TRADUCE APUNTES A CUALQUIER IDIOMA

23 junio 2012

Cahuamarca, notas de una exploración - Dr. Arq. Ferruccio Marussi Castellàn




1. REFERENCIAS INICIALES 

Historia. 

El conocimiento inicial sobre Cahuamarca lo he tenido a partir de la lectura del libro “QUEBRADA DE LA VACA: INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL SUR MEDIO DEL PERÚ” de Hermann Trimborn. En esta obra se menciona el sitio como “las ruinas de una vieja e imponente población” (pág. 67), lo cual de inmediato provocó en mí –en primer lugar- la curiosidad por encontrar más información bibliográfica  y cartográfica de la zona, y en segundo término el deseo de realizar un viaje preliminar exploratorio, a fin de plantear una investigación detallada posterior, referida al estudio urbanístico-arquitectónico de este –al parecer- importante asentamiento humano pre-hispánico. 
El presente artículo constituye una síntesis de diversas notas de viaje y reflexión es surgida a partir de dos recorridos exploratorios por la zona donde se sitúan las ruinas de esta notable población. 

Durante el primer viaje (del 4/1/91 al 8/1/91) no se logró el objetivo de llegar hasta las ruinas, culminando este recorrido en una cumbre y sitio arqueológico cercano denominado PUNTA CALLPA. 

El segundo viaje (del 26/2/92 al 1/3/92 si comprendió un trabajo exploratorio efectivo en las propias ruinas de Cahuamarca. 


2. DATOS BIBLIOGRÁFICOS PRELIMINARES 
A partir de la lectura inicial de la obra de Hermann Trimborn, he encontrado información adicional referida a Cahuamarca en los siguientes documentos: 




DICCIONARIO ARQUEOLÓGICO DEL PERÚ, de César García Rosell y LA GRANDE STRADA SOLE, de Víctor Wolfgang von Hagen. 
Hermann Trimborn señala en su libro que ascendió al cerro “Cahuarmarca” (sic) el 30 de enero de 1970 y que esta prominencia constituye “la máxima impresión del paisaje (1,283 m)” de la zona que él exploró en Chala y la quebrada de Tanaca (pág. 19).
Asimismo en la indicada publicación (págs. 66 y 67) – en resumen- se menciona que: 

El nombre CAHUARMARCA significa atalaya.
La subida a este lugar se premia con una hermosa vista sobre los alrededores, ya que abarca las lomas de Atiquipa, la parte posterior del cerro Cusihuamán y más a lo lejos el arenal de Tanaca. 
Fue el benemérito Toribio Mejía Xesspe quien exploró por primera vez las ruinas en 1955. 
La población consiste en ruinas de casas con muros de adoquines, que descansan en la tierra, teniendo estas algunos de los frontispicios aun conservados que revelan el antiguo techado. 
El carácter habitacional es subrayado por los estrados de descanso en el interior.
No se encontraron restos textiles, pero sí se hallaron batanes y fragmentos cerámicos sin decoración.
Existen numerosas chullpas, cuyo carácter funerario queda comprobado por los huesos humanos que contienen, no faltando –al igual que en Atiquipa- las chullpas compuestas. 

Por otro lado, en el mismo libro sobre la Quebrada de la Vaca, en la parte correspondiente al anexo 1: MEMORÁNDUM ACERCA DE OBSERVACIONES GEOLÓGICAS ENTRE CHALA Y ATIQUIPA, cuyo autor es George Petersen, respecto a las poblaciones de esta zona en los tiempos prehistóricos se señala que: 

Según opinión de Toribio Mejía Xesspe, una gran parte de los viejos poblados de esta zona corresponden al “período Pukina” y otros al período incaico, en el cual fueron superpuestas muchas construcciones sobre otras de períodos anteriores.
Al igual que en la región de Lima-Lurín se datan las terrazas de cultivo como correspondientes al período incaico. 
Es evidente que la población de la región Atiquipa vivió en un clima mucho más húmedo que el actual durante por lo menos 200 a 250 años, pero que faltan fechas exactas de inicio y final de este período, que cae en el ámbito del siglo VIII al XV. 
Para el cultivo de las terrazas es necesario que las lluvias en la loma de Atiquipa hayan sido por lo menos de 200 a 300 mm. más altas que en la actualidad, es decir, deberían alcanzar los 600 mm. anuales; siendo poco probable que la diferencia indicada haya podido ser cubierta con precipitaciones del interior, ya que en el período citado el frente de lluvias zonales regulares tiene que haber estado situado a unos 25 kms. aproximadamente de la costa hacia el interior, es decir, notablemente más al oriente que las lomas de Atiquipa. 

En el DICCIONARIO ARQUEOLÓGICO DEL PERÚ, con relación a estas ruinas, se indica que estas son “construcciones preincas, posiblemente puquinas”, situadas al oriente de Atiquipa y que “fueron descubiertas por Mejía Xesspe en 1959, quien les dio el nombre de KAWANMARCA” (pág. 32). En este diccionario también se hace mención de estas ruinas cuando se hace referencia al sitio de CUSIHUAMAN, indicando que corresponde a las “ruinas de una construcción preincaica situada al Norte de Atiquipa, con muros y estructuras de piedra sin cortar (lajas), muy semejantes a los edificios de Cahuanmarca” (pág. 65). 

En la publicación de Víctor Wolfang von Hagen: LA GRANDE STRADA DEL SOLE, se menciona que las ruinas cubrían la cumbre redondeada de la montaña, con casas alineadas ordenadamente a lo largo de las estrechas calles, que había una gran plaza con un Templo del sol en ruinas y casas-habitación con techos a dos aguas sobre tímpanos, observándose los característicos nichos trapezoidales de los Incas. Además señala que estos edificios, si bien rústicos, eran muy similares a los de Machu Picchu, con almacenes y depósitos dispuestos en semicírculos, cisternas bajo tierra para almacenamiento de agua y en el perímetro de la ciudad, una gran chullpa, es decir una catacumba llena de fémures y cráneos. 

También se menciona que las ruinas se sitúan a poco menos de 1500 metros sobre el nivel del mar, siendo este lugar el punto más elevado de todas las 300 millas del camino costero Inca al sur de Lima, siendo –desde este punto de vista privilegiado- visibles las señales de humo por muchas millas en todas las direcciones (pág. 228). 

En la misma obra, con referencia al camino incaico que unía Cahuamarca con el Cuzco, se menciona que este fue construido con un cuidado especial, y que los Riddel (dos arqueólogos norteamericanos que tomaron contacto con la expedición dirigida por Víctor von Hagen) después de haber examinado la piedra de señalización caminera observada en el ingreso, la describieron como recortada con precisión y bien encastrada en una base expresamente construída para tal efecto. Esta piedra –se señala- estaba situada en el camino, justo en el lugar donde se iniciaba la radial hacia el Cuzco, e indicaba a los corredores el punto en el cual debían voltear para dirigirse hacia la capital del imperio (pág. 240). 

Víctor Wolfgang von Hagen, sugiere que por el carácter de las ruinas, el aire fresco y la abundancia de verde yerba, Cahuamarca fue un lugar de engorde, cuidado curativo y concentración de llamas; y además un importante lugar de aprovisionamiento para los viajeros, en mérito a la evidencia de un gran número de depósitos. (pág. 230)
Como se verá más adelante, gran parte de esta descripción de Cahuamarca que nos hace Víctor von Hagen, no corresponde a la realidad.


3. LA DENOMINACIÓN DEL SITIO 
Las ruinas a las cuales estamos haciendo referencia, en los diversos documentos consultados, son denominadas fonéticamente en forma bastante similar, aunque se presentan escritas en las más diversas formas, según el siguiente detalle: (ver cuadro) 



En el presente artículo se hace referencia al sitio mediante la denominación de CAHUAMARCA, por corresponder a la forma más profusamente utilizada en los diversos documentos consultados y estar así escrito en los mapas (escala: 1/100,000 y 1/50,000) publicados por el Instituto Geográfico Nacional. 


4. UBICACIÓN 
Las ruinas de Cahuamarca están situadas en un complejo orográfico cercano al litoral marítimo, comprendido entre la quebrada de Tanaca (hacia el Norte) y quebrada Honda (hacia el Sur), en el Departamento de Arequipa, provincia de Caravelí, distrito de Atiquipa (ver esquemas de ubicación 1 y 2). 

Este complejo orográfico comprende una parte de las estribaciones de la cordillera de los andes que –en este sector- en la cercanía del litoral no llega a conformar los típicos arenales o las ondulantes pampas desérticas que caracterizan la mayor parte de la llamada región Chala. Aquí las agrestes estribaciones de la cordillera llegan hasta el océano, formando espectaculares acantilados y algunas reducidas playas. 

Las cúspides que destacan en este complejo de montañas son el Cerro Cusihuamán y el Cerro Cahuamarca, ambos de igual altura: 1,297 metros sobre el nivel del mar, según los mapas de la Carta Nacional del I.G.N. (esc. 1: 100,000).

En la cumbre del segundo de los cerros nombrados, se ubican las ruinas del mismo nombre. Hermann Trimborn señala para Cahuamarca una altura de 1,283 metros sobre el nivel del mar (pág. 67). y Víctor von Haggen señala que se sitúa a poco menos de 1500 metros sobre el nivel del mar (pag. 228).

Punta Callpa es una de las múltiples cumbres del mencionado complejo orográfico, que según los mapas del I.G.N. tiene 871 metros de altitud sobre el nivel del mar. Este sitio constituyó el término de la ruta seguida durante el primer viaje a la zona, según se indicó en los párrafos iniciales del presente artículo. Desde este punto geográfico se tiene una vista panorámica importante, que abarca desde la lejana orilla del océano, apenas perceptible por las persistentes brumas situadas en niveles inferiores, hasta las redondeadas cumbres de las colinas cercanas y cumbres de las colinas mayores algo más alejadas, entre las cuales destacan el Cerro Cusihuamán y el Cerro Cahuamarca (ver apunte 3). 




Los alrededores de las dos cumbres mayores mencionadas –en especial en los lados que se exponen hacia el Océano-, presentan la vegetación característica de los ecosistemas denominados “lomas costeras”, los cuales se extienden por diversos sectores de la costa. Los múltiples tipos de plantas que crecen en estas lomas deben su origen a las intensas neblinas invernales, de cuyas condensaciones aprovechan el agua resultante. 

Es importante señalar que las lomas de Atiquipa, a las cuales nos estamos refiriendo, posiblemente constituyen el sector de la costa con mayores condensaciones efectivas de humedad y que en mérito a las propias características del suelo, aparecen por diversas de sus quebradas corrientes de aguas superficiales. 

Estas aguas son aprovechadas por los agricultores de la zona para uso doméstico y para el riego de pequeñas parcelas de tierra, las cuales por su extensión representan un porcentaje mínimo, si las comparamos con las tierras cultivadas en la época prehispánica, cuyas tangibles evidencias todavía se detectan claramente en los extensos complejos de andenes abandonados, que ocupan principalmente la faja de tierra comprendida entre la carretera Panamericana y el océano (ver dibujo esquemático 2). 




También es evidente que las nieblas con sus respectivas humedades apenas afectan a las dos cumbres mayores, siendo aquí mínimas las condensaciones de agua y –por lo tanto- la vegetación se aprecia muy rala. Debido a esta sequedad mayor en estas cumbres –afirman los lugareños- se ubicaron en ellas: por un lado los depósitos pre-hispánicos en Cusihuamán y por otro, el gran poblado en Cahuamarca. Las ruinas de ambos sitios tienen la misma denominación que las cumbres en las cuales se asientan. 

5. ACCESOS 

Es posible alcanzar las cumbres de CAHUAMARCA, desde diversos puntos del complejo montañoso. Aparentemente el lugar mas cercano al cual se puede acceder con vehículos es la mina llamada del Atajo, hasta la cual es posible llegar recorriendo una trocha carrozable de 15 km de longitud, que tiene su inicio en el pueblo de Tanaca. Esta mina de cobre –según se puede deducir de los mapas del I.G.N.- se encuentra aproximadamente a 770 metros sobre el nivel del mar, es decir que a partir de este punto se tendría que caminar solo 2.6 kms. (medidos en línea recta) para acceder a CAHUAMARCA, salvando un desnivel de 597 metros. 

Según el pastor señor FRANCISCO SEGURA, vecino de Atiquipa, con el cual tuvimos la ocasión de conversar en Punta Callpa, las dos rutas más adecuadas son: la que parte de la hacienda Parcoy y la que tiene su inicio en el pueblo de Atiquipa. Hasta estos dos puntos se puede llegar recorriendo vías carrozables que parten de la carretera Panamericana y que tienen longitudes de 11 y 1.5 kms. aproximadamente, estando a una altura sobre el nivel del mar de 400 y 350 m. respectivamente. 


Queda por caminar desde la hacienda Parcoy solo 7.5 kms. aproximadamente (medidos en línea recta), superando un desnivel de 897 metros. El recorrido a pie desde Atiquipa es de 7.4 kms. y el desnivel a remontar es de 947 metros. 




A pesar de la mayor distancia y mayor desnivel por recorrer, el Sr. Francisco Segura, considera que es más conveniente el acceso a partir de la hacienda Parcoy o del pueblo de Atiquipa, que de la mina del Atajo; porque en especial en Atiquipa es posible conseguir fácilmente caballos y guías. Según los lugareños, la época más adecuada para subir a estas cumbres es el mes de Agosto, por ser el período de temperatura más apropiadas, sin fríos ni calores excesivos. 



6. EL VIAJE HACIA CAHUAMARCA

Mi compañero de viaje en esta oportunidad fue el distinguido profesor José Niño. Partimos de Lima a las 9:00 horas del día miércoles 26 de febrero/92 y llegamos a Chala a las 21:00 horas del mismo día. Apenas hechas las reservaciones en el Hotel Grau de esta ciudad, salimos a contratar la movilidad para trasladarnos hacia Atiquipa al día siguiente. 

La recomendación del propietario de la camioneta contratada era que la ruta más conveniente para llegar a Cahuamarca era la que partía de Atiquipa y no aquella que tenia su punto de partida en la Hacienda Parcoy, esto en mérito a las facilidades de alquiler de acémilas y contratación de guías que presentaba la primera alternativa. 

Al día siguiente jueves 27/02/92 partimos de Chala con la puntualidad prevista y llegamos al pueblo de Atiquipa a las 8: 15 horas. De inmediato pudimos contratar los servicios de un guía. (Sr. Julio Julca) que incluía el respectivo transporte en tres bien alimentadas mulas. 

A las 9:00 horas ya habíamos emprendido el camino por los estrechos senderos que bordean los empinados cerros de la parte inicial del recorrido, y luego por las crestas de diversas prominencias –entre las que destacó Punta Covao- hasta llegar a nuestra meta a las 12:15 horas. Desde ese momento, hasta las 11.00 horas de día sábado 29/02/92 permanecimos en este fascinante sitio, tratando de optimizar nuestra permanencia en el lugar a través de extensos recorridos, observaciones, tomando fotografías, datos, apuntes y sobre todo realizando algunos levantamientos que estimamos como indispensables para obtener una rápida comprensión básica del complejo urbanístico en ruinas. 



7. LA EXPLORACIÓN 
Las reflexiones, y conclusiones que aparecen a continuación, se desprenden de lo que directamente se ha observado en esta exploración, de los datos mensurables obtenidos a través de levantamientos parciales del sitio, de las conversaciones tenidas con algunos pobladores del lugar, de las comparaciones con los datos bibliográficos recopilados y de las interpretaciones realizadas a partir de los mapas y fotos aéreas de la zona.

Durante el recorrido hacia Cahuamarca, nuestra idea central era encontrar alguna evidencia de los antiguos caminos incaicos, sean estas las correspondientes a la ruta Norte-Sur  (vía longitudinal de la costa) o al camino Oeste-Este, que –según Víctor von Hagen- unía Cahuamarca con la capital del Imperio Inca. 

Al respecto cabe señalar, que no se distingue ninguna evidencia de caminos –en este sitio y sus alrededores inmediatos- que pudieran considerarse como ejecutados con particular cuidado y esmero, ni tampoco se aprecia el hito o señal del desvío de la ruta hacia el Cuzco, tal como lo sugiere en su escrito Víctor von Hagen. Esto no quiere decir necesariamente que no existieran estas evidencias, pero a pesar de nuestros esfuerzos por encontrarlas, no las hemos detectado. 

Las evidencias del camino pre-hispánico principal de la Costa son claramente visibles en la cercanía de la Carretera Panamericana, a una distancia aproximada de 10 kms. hacia el Sur de Cahuamarca y a una altura que oscila entre los 100 y los 250 mts. sobre el nivel del mar. 

En el libro de Hermann Trimborn se tiene una descripción detallada de esta ruta y un levantamiento topográfico preciso de un trecho casi “intacto” de 5.5 kms. aprox. entre La Caleta y Atiquipa. La presencia de estas evidencias documentadas podrían indicarnos a modo de primera aproximación, que las rutas incas, tanto la principal de la Costa, como la radial que unía el litoral marítimo con el Cuzco, no pasaban por Cahuamarca y que esta población se unía con estos dos caminos a través de sendas de menor jerarquía. 



 
Las ruinas de Cahuamarca ocupan la cumbre redondeada y las estribaciones que se proyectan en dirección NO-SE de un cerro que tiene el mismo nombre. Tienen una extensión aproximada de 15.8 has. Esta ha sido deducida a partir de la contrastación de la foto aérea con los mapas del IGN a escala 1/50000, lo cual ha permitido definir una escala gráfica aproximada para la medición de distancias en la foto aérea. Su forma es alargada, con una longitud de 1,100 mts. un ancho mínimo de 70 mts. y un ancho máximo de 220 mts. y un ancho medio de 140 mts. aproximadamente (ver figura 4).




La primera interrogante que cabe plantear está referida a la elección del lugar por parte de sus antiguos habitantes, ubicación aparentemente algo alejada de las necesarias fuentes de agua, que lo mismo que en la actualidad, deberían estar situadas pendiente abajo a varios kilómetros de distancia. Sin embargo, es posible que, en mérito a la existencia de un clima más húmedo en aquellos tiempos, pudieran existir algunas fuentes de agua en puntos más altos y cercanos que los actuales. 

Pero frente a esta desventaja, hubieron otros múltiples factores favorables para ubicarse en este lugar, entre los cuales cabe suponer primaron los siguientes: 



- La sequedad del lugar en contraste con las fuertes y hasta desagradables humedades de la cercana formación ecológica de “lomas”, de la cual aprovecharon sus recursos.

- La situación prominente del sitio, que permite la observación de amplios territorios de los alrededores, lo cual indudablemente debe haber sido apreciado por los antiguos habitantes, al haber sido nombrada cumbre como CAHUAMARCA, que en idioma quechua significa lugar de buena observación o atalaya. 

La población no presenta límites definidos, ya sea por cercos, murallas u otro tipo de señalización. Hacia el Sur, el sur-Oeste y el Oeste su expansión ha sido limitada por la pendiente, apareciendo hacia estos lados cierta forma de alineamiento de las edificaciones; pero hacia el Norte, el Nor-Este y el Este, el límite aparece totalmente impreciso, observándose algunas construcciones de carácter funerario algo alejadas de este borde recortado y sin ninguna relación espacial-funcional con los sectores contiguos, es decir aparecen como edificaciones sueltas y colocadas aparentemente al azar en la suave pendiente contigua. 

Si bien al parecer, la senda que nosotros hemos recorrido, pasando por Punta Covao e ingresando por el sector intermedio (ver figura 4), ha sido la ruta utilizada en el pasado, no se distingue un lugar específico de acceso a este complejo urbano en este sector, ni en los otros; es decir, los accesos y salidas son factibles por múltiples puntos del perímetro, en especial hacia los lados Norte, Nor-Este y Este. 

Las edificaciones antiguas del lugar han sido enormemente impactadas, tanto por los huaqueros, como por los pastores de la zona. Estos últimos producen cambios de cierta importancia al utilizar estos restos arqueológicos como corrales provisionales, en especial cuando utilizan para estos usos los sectores habitacionales en vez de los antiguos corrales. 

Las transformaciones más recientes son más o menos fáciles de distinguir, porque en ellas no se ha empleado ningún tipo de argamasa de tierra en las uniones de las piedras, aunque es posible suponer que en algunos cercos también los antiguos constructores pudieron no haber utilizado el mortero de barro para la unión de los elementos líticos. 

La estructura urbana de Cahuamarca se caracteriza por su notable uniformidad, lo cual nos permite deducir que desde su nacimiento hasta su muerte o abandono, ha estado inmersa en un marco de actividades económicas, funcionales y sociales invariables, o tan poco variables que no impactaron en su estructura morfológica a través de su existencia como lugar habitado. 

La presencia del grupo étnico que construyó Cahuamarca posiblemente en tiempos anteriores a la llegada de los incas, no quedó perturbada por la conquista de estos; por lo menos esta expansión no ha tenido ningún reflejo en la estructura urbana o en la  arquitectura de este sitio, ya que la impronta de los incas no se evidencia en absoluto, a diferencia de lo que se menciona en el libro de Víctor von Hagen (ver punto 2: datos bibliográficos preliminares). 

No se observa en ningún caso una destacable concentración de edificaciones, ni la presencia de espacios de características especiales, sea por su tamaño, forma o jerarquía claramente diferenciada. Tampoco se aprecian construcciones notablemente diferenciadas por su tamaño, detalles y refinamientos constructivos. 

Por lo tanto, no se evidencia a través de la estructura urbanística y de la arquitectura un reflejo, una expresión o un símbolo que nos sugiera la existencia de una sociedad con fuetes diferencias de clases sociales o de poder. Existen sutiles diferencias en algunos espacios urbanos (como en la cumbre p.ej.) y alguna concentración algo mayo de construcciones, tal es el caso de un pequeño espacio con una mayor densidad de chullpas en el sector alto (ver figura 5), pero sin una distinción especial relevante que denotara alguna de las diferencias antes aludidas.


En Cahuamarca pueden observarse 3 sectores urbanos básicos (ver figura 4): 


- Un sector alto, en el cual en su parte sur se encuentra la cumbre a una altura de 1297 mts. sobre el nivel del mar. Es el sector con la pendiente más acentuada y el que tiene la mayor densidad de edificaciones. Un levantamiento parcial de este sector puede observarse en la figura 6. Aquí se aprecia como se adosan entre sí las unidades de vivienda, que incluyen habitaciones, chullpas (simples y dobles) y algunos corrales. Asimismo se observa un sistema incipiente de calles y una especie de muralla o muro ancho de carácter continuo, que está construido con piedras del lugar y sirve para dividir el territorio de pastoreo entre las haciendas y comunidades campesinas de la zona. 

- Un sector bajo, con una densidad de edificaciones menor, pendiente menos acentuada y mayor cantidad de corrales adosados entre sí, y de mayor tamaño que los del sector alto. 

- Un sector intermedio que se ubica en el sector más angosto y que tiene características similares al sector bajo. 





Uno de los aspectos más interesantes observados es la gran cantidad de batanes existentes en la zona, estos se aprecian también en Punta Callpa y en Punta Covao, lo cual nos estaría indicando que en estos sitios se desarrollaba una actividad en gran escala de molienda. La distribución-dispersión de estas notables evidencias culturales de superficie se aprecia muy uniforme. 

Una de las hipótesis respecto a qué producto era principalmente triturado con los batanes, está relacionado –según comentan los lugareños- a la existencia de gran cantidad de oro en láminas y en polvo, encontrado por los huaqueros en su centenaria labor depredadora, y por otro lado, a la presencia de pequeños trozos de cuarzo, que de conformidad a esta hipótesis corresponderían a cuarzo aurífero. 

Todo lo señalado podría indicarnos, si se comprobara la veracidad de la hipótesis, que una de las actividades básica en Cahuamarca era la extracción aurífera. En indudable que, en mérito a la gran cantidad de corrales existentes, es posible aseverar que otra de las ocupaciones fundamentales estaba relacionada al cuidado y pastoreo de auquénidos. 

Las labores de molienda –al parecer- se daban a través de lo que podría interpretarse eran unidades familiares, cuyos miembros habitaban en núcleos de vivienda que tenían distribuidas sus habitaciones alrededor de patios, según puede observarse en la figura 6: que corresponde al levantamiento de una pequeña parte del sector alto de Cahuamarca y en las figuras 7 y 8, que corresponde a la planta y vista axonométrica respectivamente de un núcleo habitacional, en el cual se aprecia inclusive la ubicación de los batanes, la mayor parte de ellos en el patio, como ocurre en la casi generalidad de los casos. 

Todas las edificaciones han sido construidas con piedras canteadas de diverso tamaño, uniéndose estas mediante mortero de barro. Los techados se hicieron de dos formas básicas: mediante bóvedas ejecutadas con piedras en saledizo y mediante cubiertas de paja a dos aguas, apoyadas sobre estructuras de madera en rollizo. Esta última forma de techado se hace evidente al observar muchos restos de columnas y de hastiales, sobre cuyas puntas se apoyaban los troncos de las cumbreras. 

Con el sistema abovedado se cubrían las habitaciones más pequeñas y todas las construcciones de carácter funerario, es decir las chullpas (ver figuras 9 y 10) y mediante el empleo de troncos y paja como materiales básicos se techaban los espacios interiores más grandes. 

Si bien todas estas edificaciones en general aparecen como toscas y sin refinamientos en los detalles constructivos, es posible –al observarlas con cuidado- detectar que algunas presentan un interesante manejo plástico de las formas usando estas piedras canteadas. Tal es el caso de la habitación que observamos en la figura 11, que está cubierta con bóveda y en la cual aparece –como elemento destacable- una ventana con un dintel elaborado a modo de saliente, que llega a conformar una especie de alero sutilmente proyectado hacia el exterior de la fenestración.

A modo de apretado epílogo de todo lo observado y comentado líneas arriba, es posible señalar como conclusión básica: que en esta importante población pre-hispánica existió una especialización funcional notable y una gran homogeneidad en el uso y ocupación del suelo urbano. 

8. EL RETO PENDIENTE 

Por lo señalado en los puntos anteriores, se desprende el interés que puede suscitar el conocimiento de un asentamiento humano prehispánico como Cahuamarca, de características tan peculiares, tanto por su ubicación en un medio natural como son las lomas costeras, como por su todavía no plenamente aclarada especialización funcional y jerarquía dentro del complejo de otros centros poblados del cual formaba parte. Quedan además por contestar múltiples interrogantes, que se irán incrementando en la medida que se obtenga más información y datos.

Próximas exploraciones y la finalización del levantamiento ya iniciado de Cahuamarca, significará un paso importante para enriquecer los conocimientos referidos a la arquitectura y al urbanismo pre-hispánico; y sobre todo, estas axiones previstas para ser realizadas en breve, representan un reto pendiente para el que suscribe el presente artículo, en la larga lista de sitios que pretende explorar y estudiar. 




BIBLIOGRAFÍA 
GARCÍA ROSELL, César. 1964. Diccionario Arqueológico del Perú. Lima 
HAGEN, Víctor Wolfgang von. 1964. La Grande Strada del Sole. Giulio Einaudi Editore. Torino- Italia. 
TELLO, Julio C. y MEJÍA XESSPE, Toribio. 1979 Paracas, II Parte –Cavernas y Necrópolis. Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima.
TRIMBORN, Hermann. 1988. Quebrada de la Vaca. Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima. 



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