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15 abril 2019

DISEÑO DE UN MODELO DE VIVIENDA BIOCLIMÁTICA Y SOSTENIBLE. FASE I. Cristina Vidal Vidales, Luis Ernesto Rico Herrera y Guillermo Francisco Vásquez Cromeyer (El Salvador)





Resumen

El presente documento plantea una iniciativa de desarrollo para la población salvadoreña, donde se establece la posibilidad de analizar y desarrollar una vivienda que no solo sea confortable y con beneficios económicos para sus habitantes, sino también amigable con el medio ambiente. El marco teórico de este proyecto contiene criterios y elementos de bioclimatización y sostenibilidad, que posteriormente se adaptan a la realidad nacional, de donde se concluye un potencial para el uso de la energía solar como fuente energética de la vivienda, aprovechamiento de la lluvia como parte del reciclaje de aguas y su climatización, así como la circulación de aire fresco dentro de la estructura propuesta. Se utilizaron tres diferentes experimentos para darle validez al proyecto: la medición de temperatura ambiental, tanto fuera como dentro de tres viviendas ubicadas en diferentes puntos de San Salvador; la elaboración de una maqueta virtual donde se presenta el asoleamiento por horas para visualizar el comportamiento de la vivienda ante la exposición; y un tercer experimento, que es la construcción de un túnel de viento y de un modelo a escala para determinar cómo sería la circulación del viento dentro de la vivienda.








Diseño de un modelo de vivienda bioclimática y sostenible

“El estilo de los edificios debe ser manifiestamente diferente en Egipto que en España, en Pontus y en Roma, y en países y regiones de características diferentes. Una parte de la tierra se encuentra abrumada por el sol en su recorrido; otra, se encuentra muy alejada de él; y por último, existe una afectada por su radiación pero a una distancia moderada.”

 –Vitruvio, De Arquitectura. Citado en Olgyay, 2002.

 Basta con observar detenidamente la arquitectura vernácula de cada uno de los países del
mundo, en cada una de las regiones climáticas en las que se encuentran, para darse cuenta de cómo cada uno de los grupos se adaptó al clima en el que se asentaron. Estas manifestaciones de arquitectura en su estado más puro son resultado de la observación y estudio del entorno, del  aprendizaje empírico basado en la prueba y el error, el ejemplo más claro de la arquitectura bioclimática y sostenible.

 La arquitectura vernácula es bioclimática porque responde al clima en el que está construida, de manera que provee un refugio de la excesiva radiación solar, la lluvia, la nieve; permite a los habitantes permanecer en su interior teniendo la certeza de que la temperatura será agradable, proveyendo un lugar adecuado para la realización de las actividades cotidianas. Es sostenible porque para construirla se utilizaban al máximo los recursos disponibles en la región, en una medida en la que se procuraba mantener un equilibrio con la naturaleza, pues se entendía que la vida dependía de ella.

 Así mismo, de la forma en que se construían las viviendas dependía también el ordenamiento del asentamiento, aldea o ciudad. Las viviendas constituían un elemento más en el sistema sobre el que se establecía cada grupo social, en el que, poco a poco, se iban diversificando las actividades productivas en conjunto con actividades recreativas y religiosas.

 Es a partir de las revoluciones tecnológicas cuando se incrementa el acceso a la comunicación, comienzan a darse procesos de choques culturales y comienzan a mezclarse –o en el peor de los casos, a perderse– las respuestas y elementos propios de cada región. La tecnología proporcionó avances en las comunicaciones, en el comercio, en las formas y materiales constructivos, dando como resultado ciudades como las contemporáneas, donde el énfasis es distinto al de la armonía con el entorno. El ser humano es ahora capaz de habitar prácticamente en cualquier lugar del planeta gracias a equipos mecánicos que le permiten conseguir temperaturas confortables, a un alto precio si se toma en cuenta la degradación ambiental que ello supone.






 A pesar de que aún en la actualidad es imposible obviar ciertos criterios arquitectónicos de adaptación al clima –tales como pendientes de techos, materiales y otras estrategias constructivas adecuadas para responder a las inclemencias del tiempo–, la demanda de vivienda y el predominio del esquema economicista han hecho que las respuestas arquitectónicas dejen de ser armónicas con la naturaleza y que no respondan por completo a las necesidades humanas básicas de confort.

La tradición constructiva de la vivienda salvadoreña se basa en alcanzar procesos constructivos en el mínimo lapso posible y con una estética funcional. Así, pueden observarse urbanizaciones que no toman en cuenta la orientación y distribución adecuada de las viviendas,  haciendo que muchas veces resulte imposible permanecer es una habitación debido a las temperaturas que se salen de las adecuadas para el confort. La topografía natural de los terrenos es alterada; se construye, con materiales que impermeabilizan el suelo, en áreas naturales protegidas o de servidumbre de ríos y fuentes superficiales de agua, impidiendo que la naturaleza sea capaz de regenerarse por sí misma y dando lugar a desastres naturales, tales como deslaves e inundaciones.

Al diseñar viviendas, las condiciones climáticas se consideran a un nivel práctico y no se profundiza en la eficiencia que el diseño pueda desarrollar para contrarrestar efectos negativos ambientales. Al respecto, Olgyay (2002:10) dice: “[E]l proceso lógico sería trabajar con las fuerzas de la naturaleza y no en contra de ellas, aprovechando sus potencialidades para crear unas condiciones de vida adecuadas”.

El aprovechamiento de recursos naturales de cada región, sin implicar su degradación, contribuye a una vida más confortable y armónica, y cuando se combina con una necesidad básica de las sociedades, como lo es la vivienda, el aporte a la vida cotidiana y, por lo tanto, al desarrollo, se vuelve significativo, pues contribuye al aspecto económico –reduciendo costos y demanda de servicios–, y al cultural –evitando la pérdida de respeto por el medio ambiente y creando un espacio más agradable para ser habitado–, entre otros. Es innegable que, al orientar las formas de hacer arquitectura y urbanizar, se estarían protegiendo y aprovechando los recursos naturales que están al alcance de la sociedad. 











La presente investigación fue subvencionada por la Universidad Tecnológica de El Salvador. Las solicitudes de información, separatas y otros documentos relativos al presente, estudio pueden hacerse a la dirección postal: calle Arce, 1020, Universidad Tecnológica de El Salvador, Vicerrectoría de Investigación, Dirección de Investigaciones, edificio José Martí, 2ª y 3ª planta, o al correo electrónico: ana.vidal@utec.edu.sv 




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