mira al futuro desde arriba y lo explica desde abajo. La torre no es un objeto: es un ciclo. Un sistema que genera luz sin contaminar, que filtra agua sin ocultarlo y que convierte la sostenibilidad en un gesto visible.














El paisaje que rodea la torre se concibe como un territorio híbrido donde caminos, plazas, zonas deportivas y espacios culturales se entrelazan con jardines, bosques urbanos y áreas de agua. 

La iluminación evita la contaminación lumínica sobre el río, y cada elemento, desde las pérgolas hasta los aerogeneradores, participa en la producción de energía o en la gestión del agua. El visitante entra en un mundo verde‑tecnológico donde la experiencia es tan sensorial como funcional, un espacio que se siente futurista sin dejar de ser natural.

La sostenibilidad es la estructura del proyecto. El objetivo es un balance energético net‑zero, combinando energía solar, microeólica y estrategias pasivas. El agua se gestiona mediante un sistema circular: depuración en la torre, captación de lluvia, SUDS distribuidos por el parque y vegetación autóctona que refuerza los ecosistemas existentes. El resultado es un espacio que funciona como infraestructura ecológica, parque urbano e icono cultural, uniendo innovación y paisaje en un mismo gesto.

Cierre

Urban Confluence Site propone un icono que no compite con la naturaleza, sino que la amplifica. Una torre que produce energía, depura agua y genera cultura. Un paisaje donde la innovación se convierte en espacio público y donde la ciudad y el río vuelven a encontrarse. Un símbolo de futuro que no mira hacia arriba, sino hacia adelante.
















VIDEO DEL PROYECTO



SOBRE LOS AUTORES

Phares Ingeniería de Áreas Verdes es un estudio especializado en ingeniería verde y paisajismo técnico, con más de 25 años creando zonas verdes que funcionan de verdad.

Diseñamos desde la base de cultivo: suelo, drenaje, agronomía, riego y eficiencia hídrica. Aplicamos soluciones basadas en la naturaleza, seleccionamos especies adaptadas y trabajamos con viveros de toda Europa.

Somos especialistas en sistemas de riego, sin rival en diseño, cálculo y optimización del uso del agua.

Creamos jardines y espacios verdes que mejoran con el tiempo, tanto en exterior como en interior, y colaboramos con estudios de arquitectura nacionales e internacionales para convertir ideas verdes en soluciones reales.






Dirigido por Marcos Pérez, Ingeniero Agrónomo y Paisajista por la UPM, el estudio cuenta con un equipo de colaboradores expertos en todas las áreas necesarias para desarrollar proyectos con rigor y coherencia.

Nuestro objetivo: zonas verdes que funcionen, que duren y que aporten valor real.

En Phares Ingeniería de Áreas Verdes trabajamos con un equipo estable de colaboradores especializados que cubren todas las áreas necesarias para desarrollar proyectos de paisajismo con rigor: agronomía, arquitectura, ingeniería forestal, obra civil, jardinería vertical y topografía.

Cada colaborador aporta una mirada técnica complementaria, y juntos formamos un equipo capaz de abordar proyectos complejos con solvencia, precisión y coherencia.

A lo largo de más de 25 años hemos trabajado con un amplio abanico de clientes: administraciones públicas, estudios de arquitectura, ingenierías, grupos inversores, centros comerciales, estudios de paisajismo y empresas privadas.

Cada proyecto ha sido una oportunidad para aplicar nuestra visión técnica y nuestra forma de entender el paisaje: rigor, coherencia y soluciones que funcionan a largo plazo.




FUENTES DE INFORMACIÓN:

https://pharesingenieria.com/proyectos/proyectos-publicos-urbanos/concurso-urban-confluence/

https://pharesingenieria.com/sobre-nosotros/







30 septiembre 2018

El habitat de las hormigas, un modelo eficiente para aplicar -I. A.Ambiente - España






La naturaleza tiene la respuesta muchos de los retos que tenemos en la gestión de las ciudades en el mundo, que estamos cambiando a manos forzadas. Pongamos un ejemplo de fechas cercanas: Nawabshah es una ciudad de Pakistán de un millón de habitantes a 120 kilómetros de la costa. En Abril de 2018, sus termómetros alcanzaron los ¡50,2 grados!. Según los meteorólogos, posiblemente estamos ante la temperatura más alta jamás registrada con fiabilidad durante el cuarto mes del año en el mundo. El problema es que no es un hecho aislado, es una tendencia clara, rápida y extremadamente difícil de frenar.

Otro dato que hemos conocido en los últimos días, es que según la Organización Mundial de la Salud (OMS), nueve de cada diez personas en el mundo respiran aire contaminado, lo que provoca 7 millones de muertes anuales por causas directamente relacionadas la polución.

Las principales fuentes de contaminación del aire por partículas son el uso ineficiente de la energía en los hogares, la industria, los sectores de la agricultura y el transporte y las centrales eléctricas de carbón.

Aquí es donde la naturaleza a través de algo que ya he hablado en algún ocasión ( la  Biomimética”), puede ayudarnos a resolver este problema, atacando la distribución ineficiente de alimentos en nuestras ciudades.





Los hormigueros como ejemplo de logística inteligente

Un hormiguero (no el que trabajan las hormigas más famosas de la TV Trancas y Barrancas), es un mundo fascinante. Los hormigueros están formados por montones de tierra fina, arena o arcilla, a veces con hojas de pino. Algunas especies de hormigas utilizan palos pequeños, que se mezclan con tierra o arena, creando un montículo sólido que ofrece protección contra la intemperie.

Se han descubierto en Japón hormigueros conectados con colonias cooperantes que abarcan más de 21 km, y una colonia que cubre …5.800 km!! en Europa. La colonia de Europa se extiende desde la Riviera italiana hasta la esquina noroeste de España. Las hormigas son hormigas argentinas, y hay miles de millones de ellas, que viven en millones de nidos cooperantes.

Todos los hormigueros están entrelazados con muchas cámaras que están conectadas por túneles. Estas habitaciones pequeñas se utilizan para viveros, almacenamiento de alimentos e incluso como lugares de descanso para las hormigas obreras. Durante el día, las hormigas obreras mueven las larvas a las habitaciones más cerca de la parte superior del hormiguero, para que obtengan más calor. Por la noche, las mueven de nuevo a las cámaras inferiores. El diseño de los hormigueros varía dependiendo de la especie de hormiga.

La optimización que hay en la gestión del transporte de alimentos dentro de las colonias de hormigas puede inspirarnos para optimizar el transporte de alimentos en las ciudades, adaptando la solución a cada realidad local tal y como se hacen en los hormigueros.

Las hormigas mexicanas, por ejemplo, usan un modelo de eje y radio como los grandes distribuidores de alimentos, con un nido central y hormigas que hacen que los viajes se abaniquen hacia y desde el centro mientras buscan comida. Las hormigas argentinas, en lugar de utilizar nidos permanentes, están constantemente en movimiento, dividiéndose y uniéndose en nuevos grupos y anidando temporalmente a medida que avanzan. Las hormigas cortadoras de hojas de Malasia crean nidos centrales, pero las hormigas son de diferentes tamaños y cargan diferentes cargas para que coincidan con pequeñas hormigas, por ejemplo, portando pequeños esquejes de hojas y hormigas más grandes que cargan con las más grandes.

Ya existe una empresa llamada Farm Fare que está reinventando la cadena de suministro local de alimentos incluyendo con granjas familiares, centros de distribución descentralizados y compradores orientados a la sostenibilidad que trabajan como un hormiguero.

Farm Fare utiliza una APP para mostrar los alimentos disponibles en los centros de distribución de alimentos participantes en línea. Los diversos centros pueden usar esta información para comprar alimentos necesarios a granel y localmente de la región. Por ejemplo, si un comprador necesita más zanahorias rojas de lo que su propio centro puede proporcionar, puede ver y comprar zanahorias rojas disponibles de otros centros en la red.




COMO CREAR UN HORMIGUERO

La forma más sencilla de crear nuestro propio hormiguero es colocando dos planchas de material transparente como por ejemplo el cristal o el metacrilato una en frente de la otra, dejando una separación entre ambas de un centímetro. Para unir las planchas podemos utilizar listones de madera como método de sujeción.

En las paredes laterales haremos un agujero para colocar un tubo con diámetro suficiente como para que las hormigas puedan pasar.También podemos introducir otro tubo con el fin de darle mayor humedad al hormiguero. Si además queremos controlar la temperatura de la colonia, podemos incorporar un pequeño termómetro.

El siguiente paso es rellenar el hormiguero con sustrato, tierra normalmente pobre en materia orgánica, ya que así evitaremos los hongos. Sirve todo tipo de tierras, pero debemos evitar las que son ricas en humus y material orgánico. Esta tierra, además, debe ser tamizada para eliminar pequeñas piedras y después esterilizada para evitar restos orgánicos.

Una forma fácil y accesible para esterilizar nosotros mismos la tierra es calentándola en el microondas un par de minutos y pasándola al congelador entre 10 y 15 minutos más. Estos pasos deberemos repetirlos un par de veces para que sea efectivo, así como humedecer la tierra antes de meterla en el microondas.

Una vez hemos creado el hormiguero, hay que conseguir hormigas. La hormiga principal es la reina ya que es la única que es capaz de engendrar hormigas obreras y demás. Por eso, para empezar con nuestra colonia solo es necesario tener una hormiga reina, eso si, la hormiga reina que elijamos debe estar fecundada. Para diferenciar si es así o no, prestaremos atención ya que a esta hormiga, pasadas unas pocas horas de ser fecundadas, se le caen las alas. Los machos suelen ser más pequeños en tamaño que las hembras aladas. Además, las hembras aladas tienen un mesosoma o tórax muy abultado y un gran gaster o abdomen.

Con las primeras lluvias de primavera u otoño, es cuando salen los ejemplares reales con el objetivo de aparearse y crear nuevas colonias. cuando una hembra y un macho de diferentes hormigueros se encuentran, empieza el llamado vuelo nupcial, aunque éste no siempre se da, tras el que la hembra es fecundada. Así la hembra deja de volar y andando busca el mejor emplazamiento para el nuevo hormiguero. Mientras, sus alas se rompen y caen.

La alimentación de las hormigas es muy variada. Las hay básicamente granívoras (semillas), insectívoras (insectos), mieleras (secreciones azucaradas de larvas de insectos u hongos) u omnívoras (que comen de todo). Como consejo, para empezar te recomendamos hormigas granívoras pues son las más fáciles de alimentar ya que en cualquier tienda de animales o pajarería puedes comprar este tipo de semillas.

Dos aspectos importantes para el mantenimiento de la colonia son: mantener la humedad y la oscuridad. Para lo primero podemos utilizar un algodón húmedo, teniendo cuidado de que no se pudra, y para lo segundo, pegar una cartulina negra a la pared.




Fuentes de consulta y textos



30 octubre 2014

Biomimesis: aprender arquitectura de las termitas- Nicolas Boullosa





Si la arquitectura se esforzó durante el siglo XX para alejarse de los mandatos y preceptos de la naturaleza, en un ejercicio de control racional del entorno, el siglo XXI empieza con propuestas de diseño arquitectónico y planificación urbanística que imitan los complejos sistemas y relaciones de la naturaleza para obtener sus beneficios.

Es posible planificar y edificar casas, edificios, barrios y ciudades a partir de principios de diseño sostenible, aunque no es tarea de un día y requiere, en parte, desandar lo andado y sustituir con valentía aquellos modelos y materiales que se han probado nocivos para las personas y el medio ambiente.

El diseño basado en principios ecológicos y biológicos usa patrones que ocurren en la naturaleza y reportan beneficios tan poco probables en el diseño humano del siglo XX como la huella ecológica neutra en el consumo energético, la ventilación natural o el refuerzo de la comunidad. 

La biomimética, o imitación de los modelos de la naturaleza, asimismo, supone también recuperar conceptos ya empleados en la edificación tradicional de culturas como la mediterránea.




No se trata sólo de aplicar avances tecnológicos, sino recuperar los mejores sistemas, aunque hayan sido usados durante siglos o milenios. Hay métodos ancestrales de aislamiento, orientación de las estancias, emplazamiento, uso de materiales, etcétera.

El sistema de refrigeración, cultivo de alimentos y planificación de un equilibrio con los recursos al alcance que usan organizaciones del mundo animal, como varias especies de termitas de la sabana africana y el África tropical, capaces de erigir enormes montículos que protegen del calor, ofrecen refugio y generan alimento, además de fertilizar sus alrededores, es un modelo atractivo que puede inspirar los diseños humanos.

Los nidos construidos por estas especies de termitas han sido estudiados con interés para experimentar técnicas de termorregulación en edificios, ya que estas construcciones son capaces de regular su temperatura como si se tratara de animales homeotermos -aquellos con capacidad para regular su propia temperatura, en función de la temperatura ambiente y las necesidades de cada momento-.



Los mayores expertos humanos en fractales son indígenas africanos

Del mismo modo, los propios diseños humanos ancestrales se basan a menudo en modelos aparentemente sencillos, pero que responden a complejos patrones en términos matemáticos, tales como los diseños fractales, objetos semigeométricos cuya estructura básica se repite a diferentes escalas, existentes en el brécol romanescu y el diseño de las hojas de los árboles, pero también en los copos de nieve, las montañas o las nubes.

Por ejemplo, Ron Eglash se define como un etno-matemático y ha comprobado cómo los diseños de distintos pueblos humanos de África responden a una estructura fractal, cuyos atributos geométricos son idénticos tanto cuando son vistos al detalle como si son observados a una escala cambiante cada vez mayor, como si empleáramos la herramienta que contrae el zoom en una aplicación como Google Earth.

Eglash, especializado en estudiar las similitudes entre las matemáticas, las culturas humanas y la naturaleza, ha demostrado cómo varios aspectos del diseño africano -arquitectura, arte, peinados tradicionales a base de complejos trenzados- están fundamentados en precisos patrones fractales.

Hay poblados africanos que, sin habérselo planteado conscientemente, se organizan como las fractales de la naturaleza y los modelos matemáticos creados a su semejanza; sorprendentemente, este mismo modelo, usado por la estructura de los poblados de tribus tradicionales, es seguido en las ciudades de adobe. Al ser preguntados acerca de los diseños usados, los lugareños explican, según Ron Eglash, que simplemente se trata del diseño con el mayor sentido común y que ha demostrado quizá una utilidad mayor a lo largo de las generaciones.

No muy lejos de los lugares visitados por Ron Eglash para escribir su libro African Fractals, los insectos sociales capaces de crear lugares de cobijo, las termitas africanas, erigen complejos nidos epigeos o catedrales, montículos que pueden llegar a medir 8 metros de altura y orientados al norte (ambas características para regular la temperatura), erigidos con una mezcla de saliva, tierra y excrementos.

Algunos termiteros, que se mantienen siempre frescos y ventilados en el interior pese a que la temperatura exterior sea bochornosa, consiguen una solidez tal que, en ocasiones, se han utilizado explosivos para derruirlas.



Entender el cerebro y el sistema nervioso de los ecosistemas

Lejos de la sabana africana, en la Costa Oeste de Estados Unidos, el micólogo Paul Stamets ha dedicado su vida a estudiar los micelios, la parte "oculta" de los hongos, colchones conformados por marañas de filamentos interconectados que se extienden cientos de kilómetros en el equivalente a un pie cuadrado, cuya complejidad sólo es comparable al diseño de los sistemas neuronales o a los astrocitos, las principales células del sistema nervioso en los organismos más evolucionados.

Si las estructuras nerviosas y neuronales permiten el pensamiento y la acción de los seres vivos más complejos, los micelios son el "cerebro" de la tierra y ayudan no sólo a transportar y filtrar los nutrientes en el manto del bosque, sino que actúan como un sistema de "interconexión" entre los distintos elementos de un ecosistema.

Descifrar el complejo poder biorremediador de los micelios abriría las puertas a diseños humanos que se acercaran a la perfección de sistemas nerviosos complejos: ciudades que "sienten" y se adaptan a cualquier impulso, sistemas de gestión energética que se comportan como un todo "vivo", etcétera.


Actuar como un árbol (que a su vez forma parte de un jardín)

Imitar la naturaleza supone crear modelos de movilidad y urbanidad no sólo que reduzcan su impacto negativo, sino que aporten beneficios al sistema, del mismo modo que un árbol produce sombra, frutos, cobijo, fertiliza el suelo y subsuelo y crea interdependencias con el resto de animales y plantas de su alrededor, además de alimentarse de dióxido de carbono y emitir oxígeno.

Las casas y los vehículos pueden aprender mucho de un árbol. Algunas corrientes de diseño industrial trabajan para que todos los productos creados por el ser humano se comporten con la responsabilidad mostrada por diseños de la naturaleza como el árbol o las termitas, desde la permacultura hasta el diseño "de la cuna a la cuna" (Cradle to Cradle, C2C).

Los árboles muestran un principio que interesa especialmente a los diseños eco-efectivos promovidos por el paradigma "de la cuna a la cuna": el gasto equivale a alimento. Nada se pierde, sino que se transforma. En un cerezo, los frutos que no han sido aprovechados por las aves o el campesino, caen en el suelo, contribuyendo a aportar nutrientes a la turba del sotobosque que, a su vez, repercutirá sobre la fertilidad del suelo e, indirectamente sobre el beneficio común de las distintas capas del sistema "bosque".

De mayor a menor, la permacultura identifica hasta 7 capas en este sistema de interacción natural: dosel vegetal o canopea, árboles frutales (tamaño intermedio), arbustos, herbáceas, rizosfera (raíces superficiales), suelo y capa vertical (enredaderas y trepadoras). 

El "gasto" generado por cualquiera de estas capas se convierte en "alimento" que repercute sobre la salud del conjunto, que interacciona con la ayuda de insectos y otros animales.



Estudiar no sólo una parte, sino el conjunto

La naturaleza puede ser usada como la herramienta de diseño más rica y compleja conocida por el hombre, como el ser humano ha intuido a través no sólo de la arquitectura, desde los poblados fractales africanos hasta los edificios trufados de formas biomiméticas del aquitecto catalán Antoni Gaudí, pasando por las mezquitas de adobe erigidas y mantenidas en Tombuctú desde los inicios del medievo, que se asemejan a termiteros a escala humana. 

De hecho, siguen muchos de sus preceptos, incluidos la naturaleza del propio adobe o la estructura en forma de chimenea debidamente orientada y ventilada de norte a sur, una muestra de termorregulación que imita la sabiduría de los termiteros y otros sistemas presentes en la naturaleza.

Hay disciplinas, como la permacultura y la arquitectura bioclimática, que invitan a diseñar estudiando un proyecto como si se tratara de un sistema o problema complejo, plagado de interrelaciones que deben ser deshojadas y entendidas hasta donde sea posible, aunque en ocasiones se trate de una intuición y una técnica de ensayo-error mejorada durante generaciones.

Una vez tenemos en cuenta la existencia del sistema complejo, el siguiente paso para lograr un diseño exitoso, capaz de mimetizarse con el entorno y convertirse en beneficioso para el conjunto, es necesario observar cómo se relacionan las distintas partes del sistema y qué patrones existen. De este modo, es posible curar sistemas "enfermos", ya que conocer las conexiones entre las partes con mayor peso del conjunto permite desgranar qué elementos actúan de un modo "asíncrono".


Aprender a hablar con lenguajes de patrones

El uso de patrones en la naturaleza puede ser aplicado a disciplinas como la arquitectura y la planificación urbanística o la obra civil, pero también para el diseño industrial o tecnológico. El radar debe mucho al murciélago; los aviones y otros utensilios de vuelo, diseñados e imaginados desde Leonardo da Vinci, si no antes, toman varios principios de las aves; tristemente, las ciudades y megalópolis actuales no han mostrado un interés especial por el biomimetismo y han obviado las ventajas de algunos diseños usados por sociedades animales tan complejas como las de hormigas y termitas.

Arquitectos como Christopher Alexander han entendido la importancia en la detección, uso y reutilización de patrones presentes en la naturaleza para el diseño humano complejo, se trate de un edificio, de una ciudad o de una sociedad entera: los legendarios planificadores urbanísticos de la Antigua Roma tomaron una pobre decisión al convertir el poblado arameo de Palmira en una ciudad estratégica, ya que la escasez del suministro de agua y su posterior interrupción condenaron a la ciudad a una lenta pérdida de importancia que culminó con su total abandono.

Alexander reconoció la importancia de tener en cuenta un lenguaje de patrones: todas las cosas, incluso el viento, el oleaje y la rotación de la tierra, así como su movimiento en torno al sol y la relación con otros planetas y la luna, forman patrones. El diseño humano debe tener en cuenta el lenguaje de patrones y ser consciente de los modelos de la naturaleza y cómo pueden ser aplicados para satisfacer necesidades humanas específicas.




Lecciones naturales desde el interior de un termitero

El académico e inventor Otto Schmitt definió las técnicas de biomimesis como "el estudio de la formación, estructura, o función de sustancias y materiales producidos biológicamente (como las encimas o la seda) y mecanismos y procesos biológicos (como la síntesis de proteínas o la fotosíntesis) con el propósito específico de sintetizar productos similares a través de mecanismos artificiales que puedan emular a los naturales". Una aspiración tan llena de sentido común como compleja. Pero no imposible.

Si, para crear algunos de los tejidos artificiales más tupidos y resistentes que existen, hay empresas que han estudiado cómo las arañas tejen sus telas, hasta el punto de utilizar las estructuras sintéticas conseguidas para chalecos antibalas, el reto de la arquitectura bioclimática y la planificación urbanística es introducir y mejorar técnicas que imiten los sistemas más útiles de la naturaleza para crear diseños más apropiados.

Entender las relaciones naturales y aplicar estos sistemas a problemas humanos no es una tarea tan sencilla como su formulación. Las soluciones procedentes de la naturaleza son una amalgama de principios biológicos y materiales que interaccionan con seres vivos, tras procesos evolutivos y de aclimatación a entornos concretos desarrollados desde siempre.

Investigadores en el campo de la biomimética estudian, por ejemplo, la habilidad de las termitas para mantener la temperatura y humedad de sus termiteros virtualmente constante en el África subsahariana, donde la temperatura exterior puede variar entre 3 y 42 grados centígrados (entre 35 y 104 grados Fahrenheit). 

La preciada recompensa obtenida por las termitas es la posibilidad de cultivar un hongo que sólo se reproduce con éxito si el interior no cambia de temperatura. El proyecto Termes escaneó un termitero y creó un modelo tridimensional de su estructura, lo que reveló técnicas de construcción susceptibles de ser usadas en edificios humanos.

The New Scientist describía así la conveniencia de estudiar a fondo los secretos de una estructura tan efectiva con la regulación de la temperatura y la acomodación de sus moradores como estos termiteros: "en el corazón de la sabana africana hay una ciudad modélica para el desarrollo sostenible. Sus sólidas torres son construidas con materiales íntegramente naturales y biodegradables. Sus habitantes viven y trabajan en lugares que disponen de aire acondicionado y humedad reguladas, sin consumir un solo vatio de electricidad. El agua proviene de pozos que se hunden profundamente en la tierra y los alimentos son cultivados de manera autosuficiente en ricos jardines interiores. Esta metrópolis no sólo es respetuosa con el medio ambiente: con sus muros curvados y elegantes arcos, es igualmente grácil".

Philip Ball, autor del artículo, que constituye un alegato sobre por qué los arquitectos podrían aprender conceptos decisivos de las termitas, finaliza la contundente frase recordando que esta ciudad modélica ha sido creada por insectos, para luego explicar las ventajas de su concepción, estructura, mantenimiento y relación con los alrededores. 




Distintos modelos y patrones, un mismo objetivo (¿un "sistema" universal?)

Ya hay al menos un edificio de grandes dimensiones diseñado a partir de preceptos biomiméticos, tomando como modelo los termiteros africanos. Se trata del Eastgate Centre de Harare, Zimbabue, del arquitecto Mick Pearce. Usa sólo el 10% de la energía empleada por edificios con un tamaño similar, al haber copiado las estrategias de diseño empleadas por sistemas naturales. 

Pearce recordó la estrategia de las termitas, consistente en abrir y cerrar constantemente pequeños orificios, orientar debidamente la construcción y crear una corriente a través de una forma cónica, para mantener la temperatura interior constante y, así, poder cultivar su preciado hongo.

En el diseño del Eastgate Centre, el "hongo" o recompensa era conseguir una temperatura fresca y constante para evitar el uso de aire acondicionado, lo que permitió ahorrar 3,5 millones de dólares de un coste total de 36 millones, debido a que no fue necesario importar una planta de aire acondicionado.

Descifrar los patrones naturales y diseñar para que edificios y objetos se acoplen a su entorno, se beneficien de él y a su vez aporten un valor al conjunto, es un reto de la arquitectura, el urbanismo y el diseño industrial. Ya se trate de micelios o de cerebros y sistemas nerviosos; de un cerezo o de productos diseñados a partir de los principios "de la cuna a la cuna"; de aldeas africanas o de modelos fractales matemáticos; de edificios con ventilación natural, mezquitas de Tombuctú o termiteros de la sabana africana.

Al fin y al cabo, estamos hablando de lo mismo.





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