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15 diciembre 2009

EL PARQUE DE MI BARRIO Arq. Anita Del Cisne

















La ciudad es un espacio con alta densidad poblacional, vehicular y contaminante, que se ha convertido en el centro de la vida urbana y en la fuente principal de toda clase de tensiones psicológicas, donde encontrar la felicidad se ha convertido en una completa utopía, y sobrevivir en una verdadera filosofía.

El hombre moderno, vive en grandes ciudades, donde su hábitat es el estrés urbano, como respuesta adaptativa de su organismo, a la pérdida de relación con la naturaleza, por alinearse con el ambiente artificial de múltiples estímulos, como son los letreros luminosos, las bocinas chillonas, celulares, la computadora y su falta de tiempo por vivir a su propio ritmo.

El estrés urbano, producido por este entorno citadino, implican grandes demandas psicológicas, para enfrentarlo, que agotan sus recursos de afrontamiento. Por lo que el organismo del citadino, recurre a un mecanismo de protección que genera una serie alarmas entre las que encontramos reacciones emocionales negativas, como ansiedad, agresión, ira o depresión.

El cerebro está hecho para funcionar en contacto con la naturaleza, porque es su hábitat natural. Es por esta razón que cuando caminamos alrededor de arboles, plantas o flores nos sentimos tan bien. Incluso, nuestras emociones se orientan hacia sentimientos positivos, como la risa, el amor, la amistad, etc., que puede tener efectos terapéuticos y sanadores.

Esto según los psicólogos tiene su explicación, en que el cerebro en contacto con la naturaleza, libera Dopaminas, que es el neurotransmisor de la felicidad. Es por eso, que en contacto con los arboles, nos sentimos cómodos, descansados y motivados. Desde mi experiencia personal, les puedo afirmar que cuando estoy tensa después de un día fuera de casa, recurro al parque de mi barrio, porque él, es mi puente resonante entre mi menta y la naturaleza.
La autenticidad de la experiencia arquitectónica se basa en la experiencia emocional, es por ello, que el lenguaje tectónico de la construcción, se tiene que integrar con la obra construida, el mundo de los sentidos y la naturaleza.
El paseo por el parque de mi barrio, me resulta tonificante y curativo debido a la constante interacción de todas sensaciones, olores, colores, gustos, sonidos y texturas. Inclusive, me ayuda a enfocar mi imaginación antes de diseñar un proyecto arquitectónico, realmente que importante es para mi salud mental, para vida personal y laboral.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, 2003), recomienda un mínimo de 9 m2. Y un diseño de áreas verdes que permita a los citadinos vivir a una distancia de no más de 15 minutos a pie de un espacio verde público (Miller, 1997; Sorensen et al., 1998); Es decir los organismos internacionales que tienen que ver con nuestra salud, nos recomiendan tener un parque en nuestro barrio.
El estrés urbano, tiene algunos efectos en nosotros, como por ejemplo:

En una calle muy transitada, congestionada y contaminada, con sólo estar unos minutos, nos sentimos tensos, malhumorados y hasta incapaz de organizar nuestros pensamientos.
El hormigón y el tráfico inciden en nuestra salud mental, nos vuelve agresivos. Cuántas veces hemos sido testigos, de insultos entre choferes en plena vía publica.
La vida en la ciudad influye en el desempeño de la capacidad de atención, concentración y de autocontrol, esto pueden ser factores condicionante para la alta tasa de accidentes de tránsito.
La tensión del cerebro, en un paseo ciudad, es muy grande que afecta, su fisiología, por los múltiples estímulos a que se le somete, que le demandan una sobrecarga de concentración, análisis y procesamiento de información, vinculados al tránsito. Robos, ruidos, letreros, etc.,
La persona se cansa de tanto estímulo por lo que se vuelve más susceptible a enfurecerse y agredir, al primero que se le pone enfrente.

En cambio, la naturaleza es un elemento sumamente benéfico para el cerebro: que orienta las emociones hacia los sentimientos positivos, que puede tener efectos terapéuticos y sanadores. Porque el cerebro en contacto con la naturaleza, libera Dopaminas, en cuanto tiene contacto con los arboles, es por esto que nos sentimos cómodos, descansados y motivados.

Razón por la cual, los neurocientíficos, los psicólogos y arquitectos medio ambientalistas, comienzan a interesarse en el planeamiento urbano para que las construcciones causen menos daño en nuestro cerebro. El plantar árboles en el centro de la ciudad, crear parques urbanos sembrados de arboles, o techos verdes, para que las personas puedan reducir de manera significativa los efectos negativos de la vida urbana.

Un parque, es un terreno situado en el interior de una población que se destina a prados, jardines y arbolado sirviendo como lugar de esparcimiento y recreación de los ciudadanos.

El arquitecto Antoni Gaudí, máximo exponente del modernismo catalán, Preocupado, por la vuelta a la naturaleza del hombre moderno, diseño uno de los parques más famosos del mundo. El Parque Güell, que es un gran jardín con elementos arquitectónicos situado en la parte superior de la ciudad de Barcelona (España), en la vertiente que mira al mar de la montaña del Carmel, no muy lejos del Tibidabo. Ideado como urbanización.

El Parque Güell es un reflejo de la plenitud artística de Gaudí: pertenece a su etapa naturalista (primera década del siglo XX), periodo en que el arquitecto perfecciona su estilo personal, inspirándose en las formas orgánicas de la naturaleza, poniendo en práctica toda una serie de nuevas soluciones estructurales originadas en sus profundos análisis de la geometría reglada.

Sin embargo, en Lima, las cosas son muy diferentes, la vida ha sido tan dura con los limeños que estamos sometidos a un Distrés (estrés negativo), que nos vuelve agresivos a todo lo que nos beneficia como seres humanos. Los residentes de Lima, somos autodestructivos porque:

Más del 74 por ciento de parques de Lima, los hemos contaminado e incluso en algunos distritos los parques no reúnen las condiciones sanitarias ambientales.

Hemos convertido los parques en letrinas caninas. contaminándolos con huevos de parásitos, aguas de riego de dudosa calidad, que atraen la presencia de roedores, basura y venta ambulatoria, poniendo en riesgo la salud de los ancianos, discapacitados y niños, quienes son los más expuestos pues acuden y juegan en los parques.

Escribo, esto porque hoy me entere, que el parque de mi barrio, lo quieren amordazar, mutilar y censurar, porque lo van a cerrar con rejas, le van quitar sus bancas y su mobiliario. Argumentando, que el parque es un sitio de reunión de jóvenes parejas, de alumnos chacoteros de la universidad católica y fisgones que vigilan a las guapas vecinas. Lo que me queda es confiar en la vocación arquitectónica del alcalde, que no deje que se cometa este parquisidio.

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