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15 agosto 2026

MÁS ALLÁ DE LA CABAÑA PRIMITIVA: LA PACHAMAMA Y LA INTERVENCIÓN DEL TERRITORIO COMO GÉNESIS ARQUITECTÓNICA – ARQ. MÁXIMO MALDONADO SANTIAGO

 



A PROPOSITO DEL 1° DE AGOSTO: 

EL DIA DE LA PACHAMAMA    


La necesidad del refugio siempre ha estado inserta en muchas teorías como mito fundacional del génesis de la arquitectura. En el devenir de los tiempos y en paralelo con las teorías arquitectónicas, se ha concebido, en su mayoría; el origen de la edificación como la respuesta instintiva del ser humano para protegerse de la “intemperie”. Sin embargo la arquitectura en sus orígenes, lejos de esas visiones tradicionales propias de la cultura occidental con pretensión de “oficiales”, trasciende la simple construcción de refugios; y no porque no sea parte del común denominador en diversos contextos, sino que el fondo de requerir y hacer un refugio implicaba algo más: “la forma en la que el hombre  intervenía la naturaleza”, y para ser mas preciso en el elemento “tierra” que en su sentido más estricto y oficial, apelando al RAE se define como: “1) f. Superficie solida del planeta Tierra, especialmente la que no está ocupada por el mar”, y “2) Material desmenuzable de que principalmente se compone el suelo natural”.



Entonces si partimos de la premisa de que la arquitectura en sus orígenes tiene que ver más con “la forma en la que el hombre intervenía la naturaleza”, y al elemento “tierra” como objeto directo (y representativo) de intervención, tenemos entonces “el marco” que forzosamente nos vincula con el concepto de la Pachamama, que, si bien tiene su símil en otras culturas de oriente y occidente, pero son algunas (o pocas) las culturas que adoptaron un enfoque donde la edificación y la tierra , conviven en equilibrio, respeto y sobre todo reciprocidad.

La Pachamama es una deidad sagrada de la cosmovisión andina que representa la naturaleza, la fertilidad, la vida y la protección. La arquitectura por tanto en nuestro pasado precolombino, se impregna de estas variables con las cuales tienen una conexión profunda y espiritual en dicotomía con la visión y concepto del catolicismo, que  tiene a la, iglesia para cobijar toda su energía, producto de una abstracción ajena a las cualidades sagradas de la Tierra, toda vez que en la cosmovisión andina, se diseñan los espacios como una mediación sagrada entre el hombre y la naturaleza, integrándose (y a veces hasta mimetizándose con el paisaje ) en lugar de imponerse sobre él.

El vínculo con el elemento tierra también trasciende la escala arquitectónica para proyectarse en la urbana, cuando analizamos los primeros asentamientos en el contexto de la Revolución Neolítica, ya que en el inicio Los primeros grupos humanos se establecieron en zonas con agua accesible y tierras fértiles (como las tierras altas y valles del llamado Creciente Fértil en Oriente Próximo), a veces dependiendo de las lluvias o de fuentes menores de agua. Luego hacia la Revolución Urbana (aprox. 3500 - 3000 a. C.) Acá cabe subrayar al elemento agua, como elemento dual vinculante a la formación del urbanismo, toda vez que conforme las técnicas agrícolas mejoraron y se aprendió a controlar las crecidas de los ríos mediante canales de drenaje y regadío, las comunidades se concentraron de manera masiva en los grandes valles fluviales. 

Es ahí, en los valles de los grandes ríos (como el Tigris y el Éufrates en Mesopotamia, el Nilo en Egipto, el Indo en la India y el río Amarillo en China), donde esas grandes aldeas neolíticas se transformaron en las primeras civilizaciones urbanas y ciudades de la historia (como Ur, Uruk o Menfis). En el Perú precolombino ese proceso no fue ajeno, solo que el vínculo terrenal con la arquitectura y el urbanismo, traspaso lo utilitario; ejemplos como el mimetismo con el entorno natural y cósmico fue una cualidad fundamental y omnipresente en la arquitectura y el urbanismo del Perú precolombino. Más que una simple elección estética, la integración con el paisaje respondía a una cosmovisión andina que unificaba lo sagrado, la naturaleza y la obra humana. Los antiguos constructores peruanos no buscaban dominar el territorio, sino fundirse con él de manera simbiótica.



Otro vínculo con este elemento (tierra) que se da hasta en la actualidad, a nivel urbano, es la presencia de elementos tutelares, que, por su escala, raíces antropológicas y estéticas han devenido en Hitos Monumentales integrados al perfil urbano y que en la práctica consolidan la identidad de las ciudades por ser referentes visuales, elementos organizadores e inclusive funcionan como centros de actividad, un ejemplo representativo es el Nevado del Huascarán que dentro de la cordillera blanca cumple el rol de Hito orientador: Las montañas gigantes marcan el horizonte y sirven de guía visual en todo el Callejón de Huaylas , que como valle se organiza extendiéndose en paralelo a la Cordillera Blanca, como un eje natural ; y este emplazamiento responde a que los antiguos pobladores ubicaban sus centros ceremoniales y poblados mirando o rindiendo culto a los nevados sagrados como parte de la Cosmovisión andina. Actualmente este elemento tutelar ha devenido adicionalmente en centro de actividades turísticas y deportivas.  




Podemos concluir que antes de que la arquitectura se definiera como el arte de construir refugios cerrados o monumentos con piedra tallada y mampostería compleja, el acto arquitectónico primigenio fue una intervención territorial. El "elemento tierra" no era solo el soporte físico sobre el cual se edificaba, sino el objeto directo de transformación y el primer lienzo de la espacialidad humana en su respectiva dimensión , ya que podemos afirmar de manera sugerente y con una profunda validez conceptual, que “la tierra es a la arquitectura, como la geología al urbanismo” y afirmar también que la forma en que el ser humano se apropió del paisaje pasó primero por esculpir la superficie de la tierra antes de independizarse de ella con la tectónica de columnas y vigas propio de las pretenciosas teorías clásicas de occidente como lo es el “mito de la cabaña primitiva”.










ARQUITECTO 

MÁXIMO MALDONADO SANTIAGO






11 septiembre 2021

NEW YORK Y LA CONQUISTA DE LA VERTICALIDAD: DEL HITO SIMBÓLICO A LA FUERZA DEL VACÍO - ARQ. MAXIMO MALDONADO SANTIAGO



A 20 años del ataque a las Torres Gemelas

Generalmente en el pasado la obra arquitectónica fue erigida con una intención monumentalista, el de dejar su huella en el tiempo, como el edificio religioso, el monumento propiamente dicho, edificios funerarios  o los palacios que representaban los “centros de poder”; todos ellos respondían a una necesidad que orbitaba en profundos estratos del alma colectiva. 

Muy diferente la obra arquitectónica que con el pasar del tiempo adquiere un valor histórico deviniendo en un símbolo debido a algún suceso de trascendencia social y que ya forma parte de la memoria colectiva, todo ello indiferente a la intención para la que fue concebido.

Este último es de la índole misma de la arquitectura de tiempos contemporáneos el cual dio paso a la aparición de nuevos temas, que se derivan del progreso industrial, tanto en el transporte como en la producción, materializada en un sinfín de edificios referidos a las nuevas necesidades. 

Por tanto, si la gran arquitectura histórica fue casi meramente monumental, en la era actual es casi íntegramente utilitaria o de carácter inédito, donde incluso podríamos afirmar que su carácter racional sobre lo formal y/o ornamental da paso a que ese carácter utilitario sea el eje simbólico. 






En uno de esos avatares de la historia es que surgen las emblemáticas Twin Towers (Torres Gemelas), su historia, o en el devenir de su relativamente efímera existencia, nos hace reflexionar sobre La representación arquitectónica, que tiene un desarrollo histórico paralelo a la historia de la civilización.

Sabemos de modo general, que la arquitectura permite a la sociedad humana hablar de sí misma y hacer evidente las características especiales de su organización, poniendo en juego el sistema de valores éticos y estéticos vigentes.

Estos rascacielos no fueron ajenos a esa premisa y pusieron en evidencia, en este caso, que arquitectura y sociedad, soportan (necesariamente) el efecto de lo fortuito marcado por las características que asuma el contexto histórico; y es que “lo simbólico es aquello que ha trascendido de la significación a un nivel más profundo de apropiación, bajo un sustrato altamente cultural y antropológico” (Eska Elena Solano Meneses en “La interpretación simbólica de la arquitectura como mapa de la comprensión espacial: Una mirada desde la prosaica”).





Y siendo la nación de Estados Unidos una nación multicultural, estos dos descomunales hitos Arquitectónicos podrían haber soportado una lectura polarizada, además que los cambios acelerados y convulsionados de la sociedad en el tiempo que duro su relativa corta existencia, pusieron muy en evidencia otra premisa conocida: de que también en el transcurso del tiempo las lecturas posibles a nivel simbólico varían.

Es entonces que, en términos simbólicos, el manifiesto en el contexto de su existencia, tiene que ver con la ampliación de La teoría de Lynch materializada a escala global, ya que una nación, en su afán de conquistar la verticalidad, edifica los rascacielos que definen el hito que corona el Centro Mundial de Comercio, y que a su este “barrio” define a Manhattan y, correlativa y jerárquicamente, también a la ciudad y estado de New York, en nodos e hitos de escala mundial, y por si fuera poco, dicha visión se extiende a la misma nación Estadounidense, que de por si geopolíticamente se define como nodo estratégico estatal de una institucionalidad “global”. 

Esta vertiginosa visión nos sirve para evaluar si se puede admitir la ausencia física de estos dos “símbolos”, dado que enmarcaban un simbolismo también de escala mundial…ante ello surge la pregunta: ¿Cuáles han sido los componentes que definieron su simbolismo antes del 11 de septiembre?  Hemos dicho que Estados Unidos es una nación multicultural, por lo que es muy posible que estos dos descomunales Hitos Arquitectónicos soportaran lecturas divididas (pero “impuestas” directa o indirectamente por el discurso), así que la respuesta a la pregunta planteada podría resultarnos engorrosa; más bien la responsabilidad de quienes se encargaron del diseño de un monumento para las víctimas y los involucrados en las operaciones de rescate tras el atentado, estuvo en saber identificar cual es el impacto de “su ausencia” actualmente en las dinámicas del observador, teniendo en cuenta el alto valor simbólico adquirido aún más después de la tragedia, la respuesta fue muy acertada al definir la “zona cero” por medio de un “vacío”, que no necesariamente implica “carencia” y eso se sabe muy bien en Arquitectura.









El proyecto toma como base los cimientos de las Torres Gemelas, que se convierten en dos estanques rodeados de cascadas. A su alrededor se encuentran placas de bronce con los 2983 nombres de las personas fallecidas en los atentados de 2001. El conjunto se complementa con la Memorial Plaza, un espacio adoquinado con un “bosque” de robles, incluido el árbol sobreviviente (survivor tree). 

Los vacíos dejados por los cimientos representan la pérdida que reflejan la ausencia y al visitar este “espacio” dicha realidad se percibe. Las piscinas negras y reflectantes tienen en su interior a su vez otra horadación más profunda que “impide” ver el fondo, (paradójicamente a la visión a nivel peatón de las torres que se perdían en dirección cenital) las cascadas perimetrales de agua y su continuo viaje a las profundidades son visual y auditivamente hipnóticas, y te llevan a un estado de tranquilidad y ensimismamiento (el vacío aporta mucho en ello) es así que en el devenir de lo físico a lo abstracto tal vez haga que cada observador advierta su propio contenido simbólico, que ya de por si el hecho que una persona lea el nombre grabado en una placa de un familiar o amigo ya tenga su propia visión personal  de este nuevo “no hito” que en su momento tuvo y seguirá teniendo (con su ausencia) una jerarquía de escala mundial….Solo que la fuerza de su geometría y verticalidad, fue reemplazada por la “fuerza del vacío” mismo que resulta más democrático en la construcción simbólica, y que ya de por si es una muestra de la emancipación de la arquitectura del viejo repertorio arqueológico.





ARQ. MAXIMO MALDONADO SANTIAGO

https://www.facebook.com/maximo.maldonado.39


 

 


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