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15 junio 2010

LIMMA CRECE: COMERCIAL Y EXCLUYENTE - Entrevista a Wiley Ludeña


Lima crece: comercial y excluyente – Entrevista a Wiley Ludeña
¿Le suena familiar una ciudad con parques de cemento y barrios enrejados?  ¿Y si las pistas se ensancharan todavía más y las veredas se tornaran tan estrechas que un día nos veamos obligados a caminar en fila india? ¿Se imagina vivir en una urbe donde la gente no se conozca entre sí y sea incapaz de relacionarse? Más de uno no requiere imaginar estos escenarios porque ya los vive en carne propia. Lo preocupante es que lo que se viene a este paso superará de lejos nuestra imaginación.   El  arquitecto Wiley Ludeña, catedrático universitario y director de la revista Urbes, analiza lo que está ocurriendo con la que –según asegura – nunca fue linda y mucho menos Ciudad Jardín.

Por Cynthia Campos

Fiebre constructora: un caos

Una fiebre constructora se extiende sobre Lima. En casi todos los distritos se levantan edificios multifamiliares. No está mal que Lima crezca arriba; la verdad que ya no podía seguir creciendo horizontalmente. Pero en el crecimiento de los edificios limeños algo no anda como debería. “Los multifamiliares, tal como están planteados, son parte de un proceso de verticalización de la ciudad (crecer hacia arriba), pero sobre la base de una ciudad de primer piso. Es decir, lo que estaba pensado para una vivienda individual se alarga y se convierte en edificio. Eso no ocurrió en Chile, por ejemplo, donde también vivieron un llamado “boom” de la construcción. Allí se tenía que tomar tres o cuatro lotes para recién poder construir un edificio. No hacerlo conlleva a lo que ya vemos: calles angostas, veredas de metro y medio como para caminar en fila india y condominios que se encierran en sí mismos”, afirma Wiley Ludeña.



De la casa al centro comercial

Pero este auge de la construcción de edificios no viene solo. El diseño de la ciudad origina nuevas formas de comportamiento de sus habitantes, señala el catedrático de dos universidades locales. Por ejemplo, en medio de este panorama lleno de multifamiliares hay que agregarle un elemento nuevo: el centro comercial. “Una ciudad moderna es aquella donde gente extraña convive en un solo espacio, aprende a convivir y a tolerar las diferencias. Pero aquí se corre el riesgo de cancelar la ciudad como un espacio de vida cotidiana para la gente.  El formato de los centros comerciales en el Perú imita el modelo norteamericano. Y a diferencia de las capitales de otros países, como en Colombia por ejemplo, donde son los grandes parques públicos, los museos, los centros culturales y hasta las bibliotecas, los espacios que definen la orientación de la ciudad, aquí, en Lima, ese lugar clave es el centro comercial”.

Este nuevo modelo de ciudad implica también que nos relacionemos de modo diferente. “El paisaje de ahora, por ejemplo, es que esa gente de los multifamiliares baje al sótano de  su edificio, tome el automóvil, vaya al centro comercial más próximo y regrese a su casa. El centro comercial entonces es el único espacio donde verdaderamente puede relacionarse con otras personas cuando en realidad debería ser el parque, la plaza, las mismas calles y veredas. La ciudad entonces ya no es tan necesaria, se convierte en un simple lugar de tránsito”, agrega.

De “Ciudad Jardín” a ciudad-gueto


Ahora bien, ¿es posible imaginar una ciudad fragmentada, con grupos de habitantes apartados entre sí? Según el arquitecto Ludeña, ni siquiera es necesario imaginarlo porque ya existe. “No podemos admitir una ciudad con tanta fragmentación. Lima se está haciendo de guetos, se está haciendo de enclaves privatizados, se está encerrando con muros y lo que tenemos es una ciudad donde ricos y pobres se encierran a sí mismos. Los ricos porque quieren marcar una diferencia y los pobres por el miedo que le dan los problemas de inseguridad ciudadana. Este paisaje posmoderno de ciencia ficción negra  ya lo estamos viviendo”. ¿Hay forma de revertir esta tendencia? “Sí, lo que Lima necesita en este momento es una gran transformación, una renovación importante a nivel urbanístico que haga que la ciudad sea más habitable y sobre todo que oriente el crecimiento de un modo ordenado”, afirma.




 
Municipios atados de manos

 “Estoy convencido de que Lima después de esta etapa va a ser otra ciudad, no sé si mejor o peor. Algunas señales de lo que está aconteciendo respecto al cambio son preocupantes. Estos cambios se consuman en ausencia absoluta de un plan integral”, señala el director de Urbes.  Y es que la dinámica del crecimiento de la ciudad surge desde el sector privado y no de acuerdo a una política estatal de vivienda. Ojo, no de construcción de casas, sino una política de desarrollo urbano a la que el sector privado pueda atenerse. Sin embargo este cambio –ligado a la llamada reestructuración neoliberal de la economía peruana que va desde inicios de los años 90– obedece plenamente a intereses privados. Que sea el centro comercial el que dirija el crecimiento de una ciudad y no un centro cultural, por ejemplo, revela la magnitud de la presencia de las leyes del mercado. Los municipios están atados de manos, hay una especie de chantaje que todos admitimos casi como natural cuando el sector privado hoy día está tan empoderado que cualquier regulación o cualquier norma la considera como un atentado contra la inversión, sin considerar que tener una mejor ciudad con espacios públicos y calidad de vida es en el fondo también un buen escenario para futuras inversiones, asegura.

No es un tema electoral

Pero decir, por ejemplo, que la solución no es ensanchar las pistas para que pasen más automóviles, o que los dueños de automóviles paguen más impuestos en pos de incentivar de alguna manera el transporte público, evidentemente no será el mejor instrumento de batalla de alguno de los candidatos que hoy se disputan el sillón municipal. Y es que la salida para Lima, a decir de Ludeña, pasa por eso: se necesita un plan a largo plazo. “Cuando uno ve el programa de Lourdes Flores o el de Alex Kouri, en realidad, más allá de quién tiene mejores ideas, veo que ambos apuestan por la misma ciudad. Y desde luego en la base de las dos propuestas está nada menos que el mercado inmobiliario. Ninguno de ellos nos dice exactamente cómo va a ser el futuro de Lima. No nos dicen qué ciudad va a ser construida en los próximos veinte años. Ningún candidato nos dice cómo va a resolver nuestro déficit de áreas verdes, por ejemplo”, asegura el experto. “No se necesita ampliar las pistas para que circulen más autos porque el número de autos siempre irá en aumento. En lo que hay que pensar es en crear una cultura del transporte público, hacer –como se ha hecho en otras capitales – que personas de saco y corbata tomen el bus. Claro, para esto el servicio de transporte público tendría que hacerse eficiente, impecable. Y ninguno de los candidatos se plantea este problema para la ciudad porque, claro, es lo menos sensato electoralmente”.




Escenario de pesadilla

Desde los años 50, apunta Ludeña, el urbanismo peruano no ha creado espacios de carácter público. El Parque de la Reserva, el Parque de la Exposición, el Campo de Marte son espacios que hasta ahora siguen sirviendo a una ciudad que ha crecido tanto que ya tiene nueve millones de habitantes, pero qué espacio público de similares proporciones ha sido habilitado en los últimos años. Ninguno. Lima tiene un promedio de dos metros cuadrados de área verde por habitante, cuando deberían ser 10 metros cuadrados como mínimo. En Berlín el promedio es de 30 metros  de área verde por habitante, señala. Entonces ¿hacia dónde apunta Lima con este crecimiento desordenado y vertiginoso? “Apuntamos a tener una ciudad hiperdensificada, con una carencia de espacios públicos, con una carencia de calidad de vida urbana, con ciudades gueto, con una enorme fragmentación socioespacial y con un esquema vial totalmente colapsado. Es un escenario de pesadilla urbana, pero ya se está viviendo”, dice. ¿Y qué fue de Lima, la Ciudad Jardín? “Nunca fue Ciudad Jardín, ese fue un invento precisamente para tratar de ocultar lo que Lima no tiene”. ¿Apunta a ser, entonces, ‘más horrible’ de lo que Salazar Bondy pensó cuando bautizó a su novela? Haría falta salir y dar un paseo por la ciudad nuevamente… mientras se pueda. 


Diario La Republica Suplemento Dominical del 13/6/10



WILEY LUDEÑA URQUIZO
Arquitecto, Profesor universitario, doctor en urbanismo (Universidad Técnica de Hamburgo) Considerado por muchos como el investigador urbano más importante del Perú. Pionero en la construcción de una historia del paisajismo peruano, ha publicado 8 libros y más de 200 artículos sobre arquitectura, ciudad y paisajismo en publicaciones profesionales y científicas. Es profesor visitante en diversas universidades del Perú, América Latina y Europa.

3 comentarios:

Mario dijo...

Como Arquitecto Peruano que vive y trabaja en Montreal, me da una sensacion de culpa vivir en una ciudad ideal como la que el propone.

La unica oportunidad que tiene Lima para salvarse pasa por que el ciudadano sea conciente del poder que tiene frente a los grandes intereses especulativos. Organizacion politica y liderazgo es lo que falta.

Anónimo dijo...

La expansión urbana es un problema que se sigue acrecentando, sobre todo en los asentamientos humanos, la gente vive por vivir sin importarle realmente las precarias condiciones de sus viviendas. Aportando lo dicho por el Arq. Ludeña, no es solo un Plan Urbano con miras a lo ambiental y optimas calidad de vida, sino además debería hacerse un cambio de actitud y cultura. Una buena educación que incluya planificación familiar, para seguir evitando la superpoblación (como en países europeos u orientales, limitar el nro de hijos por familia)... y sobre todo está el cambio de actitud, es nuestro planeta nuestro hogar y tomemos conciencia del daño que estamos causando, la idea no es solo crear política ambiental, sino hacerla valer y que se cumplan en cortos y medianos plazos.

Anónimo dijo...

No creo que la gente viva por vivir, en los AAHH la lucha es por sobrevivir, gente que es segregada del corazón de la ciudad, una carácterística muy propia de la sociedad actual, la indiferencia al prójimo, si deberián de realizarce campañas de educación para el respeto ambiental y cultural, la reincerción de los lugares públicos como plazas bibliotecas y museos, pero ya vemos como hace unos años con el "Baguazo" el gobierno no pretende tomar partido en estos problemas.

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