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16 marzo 2020

WARU WARUS O SUKACOLLOS - TECNOLOGÍA ANCESTRAL PARA EL CULTIVO CONFORMAS SIMBÓLICAS -



El pueblo de Tiahuanaco o Tiwanaku está ubicado en el altiplano boliviano en la margen oriental del río Tiwanaku, a 15 km al sudeste del lago Titicaca y a 67 km de la ciudad de La Paz. Es capital del municipio homónimo, en la provincia de Ingavi, departamento de La Paz, Bolivia. 

En las afueras se encuentran estructuras arqueológicas del asentamiento prehispánico. Sus habitantes, en su gran mayoría, pertenecen a la etnia aymara. 

Pocos metros al norte de las estructuras ceremoniales de Tiahuanaco,  en la vista aérea, se pueden observar los vestigios de sus magníficos campos de cultivo. La cultura Tiahuanaco desarrolló asombrosas tecnologías agrícolas, que le permitieron obtener altos rendimientos agrícolas en un medio adverso, por el clima frío, con temperaturas nocturnas menores a cero grados.

WARU WARUS EN TIAHUANACO









Se denominan Camellones en idioma español, Waru Warus en idioma Kechua y Sukakollos en idioma aymara.  (suka es surco, kollos es amontonamiento, amontonamiento de surcos) .

Los antiguos pobladores del altiplano, construyeron unas plataformas de aproximadamente 1,5 metros de alto -por un ancho de 12 a 15 metros, y el largo podía llegar a los 200 metros, compuestas de una capa inferior de piedras irregulares, sobre la que se colocaba una capa de arcilla impermeable, y luego pequeñas piedras, grava fina y finalmente tierra cultivable. Entre ellos corrían canales de agua denominados en  el aymara ancestral  -"suka uma": surco de agua-, que abastecían desviando el curso de los ríos .

Los campos elevados protegían los cultivos de las inundaciones. Las aguas, además de constituir un reservorio, producían un efecto moderador sobre las temperaturas atenuando las heladas y originaban un ambiente propicio para el desarrollo de diversos organismos. 

Finalizada la cosecha, de los canales sacaban el barro rico en nutrientes y lo colocaban sobre el terraplén, a modo de fertilizante. La forma ondulada de los terrenos reducía la velocidad y fuerza de los vientos. En pocas palabras, modificaban el clima circundante, para convertirlo en apto para la agricultura.

WARU WARUS EN ACORA
















Una de las teorías del derrumbe de la cultura Tiahuanaco, manifiesta que estas construcciones agrícolas  fundamentales para su subsistencia, fueron abandonadas, debido a un período prolongado de sequías.  

La construcción de enormes áreas de cultivo en las cuencas de los rios Tiwanaku y Katari aledañas a la capital del Estado Imperial de Tiwanaku, nos muestran la capacidad de organización y  administración de grandes extensiones de cultivo con la aplicación de “modificadores climáticos” utilizando los recursos hídricos como acumuladores energéticos y reguladores térmicos.

WARU WARUS EN TIAHUANACO







Los  científicos Oswaldo Rivera Sundt (Boliviano) y Alan Kolata (Estadounidense), despúes de efectuar investigaciones arqueológicas a partir del año 1979 dentro del proyecto Wilajawira en los valles de Tiwanaku y Koani Pampa, determinaron que los mismos tenían las siguientes ventajas en comparación a otros sistemas de producción masiva agrícola:

La producción agrícola en Sukakollos, estába en armonía con la naturaleza. Además lograban la acumulación de energía solar, irradiada en el día la cual  incrementaba la temperatura de los campos elevados y también evitaba el congelamiento de las plantas, ya que con el calor acumulado del día  se contrarrestaba  el frió y las heladas de las noches. por la la temperatura nocturna.

La acumulación del agua, lograba aminorar el efecto de la sequía. Los canales de agua permitían regar los suelos por humedicimiento, en el agua crecían  especies vegetales diversas que se convertían  luego en abonos naturales para los cultivos.

Con estas construcciones se evitaba la erosión de los suelos, también se ha demostrado como se lograba la desalinización de los suelos. Igualmente se observó el  control natural de las plagas.

Actualmente algunos de estas  estructuras viene siendo utilizada por pobladores lugareños, logrando  menos costos de producción y mejores margenes de rentabilidad, se produce mas alimentos y de mejor calidad, las tierras se pueden cultivar durante un mayor número de meses del año. En general favorece la producción comunal y un mejor nivel de vida de los pobladores.

Se han encontrado estas construcciones agrícolas a ambos márgenes del lago Titicaca, no  solo junto al Tiahuanaco también en Acora, Sillustani, Pucarani, entre otros.

WARU WARUS EN PUCARANI











WARU WARUS EN SILLUSTANI








15 noviembre 2019

LOS MUROS DE PIEDRA INCA , MUESTRA DEL AVANCE TECNOLÓGICO ALCANZADO - ADOLFO MARROQUIN SANTOÑA



Cuando  veo los muros y construcciones incas, me pregunto, para qué, quién y cómo hicieron aquellas descomunales obras, del tipo de los centenares de pirámides y otras construcciones repartidas por medio mundo. 

Pero cuando las cosas toman un cariz ofensivo para nuestros hipotéticos avances tecnológicos, por parte de aquellos , es cuando, en plan casi de exhibición, se permiten tallar los grandes bloques sobre la marcha, a medida que se iban necesitando en la obra, haciéndolo además a mano y con herramientas rudimentarias.

Juzguen ustedes mismos…




La imagen de la izquierda corresponde a la conocida como “Piedra de los 12 ángulos”, cuéntenlos y verán el porqué del nombre, que es una de las que más llama la atención y probablemente la más fotografiada por los visitantes de estos muros megalíticos, que pueden verse en la ciudad de Cuzco, a 1.105 km de Lima (Perú). 

Lo que más llama la atención es que esa enorme piedra se ensambla, ajustándose perfectamente, a once piedras periféricas, cuatro en la base, dos en cada lado y tres en la parte superior, lo que nos obliga a concluir que todas ellas fueron talladas “en la obra”.

La piedra de la derecha en la imagen es otra piedra también famosa, próxima a la anterior, pero que “solo” tiene diez ángulos, y está conectada a cuatro piedras en su base, una en cada uno de sus lados y cuatro en la parte superior, en total  diez piedras, diez ángulos.




La perfección con que eran capaces de ajustar, los autores de aquella obra, la forma de cada piedra a la de las demás que la rodeaban en la construcción, era tal que entre un bloque y otro no cabe ni la hoja de una navaja, e incluso los bordes de unión entre bloques están biselados, presentando el necesario rebaje oblicuo en todo el contorno. 

Resulta un verdadero enigma cómo se pudo conseguir esa perfección en el tallado, dado que las herramientas, en el caso concreto de la época de los incas, eran “martillos” de piedra, como se presentan en la figura, de manejo manual, y cuya dureza era solo ligeramente mayor que la de la roca a tallar.

El sacerdote jesuita José de Acosta, que viajaba por Perú con los conquistadores, escribió en 1589: “Los edificios y fábricas que los Incas hicieron en fortalezas, en templos, en caminos, en casas de campo y otras, fueron muchos y de gran trabajo (…) y no usaban de mezcla, ni tenían hierro ni acero para cortar y labrar las piedras, ni maquinas, ni instrumentos para traerlas; y con todo eso están tan sólidamente labradas, que en muchas partes apenas se ve la juntura de unas con otras.”




Fíjense en el perfecto ajuste entre los cinco bloques, a la izquierda de la imagen superior, y reparen en que para que los dos bloques de la fila superior encajaran como lo hacen, con los de la fila inferior, la base de los de arriba tuvo que ser tallada antes de subirlos y ensamblarlos; sin que fuera posible utilizar el clásico método de “prueba y error”, puesto que eso hubiera obligado a desmontar lo ya montado, cada vez que hubiera un error. 

La verdad es que resulta difícil de entender esa precisión en la ejecución del trabajo, sin maquinaria alguna y contando con las herramientas que contaban, pero allí están los miles de bloques en cientos de obras.

Y, para acabar de completar el misterio, todas esas piedras están estrechamente unidas, sin argamasa, y no sólo han soportado los ataques humanos y las agresiones medioambientales, sino también los frecuentes terremotos de la región.





En un manual donde se anuncia la maravilla que constituye Machu Picchu, se incluyen precisamente unas líneas sobre las construcciones de piedras poligonales, de hecho, se dice, aún se tienen muchas dudas sobre cómo lo hicieron para que esas piedras, perfectamente talladas, encajen con tal precisión, sin ningún tipo de pegamento que las sujete entre sí.

Existen muchas dudas generadas por la falta de información, o de crónicas y archivos antiguos, sobre el uso de estas técnicas, si bien existen algunas hipótesis, dentro de las posibilidades lógicas. 

La más aceptable, indica un comienzo con paredes normales, que empiezan, como es natural por la parte más baja, y donde las filas superiores se van complicando, siendo las más difíciles de armar, puesto que las piezas de piedra debían encajar perfectamente, con las demás, con las ya colocadas, que las sustentaban y rodeaban.





Esta técnica que es posible encontrar en muchas zonas de Cusco, donde se tallaban las caras inferiores de los bloques a superponer a los ya colocados, golpeando esas caras ligeramente con pequeños martillos de piedra, tallándolas para que ajustaran esa superficie inferior a la superior de la capa ya instalada. 

Esta labor sería relativamente simple cuando se tratase de piedras pequeñas, porque podían ponerse y quitarse aplicando el antes citado método de “prueba y error”; pero la cosa se complicaba enormemente al hacerlo con piedras de varias toneladas de peso.

Los estudios sugieren, que los constructores incas, usaron maquetas, hechas con materiales ligeros, quizá arcilla, que posiblemente reproducían exactamente el estado de la bancada en que se estaba trabajando; el uso de este método habría facilitado mucho los trabajos, incluso con rocas enormes.

Gran parte de las piedras de los muros incas, sobre todo las de bloques no demasiado grandes, presentan una especie de abultamiento en la parte inferior, que podría servir como asa, para sujetar y manejar mejor el bloque, durante la construcción. Pero sigue siendo un misterio cómo se sujetaban y manejaban los grandes bloques, de cientos y hasta miles de kilos.

Adolfo Marroquín Santoña



http://blogs.hoy.es/ciencia-facil/2017/01/14/el-misterioso-ajuste-de-las-piedras-poligonales/

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